Cada año cuelgan las botas centenares, miles de jugadores de todas las categorías de distintos rincones del fútbol. En menor cantidad, pero con igual asiduidad, algunos reciben emotivas últimas ovaciones en el club en el que consuman su adiós de los terrenos de juego. “Toda una vida dedicada al fútbol”, reseñan muchos periódicos al día siguiente. Pocos, sin embargo, representan tan fielmente dicha expresión como el protagonista de este relato, José Manuel Rodríguez Nóvoa ‘Pego’, un veterano gallego a quien la edad no ha alejado un ápice de los campos. Uno de sus grandes sueños es, ahora, llegar a jugar con su nieto.

“Juego en el centro del campo y voy defendiendo y atacando. Igual ando más kilómetros que algunos jóvenes de 18 años. No corro, pero en kilómetros quizás hago más”, presume con envidiable vitalidad. A sus 74 años, Pego aún no vislumbra el final de una carrera que empezó de forma más o menos seria con 20 años. Entonces, recién terminado el servicio militar, emigró a Alemania a trabajar en una fábrica donde coincidió con otros españoles. “Jugábamos contra los alemanes, me vio un ojeador, me fichó y llegué a Segunda División”, explicó hace unos meses en una entrevista en el AS posterior al estreno de un reportaje que hizo Movistar + del equipo que fundó en su Amoeiro natal, en la provincia de Orense, en los inicios de los ochenta, el Os Chaos Club de Fútbol.

DE ALEMANIA AL ARENTEIRO

Su carrera se pudo ver truncada por una fractura en el pie que sufrió durante uno de los partidillos que disputó contra los otros empleados de la fábrica donde trabajaba en Alemania, pero aquello no fue suficiente. Regresó a los campos con el Krefeld, club que recoge el nombre de la denominada ‘ciudad de seda’, situada en Renania del Norte-Westfalia, al oeste del país teutón. Apenas sabía hablar alemán, pero eso tampoco le impidió llegar a jugar en la Segunda División Alemana, donde llegó a jugar en campos como el del Fortuna Düsseldorf. Aquella etapa, sin embargo, duró más bien poco. Su falta de aclimatación, sin embargo, le llevó de vuelta a casa. Apenas dos años después de su llegada a Alemania, regresó a España para pasar ahí las vacaciones y, tras encontrar trabajo como albañil, se quedó en Galicia.

Pero ni entonces ni ahora, cuando aún compagina una pequeña empresa que aporta obreros al proyecto del AVE con las granjas familiares que gestiona en Amoeiro, le han arrebatado su mayor pasión, el fútbol. A su regreso se unió al Arenteiro de O Carballiño en Tercera División (antes de la creación de la Segunda B) donde formó pareja con el exjugador del Pontevedra José Carballeda. Ahí también empezó a retrasar su posición, de delantero a centrocampista. Posteriormente, jugó en la Agrupación Deportiva Amoeiro, club amateur en el que jugó hasta que la directiva les obligó a abandonar el campo y la Federación les impuso una multa que terminó con la licencia y el futuro del mismo club. Otro impedimento que no fue insalvable para Pego, quien tras verse forzado a jugar en otra entidad, logró refundar la Agrupación cuatro años después. Jugar en un pueblo pequeño, sin embargo, entrañaba diferentes dificultades, y cuando poco después apareció el Atlético Amoeiro y les quitó buena parte de su pastel, se vio obligado a buscar un nuevo camino, y eso le llevó a fundar Os Chaos.

El programa ‘Caos FC’, del canal #0, equipó al Os Chaos con vestimenta uniforme y botas. / Foto: Movistar +.

Entonces, ya era concejal de Deportes y Obras de Amoeiro, puesto desde el que impulsó la creación del campo municipal A Penafita. En 2007, incluso, llegó a presentarse como candidato por el partido Terra Gallega en Amoeiro. Pego siempre ha sido un culo inquieto incapaz de aceptar las invitaciones de retirada que el paso de los años le hacían. Tras fundar Os Chaos, siempre ha estado ligado a él, tanto como presidente, hasta hace dos años entrenador e, incluso ahora, jugador. “Mantenerme en forma es muy sencillo. El secreto es no parar nunca, porque el día que deje de jugar o de hacer ejercicio, todo será más difícil para mí”, suele repetir con insistencia, mientras recuerda casos de jugadores que lo dejaron y, cuando intentaron regresar, el físico ya no les dejó. No fuma, y su único vínculo con el alcohol son dos copas de vino al día, una al mediodía y otra por la cena. No pocas veces se ha planteado colgar las botas, pero su corazón se resiste a ello. “A veces pienso en dejarlo, pero después… decido seguir. No puedo estar parado”, sonríe. Cuenta Pego que, hasta los 70, ha aguantado bastante bien, pero que ahora ya le empieza a costar un poco. En el campo, eso sí, no hay tregua que valga: “Los rivales no respetan dentro del campo, juegan como si fuera joven, y te tiran o pegan patadas como a cualquier otro”, asegura.

LOS RÉCORDS NEGATIVOS DEL OS CHAOS

“Jugar en el centro del campo es un esfuerzo físico importante. Además, somos pocos, y no siempre todos aparecen”, expone, mientras lamenta la falta de compromiso que ha tenido durante muchos años su equipo. El Os Chaos, de hecho, ha sido desafortunado protagonista de la prensa local gallega porque durante muchos años no ha parado de acumular récords negativos. No hace mucho perdió por 23-0 ante el Sporting Vilamarín en el trofeo Delegación de Tercera Galicia, la derrota más amplia del fútbol gallego en dos décadas. Sus sequías de triunfos son otra constante, pues las derrotas son el pan de cada día. En 2009 enlazó casi 1.000 días consecutivos sin ganar, en los que sumaron cerca de 70 derrotas y apenas un empate. En 2016, volvieron a repetir algo parecido, al encadenar 54 derrotas seguidas durante 891 días hasta que, en octubre de ese mismo año, lograron empatar a un gol ante el Razamonde. “Tenemos jugadores buenos, pero vamos justos de personal a los partidos y cuando nos meten un gol, nos cuesta reaccionar”, argumenta. En prácticamente la mitad de las ligas que han disputado desde su debut, en la temporada 1985-86, han terminado los últimos, y a menudo cierran los cursos con más de un centenar de goles en contra. Desde entonces, el equipo ha sido un fijo en la Tercera categoría provincial gallega. Un grupo carente de disciplina al que la falta de confianza aún sigue arrastrando hacia abajo. La ilusión que les genera el fútbol, sin embargo, va más allá de los resultados. 

Las vacas dan menos trabajo que los jugadores”, bromea el propio Pego, el hombre multiusos de la entidad, pues es quien la ha mantenido a flote desde sus inicios. Desde la presidencia o desde la arena, en la que él mismo dibuja las líneas del campo o le cambia las bombillas. Constantemente, ha tenido que ir supliendo las bajas con nuevos jugadores en un pueblo en el que no abunda esa materia prima. “Teníamos chavales jóvenes, una cantera con juveniles, pero ahora ya no hay, y falta gente. Los que quedan son de fuera”, lamenta. Hubo un tiempo en el que incluso pudieron subir, pero la Federación se lo impidió al sancionarlos por alineación indebida del propio Pego, quien no atinó a la hora de dar correctamente la hoja de sancionados para ese fin de semana y jugó pese a estar sancionado por cinco amarillas. Les quitaron los tres puntos, y con ellos la posibilidad de optar a subir un escalón.

Mientras presiona al Ayuntamiento y a los organismos públicos responsables para construir un campo con hierba artificial, espera el fichaje que más ilusión le haría, el de su nieto Xoel. Éste tiene ahora 14 años, y aunque durante años tuvo que desplazarse a la localidad vecina Concello de A Peroxa para poder jugar con chicos de su edad, el próximo curso podría hacer su debut con el Os Chaos. Un club al que Pego describe como su “familia”, especialmente tras haber perdido a su mujer en 1996. Ella le acompañaba a todos los partidos y, aunque no puede evitar echarla de menos, ha encontrado en su nieto una nueva ilusión por la que seguir ligado al fútbol. “Aún no quiere subir al primer equipo, aunque ya tiene talla para ponerse ahí. A ver si en un año debuta, que aquí no hay mucha gente”. Su sueño está cada vez más cerca de verse cumplido.