“Es un placer ser de San Lorenzo. Siempre fuimos un club sufrido, lo demanda la historia (silencio). ¡VAMOS CARAJO! ¡Esto es ser de San Lorenzo, la concha de su madre!”. Se desata la locura, los abrazos se suceden y los cánticos arrancan. Argentinos Juniors acaba de fallar un penalti que permite al Ciclón mantener intactas sus opciones de título.

Nos miramos entre nosotros y no terminamos de dar crédito. Si necesitábamos un motivo, un simple argumento para acreditar todo aquello que Martín González, Osvaldo Álvarez y Jorge Pastore nos estaban contando lo acabábamos de encontrar. Redobla el bombo, se agitan los brazos y se unen las voces: “¡Dale, dale Sanloré…hoy te vinimo’ a alentar! ¡Para ser campeón hoy hay que ganar!”. No estamos en el Nuevo Gasómetro con 30.000 hinchas azulgranas, estamos en Boadilla del Monte con una treintena de miembros de la Peña Sanlorencista Osvaldo Soriano, tributo a un escritor cuya literatura giraba en torno al fútbol…y a San Lorenzo.

“(…)Te juro que en los malos momentos siempre te voy a acompañar”

“Los sentimientos lejos de casa se potencian, se excitan y, por momentos, se sobreactúan. Es algo que tenemos asumido porque acá no es fácil ser de San Lorenzo. Allá tampoco, pero a 10.000 kilómetros pueden imaginar las dificultades que encontramos”, asegura Osvaldo Álvarez, presidente de la peña. Toma el testigo Jorge Pastore, segundo de a bordo: “Existimos desde hace doce años. Ahora es más fácil seguirlo por el auge de internet pero siempre nos juntamos, a cualquier hora. Nos lo tomamos tan en serio que para nosotros venir a este bar a ver a San Lorenzo es como ir al Gasómetro. Lo vivimos como lo viviríamos allá, salvando las distancias, en la cancha”.

EL ORGULLO DE SER DIFERENTES

“Somos, en clara mayoría, argentinos pero si observas hay italianos y españoles con nosotros. No hace falta llamarles ni convencerles porque son ellos los que se interesan por la peña. Conocen al Ciclón por las redes sociales, por jugar la Libertadores y por los cánticos de la hinchada, que juegan un papel fundamental”, esgrime Martín González.

“Vamos a volver al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer. Y dale alegría a mi corazón…”

El crecimiento de San Lorenzo no se reduce al rendimiento deportivo. El club azulgrana, en el plano social, continúa sacando un músculo que jamás ha perdido con total independencia de los resultados. La Libertadores y el Papa Francisco han aportado su granito de arena a la causa sanlorencista: “Somos el único club con tantas peñas oficiales en España. Reunimos más de 400 personas en nuestros eventos. Ni hablar en Marrackech, donde fuimos más 12.000 personas. Todos los años tenemos una cita europea entre todos los cuervos. Tenemos españoles, italianos y hasta un noruego. ¡Twitéenlo, tenemos al Cuervo Noruego! Es gente que vive su pasión a solas, como un chico que tenemos también que es nacido en Sevilla y fanático como nosotros”.

Y EN LAS MALAS MUCHO MÁS

“Ser de San Lorenzo es una disputa constante. Vamos a construir el tercer estadio, y lo va a hacer la gente. Es un caso muy emblemático. Por eso la pancarta de Volvimos. La hicimos porque teníamos el derecho de volver a Boedo. Teníamos otra que decía ‘Vamos a volver a Boedo’, la primera pancarta de ese tipo que se llevó a un estadio. Fue en un España – Argentina de 2009 y nos consta que hubo mucha gente que lloró…”, relata Osvaldo.

“Cuervo, sos mi alegría. Mi locura, vos sos mi vida. A Boedo vamo’ a volver…por la vuelta todo daría mi vida Ciclón…”

Martín asiente y refuerza la teoría del ‘presi’: “Ser de San Lorenzo es tener mucho sentimiento, mucha pasión, aceptar tener el sufrimiento dentro de uno. Ser épico, único…todo eso es San Lorenzo. En dos años pasamos de jugar la promoción contra Instituto a hacerlo contra el Real Madrid por la final del Mundo. Y coincidimos que ser de San Lorenzo tiene forma de U: cuando peor vamos es cuando más gente va a la cancha porque las dinámicas negativas nos generan una cierta atracción”.

Y cuando la pelota sigue rodando, San Lorenzo defendiéndose como gato panza arriba y el ambiente in crescendo, Osvaldo, que dio un paso al costado emocionado al recordar el calor de la mano de su padre cuando con cuatro años iban a la cancha, retoma su posición en el círculo, saca el móvil del bolsillo y parafrasea a Osvaldo Soriano: “Ser de San Lorenzo es un interminable sobresalto, una carga que se arrastra en la vida con tanto desconcierto y orgullo como la de ser argentino. Eso es ser de San Lorenzo, una pasión infinita”.

 

Reportaje y entrevista realizados conjuntamente con Javi Barco.