En el verano de 2004, una hornada de valientes griegos se propuso asaltar el fortín del Estadio Do Dragão, donde más de 50.000 almas quedaron atónitas al ver cómo, sin lógica alguna, la selección portuguesa quedaba apeada de su Eurocopa por una humilde Grecia. Las lágrimas en Porto y el resto de país luso tenían otro sabor en Atenas y el país heleno. Los humildes triunfaron por vez primera gracias a un equipo donde el sacrificio y las ayudas defensivas estaban al orden del día. Apenas cuatro goles recibió Grecia en aquel torneo, todos ellos en la fase de grupos. Bajo palos tenía un guardián, el ya por entonces veterano Antonis Nikopolidis.

Tras una fulgurante carrera en Olympiacos y Panathinaikos, este canoso ex portero asume ahora un nuevo rol. Sigue repartiendo esperanza a través del fútbol, pero esta vez siendo el Director Técnico de un equipo de refugiados de su país, el Hope Refugees FC. Su nombre resume de forma evidente su propósito: dar esperanza a los refugiados que, en Grecia, esperan un destino que los acoja en un lejos del que tuvieron que abandonar. A la espera de ser reubicados en otro país europeo, hasta 24 jóvenes refugiados de entre 18 y 26 años procedentes de Siria, Irak, Irán y Afganistán salen de centros de acogida de Eleonas, en el centro de Atenas, de Ellinikó, Skaramagás y Sjistó, en la región capitalina, para entrenarse tres veces por semana en este equipo. Ello les permite compartir en el estadio unas horas de vida normal por semana. “Me hace sentir alegría que se cree un equipo compuesto por gente que sufre, por refugiados que han sido desarraigados”, señaló el propio Nikopolidis, que asumió este cargo a finales de diciembre. Su participación en este equipo no fue para nada casual: sus antepasados también eran refugiados, griegos del Ponto (la costa turca del Mar Negro), que emigraron al país heleno en los años veinte.

Antes ordenaba a sus defensores, ahora, Nikopolidis tutela a jóvenes que buscan dejar de ser refugiados. / Foto: Antonis Nikopolidis

Antes ordenaba a sus defensores, ahora, Nikopolidis tutela a jóvenes que buscan dejar de ser refugiados. / Foto: Antonis Nikopolidis

El equipo de la esperanza fue invitado a participar en un campeonato de equipos de trabajadores de empresas privadas de Atenas y del Pireo, sobre todo del sector de los servicios. Para preparar este torneo, dispusieron de un ‘sparring’ doblemente útil: un equipo de abogados al que, tras vencer por 4 a 1, se ofreció a ayudarles en caso de tener algún problema con sus demandas de asilo. Muchos de ellos no tienen preferencia sobre su destino, solo quieren “tener un buen futuro”, por lo que cualquier ayuda les puede servir de gran utilidad. Para muchos, el deporte les permite vencer a la guerra. El fútbol pues, es una buena solución para ocupar sus interminables esperas a la espera de recibir alguna noticia sobre su demanda de reubicación.

El objetivo es, ante todo, que estén felices, por eso todos participan. No nos metemos en cálculos de cómo ganar. Y si algunos son buenos, les ayudamos a hacer algo mejor”, contó a EFE Andreas Sabanis, el entrenador del Hope Refugees. El equipo forma parte de un proyecto de la Fundación para la Infancia de la UEFA, que pretende facilitar la integración de los refugiados menores de edad en las comunidades de acogida a lo largo de Europa a través del fútbol. Resulta paradójico que, aunque para todos esos refugiados resulte una satisfacción poder participar en este equipo, el verdadero premio es conseguir dejar ser miembro del club. O lo que es lo mismo, poder dejar de ser un refugiado. En diciembre perdió a uno de sus mejores jugadores, su portero titular, que logró ser reubicado en Alemania. La lucha, sin embargo, sólo acaba de empezar. Aún quedan 63 millones de refugiados por todo el mundo por encontrar un hogar.

Antonis Nikopolidis, junto a unos niños en una campaña como miembro de la organización de los premios Laureus. Foto:  Calciomercatto.

Antonis Nikopolidis, junto a unos niños en una campaña como miembro de la organización de los premios Laureus. Foto: Calciomercatto.