Una desafortunada zancadilla de la periodista húngara Petra Laszlo convirtió en noticia viral a Osama Abdul Moshen, refugiado sirio que cruzaba la frontera entre Serbia y Hungría con su hijo en brazos. La imagen dio la vuelta al mundo y, tras conocerse que llevaba nueve años como entrenador de fútbol (antes de emigrar dirigía el Al-Fotuwa Sport Club, club de su ciudad, Deir ez-Zor, que militaba en la primera división de Siria), una llamada de Miguel Ángel Galán, presidente de la Escuela de Entrenadores CENAFE, en Getafe, bastó para que su vida pudiera dar un giro y empezase, junto dos de sus hijos, a poner fin a su calvario en septiembre de 2015, al encontrar un trabajo en España. Veía de esta forma luz a una travesía que había empezado tres años atrás con la salida de la localidad siria de Deir ez-Zor, al noreste del país. “No me imagino regresando a Siria. Si la guerra acabase ya, se necesitarían quizás veinte años para reconstruirlo todo”, lamentaba hace unos meses.

Pese a su formación como técnico, Osama fue contratado como responsable de relaciones comerciales internacionales con el mundo árabe, dado que dicho cargo requería hablar árabe, inglés y castellano, y ni él ni su hijo mayor, Mohamed, de 19 años, hablaban español. Sin embargo, aquello se trataba de un primer paso para, en un futuro, poder lograr ejercer de entrenador en España y volver así a la anhelada normalidad. “Nuestra vida aquí es muy buena, todo es positivo, excepto que el resto de mi familia no está aquí con nosotros”, contó en diversas entrevistas para medios españoles. Entonces, Osama creía que su reencuentro con su mujer y resto de familia, que vivía en Turquía, sería cuestión de tiempo. Mientras tanto, se comunicaba con ellos a través de Whatsapp o Facebook, y les mandaba dinero para que pudieran subsistir. Las redes sociales, sin embargo, no siempre fueron buenas consejeras para Osama, pues tal y como admitió en una entrevista a OKDiario, en su cuenta de Facebook existieron nexos con personas vinculadas a Estado Islámico. Además, pulsó ‘like’ en algunas fotos vinculadas con ISIS, algo de lo que se mostró arrepentido en la misma entrevista. Osama, sin embargo, quiso desmarcarse del grupo y proclamó su total desvinculación de la yihad y de cualquier tipo de violencia o grupo terrorista.

Osama, junto a su hijo pequeño, en las instalaciones de la escuela CENAFE, en Getafe. / Foto: CENAFE

Osama, junto a su hijo pequeño, en las instalaciones de la escuela CENAFE, en Getafe. / Foto: CENAFE

La suerte del técnico, convertido en figura mediática durante el año que trabajó en el CENAFE, no tardaría en torcerse de nuevo. Tras firmar un contrato por un año que fue renovado por tres meses más, y pese a sus esfuerzos con el inglés, el CENAFE decidió prescindir temporalmente de sus servicios al no aprender suficiente el español. “No ha hecho ningún esfuerzo por aprender, no podemos seguir pagándole un sueldo sin que sepa el idioma”, argumentaba a El Español Galán, quien alegando un motivo “estrictamente profesional” decidió no renovar a un Osama que, pese a todo, se mostraba optimista con respecto a poder recuperar su trabajo en febrero de este mismo año. Entonces, ya habrán terminado los cuatro meses de desempleo que le corresponden y, si todo va según lo previsto, habrá podido aprender la lengua: “Me han tratado muy bien y estoy agradecido”, contaba, a la espera que al resto de su familia le dieran el visado para poder salir de Turquía. “El fútbol es el mejor lenguaje que existe, porque transmite un mensaje de paz entre los pueblos, como el deporte en general, ayuda a unirlos”, asegura mientras aguarda poder volver a trabajar.