Seguro que no pocas veces has tirado la bufanda de tu equipo por suelo. Has despegado el cartel de tu ídolo, al que nunca has conocido en persona pero al que odias por haber fallado ese penalti: “Era tan fácil meterlo, jodido cabrón”. Recuerdas la reprimenda típica de tu madre: “¿Por qué te pones así? No vas a vivir del fútbol”, y te cabreas aún más, porque para ti esto es algo más que un deporte, aunque sus protagonistas no se esmeren demasiado en corroborar este sentimiento.  “Ya nada es lo que era”. Y claro que no lo es, pero a los siete días vuelves a pecar y le das otra vuelta a la ruleta rusa del fútbol negocio. Buscas tu carné y te plantas en el estadio para, posiblemente, vivir una sesión semejante a la que te llevó a empaparte en cerveza o a romper los muebles del Ikea de tu casa de alquiler. 

Pues en 2004, en Florencia, una panda de quinceañeros decidió romper con el efecto yo-yo que genera el fútbol moderno. Algunos seguidores de la Fiorentina y habituales del Artemio Franchi, otros simples amigos, decidieron irse a ver al Associazione Calcio Lebowski, el peor equipo de la ciudad, incapaz de sumar un sólo punto en la categoría más baja del sistema de ligas italiano. Esto fue el poso del actual Centro Storico Lebowski, fundado en 2010. Un conjunto regido por sus aficionados, los mismos que utilizaron a una paupérrima escuadra para dirigir sus frustraciones y que han terminado por consolidar un proyecto dos divisiones más arriba, en la Prima Categoria. A esto añádanle una red de fútbol base, socios repartidos por el mundo y todo sin perder el espíritu nihilista que tan bien encarna El Nota, protagonista del film El Gran Lebowski, presente en su escudo y en su filosofía.

¿Cómo conocimos al AC Lebowski? Pues a través de un artículo de una revista de fútbol amateur. Leímos que en el último partido habían perdido 3-0. Vamos, como siempre. Pero nos llamó la atención su lema: El Lebowski se rompe, pero no se dobla”. Así cuentan el flechazo los fundadores del club. La fórmula del amor suena bien diferente a la actual, donde los adolescentes se enamoran de conjuntos exóticos porque han ganado un par de partidas con ellos en el FIFA. Tras la lectura ligera del fanzine, una cuadrilla de diez chavales florentinos se bebió el último sorbo de la litrona: “El próximo partido iremos a ver al Lebowski”.

Ultras Lebowski

Montaje ‘ultra’ de los primeros tiempos de los Ultras Lebowski

Vale, así empiezan muchas promesas de borrachera que nunca se cumplen. Si por ellas fuera nos habríamos mudado a Tailandia. Nos habríamos casado 43 veces. Y nos habríamos tatuado el mapa de El Señor de los Anillos. “Seremos los ultras de este equipo”, dijo uno levantando la revista. Dicho y hecho, al domingo siguiente se plantaron en el Stadio Comunale San Donnino. Incluso aquellos de la pandilla que se manifestaban contrarios al fútbol (después se engancharon). Se equivocaron de campo. Llegaron al descanso y no tenían un duro par pagar la entrada.

“En el primer partido del AC Lebowski al que fuimos pensaron que nos reíamos de ellos y casi nos pegan”

El primer encuentro fue un espectáculo. El AC Lebowski era colista y se encontraron con una decena de adolescentes desarrapados en la grada gritándoles. “Pensaban que nos estábamos riendo de ellos. Al final del partido incluso algunos nos amenazaron”. Como no hubo daños, los hormonados hooligans volvieron a la siguiente semana y les dijeron a los jugadores: “Mirad, somos una banda de losers y vamos a ser vuestros hinchas. Entonces empezaron a convencerse de nuestra locura”.

“Trabajaremos con lo que nos den”, el lema del club, presente en los inicios de la grada de animación del AC Lebowski.

La grada del CS Lewboski se llama Moana Pozzi, en honor a una actriz porno italiana “más conocida que la Cicciolina”

La comunión no tardó en hacerse palpable por la idéntica condición de los ultras y los jugadores: “Nosotros buscábamos un modo de prolongar la noche del sábado y ellos, bueno… Se veía durante los partidos que también se lo habían pasado bien el día anterior”. Y así nacieron los Ultimi Rimasti Lebowski (último reducto en castellano) que bautizaron a su curva con un nombre a la altura de las circunstancias: Moana Pozzi, famosa actriz porno y presentadora italiana, “por encima de Cicciolina“, para que podáis entender su magnitud. La nomenclatura del grupo y de la grada se mantienen con el CS Lebowski. 

“En aquellos años nos encontramos a nosotros mismos. Estábamos tremendamente cansados de la represión, cada vez más absurda, que tenía lugar en los campos de la Serie A. En aquel equipo modesto encontramos el lugar de libre expresión que otros hinchas habían descubierto en el pasado. Convertimos los partidos del AC Lebowski en una gran fiesta donde podíamos dar rienda suelta a nuestras ideas y energía adolescentes”, detallan desde el actual CS Lebowski en un cuestionario contestado con mimo y detalle, algo que caracteriza todos sus movimientos.

Los ultras del AC Lebowski vieron la primera victoria tras varios meses, ante el Sancat, desde entonces uno de sus ‘grandes rivales’

El AC Lebowski era un equipo “autodidacta”, como lo definen con sutileza sus primeros fanáticos. “Vamos, eran una banda de amigos que habían fundado un club y que pronto se dieron cuenta de que sería fantástico recorrer la ciudad con un grupo de lunáticos siguiéndolos”. Y entonces llegó la primera victoria: “Tuvimos que esperar muchos meses, pero valió la pena. Fue a domicilio, contra el Sancat (desde entonces uno de sus grandes antagonistas). Perdíamos 2-1, pero acabamos ganando 3-2 tras anotar un gol en los últimos minutos”. Simplemente se volvieron locos. Y empezaron las carreras para colarse en los trenes y los viajes peligrosos en las parte atrás de una scooter. Cuando no tocaba hacer dedo. “Después de muchas cervezas, nuevos cánticos y un tambor nos creímos que estábamos jugando en la Serie A”, recuerdan.

Recorte de la primera e histórica victoria que presenciaron los Ultimi Rimasti Lebowski

2010: TOCA TOMAR LAS RIENDAS

Tras seis años acudiendo religiosamente al campo, en los que cultivaron barba, un hígado a prueba de balas y mejores conductas, el último reducto decide tomarse las cosas más en serio y asume las riendas del club. Funda uno nuevo, que preserva la nomenclatura anterior, pero con una variante: Centro Storico, “porque la mayor parte de sus miembros vivían en esa zona de Florencia”. El Nota, protagonista de El Gran Lebowski se convirtió en el emblema del club. Para el que no haya visto esta película de los hermanos Coen, este personaje, interpretado por Jeff Bridges, es un vago que es confundido por un par de matones con el millonario Jeff Lebowski, con quien comparte apellido. Después de que se meen en su alfombra, El Nota inicia la búsqueda de El Gran Lebowski. Recibirá una recompensa si encuentra a la mujer del magnate.

“A El Nota sólo le importa recuperar su alfombra y nada más. Como a nosotros. Nuestros sacrificios no están orientados sólo a resultados. Está claro que queremos ganar, pero nos guiamos por una combinación de humor y hermanamiento. Incluso si volvemos a ser el peor equipo de Italia mantendremos esta filosofía y estaremos ahí”, defienden desde el club. El Nota se conoce en la versión inglesa como The Dude y en la italiana como Il Drugo, un nombre más ultra, como los personajes de La Naranja Mecánica de Kubrick. De hecho, es habitual ver a los Ultimi Rimasti Lebowski con bufandas y pancartas que ponen drugati. El significado se desprende sólo.

'El Nota', interpretado por Jeff Bridges, junto al escudo del CS Lebowski.

‘El Nota’, interpretado por Jeff Bridges, junto al escudo del CS Lebowski.

Los colores del equipo son el negro y el gris porque son “la combinación más barata”

Tanto el personaje cinematográfico como el club representan un ejemplo antisistema por dejadez. Ellos nunca serán parte del establishment, no por ir en contra de él, sino porque se la refanfinfla de la A a la Z: “Nuestro lema principal es Trabajaremos con lo que nos den. Y esto se atestigua cada fin de semana en la grada. Abuchear y criticar a los jugadores sería atacarnos a nosotros mismos”. Los colores del equipo son el negro y el gris, “porque simplemente era la combinación más barata”.

El CS Lebowski sigue los preceptos del calcio popolare, un movimiento que aboga por la democratización de este deporte, y que tiene su equivalente español en el fútbol popular. Sus ejes son el principio de “un socio, un voto” y la organización horizontal. “Existe una diferencia fundamental entre un fan normal y un gigrionero (gris y negro). No impedimos que nadie compre una entrada para vernos, pero a aquellos seguidores que se convierten en propietarios por medio de una participación sí les pedimos un compromiso. A cambio tienen total capacidad de decisión sobre todos y cada uno de los asuntos del club. La exigencia es alta, pero nuestras acciones hablan de nosotros. Los lemas se pierden en el viento”, relatan.

“El fútbol es del pueblo en cualquier categoría. Nosotros nos oponemos a la mercantilización”

Sin embargo, desde el CS Lebowski rechazan el término “fútbol del pueblo” y adoptan algo más tradicional: “Somos un club modesto. El calcio nunca deja de ser de la gente. Tampoco en la Serie A. ¿Cómo llamamos entonces a los hinchas que madrugan para estar a las 11 un domingo en la grada, saltando como locos, aunque sea en Serie A? ¿No es eso fútbol popular? No nos oponemos a la Fiorentina. Todo lo contrario. Nos oponemos a la mercantilización del fútbol de masas, que está debilitando la cultura de grada y el corazón de este deporte”. De los 500 socios-accionistas que actualmente tiene el CS Lebowski, parte todavía son seguidores viola y acuden al Artemio Franchi para ver a la Fiorentina. 

“DEMASIADO ESTÚPIDOS PARA TENER ENEMIGOS”

Como no podía ser de otro modo, este peculiar club ha generado simpatías y antipatías. En el primer apartado suman más filiaciones. En su web se puede consultar de dónde son cada uno de sus simpatizantes: se encuentran dispersos por los cinco continentes. “Este año celebramos el décimo aniversario de hermanamiento con los Ultras HCJS del Castellammare di Stabia. También llevamos años de amistad con los Coloniacs, los ultras del 1. FC Köln de Bundesliga. Estamos fortaleciendo el eje italiano-alemán…”. En el lado de los antagonistas: “Con los diferentes ascensos hemos creado algunos ‘enemigos’, más bien artificiales, como el Sancat. Nos empeñamos en darle ‘algo de pimienta’ a la competición, creando antagonistas para reforzar nuestra identidad. Pero somos tan estúpidos que, con excepción de algunas escaramuzas, no somos tan temidos como a nosotros nos gustaría”.

Los 'Coloniacs' del 1. FC Köln, con una bandera de los Ultra Rimasti Lebowski

Los ‘Coloniacs’ del 1. FC Köln, con una bandera de los Ultimi Rimasti Lebowski

Bastante más agotadora es la batalla con las instituciones para gestionar los campos o recibir apoyos. “El tema del terreno de juego lo resolvimos de modo paradójico. Tenemos un acuerdo privado con otro club, el ASD Impruneta Tavarnuzze (dueño del Centro Sportivo Tavarnuzze). Desistimos de negociar con las administraciones. Te piden un número mínimo de espectadores, que paguen (y beban en la cantina)… Lo peor es que esto no nos afecta sólo a nosotros, sino a cualquiera que quiera organizar un evento deportivo en Florencia. Valoramos mucho más los contactos que hemos hecho con otras asociaciones de la ciudad“.

El CS Lebowski tiene una escuela de fútbol base totalmente gratuita para niños nacidos entre 2007 y 2012

Precisamente, el ASD Impruneta Tavarnuzze, equipo de las afueras de Florencia, les ha permitido crear la escuela de fútbol base Francesco ‘Bollo’ Orlando, totalmente gratuita para niños nacidos entre 2007 y 2012. Un puntal del futuro del CS Lebowski junto al equipo juvenil, que camina ya por su séptima temporada. Éste ha llegado a jugar en categorías regionales: “Cuando empezamos, nunca en la vida pensamos en tener cantera. El destino aquí fue totalmente imprevisible. Pero esto es clave para nosotros, porque ellos crecen bajo nuestra filosofía y serán, desde luego, el baluarte del equipo a medio plazo”.

Jugadores de la Scuola Francesco ‘Bollo’ Orlando junto a accionistas del club

Para financiar todos estos proyectos, el club divide sus fuentes de ingreso en dos vías principales: el autofinanciamiento, que aportan sus accionistas y otros particulares; y la parte privada: “patrocinios, siempre de empresas que compartan nuestra filosofía”. A esto hay que unirle los euros que siempre se deja uno en las fiestas que hacen o en su merchandising. “Podemos decir con orgullo que casi equilibramos los ingresos que recibimos por parte del autofinanciamiento con los de los patrocinadores”, detallan. A diferencia de casi todos los equipos de la Prima Categoría en la que militan, ninguno de los jugadores del CS Lebowski recibe un salario. El club tiene un puñado de profesionales como el secretario, los entrenadores y los médicos que tienen una pequeña contraprestación: “No descartamos la posibilidad de sumar nuevos profesionales, porque está claro que este equipo empezará a ser un mecanismo más grande y complejo”.

La falta de remuneración no ha impedido que el club haya cultivado sus mitos en sus siete años de historia. “No sería justo individualizar, pero ha habido historias peculiares. Como la de Andrea, que pasó de la grada a ser nuestro portero e histórico capitán. Ha jugado hasta hace dos años. O Michele, también conocido como El Verdugo por su extraña forma de celebrar los goles. De igual modo pasó al cuerpo técnico. Y más tarde volvió a jugar, dos temporadas después de retirarse, cuando era un joven de 43 años”.

Dicen desde el club florentino que el 90% de los que visten su camiseta no quieren despegarse de ella, aunque se jubilen o se vayan a otro equipo, pero si te llamas Andrea tienes muchas más posibilidades de prosperar en la parte técnica: “En cuanto a los entrenadores, es más fácil elegir. Sólo hemos tenido tres: Andrea Terreni, quien ya estuvo en el AC Lebowski y fue el primer entrenador del equipo fundado por los aficionados. Fue un gran técnico además del barman de nuestro pub favorito. Después vino Andrea Baiocchi, durante la temporada 2011/2012. Por último, Andrea -¡sí, otra vez!- Serrau, un ex lateral derecho con una personalidad exuberante y técnica exquisita. Leal y obstinado, como buen sardo que es”. Dibujado el pasado y el presente del CS Lebowski, toca reflexionar sobre el futuro: “Queremos ascender a Promozione (siguiente nivel) e intentar volver a Regional con los juveniles. Siempre con cabeza”.

INCLUSO PARA LOS QUE NO LES GUSTA EL FÚTBOL

El CS Lebowski es, en definitiva, una isla en el fútbol negocio. Una respuesta consecuente a la mercantilización que devora a las competiciones italianas y europeas. “Aquí el calcio se ha convertido en los últimos 15 años en un artefacto invasivo y prohibitivo. La clase media sigue yendo a los campos pagando casi diez veces más por las entradas que en la década de los ’90. La TV echa ahora partidos todos los días”, diagnostican, sin olvidar las peculiaridades italianas: “Once años no son suficientes para olvidar el Calciopoli, los escándalos de apuestas que afectaron a muchos jugadores de la Serie A hace algunos años. ¿Ya nadie se acuerda de Beppe Signori? (uno de los detenidos en 2011 por fraude). Sin ir más lejos en el tiempo, ahí está la investigación en los partidos de la Lega Pro (Serie C, el equivalente a la Segunda B)”.

“Todo está guionizado en el fútbol actual, el calendario está escrito de antemano”

En resumen, para el CS Lebowski, el aficionado hoy es cada vez más un cliente y un usuario ocasional de una mercancía. “Han hecho de nuestra pasión su negocio. Todo está guionizado y el calendario ya está escrito de antemano semana tras semana”, añaden. No se libra el principal equipo de la ciudad, la Fiorentina: “El equipo vive una fase de agotamiento y empobrecimiento. El actual proyecto simplemente no está arraigado en el contexto local”.

'El último reducto', que empezó con el AC Lebowski y ha seguido con el CS Lebowski.

‘El último reducto’, que empezó con el AC Lebowski y ha seguido con el CS Lebowski.

Frente al fango del fútbol a deshora, de los sablazos al bolsillo y de la represión en las gradas, en el CS Lebowski lo tienen claro. Para ellos, este deporte debería volver a pertenecer a la gente: “Existen muchos ejemplos sobre cómo un club puede estar insertado en su comunidad y viceversa. En la segunda alemana o en la tercera, cuarta y quinta divisiones de Inglaterra. Y por supuesto, el Lebowski. En Italia existe una rica cultura de asociaciones y voluntarios que tiene sus raíces en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, como las Casas del Popolo o las parroquias, que a menudo encontraron en el fútbol un espacio de liberación. Esto es lo que debería cambiar o, más bien, a lo que deberíamos regresar”.

¿Y en este fútbol social, hay espacio incluso para la gente a la que no le gusta el fútbol? “Es una pregunta muy inteligente que va directamente al corazón del asunto. Entre las más de 100 personas que siguen los partidos del CS Lebowski cada fin de semana, más de la mitad fundadores del equipo, y que ya apoyaron al AC Lebowski, hay gente que parece que odia este deporte y siempre lo ha odiado. Lo encuentran estúpido o aburrido. No importa, porque en nuestro entorno se sienten valorados y reconocidos en sus dimensiones personales más importantes. Encuentran un lugar en el que se manifiestan libres y capaces de cambiar el mundo, algo impensable en cualquier otra realidad humana”.