Hay quien sucumbe con facilidad al momento, para bien o para mal, y se deja llevar. Y hay quien decide bajarse del vagón y empezar una nueva ruta cuando el camino se vuelve infranqueable. Pasa en la vida y pasa en el fútbol.

The Old Spotted Dog Ground es el campo de fútbol más antiguo de Londres, y donde el Clapton FC juega sus partidos como local. Tiene una grada con capacidad para 100 personas, y otra, para estar de pie, que los propios aficionados llaman andamio.

Es el lugar más ruidoso del campo. Al igual que en las calles, aquí también hay inmigrantes. No solo quienes llegan a la capital inglesa a buscarse las habichuelas, sino también aficionados de otros equipos que saltaron del tren de la Premier League hasta caer a la novena division. La inaccesibilidad de los primeros vagones les llevó a reemprender el viaje en los de atrás, los más modestos. Y disfrutan del viaje.

El tiempo que dura un concierto o un partido -y los momentos previos y posteriores- es la vida. No es evasión, a la salida del estadio vuelve el peso de la realidad. Se conoce esa amenaza, pero simplemente no es suficiente: hemos venido a pasarlo bien. Y si por el camino se puede ser útil a la sociedad, pues fetén.

"El Clapton pertenece a los aficionados". | Foto: Xavi Heras.

“El Clapton pertenece a los aficionados”. | Foto: Xavi Heras.

Ese es el aire que se respira en Forest Gate, donde los distintos grupos de amigos que se juntaban para animar al equipo del barrio han decidido que sí, que se puede. Habitual es verles recoger comida a la entrada del campo para colaborar con bancos de alimentos locales. Pero también dan visibilidad a luchas vecinales o de trabajadores: el verano en el que los servicios de limpieza, celadores y seguridad de los hospitales de la zona llegaron a los 24 días de huelga, hicieron colecta a la entrada de un partido para darles apoyo económico. Todo bajo el nombre de The Real Clapton FC.

Entienden que el fútbol sea inclusivo, y no escatiman esfuerzos en que su club, al menos, así sea. La temporada pasada promedió 314 espectadores por partido sin ningún otro equipo superando los 80 (novena categoría, recuerden).

Esta temporada, el partido con más asistencia contó con 83 personas dentro del campo. ¿Y el resto? Fuera. No se sienten bienvenidos en su propia casa. No todos en Clapton entienden el fútbol de esta manera.

Vincent McBean es un empresario cuya compañía tomó el control del Woodford Town FC, un club amateur del sur de Londres con problemas económicos. Lo liquidó. El 8 de enero del año 2000 llegó a la directiva de Newham Community Leisure Trust Ltd, una empresa de carácter benéfico, y propietaria de The Old Spotted Dog Ground, y que cedía el campo al Clapton FC. Exacto, McBean es ahora quien maneja los hilos en el club de fútbol.

Los jugadores del Clapton celebran la victoria con sus aficionados. | Foto: Xavi Heras.

Los jugadores del Clapton celebran la victoria con sus aficionados. | Foto: Xavi Heras.

Existe una comisión gubernamental que se encarga de que este tipo de empresas cumplan sus objetivos caritativos. La falta de actividad de NCLTL hizo que dicha comisión les borrara del registro. Vincent McBean consiguió en 2008 que su empresa fuese readmitida. A cambio, la comisión le obligó a cumplir con el contrato. El Clapton tenía que hacerse cargo del alquiler del campo o perdería la licencia.

Vince creó pequeñas empresas paralelas utilizando el nombre del club: bien Clapton Football Club Ltd o bien CFC1878 Ltd. Pero el movimiento económico no se vio reflejado en el propio campo -con unas instalaciones ya deficientes-, ni en el club -los futbolistas corrían con los gastos de transporte y material deportivo-.

The Real Clapton FC arrimó el hombro. La respuesta de McBean fue aumentar el precio de las entradas y los cacheos. McBean les denunció y pidió definitivamente la liquidación de NCLTL. El Clapton perdería su campo, y la gente, que ya llevaba años organizándose para evitar la desaparición del club, podría perder la batalla. Ahora lo ven más necesario que nunca, el club ha de ser de la gente.