Es mayo y la primavera brilla por su ausencia en Eibar. Llueve con fuerza en un Ipurúa a rebosar que estalla con el pitido final del trencilla Medié Jiménez. La euforia se desata y las lágrimas de alegría se pierden entre los empapados rostros armeros que inundan las coquetas tribunas del estadio eibarrés. Por primera vez en su historia la Sociedad Deportiva Eibar ha sacado un billete con destino a la máxima categoría del fútbol español y entre abrazos, gritos y cánticos de festejo destaca la felicidad que irradia el dorsal número 8 sobre el verde, el único futbolista de la plantilla nacido en la pequeña localidad de Eibar. Él es Jon Errasti.

“Los días posteriores al ascenso a Primera fueron los más felices de mi carrera. Sin lugar a dudas, los más bonitos. No lo había vivido nunca y mucho menos desde dentro. Pasamos de jugar en Segunda B a hacerlo en primera en poco más de un año. Para mí, que soy criado en Eibar y cercano desde siempre a mi equipo vivir todo aquello fue increíble, indescriptible. Cuando hablo de ello todavía me cuesta creérmelo, para qué nos vamos a engañar. Hoy, si lo miras con perspectiva, es algo normal ver al Eibar en Primera pero yo me emociono al recordar todo el proceso. Ver llorar a mis aitas, a mis amigos…fue muy emocionante. La gente del pueblo pudo disfrutar de un ascenso a Primera y, como yo, jamás podrá borrarlo de sus memorias. Creo que con el tiempo lo valoraremos aún más”, asegura Errasti en exclusiva para Highbury.

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Foto: Diario Vasco

UNA VIDA EN ROJO Y AZUL

Jon, que afirma que “he sido seguidor del Eibar desde que tengo memoria”, llegó a Ipurúa en 2012, procedente de Zubieta y con el equipo sumido en el barro de la Segunda División B: “Estuve nueve años jugando en la cantera de la Real Sociedad. Cuando salí de Donosti con 24 años surgió la oportunidad de incorporarme al proyecto de un Eibar que tenía el reto de abandonar la Segunda División B cuatro años después. Entonces cumplí el sueño de vida: vestir la camiseta del equipo de mi ciudad y de mi vida”. Esa misma temporada, y bajo el mando de Gaizka Garitano, el conjunto armero logró el tan ansiado ascenso en la localidad catalana de L’Hospitalet: “Existía cierta presión por lograr los objetivos. En mi caso sentí cierta cuota de responsabilidad extra porque jugaba en mi casa, pero nunca antes había visto ese convencimiento en torno al equipo, lo que personalmente me dio un gran empujón para seguir siempre trabajando”, cuenta orgulloso Jon.

“Representábamos al Eibar, un club diferente a todo el fútbol moderno”

Un año más tarde, Jon saltaba al césped de Anoeta para cumplir su sueño de infancia. Acababa de debutar en Primera División con el equipo de su vida: “Era un derbi y ante el equipo que me formó. Fue todo muy especial”, nos cuenta antes de repasar un verano que se hizo más largo de lo habitual: “Aquella temporada me preparé como nunca, sabía que tenía que reventarla porque era la oportunidad que llevaba toda la vida esperando. Recuerdo que los días previos fueron eternos pero cuando el balón empezó a rodar…”.

PREDICAR CON EL EJEMPLO

A pesar de las fantásticas experiencias que estaba viviendo, Jon siempre mantuvo los pies en el suelo. La humildad y el trabajo diario que siempre le caracterizaron los potenció hasta el límite, brindando un ejemplo digno de capitán: “Quería jugar bien, estar en todos los actos, ayudar a mi club en todas las acciones, ser amable y cariñoso con la gente…en definitiva, que se viera la cara buena de Jon Errasti. Además, me sentía muy feliz por gente como Irureta o Arruabarrena, que vivieron los años malos conmigo y disfrutaban como niños de la experiencia. Representábamos al Eibar, un club diferente a todo el fútbol moderno. Teníamos nuestra propia filosofía que hoy por suerte otros equipos aplican. Era un orgullo”.

Hoy, Jon Errasti pelea por lograr el ascenso a la Serie A italiana con el Spezia Calcio 1906. Una experiencia que le ha ayudado a continuar con su formación deportiva y personal: “Está siendo una experiencia magnífica. Poder estar fuera de tu país, hablar otro idioma, vivir otro estilo de vida, conocer otras culturas, practicar un fútbol completamente diferente…Es una experiencia que me está ayudando a crecer en todos los sentidos, a conocer gente y lugares maravillosos. Pensaba que el fútbol italiano era A y resulta que es B, completamente diferente a lo que pensamos y que nada tiene que ver con el catenaccio. Es muy táctico, ofensivo y propositivo”.

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Foto: Città della Spezia

Sin embargo, la distancia solo ha fortalecido el sentimiento armero de Jon: “Me gustaría volver como jugador, entrenador, presidente o utillero, pero el fútbol y la vida nos dirá cuando podemos volvernos a encontrar, aunque a corto plazo no lo veo. El recuerdo que tengo del Eibar es tan increíble que hoy prefiero dejarlo así. Ojalá juguemos pronto en Europa, sería un digno premio a todo el trabajo diario que se ha llevado a cabo, a la buena gestión, a sus valores, a una afición cercana y entregada en todo momento”, asegura antes de mandar un claro mensaje a las futuras promesas del Eibar: “Les diría que los problemas deben quedarse fuera y en el campo solo tienen que dar el máximo, jugar con más corazón y menos cabeza, con más sentimiento. Porque al final en el fútbol que vivimos este sentimiento se está muriendo a favor de otros valores diferentes y tenemos que recuperarlo”, dejando claro por qué fue, es y será siempre el chico del pueblo.