Kike es un chico que lee. Tiene tatuajes, discos de soul, y una scooter. Estudia, trabaja y los domingos va a Castalia. O al pueblo que se precie. Es él quien termina organizando un almuerzo con dos voces autorizadas del club de fútbol de su ciudad. Seremos cuatro, soy el tercero en llegar. Hay comida y cerveza en la mesa, la conversación ya ha empezado.

“Los rivales vienen aquí, que se ha jugado Primera y Segunda, y se crecen. Se sienten un Getafe o un Betis ganándole tres puntos al Madrid en el Bernabéu”. El propio Kike es quien lidera la conversación cuando por fin me siento. Enrique Ballester, que ha relatado la caída del CD Castellón, nos acompaña y le da la razón, después matiza: “La diferencia es que tú no eres tan bueno como el Madrid”. Claro.

Ambos vieron caer a los suyos de Segunda a Segunda B en la campaña 2009/10, y un escalón más un año más tarde. En esta ocasión por impagos.

Pese a los cambios que vivió la entidad, el Castellón pareció acoplarse a la nueva categoría y terminó aquella primera temporada en novena posición. Doce meses más tarde llegaría la primera promoción, el primer intento de regresar a Segunda B. No hubo goles en 120 minutos, pero sí dos en la prórroga. Los dos del Córdoba B en El Arcángel.

Los albinegros entraron en un círculo vicioso. Las ilusiones nacían y se rompían de forma rutinaria. En cadena. La vida es dura en el fango, más en un club que no goza de cierta estabilidad en mucho tiempo: desde 1991 solo tres entrenadores han permanecido más de un año en el banquillo de Castalia (José Luis Oltra, 2002-2004; Pepe Moré, 2005-2007; y Pedro Fernández Cuesta, 2011-2013).

El CD Castellón ha superado los 10.000 abonados en la 2017/18. | Foto: Castellón Diario.

Tres intentos más tuvieron los orelluts, en tres promociones crueles. Ganó su grupo en 2015 para caer primero ante el Linares, y definitivamente ante el Haro en la tanda de penaltis. Un año más tarde, el optimismo era menor, uno no quiere tropezar dos veces en la misma piedra. Pero lo hace. El Castellón alcanzó la última eliminatoria, pero ascendió el Gavà. Los once metros volvieron a condenar a los de La Plana.

Manu Calleja, entrenador del equipo la temporada pasada, se quejaba antes de la primera eliminatoria -ante el Poblense- de la etiqueta de barraquero que le habían colocado. Y respondió en el campo. Empatando a cero en casa y a dos fuera. Si buscas equipo barraquero fútbol en Google y le das a Imágenes, la primera foto que aparece es la suya.

Volvió la esperanza, pero el Castellón terminó solo y desorientado en una parada de autobús. A las tantas de la madrugada, lejos de casa, vomitando. Una de esas noches.

No murió en la cama

Han sido años complicados también fuera del césped. Hacienda embargó las cuentas del club por incumplimiento de los pagos de la deuda. David Cruz hacía y deshacía a su antojo y, aunque el club siempre ocupó las primeras plazas de Tercera, el miedo a un nuevo descenso administrativo siempre estuvo presente. El Castellón ha estado al filo de la desaparición.

Hubo situaciones rocambolescas, como la destitución de Frank Castelló el año pasado. Llegó en verano de 2016, y pese a acumular 16 partidos seguidos sin conocer la derrota y ocupando el segundo puesto en la clasificación, no llegó a tomar las uvas en la siguiente Nochevieja como entrenador de la entidad albinegra. No lo hizo por cuestión de horas. Ese mismo día, un comunicado de prensa del club anunciaba la noticia. Frank se enteraba por los medios y organizó una rueda de prensa para despedirse así del club y la afición. Pese al permiso de la Alcaldesa -Castalia es un campo municipal-, Frank terminó convocando a los periodistas en uno de los bares que hay frente al estadio.

Rafael Escrig, periodista que cubrió la actualidad del Castellón durante sus años más oscuros estuvo ahí. “Mientras Frank se despide, la plantilla estaba entrenando dentro del estadio y, por orden del nuevo entrenador, no pudieron acercarse a despedir a su exmíster”.

“Fue ridículo”, apunta. “Había un distanciamento evidente entre dos personalidades fuertes”. Un despido improcedente entendió el juez.

Castalia. | Foto: Cadena Ser Castellón.

La afición se terminó de encender. David Cruz debió recibir con gusto las visitas al juzgado, pues tampoco dudó en denunciar a algunos de los intengrantes de los distintos grupos de animación del estadio. Caso que también terminó perdiendo.

Catarsis colectiva

“Cuando gobierna un déspota, la desobediencia está legitimada”. Es una frase que escribió Enrique Ballester en la previa del partido en casa ante la Peña Sport. Con la llegada de la promoción la pasada campaña, no se pudo adquirir entradas para el gol norte bajo. La idea de Cruz era dejar la zona, probablemente la más crítica con su gestión, vacía.

Barricada Albinegra, uno de los grupos de animación afectados, llamó a la invasión. Y la gente respondió. Al no poder acceder al Gol Norte por su entrada habitual, ingresaron al estadio por el fondo contrario y alcanzaron su Aquella fue la muestra más simbólica del malestar general. “La gente en tribuna les jaleaba”, Enrique toma palabra. “Histórico”.

“Fue una catarsis colectiva”, recuerda Kike, “uno de los momentos más bonitos y emocionantes que he visto en el fútbol. Brutal”.

3-0. 3-1. 4-1. 4-2. De parecer hecho a un bueno, bien, no sé…

Eso en lo deportivo. La afición ganó su propio partido y viajó hasta Tafalla, en Navarra, para ayudar al equipo a ganar el suyo. Como siempre. El desenlace, descorazonador. La Peña Sport marcó en el minuto 84. 4-3 en el global. El valor doble de los goles fuera de casa obligaba al Castellón a cerrar su meta.

Pero llegó el minuto 96. Libre indirecto en el área albinegra. Rebotes y más rebotes. Gol. 2-0. La nada. Una sensación de vacío que cuesta describir, pero que se reconoce al instante porque es la puta vida.

Tres días después empezó la transición.

Atado y bien atado

Aparecen tres nuevos nombres a escena: Vicente Montesinos, empresario castellonense y nuevo presidente, junto a Ángel Hernández, vicepresidente, y Jordi Bruixola, gerente. “Llegaron a un acuerdo con David Cruz, para la gestión y el derecho de las acciones”, dice Enrique.

José Cano-Coloma, abogado de Cruz, permanece en el consejo encargándose de las cuentas facilitando a Capital Albinegro el estudio de las cuentas que él mismo seguirá manejando hasta un máximo dentro de dos años, fecha en la que David Cruz deberá desvincularse totalmente del proyecto. Hasta que eso pase, y debido a su renuncia voluntaria, seguirá cobrando una compensación económica en unos términos negociados con el nuevo grupo inversor y que no trascendieron.

“En una semana se anunció la marcha de Cruz, la llegada del nuevo grupo, las fotos con Pablo Hernández y Ángel Dealbert, la vuelta de Frank Castelló”, enumera Escrig. El Castellón cuenta con más de 10.000 abonados esta temporada. Castalia ha sumado asistencias mayores que las registradas en partidos de Segunda o Segunda B.

“La legitimidad la han dado Pablo y Dealbert”, afirma Kike. “Si no, hubiesen surgido sospechas sobre los nuevos gestores, ¿quiénes son estos?

Pablo Hérnandez y Ángel Dealbert son de Castellón, salieron del club orellut y fueron internacionales. El atacante y el central son el rostro de la nueva imagen del club. Dealbert además ha vuelto a defender a los albinegros sobre el césped.

El nuevo inicio de siempre

Se respiraban nuevos aires en el arranque de la temporada. Había entusiasmo, algo habitual en fechas tan señaladas, pero esta vez sin la sensación de hastío con la gestión. Era un inicio real, de verdad. Pero terminó siendo el de cada temporada.

El equipo sigue peleando por el ascenso pero deja dudas, y a Frank Castelló lo han vuelto a echar.

“En el segundo partido la gente nueva se lleva un mazazo el día del Almazora, que coincidía con el del Real Madrid de Liga de Campeones, y pierdes con un gol en el último minuto”, lamenta Escrig. Ballester alecciona: “lecciones de vida, bienvenidos a Tercera”.