Quizás sea cuestión de raciocinio, o más bien la ausencia de él en buena parte de la sociedad civil tanzana, lo que genera escenarios de odio y estigmatización hacia el albinismo. Quizás sea el reflejo de un pueblo con amplio margen de evolución. En el punto de mira se encuadra un ser, rara vez solo, que rompe el bullicio de alguna plaza de Dar es Salaam mientras radiografía a cada individuo que pueda representar una amenaza potencial para él. Traza con la mirada el camino a seguir, consciente de que resultaría milagroso recorrer por completo esos metros sin recibir una sola alusión despectiva hacia su persona.

Por alguna grieta del baúl de las descalificaciones se escapa un “demonio” o un “regresa a tu tribu de fantasmas”, amén de ser considerado no humano o tener que escuchar que es fruto del adulterio de una mujer con un hombre blanco (“de una mujer”, no pasen por alto el matiz). Encajan las piezas al asumir que prácticamente la mitad de la población de Tanzania cree en la brujería y en el misticismo de las extremidades y la sangre de los albinos, número que afortunadamente ha disminuido si nos remontamos a la detención de 225 curanderos en el país en 2015.

La persecución es real, no obstante. Los albinos son víctima de su hipopigmentación determinada por el nacimiento. De ellos se dicen barbaridades en África del Este como que sus brazos y piernas son curativos, que el polvo de sus huesos otorga buena fortuna o que su sangre cura el Sida. Durante décadas los curanderos se han servido de esta creencia para justificar sus atrocidades -mutilaciones y asesinatos- y satisfacer la demanda de sus clientes, respaldados por la complicidad de las élites y la permisividad de la justicia ante estos crímenes. La brujería cuenta con devotos de cualquier clase social en el país.

Además de los graves problemas de salud que les puede acarrear la exposición al Sol, los albinos lidian a diario con el desprecio y con el miedo a ser capturados. No deja de resultar contradictorio que quienes son considerados seres inferiores estén tan cotizados en el mercado negro. Por suerte no están solos. Organizaciones como Under the same Sun o la Sociedad de Albinos de Tanzania (TAS) aportan su granito de arena para ayudar a las víctimas de brujería a integrarse en la sociedad y para escolarizar a los niños, incapaces de comprender por qué les ha tocado a ellos sufrir tan tormentoso destino.

En un intento de cicatrizar las heridas que siguen supurando en la sociedad dos hermanos decidieron dar un ejemplo inspirador -no sin el desconcierto de algunas personas de su entorno- a través del vehículo que más puentes tiende en todo el mundo: el balón. Hay que atribuir a los hermanos Haule, Oscar y John, la creación de un equipo de fútbol formado en su mayoría por albinos. Una minoría perseguida y digna lucha por ser reconocida a través del deporte en el Albino United FC. Por sus palabras y sus hechos, esta pareja de hermanos encarna el puñetazo en la mesa que trata de crear conciencia en una sociedad con los pies atados.

“Cuando ganas un partido los rivales empiezan a entender que no hay diferencias entre unos y otros“

Nadie mejor que uno de ellos, Oscar Haule, para relatar en clave Highbury la dimensión, humilde pero con ánimo para acometer empresas ambiciosas, de este club semiprofesional. El rechazo a los albinos se ha prolongado en el tiempo y el pueblo los sigue considerando inferiores a día de hoy. “Nuestro objetivo es demostrar a los pueblos que los albinos pueden hacer las mismas cosas que el resto de personas, entre ellas jugar bien al fútbol. Es un deporte global, gusta en todo el mundo y quizá nuestro mensaje pueda llegar más lejos en menos tiempo”, en palabras de Oscar.

Un grupo de albinos amateur articularon el equipo hace casi una década para romper el orden conocido. Saltar barreras, en ocasiones, se torna imposible sin alguien que ayude a coger impulso. Ese azote de realidad le quita el sueño a Oscar cada noche: “Fundé el equipo en 2008 y desde entonces no hemos recibido demasiado apoyo del resto de países africanos. Intentamos construir un país mejor, pero mucha gente se posiciona en nuestra contra, sin razón. No quieren un cambio, no nos toman en serio”. La FIFA sí quiso mostrar su apoyo al club en reconocimiento a su labor como portador de concordia. Los miembros del Albino Utd. fueron invitados en 2010 al Mundial de Sudáfrica, donde pudieron asistir a algunos partidos y compartir un entrenamiento con Los Elefantes de Costa de Marfil, capitaneados por un añejo Didier Drogba al que aún le quedaba por escribir su mejor página en el universo balompédico.

El club se ha convertido en un fenómeno nacional, para bien o para mal. En un país de más de 50 millones de habitantes cualquier anomalía no pasa desapercibida. Los inicios transcurrieron entre campos de tierra y partidos amistosos hasta que el equipo logró acceder a la Tercera Divisón de Tanzania. A golpe puramente futbolísitco, el Albino se ganó cierto respeto en la competición, para regocijo de unos y sorpresa de otros. “Cuando ganas un partido los rivales empiezan a entender que no hay diferencias entre unos y otros“, relata orgulloso Haule para Highbury. Se ha marcado el objetivo de dar a conocer la situación del club en Europa llamando a la puerta de La Liga, la Premier League o la Bundesliga. “Significaría mucho para nosotros que futbolistas importantes que llegan a miles de personas contasen nuestra historia”. Han recibido apoyo de clubes como el FC Barcelona y el Real Madrid CF a través de sus fundaciones. En Inglaterra también conocen el caso del Albino, merced a una visita de varios jugadores del Everton FC en julio de 2017. Los de Liverpool visitaron el Estadio Uhuru, lugar de trabajo del Albino United y anexo al Estadio Nacional, para participar en un entrenamiento con los chicos. Clubes de toda Europa han recibido cartas de invitación desde el Albino. Oscar, resignado, reconoce no haber recibido demasiadas respuestas.

Algunos integrantes del Albino United FC, parte de la familia (Foto: Oscar Haule)

Algunos integrantes del Albino United FC, parte de la familia (Foto: Oscar Haule)

El equipo se calza los cueros y salta al campo en entrenamientos vespertinos, cuando el Sol es menos agresivo para la piel de los jugadores. Haule se ha topado con otro problema ahora que el club está tratando de expandirse: dar continuidad al proyecto. No es fácil cuando inversores y socios brillan por su ausencia. Como Oscar demanda, la necesidad de encontrar patrocinadores es prioridad absoluta para seguir derribando muros: “Estamos creciendo y necesitamos renovar el material de entrenamiento, así como tener minubuses propios para desplazarnos. Queremos crear conciencia en todas las regiones de Tanzania y para viajar por el país necesitamos fondos”.

No hay sentimiento de victoria para los Haule. Las palabras de Oscar ondean en una atmósfera de inconformismo, de exigencia autoimpuesta, sabedor de que están haciendo bien las cosas pero que queda un largo camino por delante. Su país les ha silenciado demasiado tiempo, de ellos depende seguir en la brecha que su determinación abrió hace poco menos de una década. En cualquier caso, África entera ha escuchado el clamor posterior al golazo que el Albino United le ha marcado por la escuadra al desprecio y a la sinrazón.