El despertador suena temprano y Carlos se pone en marcha. Calienta un café con leche y enciende el ordenador. Se lava la cara y se pone un batín para combatir el frío que sacude Madrid durante esta época del año. Lo había echado de menos. Abre una carpeta situada en su escritorio y hace doble clic sobre un archivo de vídeo correspondiente a un encuentro de la liga jamaicana. Acaba de comenzar su jornada de trabajo.

Hace unos años, Carlos decidió hacer las maletas cansado de la falta de oportunidades existente en los banquillos españoles. Tras acumular ocho temporadas de experiencia al frente del equipo juvenil del modesto Santa Ana, con apenas 30 años se dio cuenta de que su futuro en el mundo del fútbol traspasaba las fronteras de nuestro país. La decisión, muy meditada, cambió radicalmente su vida: “Si no eres exfutbolista, en España te cuesta mucho más tener oportunidades. Con el Santa Ana, que es un equipo de barrio, llegamos a ganar 2-6 en Valdebebas al Real Madrid, ascendimos por primera vez en la historia del club a División de Honor, fuimos el segundo menos goleado de la categoría, tuvimos el Zamora…empezamos a hacer cosas que entendíamos que podían llamar la atención pero vi que la única forma de progresar era irme fuera”, afirma para Highbury.

UN AVIÓN RUMBO A JAMAICA

Así fue como comenzó a contactar con todo tipo de clubes a lo largo y ancho del mundo hasta que recibió el mail que tanto esperaba: “Mandé 450 currículums y me llaman del Montego Bay United, un club de Jamaica. Era una locura: poco dinero, una liga totalmente autóctona, muy poca información…pero dejé mi trabajo en consultoría, a mi familia y a mi novia y me fui para allá”.

Con la maleta llena de ilusiones, Carlos aterrizó en Jamaica. Su nuevo hogar, el Montego Bay United, uno de los mejores clubes de la liga local: “Cuando llegué todo el mundo se quería medir conmigo. Es lógico. Cuando viene un entrenador de fuera todo el mundo quiere saber por qué estás ahí y si realmente sabes más que la gente local. Además, Jamaica es un país bastante autóctono. El presidente acababa de dimitir, nuestro campo no estaba pintado y solo había tres balones y cuatro jugadores. ¡No entendía nada! Resultaba que a los jugadores les habían dicho que no iban a cobrar ese mes y no podían ir a entrenar. La situación era tal que el primer partido lo jugamos un lunes, que es el partido televisado, y el viernes me dicen que el equipo no se presenta como medida de fuerza. El mismo lunes por la mañana nos avisan y nos dijeron que sí que jugábamos. Fue mi debut y empatamos a uno. Había dejado todo y no había vuelta atrás. Me había jugado todo a una carta y no podía volverme. Aquel primer mes fue horrible”, asegura para nuestra web.

Con el tiempo, y a base de trabajo, la situación fue mejorando aunque no al ritmo deseado por Carlos: “La gente no entendía cómo podía jugar con el mediocentro metido atrás para sacar la pelota jugada. Decían que no funcionaba y con ese argumento eran muy hostiles. La situación personal de los jugadores era muy delicada y entrenando había días difíciles hasta que ganamos un partido que lo cambió todo. Nuestros tres delanteros han sido seleccionados con la selección nacional y a uno de ellos le dejé en el banquillo. Puedes imaginar las reacciones de la gente. Salió los últimos 15 minutos y marcó el gol de la victoria y vino a dedicármelo, cosa que en Jamaica no se hace nunca. La gente se quedó alucinada y a partir de ahí todo fue a favor”.

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Carlos Aitor García atiende a los medios jamaicanos tras un encuentro (Foto: AS)

UN SUEÑO EN PRIMERA PERSONA

Meses más tarde, el estilo de juego del Montego Bay United y el nombre de Carlos terminaron por ser conocidos en todo el país. Tanto es así que incluso el seleccionador nacional se interesó por su trabajo: “Me reuní con él y me puse a su disposición. Vino a verme entrenar un día, compartimos ejercicios y me ofrecí para analizar a los rivales de la selección. Preparé unos informes y le gustaron tanto que me dijo que se lo ofreciera a los jugadores directamente. Y ahí estaba yo, hablando con jugadores que jugaban en la Premier League. Se dieron los resultados y la entrada en el grupo fue estupenda. Venía acertando unos 8-9 jugadores del once inicial rival y ganamos la Copa de Oro en penaltis ante Trinidad y Tobago. Analicé al mejor lanzador rival y hablé con el portero sobre cómo lo podía tirar…¡y lo paró! De 10 veces te sale una y me salió. Fue increíble”.

Su trabajo caló tanto en el grupo que pasó de colaborar con el cuerpo técnico de la selección jamaicana a formar parte de él. Y entonces llegó la Copa América: “Siempre digo que era como meterme en la tele. Estaba acostumbrado a verlo desde fuera y me sentía que no pintaba nada. ¿Qué hago yo aquí? Pasé de hablar de Messi con unos amigos en el bar a decirle a un defensa cómo tenía que defenderlo. Encima, al ser en Chile, un país de habla hispana, y era el único hispanohablante era yo el que hacía las declaraciones en castellano. Había 200 cámaras y el cambio fue brutal. Había estado toda la vida imaginándome allí. Es difícil de explicar, es vivir un sueño que disfruté un montón. No teníamos presión, íbamos a disfrutar y lo pasamos genial. El seleccionador se portó de 10 conmigo. Me daba mucha libertad y me sentí importantísimo”.

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La selección jamaicana aguarda las instrucciones de Carlos

UN FÚTBOL POR DESCUBRIR

A pesar de ser un gran conocedor del fútbol jamaicano por su paso por el Montego Bay United, Carlos ha ampliado sus conocimientos desde que trabaja para la selección: “Jamaica es un país pequeño. Kingston, la capital, alberga a ocho de los doce equipos de Primera División. Aquí el fútbol es utilizado como una herramienta para frenar la conflictividad y la violencia en los barrios más humildes, por lo que muchos equipos de la liga son de estos lugares de los que te hablo. Te puedes encontrar un campo entre edificios, protegido con una malla metálica y 4.000 personas en las gradas. Recuerdo que una vez fui a ojear a un rival y me dijeron que qué hacía allí, que aquel barrio no era para turistas. Otra vez me pusieron policía a ambos lados de los banquillos, pero son anécdotas porque el fútbol se vive con mucho respeto”.

De hecho, Carlos asegura que nunca ha vivido un episodio de violencia relacionado con el fútbol: “En Jamaica pueden estar sentados los aficionados de distintos equipos juntos y no pasa nada. Se chillan, se gritan y nunca se pelean. Es su forma de ver el fútbol. Son gente peculiar. Están muy orgullosos de sus equipos, con los que por cierto son muy críticos. Ir al fútbol le cuesta 80 dólares y pueden cobrar unos 200. Quieren disfrutar hoy y lo que hiciste ayer ya es pasado, eso lo han vivido ya, así que viven del día a día”.

Otra de las cosas que sorprendió a Carlos fue el alto nivel del futbolista jamaicano: “Aunque las instalaciones deportivas sean propias de un Tercera Regional, porque en los campos de entrenamiento se llegan a aparcar coches, el jugador local tiene nivel para jugar en un buen equipo de Segunda B. La pena es que no vivan en un entorno profesional y por ello los clubes europeos  no se fijen en ellos. Para que te hagas una idea, un central puede hacer los cien metros en doce segundos sin tener demasiadas carencias técnicas. Cuando van con la selección y entrenan con futbolistas que compiten en la Premier o en la MLS y ves que no desentonan, te das cuenta de que están infravalorados. Quizás si fueran comunitarios llamarían más la atención”.

¿Y AHORA QUÉ?

Carlos apura el último trago de café mientras continúa escribiendo en su cuaderno. Ahora que está en casa es inevitable que se haga la pregunta más pronunciada por cualquier emigrante: ¿Volveré?: “Llevo aquí en Madrid un par de meses porque ahora solo trabajo durante las convocatorias. Aún no me ha llamado nadie y hasta marzo no regreso a Jamaica. Quizás es que no se conoce lo que he logrado fuera y por ello no se valore. Aunque a nivel del Caribe sí que ha tenido más repercusión. Mi objetivo es o bien terminar en España o cerca, porque no es lo mismo estar a dos horas de avión que a quince y una escala. Sin embargo, soy muy feliz en Jamaica”, asegura rotundamente mientras continúa preparando el informe sobre Costa Rica, próximo rival de Jamaica.