La SD Compostela se regaló en 1996 un subcampeonato de invierno. Lo importante no era el Xacobeo.

Suena un pasodoble. “Si la verdad fuera un hombre, que un apellido tuviera, ese sería su nombre: José María Caneda”. La pieza continúa con loas irrepetibles al que fuera presidente de la SD Compostela. El gerifalte apenas puede reprimir las lágrimas durante el canto del ‘ruiseñor’ Miguel Torres, vocalista de la Orquesta Compostela, que entona con esmero un tema compuesto por Moncho Lago. Son los 90, los años dorados de la Esedé, un equipo que convirtió a Santiago en un lugar de visita, no sólo para peregrinos, también para equipos y aficionados de Primera División.

“Hombre sincero y valiente, qué gran presidente tiene el Compostela. (…) Todos estamos contigo y así te lo digo, amigo Caneda. Todos somos tus amigos en las alegrías también en las penas. Viva Chema Caneda y viva la madre que lo parió”. Continúa la égloga, interpretada en el programa Luar, el más longevo de la televisión estatal, una mezcla de Lluvia de Estrellas, Noche de Fiesta y cualquier otro programa nocturno plagado de artistas y música cuanto menos ‘vintage’. El documento, una oda a un dirigente tan propio de nuestro fútbol: mitad empresario, mitad estadista, y enteramente caudillo. Fiel reflejo de los conductores de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) que alcanzaron gran rapidez en sus primeros tiempos. Después, los socios pasaron a ser aficionados que vieron morir en callejones sin salida a sus equipos. 

Caneda fue, queriéndolo, la cabeza visible de un equipo que consiguió ir más allá de esta especie de Santiago Apóstol. La SD Compostela resultó el antídoto al localismo, enraizado con fuerza en la idiosicransia de una Galicia sólo unida por la AP-9 que conecta A Coruña y Vigo. Turquía y Portugal, dos ciudades-estado que se vieron obligadas a apartar el pescuezo de su ombligo para mirar a los compostelanos en la temporada 1995/1996.

El conjunto dirigido por Fernando Vázquez, al que bien podrían hacer hijo predilecto de Galicia por el servicio a su fútbol, cerró la primera vuelta en segunda posición tras vencer al Espanyol el 14 de enero de 1996. Había llegado al Día de Reyes en la cuarta plaza tras ganar el 3 de enero al Sporting. Era la segunda temporada en la élite, campaña que finalmente cerró en la décima plaza. La Liga, hace dos décadas, resultaba una interesante constelación de estrellas dispares, repartidas por toda la geografía, que brillaban con el nombre de Mérida o Salamanca, astros que se consumieron en la inmensidad del agujero negro del fútbol negocio. Aquel año, Juan Antonio ‘Pizzi’ fue pichichi con el Tenerife (31 goles) y el Atlético de Madrid ganó el doblete.

La segunda plaza del Compos daba el derecho a soñar con Europa y a que los niños cambiasen su habitual carta a los Reyes. Sus Majestades, por primera vez, leerían los nombres de Falagán, Nacho, Villena, Mauro, Bellido, Villena, José Ramón, Lekumberri, Fabiano, Passi, Ohen o Christensen, entre muchos otros que durante cuatro temporadas mantuvieron vivo el sueño compostelano. La elástica, repartida entre el blanco y el celeste reclamaba el espíritu galaico y galáctico de una Esedé asociada a una marca y un patrocinador: Zico y Conservas Escurís.

Jesús Gil vs. Caneda | Foto: Archivo TVG.

Jesús Gil vs. José María Caneda, uno de los enfrentamientos más tragicómicos del fútbol.  | Foto: Archivo TVG.

EL COLISEO 

Una de las entradas a Santiago  lleva al conductor por un itinerario en el que se entremezclan las casas de planta baja con grandes inmuebles como el Palacio de Congresos, radares camuflados, hoteles de alta alcurnia y el estadio de la SD Compostela, que recibe su nombre del barrio donde se ubica: San Lázaro. El cielo gris, una de las señas de identidad de la ciudad, cubre un coliseo que ha envejecido bastante mejor que el equipo de Segunda División B que hoy lucha por recuperar su identidad.

El feudo, erigido en 1993, fue obra de Andrés Fernández-Albalat Lois, arquitecto coruñés que ideó edificios tan dispares como el Conservatorio de A Coruña, la fábrica y oficinas de Coca Cola en A Coruña y la fábrica de Sargadelos -la cerámica por excelencia de Galicia- de Cervo (Lugo). San Lázaro posee cerca de 13.000 localidades que nunca llegaron a estar ocupadas del todo. La afición de la SD Compostela fue circunstancial, como casi todas las de los equipos que suben como la espuma para luego deshacerse en la bañera del fútbol no profesional. Como casi todos, en general. La falta de filiación con el club va con la propia esencia de una ciudad con demasiados habitantes de paso. Universitarios, funcionarios y demás familia que se subieron a un carro al que pronto comenzaron a rechinarle las ruedas.

Celebración del ascenso a Primera en 1994 | Archivo.

Los jugadores de la SD Compostela celebran el ascenso con su afición en el verano de 1994. | Foto: archivo SDC.

La de la Esedé fue una página más en la leyenda negra que ha perseguido al deporte santiagués. En la actualidad, sólo el Obradoiro mantiene prendida la mecha tras cargar a sus espaldas con un rocambolesco ascenso que tardó 17 años en resolverse. El otro gran representante de la ciudad, el Santiago Futsal, está inmerso en una dura batalla por su supervivencia en la Liga Nacional de Fútbol Sala (LNFS) tras la pérdida de patrocinadores importantes. 

‘O REI’

A pesar de la posterior caída en desgracia del equipo con Caneda al frente de un barco a la deriva, de sufrir la creación de un apócrifo como fue el Ciudad de Santiago y de ser refundado; la SD Compostela ocupa un lugar de los románticos del fútbol gallego como yo. Recuerdo que la primera colección de cromos que tuve fue la editada por Mundicromo en la temporada 1995/1996, presidida por los tonos naranjas y las fotos de alta calidad.

¡Joder, eran como mini póster! Aguantaban los acosos de niños manchados de barro y nocilla y les hacían soñar con los personajes que ilustraban. La única plantilla que logré completar ese año fue la del Compostela, gracias a los cuartos donados por mi madre para una causa a fondo perdido. Y este pequeño éxito estuvo a punto de llevarme a seguir al equipo santiagués hasta la muerte, pero a alguno le pareció indigno que no escogiese entre las opciones con más futuros. Fui como el matriculado en filología hebrea. 

Fabiano, Mundicromo 1996/1996 | Foto: Highbury.

Fabiano Soares

Desde entonces cultivé en secreto una fe hacia la Esedé. Todavía hoy utilizo un cromo de aquella colección como marcapáginas, un rito me llevó a escribir un reportaje sobre el personaje del mismo: Fabiano Soares, ‘O Rei’ de Rio de Janeiro. El artículo estuvo cerca de ser la carta de un fan desesperado al mito cercano que nunca pudo conocer. Mi sorpresa fue mayúscula cuando recibí este mensaje:

“Prezado Denis,  naturalmente  vai estranhar ao receber esta mensagem de uma pessoa que não conhece,  mas não poderia deixar de escrever a você agradecendo a reportagem que fez sobre a trajetória do meu filho Fabiano,  na carreira de futebolista, principalmente aí na Espanha, onde recebeu todo o carinho de um povo que o chamou de “Rei”. Meu sentimento foi de pura emoção e orgulho, ao ler suas palavras tão elogiosas e de muito respeito dirigidas a meu filho.  É a certeza que seu trabalho foi bem feito e reconhecido.

Receba meu afetuoso abraço e meu agradecimento sincero por esta bela reportagem.

Muita grata, Lidia Soares Pessoa   (mãe do Fabiano) – Rio de Janeiro, Brasil.

Ps.  Como o Fabiano tem muitos tios e primos por esse Brasil afora, enviei pra eles a sua reportagem. Todos se emocionaram! [sic]”

Después del mensaje de Lidia Soares me llegó otro de su hijo, con igual intención. La dopamina de esta comunicación todavía me dura. Por si fuera poco, el primer campo al que fui acreditado fue San Lázaro, tras un año como abonado. Contemplé con orgullo al millar de almas que se dieron cita en un partido frente al Coruxo… Aficionados que siguieron al equipo cuando cayó a los pozos de Regional Preferente y que todavía hoy acuden con la esperanza de ver a su Compostela luchando por el ascenso a Segunda, tarea complicada esta temporada.

COMPOSTELA, MEMORIA VIVA

Si preguntas en algún bar de los que sirven Ribeiro en taza todavía te podrán contar las hazañas realizadas por un señor con bigote llamado Fernando Castro Santos, padre de Diego Castro, ex del Getafe y Sporting -entre otros- y actual jugador del Perth Glory australiano. Éste llevó al equipo de Tercera a Primera en apenas seis temporadas. Los mismos parroquianos se quejarán de que el Compostela sólo salga por televisión como el punching ball de aquel increíble gol de Ronaldo. Replicarán que la Esedé le ganó 2-1 al Barça de Cruyff o que tumbó al Deportivo y al Celta.

El célebre gol de Ronaldo | foto: Mundo Deportivo.

El gol de Ronaldo al Compostela fue la gran obra que dejó el brasileño en el Barcelona. | Foto: Mundo Deportivo.

Tras pedir otro trago al mesonero y salir a fumar al frío por culpa de la ley antitabaco, los paisanos te asegurarán que ellos le habrían dado una tunda a Jesús Gil por enzarzarse con Caneda en uno de los enfrentamientos más tragicómicos de este deporte. Por el contrario, te dirán que con el paso de las temporadas ellos mismos quisieron llenar la cara del ex presidente de tortazos. Además, hablarán con pena del asesinato de Manuel Ríos, hincha deportivista, a manos de otros aficionados del club coruñés en las inmediaciones de San Lázaro. De paso te hablarán de las correrías de unos tales Changos, Compostolos o Brigadas Radikales, informaciones que leyeron “en El Correo Gallego, afirmarán con retranca e intentando evitar problemas. Después vendrá eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero cuando saquen la cartera para pagar la ronda asomará el carnet de la presente temporada.

Hoy todavía juego, ahora con un emulador, el PC Futbol 5.0 e intento revertir el final de aquella temporada 1995/1996. Dejo al Compostela en una eterna Navidad, en puestos europeos. Luego falla el juego, sale un Error 404 y salgo por las calles de Santiago, donde las noches son trigonométricas. No necesitas más de tres locales para llegar al alba. Triángulos de bares peculiares que van más allá del Apóstol Santiago, el Botafumeiro, el marisco o la tarta de almendra. Antros cuyo licor café todavía me lleva a entonar -y a las masas que me circundan- el pasodoble a Caneda. Creo que tengo cinco años y que la camiseta de Fabiano todavía me sirve. Compostela’96, cuando lo importante no era el Xacobeo y la Puerta Santa era por la que salían los jugadores al césped de San Lázaro.