Hace unos meses, una imagen de una joven fotógrafa turca de Reuters, Nilüfer Demir, dio la vuelta al mundo. En su instantánea aparecía, tumbado y sin vida en una playa de la isla griega de Kos, el cuerpo de un niño de tres años, Aylan Kurdi, que murió en el mar junto a su hermano de cinco añps, Galip Kurdi y su madre, Zeynep Abbas Hadi. Su familia pagó cerca de mil dólares a traficantes por cada plaza de un bote que les debía llevar a tierra, pero el mar pudo con cuatro de los seis tripulantes. Ninguno llevaba chaleco ni sabía nadar. Eran refugiados que huían del horror de la guerra de Siria. La imagen conmovió a mucha gente, no solamente por su dureza y crueldad, sino por la incomprensión y rabia que transmitía lo ocurrido.

Entre quienes padecieron el dolor de aquello se encontraban algunos miembros de Proactiva Open Arms, una ONG de socorristas de Badalona dedicada a salvar a personas del mar. En cuanto vieron dicha imagen, mandaron de inmediato una primera expedición a Lesbos para ayudar a los refugiados que llegaban a sus costas en embarcaciones con poca seguridad. “No podía ser que muriese gente en el agua siendo como somos socorristas”, explica a Highbury Samu Pérez (Badajoz, 1989), uno de sus miembros. Samu recibió la petición de su jefe y coordinador de playas de acompañarles a realizar labores de ayuda en tierras griegas y no rehuyó la propuesta, aunque para ello tuvo que dejar por unos días su otro trabajo, de futbolista.

Lateral diestro en el Terrassa FC, club del Grupo V de la Tercera División, Samu no encontró oposición en quien por aquel entonces era su técnico, David Pirri, que le dio permiso para marcharse a Lesbos a ayudar quince días el pasado mes de enero. Ser futbolista, así pues, no le impidió seguir siendo fiel a su vocación, la de socorrer a gente en el agua. “Ahí teníamos dos funciones: una, ayudar a guiar a los barcos a la costa en algún lugar donde pudieran atracar bien, ver si había algún problema como una inundación y ayudarles a llegar; otra, recibir en tierra a los que van llegando y, con seguridad, ayudar a bajar niños y personas mayores”, relata Samu, diferenciando los dos tipos de tareas que realizó en las dos semanas que estuvo ahí.

“Tú les miras a ellos y ellos te miran a ti, eso es lo que más impacta”

Habla de su experiencia con una mezcla de orgullo y tristeza. No hay duda de que tal vivencia le ha marcado, tanto a él como al resto de sus compañeros de Proactiva. “Uno no está preparado para ello. Te informan de lo que hay, de lo que vas a ver, pero cuando llegas y ves como es, se multiplica por mil porque lo vives tú”, narra el lateral, emocionado. “Tú les miras a ellos y ellos te miran a ti, eso es lo que más impacta”, destaca Samu, que reconoce haberse emocionado cuando le dieron las gracias “como quien agradece a Dios que haya mandado a alguien a salvarle, besan el suelo cuando llegan”. Un recuerdo imborrable que el propio jugador define como “bonito y triste” a la vez. Ahí, los sentimientos son contradictorios, pues se juntan la satisfacción por ayudar de unos voluntarios con la tragedia de un auténtico drama humano.

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El Sant Andreu quiso homenajear a Samu Pérez antes de jugar ante el Terrassa / Foto: UE Sant Andreu

Existen pocas recompensas en esta vida equiparables a la que pueden llegar a cosechar verdaderos héroes como Samu que contribuyen a evitar más horror y muertes como la del pequeño Aylan. Todo ello lo llevarán en su recuerdo hombres como Samu, quien rememora uno de los episodios más especiales que vivió en Lesbos: “Una noche, a las doce, nos dieron el aviso de que llegaba una embarcación con 200 personas. Estuvimos hasta las cuatro buscando con los compañeros, con bastante sueño, pero ese momento con ellos, hablando, buscando a esa gente, y luego encontrarla y llevarla a puerto, y que nos lanzaran besos y agradecieran un montón que les estuviéramos guiando… fue duro físicamente, pero estuvo bien”. Su cuerpo volvió a tierras catalanas, pero su mente aún no se ha desenganchado de Lesbos. “Una vez has estado ahí, no te vas del todo de Grecia”, asegura el lateral, a quien tranquiliza saber que su organización está recibiendo ayudas por parte de mucha gente a través de donaciones, lo que les permite realizar un desplegamiento cada vez más extenso sobre el terreno. “El equipo ha crecido, ya tenemos tres embarcaciones, doce voluntarios, una moto de agua y otros recursos que antes no teníamos”, desgrana el jugador, que no duda en agradecer la ayuda de la gente.     

El sentimiento nunca se aparta de la historia que ha vivido, ni siquiera una vez de vuelta a casa. “Se me hizo raro volver, pensé que ellos seguirían llegando y yo no iba a estar allí. Me sentía más tranquilo cuando les veía llegar y era yo el que veía cómo el barco se vaciaba e iban bajando todos poco a poco”, recuerda. Unos momentos que difícilmente olvidará, pues acumulan una carga emotiva muy elevada. “Ves que llegan con todo lo importante de su casa encima en una mochila y la terminan dejando tirada en el barco porque lo importante es la familia y llegar a salvo”, indica, para después añadir una valiosa conclusión: “Entonces aprendes a valorar lo que tienes, aunque a nosotros nos parezca poco, para ellos es mucho”.

FÚTBOL HUMILDE Y HUMANO

Pese a ser futbolista, su rango y el hecho de haber militado por categorías como la Tercera Nacional, la Primera Catalana o la Tercera División donde juega ahora le han mantenido siempre en un contacto directo con la sociedad que, muy probablemente, otros jugadores de divisiones de mayor nivel muchas veces no tienen. “En esta categoría somos más cercanos, tenemos otros trabajos para poder comer, porque del fútbol sólo no podemos vivir”, constata, a la vez que pide un esfuerzo de aquellos que tienen mayor capacidad adquisitiva: “Animo a los de Primera a implicarse más, aunque entiendo que al ser profesionales no puedan llegar al punto de desplazarse al terreno como hice yo”. La invitación también va dirigida hacia el resto de sociedad, quien según Samu “está en su burbuja, con sus problemas cotidianos y rutinas, y tiene difícil concienciarse de lo que ocurre en su alrededor”. En ese sentido, asegura, los medios de comunicación juegan un papel esencial, ya que son quienes deben actuar como difusores de realidades como ésta para toda la sociedad. “Mañana podemos ser nosotros. Es más, hace tiempo fuimos nosotros, que pasamos una guerra. Nunca sabes cuándo puede volver a ocurrir”, advierte.  

“Mañana podemos ser nosotros. Es más, hace tiempo fuimos nosotros, que pasamos una guerra”

Se calcula que cerca de 800.000 personas cruzaron en 2015 el Mar Egeo. De ellas, más de 4.000 murieron en el considerado como el mayor éxodo humano desde la Segunda Guerra Mundial. Muchas de estas personas no saben nadar, y viajan en condiciones más que discutibles. La embarcación que mencionó antes Samu, una golondrina, no tenía focos, por lo que no podía ver hacia dónde iba. “Cuando les encontramos se asustaron y se agacharon. Parecía un barco fantasma porque desde fuera no se veía a nadie por las cristaleras ni pilotando, pero cuando vieron que les estábamos ayudando, aparecieron doscientas personas del suelo cantanto y gritando gracias”, reprende el lateral, que fue homenajeado hace unos días en el campo del UE Sant Andreu por su labor humanitaria. El club cuatribarrado, además, recaudó dinero entre sus aficionados para donarlo a la ONG de Samu. Otro bello gesto lleno de deportividad que demuestra que las personas están por encima de los colores. La persona, por delante del futbolista.