El río Sheaf cruza el sur de Yorkshire, en Inglaterra, y da nombre a Sheffield, la ciudad universitaria donde empezó todo. Nathaniel Creswick era abogado y William Prest era un comerciante de vino.  “Algo que siempre viene bien”, bromea Richard Tims mientras empieza su narración. Creswick y Prest jugaban a críquet durante el verano, y durante el invierno querían seguir haciendo ejercicio para llegar en forma al siguiente curso.

“Había muchos juegos de balón en todas partes”, continúa Tims. “Uno de los nuevos se llamaba fútbol, pero se jugaba con diferentes normas en cada lugar. Lo que Creswick y Prest hicieron fue poner varias de ellas en común y crear un reglamento unificado”.

En 1857, tras la Revolución Industrial, nacía el Sheffield Football Club. Con él, nuevas medidas como el uso de travesaños en la portería o la duración de un encuentro. También que las mujeres pudieran patear el balón.

Días antes de que se cumplieran 159 años de aquello, el presidente de la entidad recibe a Highbury unas horas antes del partido frente al Spalding United en la octava categoría. Pese a la situación del equipo en la tabla y la tensión previa a cualquier partido, hay un ambiente muy agradable en el Coach & Horses –así se llama el campo de fútbol-.

Apenas hay un puñado de voluntarios preparándolo todo: entradas, programa de mano, música, comida… Los equipos también acaban de llegar y mientras sus jugadores se cambian, el entrenador, James Colliver recomienda que eche un ojo a un jugador que lleva once temporadas en el equipo. Matt Roney. “Lleva el número siete, es una versión fea de mí”.

Los aficionados van llegando. Familias y niños, en grupos además. Pero no son muchos. Llueve y hace un frío de la hostia, cosa que no ayuda. Tampoco tener otros dos clubes importantes en Sheffield como el Wednesday –en segunda- y el United –en tercera-.

EL CLUB DE LOS PIONEROS

“Pensaba que el hecho de que fuera el primer club del mundo podría ser útil para atraer jugadores”, se sincera Colliver. Pero al parecer no lo es. “Hay muchos clubes por la zona que pueden permitirse pagar más dinero, y atraer a jugadores para que vengan a jugar es complicado”.

La verdad es que lo intentan. Cuando Zlatan Ibrahimovic anunció hace poco que dejaría el PSG, el Sheffield FC no tardó en lanzar una petición pública al jugador sueco para que fichara por El Club. Al final, claro, Zlatan se marchó al Manchester United.

Este tipo de comunicados son habituales en las redes sociales del club, repletas de seguidores de todo el mundo. Y muchos viajan hasta el Coach & Horses para visitar al Sheffield FC. El que escribe estas líneas terminó la visita dando el premio al mejor jugador del partido –Matt Roney, por cierto-. “No eres el primer español en hacerlo”, Stuart James responsable de comunicación del club. “De hecho no eres el primer español en hacerlo esta semana”.

La proyección internacional del Sheffield FC no termina aquí. Son varios los lazos y las relaciones que mantienen con clubes como Real Madrid –con el que comparte las dos únicas Órdenes al Mérito de la FIFA-, Barcelona, Borussia Dortmund o Inter de Milán, contra quien disputaron un amistoso que conmemoraba el 150º aniversario del primer club del mundo. Richard cuenta con orgullo el interés que por este club han mostrado gente del balompié como Emilio Butragueño o Joan Laporta, algo que ha insipirado al Sheffield a seguir adelante.

También han iniciado un club, el de los pioneros. En él se encuentran los equipos decanos de casi 40 países distintos, e incluso se llegó a celebrar la Pioneers Cup, un torneo amistoso en el que se enfrentaron a al Genoa y al Recreativo de Huelva.

“¿Y CONTRA QUIÉN JUGÁBAIS?”

Arctic Monkeys son de Sheffield. Y en el campo del Sheffield FC suena Arctic Monkeys. Poco antes de que los jugadores salgan a calentar y la cola para comprar algo de comida empiece a crecer, Richard Tims, el presidente de la entidad, habla de historia en una especie de barracón que hace las funciones de despacho, palco VIP y sala de prensa. “Una de las preguntas que más nos suelen hacer es: si sois el primer club de fútbol, ¿contra quién jugabais?”. Los partidos solían ser entre solteros y casados o se decidían los equipos por órden alfabético de los apellidos. “Por eso somos El Club, jugaban los propios miembros entre sí”.

En 1860, también en Sheffield, nació el Hallam FC, el segundo equipo de la historia. Desde su fundación ejercen de local en Sandygate Road, el campo de fútbol más antiguo del mundo. Ambos equipos suelen enfrentarse aquí cada verano en un amistoso, el primer derbi.

LA CASA DEL FÚTBOL

“Todos los equipos tienen sus rivalidades”, argumenta el presidente de la entidad Richard Tims. “Pero todos deberían tener aprecio al Club. Al fin y al cabo somos sus tatarabuelos”. Con este razonamiento, el Sheffield FC se embarcó en una difícil aventura: construirse un hogar en Olive Grove, donde se fundó el club.

Coach & Horses, la casa del fútbol | Foto: Xavi Heras (Highbury).

Coach & Horses, la casa del fútbol | Foto: Xavi Heras (Highbury).

Pese a las aportaciones de todas partes del mundo, la tarea es complicada, pero el trabajo sigue. También en otros campos. Son varios los proyectos sociales que lleva a cabo el club. Desde enviar botas de fútbol a África a organizar partidos con la indumentaria y las normass de 1857 con alumnos de las escuelas locales o ampliar el acceso al deporte con equipos femeninos, de veteranos o de discapacitados.

“No todo es dinero en el fútbol.  El 99,9% de las personas que lo practica no lo hace por dinero sino por amor al juego”, se justifica Richard. “Hay que respetar los principios fundacionales del juego, y si hay un club que debe representar eso es este”.

El objetivo principal del Sheffield FC es simple: seguir. Y ser auténticos. “No pretendemos jugar la Liga de Campeones, ese tren ya ha pasado”, bromea Tims. “Queremos ser el club amateur definitivo que recuerde los valores del juego: integridad, respeto y comunidad”.

Los voluntarios trabajan antes del partido | Foto: Taylor, fotografica137.

Empieza el partido y la lluvia va a más. ¿Qué otro tiempo podría hacer un sábado a las tres de la tarde en el norte de Inglaterra? Los dos centenares y medio de personas que se han acercado aguantan el chaparrón de agua y de juego. El de los visitantes, que terminan ganando por 0-4. Pero no hay malas caras. Bueno, salvo cuando el linier se equivoca, que es a menudo.

Reina la paz y la muchos de los asistentes se refugian en el pub del propio estadio cuando termina el choque. Toca analizar el partido, o la semana, o la situación macroeconómica. Pinta en mano. Aparecen los jugadores visitantes, luego los locales. Beben juntos, sin malas caras. Bueno, alguno canta algo al linier cuando entra junto a los otros árbitros. Nada, una broma sin más en realidad.

Otro sábado en Sheffield para El Club. Después de 159 años, la vida sigue. Buena señal.