Debutó en Primera División en diciembre de 1995 en La Romareda con la camiseta del Valladolid. Perdió 5-3 y marcó un gol en propia puerta. Aunque vistiera de blanco y violeta pertenecía al Valencia, que lo vendió al Mallorca meses después de que terminara su cesión con los vallisoletanos.

Los baleares acababan de ascender a la máxima categoría y firmaron un año histórico con Iván Campo asentado en el eje de la zaga junto a Marcelino Elena: quintos en liga y subcampeones de copa. La vida sonreía mostrando una dentadura irregular. Como la de Iván Campo. Como su carrera.

Javier Clemente se lo llevó al Mundial 98, aunque solo lo alineó en el partido frente a Nigeria. No volvió a vestir la camiseta de la selección, pero sí ganó dos veces la Liga de Campeones, una liga, una Supercopa y una Intercontinental con el Real Madrid. No encontró su sitio en un equipo repleto de galácticos –incluso estuvo de baja por depresión- y se marchó a Bolton, desapareciendo, prácticamente, de nuestras vidas.

Hace unas semanas fui a Bolton a ver un partido de tercera división. Llovía como solo llueve en el noroeste de Inglaterra y debido a nuestra nula planificación del día, solo descubrimos que el estadio del Bolton no estaba en Bolton, y que no había un pub en kilómetros. Terminamos picando algo en un KFC, no os digo más.

Pero vimos a Iván. Por todas partes.

Para salir de las taquillas del Macron Stadium uno ha de pasar por la tienda del club sí o sí, no hay más. Cuando compramos las entradas nos lo encontramos por primera vez en un mural con algunas de las figuras que habían vestido la camiseta del Wanderers. Allí estaban Jay-Jay Okocha o Youri Djorkaeff entre otros. Iván Campo por encima de ellos.

En la tienda había fotografías con su firma, pósters, camisetas… Todo ello a pesar de que su último partido para los Trotters fue un empate a uno frente al Tottenham en 2008 -¡hace ocho años!-, y salió del equipo meses después porque el entrenador, Gary Megson, decidió no renovarle el contrato. No tuvo ningún homenaje. De hecho, no hubo despedida. Solo una carta publicada en la web de Sky Sports en la que Iván Campo agradecía el apoyo recibido y lamentaba no poder acabar allí su carrera. Algo que hizo en el Larnaca chipriota en 2010.

“Amigos de Bolton, debéis saber que siempre os llevaré conmigo y tendréis un sitio especial en mi corazón”. Y se fue.

Iván Campo en el Macron Stadium, en todas partes. | Foto: Xavi Heras.

Iván Campo en el Macron Stadium. | Foto: Xavi Heras.

Una de las cosas que he descubierto en el fútbol inglés es que cuando uno de tu equipo llega a la frontal del área hay que pedirle que tire, aunque en realidad no tenga opción. El “shoot” suena al unísono y en ocasiones parece interminable. Pura impaciencia. Más aún si el Southen United ya te ha marcado a los tres minutos.

El Bolton parecía incapaz de empatar. Lo fallaba todo. Y claro, la poca gente que había en el estadio se ponía nerviosa. Si solo tuvieran a alguien en el campo que hiciera lo que ellos piensan, estar en tercera sería más llevadero. Alguien que se parta la cara por el equipo, alguien capaz de marcar un gol desde 40 metros en la primera jornada y sumar 12 cartulinas (una roja y once amarillas) al final de la última. Alguien como Iván Campo.

Con su llegada a la Premier League, Iván pasó de marcar a los atacantes rivales a marcar en la portería contraria. Se reconvirtió a mediocentro defensivo y no se cortaba en subir al ataque. Lo suyo eran los goles épicos. Los que se celebran cerrando fuerte el puño frente a tu pecho y un “¡puto amo, joder!” apretando los dientes.

Iván Campo jugó 183 partidos y marcó 14 goles con la camiseta del Bolton Wanderers. De recién ascendidos, a la Copa de la UEFA. Seis años. Conectó con la gente.

Al inicio de la segunda parte, el Bolton empata. Aprieta al rival y parece que puede ponerse por delante en cuestión de minutos. Hasta que se agotan. Termina el partido pero no la lluvia, que nos esperaba a la salida del estadio, nos acompañaba hasta casa. Andamos un buen trecho por la senda –digo senda porque aquello parecía el Camino de Santiago- que nos llevaría a la parada de autobús.

No había sitio bajo la marquesina y empezamos a deambular a su alrededor, imagino que dando mucha pena o con cara de perdidísimos porque un señor intentó hacernos hueco, aunque era imposible. Entonces optó por darnos conversación: “¿Venís del partido? ¿Qué os ha parecido?”. A ver, puedo entender que cualquier ser razonable, a esas alturas de la tarde, se planteara qué hacía allí. Pero nosotros lo pasamos bien. “Muy entretenido”, le contesté con sinceridad. Por la expresión de su cara, el tipo debió pensar que eramos gilipollas, pero preguntó de dónde eramos. “De España, cómo Iván Campo”, se apresuró a decir Nacho.

Clase. Héroe”, respondió el tipo.

Solo falta una canción con su nombre.

Espera.

No hay una canción. Hay un grupo.