En el verano de 2011 nació en Valencia un nuevo club de fútbol. Un grupo de personas empapeló las calles, y puso un nombre en boca de todos. ‘Huracanízate’ rezaban los carteles. Su objetivo estaba claro: aprovechar el mal momento económico de los dos principales equipos de la ciudad y ser el tercero en discordia.

Aquellos hombres tenían un sueño, y éstos nacen, se desarrollan e inevitablemente mueren al despertar. Los hay duraderos y breves, igual que placenteros y dañinos. Algunos dejan huella y otros arman revuelo, pero se quedan en un lejano rumor de guerra. Al final, Huracán Valencia ha sido una quimera efímera y ha dejado a sus viajeros un sabor amargo en los labios, además de una deuda de unos cuantos miles de euros, en forma de impagos que los futbolistas y trabajadores ya no creen poder recuperar.

NACER PARA CREER

“No había nada, era humo al principio. Los primeros fichajes se hicieron sin que el club tuviera nombre ni saberse dónde se iba a jugar” comentaba para Highbury Francisco Ortí, el que fuera jefe de prensa de Huracán Valencia desde su fundación hasta presentar su dimisión, a principios de esta temporada. El encargado de confeccionar una plantilla competitiva en tiempo récord era José Ignacio Hernández Rodríguez, Herni, un trotamundos de la Segunda B que asumió, en el primer año del club, la dirección deportiva y la compaginó con un puesto en la plantilla. “La idea no sé de donde surgió, a mí ya se me comunicó y no fue mi hermano (Toni Hernández, presidente del club desde su fundación hasta dimitir, también, esta temporada). Se me ofreció por parte del propietario la idea de jugar y de llevar la dirección deportiva de un club de fútbol, de montarlo desde cero. Me sedujo , lo vi factible y tiré para adelante” así comenzó su relato para nuestros micrófonos el centrocampista y director deportivo, que también dimitió a principios de la presente campaña.

Paco Fernández, primer fichaje, portero y capitán. Foto: S. Rubio.

Paco Fernández, primer fichaje, portero y capitán. Foto: S. Rubio.

Herni y yo fuimos compañeros en el Levante y nos quedó el contacto. Ese verano me llamó cuando yo lo tenía todo preparado para firmar por el Atlético Saguntino (de Tercera Divisón, grupo VI) y me lió” nos cuenta Paco Fernández, guardameta y primer fichaje del club. El capitán confiesa haber firmado porque confiaba en José Ignacio Hernández y le transmitía “buenas sensaciones”. El Saguntino le ofrecía las mismas condiciones económicas y Herni le llama para jugar en Tercera, pero “luego se compra la plaza” y el club acaba naciendo en Segunda B. “Estaré eternamente agradecido y creo que acerté fiándome y dejándome llevar por esa locura” se sincera Paco.

Y tras un verano ajetreado, llegó el primer partido oficial, en su casa de Manises. “Me emocionó mucho. Jugamos contra el Olímpic de Xàtiva y Amarilla marcó un golazo de falta directa que me hizo pegar un brinco increíble. Luego supimos sufrir, aguantamos el 1-0 y cuando acabó el partido me di cuenta de que todo era verdad, Huracán existía y teníamos tres puntos” explica emocionado Herni. Al director deportivo aún le brillan los ojos cuando lo cuenta: “Le di las gracias a todo el mundo llorando porque todo lo que habíamos peleado, sufrido y no dormido se convertía en algo real”.

En su primer año de vida, Huracán ya se clasificó para la promoción de ascenso

No es el único que recuerda aquel partido de manera especial. “Al final de los 90 minutos fue muy emocionante porque éramos un equipo hecho de la nada y al empezar con una victoria cayó alguna lagrimilla y fue un subidón porque vimos que esto era real” rememora Paco mientras sorbe un café con leche en la antigua cafetería de Huracán en Manises.

Aquella primera temporada fue ya histórica y el club valenciano se clasificó para Playoffs, quedando eliminado en primera ronda contra el Lucena en penaltis.

CREER PARA CRECER

En el verano de 2012, el precoz proyecto se hace mayor. Madura de golpe y decide dar un paso al frente en su ambiciosa empresa. “Herni, cuando elige dedicarse exclusivamente a la dirección deportiva, me ficha como su recambio en el centro del campo” dice Luis San Julián mientras regresa a casa desde Xàtiva de entrenar con el Olímpic, su nuevo equipo. Sanju fue uno de los fichajes de José Ignacio Hernández cuando adelantó su retirada como futbolista para pelear por aquello en que creía: “Al acabar la primera temporada me miré a mí mismo, hablé con Nico Estévez (primer entrenador en la historia de Huracán), con el propietario y con Miguel Vilagrasa (preparador físico) y llegamos a la conclusión de que no podía seguir con los dos papeles” narra Herni, firme en sus convicciones.

Tomás Ruso mete a Huracán Valencia en la promoción por vez primera. Foto: Arturo Orero, Golfutgol.

Tomás Ruso mete a Huracán Valencia en la promoción por vez primera. Foto: Arturo Orero, Golfutgol.

“Quería ser cien por cien honrado con el proyecto y decidí quedarme exclusivamente en la dirección deportiva porque ya tenía una edad (33 recién cumplidos) y no podía poner toda la carne en el asador en los dos lados” continúa José Ignacio. Su voz se torna trémula: “Aún tenía bastante fútbol pero quise ser sensato, honesto y fiel al proyecto. Elegí la parte que me correspondía en ese momento porque era imposible seguir compaginándolo”.

Aquella campaña, tras hacer un campeonato extraordinario sumando 80 puntos, no fueron campeones de grupo al quedar empatados con L’Hospitalet, con quien igualaron el goal average particular, pero tenían peor el general. En primera ronda eliminaron al Lucena, y en la segunda al Bilbao Athletic. “Hay una diferencia enorme entre quedar primero y quedar segundo. Las estadísticas están ahí: tres de cuada cuatro equipos que suben año tras año han quedado primeros en su grupo” comentaba el exjefe de prensa.

Y en la final esperaba el Jaén: “En Manises, en el partido de ida fuimos mejores: nos tiraron sólo una vez y nos metieron el 0-1 (Miguel Montes en el minuto 8) y nosotros empatamos rápido (Pablo Vidal en el 36), tuvimos ocasiones, nos fuimos al descanso 1-1 y luego, en los últimos minutos, a San Julián le sacaron una ocasión en la línea de gol” relata Herni, el mejor hombre para profundizar sobre aquella decepción.

San Julián: “Yo creo que si hubiéramos metido el gol en Jaén, no habríamos salido vivos de allí”

Fuimos superiores para ganar el partido de ida y luego en Jaén sí que es verdad que tuvimos momentos malos, pero en la segunda parte tuvimos ocasiones y sobre todo aquella última jugada en que falló el penalti Santi Villa, sacó rápido Paco, hizo un mal despeje un central del Jaén y Amarilla (en fuera de juego pero habilitado por venir el balón de un contrario) se pegó un carrerón de 35 metros hacia la portería contraria y dio el pase de la muerte a Fabiani (zurdo) que le dio con la derecha, mordida, y un defensa de ellos la sacó sobre la línea. El rebote le cayó a Amarilla, que le pegó y el mediocentro de ellos salvó por segunda vez a su equipo, pero el rechace fue para Pablo Morgado, que le quiso pegar con tanta ansia que el balón salió llorando pegado al palo y en ese momento yo recuerdo que se me va la cabeza. Nunca lo tuvimos tan cerca” explica al detalle el director deportivo, a pesar de reconocer sólo haber visto una vez la repetición de la jugada.

“Jaén fue durísimo. De las veces que peor lo he pasado en mi vida, no sólo por mí, sino porque lo estaban pasando mal 30 personas que ya eran amigos míos” recuerda Fran Ortí. Y sigue explicando: “Recuerdo que aguanté mucho sin romperme pero luego apareció el delegado llorando, le abracé y me puse a llorar. Tras recuperarme, vi a Nico llorando y al consolarle terminé volviendo a romperme yo. Era un círculo vicioso del que costaba bastante salir”. Reconoce haber pasado el viaje de vuelta de Jaén “todo el rato llorando”. Continúa describiendo: “De repente se me iba y de repente me volvía, y así todo el mundo en el autobús. Y hubo momentos muy tiernos: el utillero que teníamos, Rigo, que es una persona que no tiene un gramo de maldad, se quedó tumbado llorando en el césped y ver a los jugadores, con toda su fortaleza física, sentarse a llorar con él… Ahora lo recuerdo como una situación bonita, pero en aquel momento estaba muy hundido” concluye el periodista y exjefe de prensa del club.

Ruso y Rigo tras la eliminación en Jaén. Foto: S. Rubio.

Ruso y Rigo tras la eliminación en Jaén. Foto: S. Rubio.

“En Jaén lo tuvimos tan cerca que aún duele” se sincera San Julián. “Fue de película: en el último minuto, con dos menos, fallando un penalti ellos y con la triple ocasión. La afición de ellos había saltado ya al campo para hacer invasión y celebrar su ascenso. Yo creo que si hubiéramos metido el gol, no habríamos salido vivos de allí” reseña el centrocampista. Para él, también, lo peor fue el viaje de vuelta: “Un funeral en el autobús, caras tristes y sin ganas de nada” describe.

“Fue algo increíble porque estábamos todos destrozados. Llevábamos una inercia espectacular. Todo el mundo nos elogió, también por la Copa donde nos eliminó el Alavés en la prórroga con un golazo de Borja Viguera, pero yo acabé muy cabreado porque estuvimos muy cerca de todo pero no conseguimos absolutamente nada” analiza José Ignacio Hernández. “En el coche íbamos volviendo el propietario del club y yo y a la hora y media de trayecto paró el equipo con el autobús de los aficionados y no había consuelo para todos, pero yo estaba con un mantel de la cafetería del área de servicio trabajando en la confección de la siguiente plantilla porque había que volver a intentarlo” nos cuenta Herni convencido.

*Estas solamente son las primeras páginas de la crónica de la vida y muerte de Huracán Valencia. Aquí la segunda parte.