No, este texto no es un manual para ligar en los bares y discotecas. Se trata de un nuevo contexto, inexplorado hace pocos años, y que ahora posibilita que muchos chicos y chicas jóvenes puedan compaginar su gran pasión, el fútbol, con el que debería ser su gran deber, los estudios. ¿Se imaginan que, dentro de unos años, en España haya futbolistas que se hayan graduado en algunas de las mejores universidades del mundo? ¿Se imaginan, además, que el fútbol femenino español, hasta hace poco carente de referentes, empiece a ver multiplicadas sus estrellas repartidas por todo el globo? No, no les hablo de ningún futuro ficticio. Ambas alternativas pueden convertirse en realidades muy pronto.

Y es que en este momento ya se están sembrando las semillas para que se puedan dar todas esas circunstancias. Todo pasa por las futbolistas más jóvenes, y las oportunidades que, sobre todo en el último lustro, han surgido en su beneficio. ¿Que en qué consisten? En emigrar, con la excusa del fútbol, a un país extranjero en el que, además, poder compaginar los estudios con mayor facilidad de lo que en España se les permite. Aquí, muchas deben elegir entre fútbol, la universidad o la vida social. En otros países, como los Estados Unidos, esa disyuntiva se encuentra satisfactoriamente bien resuelta. Ahí, su sistema universitario permite que cada vez más chicas españolas -y de otros países del mundo- puedan acceder a universidades de gran prestigio, cursar carreras gracias a becas que reducen a casi la totalidad unos costes que serían inasequibles aquí y, de paso, poder competir en un fútbol más físico que, a su vez, les puede ayudar a labrarse un nombre y servir de trampolín en sus carreras deportivas. A algunas les tira más la oportunidad deportiva, a otras la académica. Todas las que lo viven, sin embargo, coinciden en remarcar que supone un paso adelante en su crecimiento como personas, así como profesionales en ambas facetas. Así pues, el beneficio de estas experiencias es total.

BECAS DE ENSUEÑO

“Siempre he considerado los estudios como más importantes que el fútbol”, cuenta Marta Turmo, hasta hace unos meses jugadora del Sant Gabriel, ahora en los Mustangs del Monroe College de Nueva York. “En España no lo podía compaginar bien, o apostaba todo por el fútbol y no tenía más vida social o lo dejaba, así que lo vi como una buena oportunidad”, relata Turmo, que además estudia Business Administration. Una de las pioneras en probar este tipo de experiencias fue la ahora jugadora del Santa Teresa, Aina Torres, que desembarcó en el gigante norteamericano hace poco más de un lustro para estudiar en el Connecticut College, donde formó parte de los Camels, su equipo femenino de soccer. “En 2010, cuando llegué, apenas había chicas españolas. Ahora hay muchas”, reconoce, y cuenta los trámites que tuvo que hacer para llegar ahí: “Nos pusimos en contacto con una empresa que lleva a deportistas a los Estados Unidos, y contactamos con diferentes universidades”.

De hecho, son varios los procesos para acceder a este tipo de oportunidades. Uno de ellos es el Try Out, un programa organizado por la Federación Catalana de Fútbol en colaboración con algunas universidades estadounidenses, que mandan a algunos técnicos a supervisar unas pruebas para chicos y chicas menores de 23 años. Ninguno puede haber cobrado dinero por contratos profesional es relacionados con el fútbol. A los escogidos se les ofrece una beca que nadie rechaza. “La mía me cubre el 100% de los estudios, comida, alojamiento y libros, todo menos los billetes de ida y vuelta”, señala Turmo. En la mayoría de casos, se suele contactar con alguna agencia o empresa que ejerce de intermediaria con las universidades, y que ayuda a colgar vídeos de la futbolista que son evaluados, y que se cuelgan en una página web que actúa de bolsa de trabajo a la que pueden acceder todas las universidades. “Me grabaron en entrenamientos y partidos, y luego recibí cuatro ofertas”, expone Mayra Tárraga, que dejó el Espanyol para ir a jugar a los Golden Eagles de la Tennessee Tech University. “Consideré que el inglés y una carrera allí me abrirían puertas, pero el motivo de mi elección fue el fútbol, si no fuera por ello no me habría ido”, puntualiza. “Es curioso porque muchas chicas no practican deporte porque les pueda gustar, sino que juegan un tiempo por la beca que les cubre un alto porcentaje del dinero que les cuesta sus estudios”, anota Tárraga.

Se trata de un sistema poco habitual en los chicos europeos, ya que para ellos ganarse la vida con el fútbol pasa por triunfar en el Viejo Continente, y no al otro lado del Atlántico. Para ellas, sin embargo, supone una gran coyuntura. “Puede ser una opción más atractiva para las chicas, aunque ahora las cosas han cambiado en España, se ha equilibrado un poco”, cuenta Torres, quien reconoce, eso sí, que la oportunidad de la que disfrutó en el continente americano nunca la hubiera podido tener aquí. “La educación que recibes en los Estados Unidos no la había experimentado nunca, fue una revelación. Las clases del último año eran de diez o doce alumnos, y conversábamos con el profesor sin que nos impusiera su visión sobre los temas”. Se licenció en biología, pero llegó a tocar todo tipo de áreas que la ayudaron a formarse “como persona”, desde el teatro a la historia de la mujer, pasando por la sociología y la educación física.

Connecticut College took on Tufts University in women’s soccer on Saturday, October 6, 2012 at Temple Green. The Jumbos beat the Camels 1-0 in overtime. (Photo by John Narewski)

Aina Torres fue una de las primeras españolas en probar suerte con una beca en un equipo de una universidad norteamericana. / Foto: John Narewski / Connecticut College.

EL ROL DE LOS ENTRENADORES

Para Torres, la oportunidad académica fue el principal motivo de su marcha. El fútbol, en su caso, fue la llave que le abrió las puertas a acceder a una beca. “La ciencia ahí está mucho más desarrollada, la intención era ir allí como fuera con una beca”, añade. “Inicialmente quería hacer ciencias, pero me decanté por empresariales por consejo del entrenador, que en su primera charla nos habló de psicología, nos quería hacer mejores personas”, reprende Turmo, poniendo sobre la mesa el papel destacado que ejercen los entrenadores de los equipos, cuya influencia trasciende el equipo. “A la hora de fichar a jugadores y jugadoras, todo pasa por ellos, no se puede hacer nada sin comentárselo ni sin su aprobación, porque la NCAA (la asociación que regula el deporte universitario estadounidense) te puede suspender y dejar sin jugar en toda la temporada”, añade Tárraga. La exespañolista sabe bien de lo que habla, pues le tuvo que pedir permiso a su técnico para poder volver a España una vez terminada la liga universitaria, que se disputa de agosto a noviembre.

Ellos son los que se encargan de hacer el seguimiento, a través de los vídeos, de las futuribles jugadoras de sus equipos. A la que les interesa, les tramitan una propuesta de beca. Los procesos, eso sí, difieren si se trata de jugadoras nacionales o extranjeras. En el caso de las norteamericanas, las ven presencialmente. No suele ocurrir con las internacionales, cuyo seguimiento se limita a los vídeos que les piden. “Si has jugado en algún club con nombre, ayuda”, retoma Torres. “Las americanas que ya saben que llegarán, las tienen ‘fichadas’ cuando llegan a la High School, ahí a las buenas les dicen las universidades que las quieren, con varios años de antelación”, explica Tárraga. En su caso, por tanto, la universidad hizo una apuesta algo más arriesgada.

La normativa en las universidades estadounidenses es muy estricta. No permiten tener agentes ni hacer publicidad. “En el FIFA 2016 salían cuatro chicas que disputaron el Mundial formando parte de ligas universitarias, como la andaluza Celia Jiménez (Universidad de Alabama), y la organización de la NCAA pidió que se las quitara del juego, ya que es como si se estuvieran ‘vendiendo’. Y eso no lo puedes hacer hasta que no sales de la universidad”, desgrana Tárraga, quien aclara que las universidades no quieren que las jugadoras se desvíen “de lo que importa en ese momento, los estudios”.

SUECIA, OTRO DESTINO ATRACTIVO

Los Estados Unidos se han consolidado como uno de los destinos más atractivos para algunas chicas, pero no es el único. También en Europa han surgido últimamente oportunidades de lo más seductoras, como ha ocurrido en Suecia. En el Luleå FC, un club de la costa nordeste del país nórdico que hasta el pasado curso militaba en la cuarta división, aterrizaron el pasado verano hasta siete jóvenes catalanas: Paula Canals, Yasmina Chamarro, Maria González, Alexandra Taberner, Joanna Vega, Sara García y Yaiza Pérez. Ninguna de ellas rehusó el ofrecimiento que les llegó por parte de otro catalán, Blai Rigau, quien ejercía de preparador físico en dicho club.

“Me ofrecieron una propuesta muy buena, ir a Luleå para ayudar a subir el equipo a cambio de un piso, con todo pagado, buenas condiciones de vida, estudios y, además, un salario mensual”, explica María González, quien no dudó en cambiar el Levante Las Planas por el conjunto nórdico. Lo curioso del caso es que todas ellas eran semidesconocidas aquí. Es decir, no se trata de profesionales, sino de jóvenes con proyección. “La oferta nos sorprendió, a nivel de fútbol femenino allí se trata diferente a las chicas”, añade Paula Canals. Todas ellas estuvieron durante los meses veraniegos, pero se involucraron con el inglés, e incluso se atrevieron a estudiar el sueco. “Te facilitaban mucho la vida”, prosigue Canals. Durante casi cinco meses, desde finales de abril a septiembre, pudieron disfrutar de condiciones dignas de jugadoras profesionales pese a formar parte de una liga que no lo era, ya que en Suecia solamente son profesionales las dos primeras divisiones.

“Las de primera podían vivir perfectamente del fútbol. Daban ganas de seguir jugando allí y querer llegar arriba”, anota Canals, quien califica de “trampolín” la etapa vivida, ya que puede dar a conocerlas en categorías superiores en Suecia o, quien sabe, tal vez en el extranjero. “Allí me siento más valorada, y eso me motiva y me hace crecer. Suecia me gusta y ya la considero mía”, reconoce González, quien deja las puertas abiertas a repetir experiencia. El propio club, de hecho, ya les ha hecho constar la posibilidad de volver, si quieren, de cara al próximo curso, en una nueva categoría, ya que lograron el anhelado ascenso.

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Hasta siete jugadoras catalanas llegaron a militar, la pasada temporada, en el Lulea sueco. / Foto: IFK Luleå

FUTURO INCIERTO

Por su juventud, ni las que han probado en Suecia ni las que siguen en los Estados Unidos han decidido qué harán en el día mañana. Todas ellas coinciden en lo valiosa que resulta la oportunidad recibida. “Si puedo seguir trabajando y jugando allí, lo intentaré, aunque aún no lo tengo claro. Elegiré lo que me haga más feliz”, apunta Turmo. “Mi expectativa es terminar la carrera allí, y luego ya decidiré. Tal vez entre temporada y temporada puedo dar el salto a ligas de verano profesionales, y cuando termine volver a España”, cuenta Tárraga.

No son profesionales, pero todas ellas aspiran a serlo en un fútbol femenino que, poco a poco se va internacionalizando. Y lo hace, al menos en España, desde la base. Ellas, las más jóvenes, si miran arriba cada vez verán más referentes triunfando en este deporte que hasta hace poco apenas registraba algún talento nacional. Hoy ya pueden mirarse en el espejo de Vero Boquete (ahora en el PSG, antes tuvo una dilatada trayectoria por Suecia, los Estados Unidos o Alemania, tal y como repasó en una entrevista en exclusiva a Highbury), Vicky Losada y Marta Corredera (ambas acaban de volver a la Liga Iberdrola tras jugar en el Arsenal Ladies), Eli Sarasola y Willy Romero (portera y delantera del Ajax), Virginia Torrecilla (Montpellier) o Rosa Herreros (Merilappi finlandès), entre otras. Referentes para hacer crecer un fútbol femenino que, en España, aún guarda un amplio margen de mejora.