Son las diez de la noche de un viernes de verano. Quizás sea de los últimos que nos brinda el bueno de septiembre. El plan trazado para cenar unas tapas y tomar unas cervezas mientras comentamos la semana entre los amigos de toda la vida se ha caído en el último instante. Se ha quedado una noche fantástica para sumergirse entre decenas de vídeos que arrojan goles que han marcado mi pasión por este deporte. Entre tanto, una volea desde dentro del área hace enloquecer a España entera. La Selección acaba de firmar una épica remontada ante la extinta Yugoslavia. Alfonso Pérez Muñoz es el hombre del momento en nuestro fútbol.

“Fue un gol importante. Primero porque era una Eurocopa, segundo porque era la Selección y tercero porque nos permitió pasar a la siguiente fase cuando estábamos eliminados sin saberlo porque no sabíamos que nos hacía falta ganar. Siempre me recuerda a aquel momento de felicidad que le brindamos a todos los españoles con esa victoria, tanto en el campo como en sus casas”, asegura Alfonso en exclusiva para Highbury.

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LA REVOLUCIÓN DE LOS COLORES

No obstante, aquella no fue la única vez que Alfonso hizo vibrar a nuestro país. El menudo delantero puso patas arriba el panorama futbolístico nacional cuando saltó al terreno de juego con unas botas totalmente blancas, un hecho que revolucionó el fútbol mundial a nivel de moda: “Soy muy amigo del director de Joma, En un diálogo con él me ofreció esta posibilidad y nos jugamos una comida a que me las ponía. Fue una propuesta de amigos que terminó siendo un boom importante no solo para la marca, sino para todo el mundo del fútbol. Por aquel entonces solo se llevaban las botas negras y puse de moda las botas de colores con las que jugué el resto de mi carrera. Sin saberlo, acabamos creando tendencia”, nos cuenta Alfonso.

Resulta inevitable recordar aquellas botas blancas moviéndose a toda velocidad sobre el césped del Villamarín, llamando la atención de propios y extraños a base de novedad y buen gusto. Precisamente en aquel escenario fue donde Alfonso se sintió más querido por los hinchas: “El Real Betis, junto al Real Madrid por mi formación y mi debut, es el equipo más determinante de mi carrera. Me dio la oportunidad de consolidarme como futbolista nacional importante, de jugar cada domingo y de tener la suerte de permanecer muchos años en la élite y en la Selección“.

Es precisamente su etapa en la Fábrica, como es conocida la cantera del Real Madrid, una de las más especiales para Alfonso. El sueño de convertirse en futbolista de élite cada día era más real: “Son años que vives con mucha ilusión, como cualquier chaval que ficha desde el equipo del barrio por un Real Madrid. Estaba ilusionado y me di cuenta que pasaba año tras año y de que las cosas iban saliendo bien, que en el club te tienen en cuenta, que haces entrenamientos específicos con los jugadores más importantes de la cantera…y poco a poco, a pesar de la juventud, vas creciendo en el club hasta llegar al primer equipo. Me dieron la oportunidad y tuve la suerte de poder demostrar que valía”.

UNA MEDALLA DE ORO EN EL CUELLO

Tras haber defendido las camisetas de Real Madrid, Real Betis y Fútbol Club Barcelona, Alfonso echa la vista hacia atrás y recuerda, con una sonrisa de oreja a oreja, su momento más feliz en el mundo del fútbol: “Con la Selección solo ganas un título una vez en la vida.  Siempre digo que una medalla olímpica es más importante que ganar una Champions porque la Champions la puedes ganar cada año y la medalla olímpica, a nivel de fútbol, es una vez en la vida. Unas Olimpiadas en España y encima ganarlas…es una cosa que se quedará para los restos y nosotros tuvimos la suerte de vivir aquel momento”.

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La repercusión adoptada por Alfonso a finales de los 90 y a comienzos del nuevo siglo fue digna de una superestrella. Los campos de fútbol base estaban plagados de botas de colores, pulseras en las muñecas y alguna que otra media melena que trataba de emular a la de su ídolo. Sin embargo, las aduanas únicamente se abrieron con dirección a Francia para expandir aquella Alfonsomanía: “Ahora, a toro pasado, y lógicamente con la experiencia vivida a lo largo de mi carrera, creo que en el final de mi etapa me hubiese gustado irme al extranjero. Me fui seis meses nada más para intentar jugar y llegar al Mundial de Corea y Japón, pero sí es verdad que haber aprendido inglés y haber vivido esa experiencia, me hubiera gustado irme a la Premier. Incluso te diría que a una competición con un perfil un poquito más bajo con tal de vivir esa experiencia. También es cierto que ahora se hace a mitad de carrera y la Premier está a un gran nivel. La Liga Española es apetitosa para muchísimos jugadores pero muchos españoles se van por motivos económicos. Antiguamente no. En mi caso, a día de hoy quizás si me hubiera ido antes, sobre todo por el tema del inglés”.

UN EJEMPLO PARA TODOS

La profesionalidad de Alfonso siempre estuvo fuera de toda duda. Su compromiso con todas y cada una de las camisetas fue total y aún se le recuerda con cariño en varios estadios de la península. La clave, ser un tipo comprometido: “Siempre fui un buen profesional. Siempre intenté hacerlo lo mejor posible con todos mis equipos y traté de comportarme como un buen profesional allá donde estuve”. Y es que su nombre luce, incluso, en la fachada de un estadio: “Estoy muy contento, sobre todo, porque salió por votación popular en un periódico local de Getafe. Salieron cuatro nombres de cuatro personas vinculadas al Getafe Club de Fútbol y a la ciudad y salí como más votado. La verdad es que es un orgullo enorme que el estadio del Getafe, esté en la categoría que esté, lleve mi nombre. Ese detalle es el que me hace feliz”.

Uno de los detalles más apreciados por los aficionados era la dedicación que tenía con ellos Alfonso tras los entrenamientos: “Cuando entrenábamos en la Ciudad Deportiva del Madrid, salíamos y había muchísima gente esperándonos. Nosotros, ante eso, nos quedábamos a firmar autógrafos de forma voluntaria porque nadie del club nos decía que lo hiciéramos. Éramos mucho más cercanos al aficionado que ahora. Hoy en Valdebebas es prácticamente imposible entrar, hay más medios, más televisiones, redes sociales, el fútbol se comercializa en todo el mundo…Era todo distinto”, asegura Alfonso.

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Alfonso, que destaca a “Laudrup, Rivaldo o Butragueño” como socios ofensivos a lo largo de su carrera, continúa formándose como entrenador y director deportivo a pesar de tener sendas titulaciones bajo el brazo. ¿El objetivo? Seguir aprendiendo: “Tengo el título de entrenador y de Director Deportivo. Actualmente estoy en la secretaría técnica del Mallorca, donde el año pasado estuvimos en el banquillo por circunstancias deportivas. Lo más importante es estar vinculado al fútbol, hacer lo que te gusta. Ojalá podamos entrenar en un club o dirigirlo a nivel deportivo. Para ello me estoy formando y conociendo muchos jugadores, muchas ligas…”, concluye dejando la puerta abierta a la imaginación aquel hombre que nos maravilló al son de sus botas blancas.