¡El fútbol es la vida!“, gritó Antonio con un balón entre las manos. El equipo entero, a su alrededor, escuchaba atentamente. “Lo vuelvo a repetir: el fútbol es la vida! ¡Si yo lucho, lucharé en mi vida! ¡Si soy un cobarde, seré un cobarde en mi vida! ¡Ahí hay que meter el pie a muerte porque nos estamos jugando la vida! ¡Nos la estamos jugando! ¿Nos queda claro? ¿Nos queda claro? ¡Hay una palabra solo: equipo, equipo, equipo. ¡Y nos vamos!”. 

Es domingo y amanece soleado en Sevilla. Antonio Fernández cuelga su mochila sobre el hombro y cierra tras de sí la puerta de su casa. Sube a su coche y emprende el camino al estadio que durante los últimos ocho años le ha visto crecer personal y profesionalmente. Se trata del Demetrio Pichel, feudo de un modesto San Roque Balompié que se bate el cobre por eludir el descenso. Hoy, Antonio debuta como entrenador al frente del primer equipo del club. Tras el calentamiento reúne a todos sus futbolistas en el vestuario y les brinda una charla tan válida para el fútbol como para cualquier otro ámbito de la vida. Las respiraciones se aceleran y los ojos se inyectan en sangre. Cuando el equipo vuelve a pisar el vestuario, lo hace con un contundente 6-0 y un inmenso balón de oxígeno de tres puntos.

HACER HISTORIA EN CASA

“El San Roque es el club de mi vida, donde llevo los ocho años de mi carrera como entrenador. El primer equipo, a esas alturas de temporada, llevaba dos entrenadores y las posibilidades de descender eran más que reales. Entonces el presidente habló conmigo. Para mí, aunque pudiera parecer un marrón, era un reto muy bonito. ¿Tú dejarías morir a un familiar? ¿No, verdad? Pues yo sentía que no podía dejar morir a mi equipo”, asegura Antonio para Highbury.

Aquel final de campaña del San Roque Balompié rozó la épica. Los pupilos de Antonio Fernández lograron mantener la categoría cuando más complicado se antojaba y, para su sorpresa, comenzaron a copar más y más portadas: “Nunca pensamos que aquella charla iba a tener tanta repercusión. La grabamos porque el club estaba montando un documental, pero no le dimos mayor importancia. Intenté sacar a los futbolistas esa pizca de veneno que todos llevamos dentro. A día de hoy me escribe gente de Venezuela, de Perú, de Argentina, de Bolivia…pidiéndome camisetas del club o, simplemente, mandando saludos.  Me siento muy orgulloso de haber contribuido a que el San Roque se haya ubicado en el mapa”.

“Aquel día sentí que no podía dejar morir a mi equipo, que lo tenía que intentar”

Sin embargo, Antonio mantiene los pies más en el suelo que nunca, escuchando, aprendiendo y sonriendo como aquel día de 2008 en el que se sentó por primera vez en el banquillo de su club: “Después de aquella charla he ido a la televisión, he salido en la prensa e incluso han llegado cuatro ofertas. Y yo pienso: ¡Si no soy nadie! Lo único que he hecho ha sido dar una charla para motivar a los chavales relacionando los valores del fútbol con los de la vida. Si un club me quiere contratar tendrá que valorar cómo trato a los jugadores, cómo organizo los ejercicios, cómo gestiono las diferentes situaciones del partido…Yo lo tengo claro. Prefiero trabajar en silencio y que el éxito sea el que haga ruido, aunque lo que me llevo a la cama cada noche es la oportunidad que me dio el club en su momento”.

EL APRENDIZAJE COMO PRINCIPAL HERRAMIENTA

El San Roque Balompié y Antonio Fernández caminarán de la mano por novena temporada consecutiva. El técnico sevillano ha renovado su compromiso con el club de sus amores a pesar de los cantos de sirena que le han tratado de seducir durante todo el periodo estival: “A día de hoy soy el entrenador más antiguo del club y estoy muy orgulloso de serlo. Miro atrás y me veo entrenando en un descampadito con los prebenjamines, un balón y cinco petos. Ahora tenemos un campo propio de hierba artificial y material más que suficiente para entrenar. Para mí es un privilegio haber vivido esa evolución porque la hemos llevado a cabo recordando cada día quiénes somos y de dónde venimos”, nos cuenta Fernández.

Durante estos largos pero intensos ocho años Antonio ha crecido a la par que el club, ‘su’ club: “He ido aprendiendo de todos mis compañeros y de todos mis jugadores. De hecho, siempre defiendo que el entrenador enseña lo que el futbolista quiere aprender, pero el entrenador aprende siempre, aún más en el fútbol base”. Es hablando de las etapas más tempranas cuando más disfruta Antonio, incapaz de controlar la sonrisa que se le dibuja en el rostro: “Siempre he sido un entrenador un poco diferente a los demás. En el mundo del fútbol formativo, y más desde que se ha vuelto de pago ante la imposibilidad de que los clubes se sustenten solos, los padres también tienen una pequeña palabra en el club. Hay que escucharles al igual que a los jugadores, rompiendo esa barrera imaginaria que habitualmente nos separa y alimentarse de las cosas positivas y de las negativas de un mundo en el que suelen primar los resultados por encima de todo”.

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UNA CABEZA MUY BIEN AMUEBLADA

Ni los miles de mensajes recibidos ni el sinfín de llamadas que ha recibido el teléfono de Antonio le han hecho alejarse de la realidad. Los contadores de sus redes sociales se han disparado y su imagen ha crecido de manera exponencial sin mover ni un solo centímetro los cimientos sobre los que ha construido su vida: “Lo llevo bien porque soy una persona realista. Mi nevera la llena Mercasevilla y el fútbol siempre ha sido un hobbie para mí. Tengo claro quién soy y que mi pasión siempre ha sido ir a entrenar. ¿Te puedes creer que me han pedido fotos en la playa de Cádiz gente de Pamplona, de Bilbao, de Madrid…?. Y no puedo negar que me gusta porque significa que algo bueno he hecho, que he transmitido cosas positivas a la gente”.

Y Antonio, derrochando positivismo y buenrollismo a raudales, cierra el turno de preguntas recordando el mejor momento de todo lo que le ha rodeado hasta el momento como si de un as en la manga se tratase: “Muchas veces te planteas el ‘y si’ pero en mi vida no caben los ‘hubieras‘, Me centro en lo que me ha hecho llegar hasta aquí para que algún día pueda volver a repetirse. No te puedes imaginar la sensación de llegar a casa y que haya gente esperándote para ovacionarte mientras tu padre te abraza emocionado. Ese es el premio más bonito”, sentencia Antonio para dilapidar cualquier atisbo de duda sobre si el fútbol puede marcar una vida.