Cae la tarde sobre el madrileño barrio de Aluche cuando cruzo la puerta que da acceso al Eustasio Casallo. El coqueto complejo que hace las veces de hogar del Club Deportivo Los Yébenes-San Bruno me recibe con sus mejores galas: el césped sintético de la instalación se encuentra poblado de jóvenes futbolistas que ultiman su preparación de cara al partido del fin de semana. La vida es dura en el barrio. Los recursos suelen ser limitados y hay que currar mucho para poder tenerlos. De eso, en Aluche, sabemos un poco. De luchar y de dar guerra, también. Y en eso llevan Los Yébenes desde hace hace 46 años.

“Aunque seamos un club humilde, estamos muy bien posicionados en nuestro entorno a pesar de la dura competencia que tenemos en la zona. Somos uno de los equipos más representativos por historia y por haber sido el primer equipo del distrito de Latina en lograr el ascenso a Tercera División. Aquí nunca falta de nada. Si se necesita algo que, evidentemente, esté dentro de la lógica, se pelea por conseguirlo y que esté a disposición de todos. La impresión desde fuera es que somos un club muy modesto, pero aquí hay un potencial y unos recursos humanos increíbles que hacen que tus objetivos se cumplan. Esos pequeños pasos que vamos dando son los que más te reconfortan y te empujan a seguir. Es el único camino para crecer”, cuenta Juan Celis, Director Deportivo del club, en exclusiva para Highbury.

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Juan Celis observa uno de los entrenamientos (Foto: Fernando Beltrán | Highbury)

Sorprende el desparpajo y la contundencia con la que Juan habla del proyecto deportivo y social que está desarrollando junto a su equipo en el club. Y llama la atención no por imposible ni rocambolesco, sino porque apenas ha soplado las velas 28 veces: “No creo que sea una cosa tan extraordinaria. Ves muchos equipos de muchas categorías que empiezan a apostar por gente joven. Aunque la experiencia es un grado, los jóvenes somos más activos, más inquietos y eso te lleva a hacer cosas que pueden ser importantes para el club. Antes se veía a gente más veterana en todos los puestos de responsabilidad de los clubes modestos, pero creo que la crisis del fútbol ha abierto las puertas a los jóvenes”, asegura el propio Juan.

Sentado en la oficina, donde comparte su espacio con todos los entrenadores del club, derrocha ilusión y un increíble afán de mejora en cada palabra que pronuncia. Se muestra seguro y convencido en todo momento de las posibilidades que tienen Los Yébenes de cara al futuro y pide con suma educación un pequeño paréntesis para interesarse por un jugador que ha regresado a los entrenamientos tras sufrir una lesión. No se le escapa ni un solo detalle: “Tenemos trece equipos compitiendo, un campo propio, que es algo muy importante, y una gran base de futbolistas. Alrededor del 70% de nuestros jugadores empezaron a jugar aquí con seis años y a día de hoy siguen en el club hasta completar su etapa formativa en el Juvenil A. Si estos jugadores deciden quedarse aquí tantos años será porque lo consideran su casa y porque el club estará haciendo algo bien. Gran parte de esa culpa la tiene Rafa, el anterior Director Deportivo. Mi trabajo es potenciar lo que él hizo para continuar creciendo”.

UN EQUIPO FAMILIAR

Mientras un equipo da relevo a otro sobre el césped, el goteo de gente en las gradas es incesante. Padres, madres, amigos y aficionados se dejan caer por el Casallo. Unos presencian el entrenamiento de turno y charlan en pequeños círculos, otros juegan a las cartas en la sede social del club, un punto de encuentro más que habitual para los parroquianos: “Somos un club clásico en la zona de Aluche. Tenemos socios que llevan siéndolo toda la vida y que viven casi a diario con el equipo desde hace mucho tiempo. En ese sentido nuestra masa social es constante, nunca nos ha abandonado. Uno de nuestros principales objetivos es el de mantener esa familiaridad que tanto caracteriza a Los Yébenes. Tenemos jugando un montón de hermanos, de familiares y de amigos. El boca a boca nos funciona muy bien y eso acaba generando la tradición familiar de la que te hablo”.

Y es que en Los Yébenes la formación es un pilar fundamental en el organigrama de valores del club, incluso por encima de los resultados: “No es justo que un club como el nuestro exija objetivos como el ascenso a los entrenadores de la base. Nosotros exigimos trabajo, seriedad y si llegamos al final con opciones, a por ello. Nuestro objetivo real es mantener el patrimonio humano que tiene este club y por eso cuidamos a nuestros jugadores, estamos siempre con ellos y les damos la mejor preparación deportiva, psicológica y personal que tenemos a nuestro alcance”, afirma convencido Juan. De hecho, profundiza en su explicación: “En muchos clubes ocurre que asciende un equipo y al año siguiente, si los chicos que vienen de abajo no tienen nivel, hacen limpia y fichan a diez o doce jugadores. Aquí no. Aquí queremos que los chicos se formen y que compitan y que disfruten de todo su trabajo en el club. Es mérito suyo, de sus entrenadores y por ende, del club. ¿Y si fichamos a 20, salvan al equipo y el año que viene dicen que no quieren jugar más en el club? Nosotros no queremos jugadores paracaidistas, que caen en los equipos en función de la categoría. Consideramos que eso es un perjuicio para el club”.

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Las escaleras que dan acceso al terreno de juego (Foto: Fernando Beltrán | Highbury)

EL EMBAJADOR DEL CLUB

Como en la mayoría de las entidades del planeta, el primer equipo es el máximo representante de Los Yébenes. Batiéndose el cobre por mantener la categoría en la siempre dura Preferente, todo invita a pensar que la temporada que viene seguirán compitiendo en la quinta competición nacional: “La verdad es que esperábamos estar más arriba, pero nos hemos consolidado en una categoría muy complicada. Si coges la clasificación, y aunque no tenemos los números exactos, no estamos ni siquiera entre los diez primeros equipos en cuanto a presupuesto. Aun así logramos ascender a Tercera, donde sin duda éramos el presupuesto más bajo y no pudimos mantener la categoría. Apostamos por un bloque y lo hemos ido reforzando poco a poco hasta el día de hoy. No podemos ofrecer unos sueldos atractivos pero a cambio ofrecemos seriedad, familiaridad y trabajo diario. El hecho de que aquí nunca se le ha debido dinero a nadie ha supuesto que muchos jugadores nos vean con buenos ojos”, cuenta Juan Celis.

A pesar de no haber logrado la salvación de forma matemática, la Dirección Deportiva del club ya mira al futuro. Y no lo hace en base a nombres ni a resultados y sí con el proyecto en la mano: “Estamos trabajando para conectar al primer equipo con el resto del club. A día de hoy, lamentablemente, no hay ningún jugador de la cantera en nuestro Preferente. Es un salto muy grande que cada día que pasa hacemos más pequeño. Queremos que cada vez sean menos los jugadores que se vayan quedando en el camino hacia el primer equipo, por lo que vamos a crear un segundo equipo que será una estación más en la formación de los jugadores. Es que encima los chicos te lo demandan porque no se quieren ir de aquí. Pero a decir verdad esta temporada tenemos una de las mejores hornadas de juveniles de los últimos tiempos y estoy seguro de que más de uno va a formar parte de la plantilla del primer equipo la temporada que viene. Potenciar esa conexión entre nuestros equipos va a ser mucho mejor para todos porque no vamos a tener que mirar hacia fuera para cubrir necesidades, si no que las vamos a poder cubrir desde dentro”.

Nos estrechamos la mano y enfilamos la salida. Juan me acompaña hasta la puerta, donde un cartel promocional del próximo partido sirve de reclamo para varios aficionados. Se me ocurre preguntarle por la convivencia, o la rivalidad, entre el fútbol profesional y el amateur: “Intentar competir con ello es un error. Lo suyo es un negocio y lo nuestro es un deporte. A ver, que es cierto que tiene una base deportiva, pero es un deporte. La gente trabaja a tiempo completo, apuesta su dinero, mueve millones de personas por partido…Sería chocar una Zodiac con un buque de guerra. Esto es más sano, más real. Este fútbol todavía tiene esencia. Si ellos deciden jugar a las doce, nosotros jugaremos a otra hora para no matar al fútbol del barrio. No podemos vender humo, solo podemos trabajar porque el fútbol es presente y futuro y aquí se viven cosas que en Primera División no se puede vivir”, afirma Juan mientras sonríe, consciente de que su voz sale desde el corazón del barrio.