El sistema de promedios en el fútbol argentino carece de apoyo social desde los despachos de los clubes hasta las gradas que laten por sus equipos. Nadie lo entiende, nadie lo apoya y cada vez es más habitual escuchar quejas y lamentos de parte de quien pierde la categoría incluso habiendo merecido no hacerlo. Gomito Gómez, la gambeta incombustible de Nueva Chicago, fue el último en significarse: “Algún día se tienen que acabar los promedios”, afirmó tras el descenso del Torito de Mataderos.

Sin embargo, y muy de vez en cuando, este complicado sistema que se encuentra entre las aguas de premiar la regularidad en la categoría y de evitar que los grandes desciendan, deja abierta una puerta a la épica. La más importante que se recuerda tuvo lugar en la temporada 2002/03, cuando un prácticamente desahuciado Atlanta levantó 25 puntos para evitar el descenso a la C.

LA NECESIDAD DE OBRAR UN MILAGRO

“La gente decía que el rival por no descender era Flandria, quizás Deportivo Merlo. Yo, sin embargo, decía que teníamos que fijarnos en San Miguel porque venían de descender de la B”, afirma para Highbury Sebastián del Puerto, aficionado bohemio y persona estrechamente ligada a la actualidad del club.

La situación de Atlanta era realmente complicada. Necesitaba aventajar a San Miguel en 25 puntos para tener, al menos, opciones de permanencia. Por ello, Sebastián vivió la temporada como si de una contrarreloj se tratase: “Jugábamos una final cada domingo. Llegabas a casa y lo primero que hacías era ver cómo había salido San Miguel o, si estabas en la cancha, te acercabas al hincha que tenía una radio”, asegura para esta web.

Sin embargo, una temporada que debía ser prácticamente brillante no tuvo el comienzo esperado, como afirma para Highbury Sebastián Cassano, apodado el Pipa, uno de los principales reclamos de aquel Atlanta: “En la séptima jornada tuvimos un cambio de entrenador. Cada partido era para nosotros muy importante. Sabíamos que no podíamos dejarnos puntos en el camino porque había mucho en juego, sobre todo la historia de un club grande como Atlanta que, a día de hoy, nunca ha militado en la C”.

Cassano, durante su etapa de entrenador de Atlanta (Foto: El Show de Atlanta)

CUANDO QUERER ES PODER

Los buenos resultados comenzaron a acumularse en el vestuario del León Kolbowski y el milagro, aunque lejano, parecía cada vez más real. Por el camino, un histórico penalti lanzado por Lucas Ferreiro ante Cambaceres: “El árbitro cobró penal y los hinchas locales crearon disturbios hasta que se suspendió el partido. Lucas marcó el gol días más tarde en un partido que apenas duró 10 minutos. Yo solo me perdí 55 minutos de aquella temporada: 45 en los que no pude entrar al estadio en el primer tiempo y aquellos 10 que diluviaba y yo tenía el tobillo enyesado y no había secado aún”, nos cuenta Sebastián en exclusiva.

La positiva marcha de Atlanta, un club que “en ese momento no era para cualquiera, había que estar un poco loco”, tal y como afirma Cassano, le permitió llegar con vida a la última jornada. Sin embargo, una derrota en la jornada previa le condenaba a no depender de sí mismo. Debía ganar a Tigre a domicilio y esperar a que tanto San Miguel como Argentino de Rosario perdiesen. La carambola, complicadísima, únicamente aseguraba un billete a la promoción: “Jugamos en la cancha de Tigre y ganamos 0-1. El partido Ferro – San Miguel acabó ocho minutos más tarde que el nuestro y fue eterno. Nos unimos en un abrazo gigante y rezamos para jugar aquella promoción. Estábamos a ocho minutos de cumplir el primer paso”, asegura un todavía entusiasmado Cassano. “Cuando nos llegó la noticia de que todo había terminado y que San Miguel había perdido fue una satisfacción tremenda, un estallido total. Vimos a toda esa gente que nos acompañaba festejando, llorando de alegría, implorando al cielo…Fue algo realmente emotivo e inolvidable a pesar de que aún quedaba una final de verdad”.

En la promoción esperaba Argentino de Merlo. Atlanta ganó a domicilio 1-2 y empató sin goles en casa para mantener la categoría y desatar la locura en el barrio de Villa Crespo. La clasificación arrojaba que el Bohemio era el quinto clasificado con 57 puntos, 28 más que San Miguel. El milagro, promoción mediante, se había consumado. Atlanta acababa de escribir una de las páginas más épicas del fútbol argentino. “Fue como ganar un campeonato. Convertimos la utopía en realidad a base de compromiso. Aquel equipo era corazón y garra para defender la camiseta”, sentencia, feliz al recordar, el Pipa, historia viva de aquel Atlanta que le hizo un golazo a los promedios.