St. Jakob-Park, Basilea, 21 de junio de 2008. La delegación rusa desplazada a Suiza con motivo de la Euro 2008 vive uno de los momentos más dulces de su historia: el combinado nacional del país que empieza a presidir Dmitri Medvédev acaba de endosar una contundente y dolorosa derrota por 1-3 a la Holanda de los Van der Sar, Van der Vaart, Kuyt, Van Persie, Robben o Van Nistelrooy, por citar sólo algunos. El triunfo, además, sirve para que los osos tricolor alcancen los cuartos de final de una competición internacional, algo que no sucedía desde hacía exactamente veinte años, cuando bajo la coraza de la Unión Soviética llegó a la final de la Euro 1988 disputada en la Alemania Federal. Su verdugo entonces fue el mismo rival al que acababan de batir en el estadio del Basilea, una Holanda que alzaba el primer y hasta ahora único título de su palmarés.

Aquella victoria tuvo principalmente dos consecuencias. La primera, que Rusia volvía a hacerse un hueco dentro del panorama futbolístico mundial. Ausente de las rondas finales de las grandes competiciones, el equipo de Guus Hiddink parecía capaz de recuperar el brillo que había alcanzado años ha el más oriental de los países europeos. La otra secuela que se derivó de este partido, y por ende, de toda la competición, fue la explosión de algunos talentos de aquel equipo, que tras la finalización de aquella Eurocopa se labraron un nombre que les valió para fichar por equipos extranjeros, mayoritariamente de las Islas Británicas. Así, varios jugadores de aquel equipo revelación cambiaron la Premier League rusa por la inglesa.

 

PRECURSORES EN LA ERA PREMIER

Desde que en 1992 la máxima categoría del fútbol británico adoptase su formato actual, el de Premier League, hasta que la selección rusa logró ser semifinalista de aquella brillante Eurocopa, la primera división inglesa llegó a acoger a tres futbolistas nacidos en Rusia. Dmitri Kharine y Andrei Kanchelskis fueron los primeros en desembarcar al país anglosajón en el primer año de la renovada división. El primero aguantó hasta 1999 en el Chelsea, cuatro años antes de la llegada de su compatriota Román Abramóvich, mientras que el segundo deambuló por varios equipos -Manchester United, Everton, Manchester City y Southampton- sin pena ni gloria hasta el 2003. Ese mismo año aterrizó el último de los rusos previos a la generación dorada del 2008, Alexey Smertin, que a duras penas superó los ochenta partidos a lo largo de los cinco cursos que estuvo en Inglaterra.

Nacieron en la Unión Soviética, pero despuntaron en la Rusia de Putin. Sus antecedentes no tuvieron sus oportunidades porque tenían restringida la salida del gran país comunista, pero el tiempo, el final de la Guerra Fría, y la instauración del capitalismo, torcieron el brazo de un país que en la última década ha vuelto a exportar su talento futbolístico lejos de sus fronteras. Eran promesas por despuntar en Europa, lejos de su país, pero lo cierto es que ninguno de ellos logró asentarse y conseguir cierta asiduidad, ni mucho menos triunfar y ser reconocidos como puntales de equipos triunfadores, como sí se llegó a esperar de ellos tras su llegada a la Europa más occidental. Su paso por Inglaterra fue fugaz, y aunque dejaron destellos de su calidad, su impronta no fue tan profunda como hubiesen querido. Ellos son Andréi, Román, Pável, Yuri y Diniyar.

Arshavin, en su segunda etapa como jugador del Arsenal. (Foto: Focus Images Ltd)

ARSHAVIN, EL PEQUEÑO ZAR DE SAN PETERSBURGO

Su cara refleja un aspecto juvenil, pero su instinto dentro del área no tiene nada de niño, más bien todo lo contrario. Astuto y frío como pocos, Andréi Arshavin dejó en 2009 San Petersburgo, su ciudad natal, para emigrar a una Londres donde le esperaba el Arsenal, que se adelantó al Barcelona en su carrera por fichar a la gran promesa rusa. El mal tiempo estuvo cerca de truncar su fichaje, pero al final, Arshavin pudo ser inscrito en la Premier League inglesa. Entonces tenía 26 años, y aunque su físico y su rostro se empeñaban en demostrar lo contrario, ya no era un chaval, sino un jugador curtido en el mejor momento de su carrera. Ocho temporadas en el primer equipo del Zenit y una formidable Eurocopa hicieron que Europa se fijase en sus prometedoras cualidades.

“Aquí no tengo a mis amigos. Esto es lo más importante para mí”, se sinceró en una entrevista con un más que correcto inglés a los pocos meses de su llegada a las Islas Británicas. Acostumbrarse a Londres no fue una tarea nada sencilla para este jugador, tan introvertido fuera del campo como atrevido dentro de él. “Pasé tiempos difíciles en los primeros días en Rusia, quería nuevos retos para mejorar”, declaraba sobre su marcha de su país natal, donde gozaba de una gran movilidad en ataque, aunque casi siempre actuaba como segunda punta o extremo izquierdo. “La vida en Londres es muy diferente a la que tenía en mi país, aquí apenas salía de la ciudad deportiva, tuve pocos momentos para descubrir la ciudad”, se lamentó.

Aunque muchos aficionados gunners criticaron su falta de compromiso, lo cierto es que esto es algo que él quiso evitar desde un inicio. “No me preocupa marcar o asistir, me preocupa entender mi posición, mi rol en el equipo”, se aventuró a insinuar. Su llegada generó una gran expectación, pero no le acompañaron unos grandes números: 14 dianas en casi 140 encuentros es una cifra demasiado pobre para un atacante que no fue todo lo preciso que se esperaba. “No sé explicar  muy bien por qué a los jugadores de la Europa del Este les cuesta adaptarse a la Europa occidental”, reflexionaba, una duda que también terminó posándose sobre él. En mayo de 2013, Arsène Wenger anunciaba que el club no le iba a renovar, alegando que apenas estaba jugando. Así pues, tras cuatro años en Londres, Andréi regresó a su ciudad de origen, donde empieza y termina su carrera.

Pavliuchenko celebra uno de sus tantos con la camiseta de los Spurs. (Foto: Tony O’Brien/Action Images)

PAVLIUCHENKO, EL TANQUE DE KRASNODAR

Antes de jugar contra Inglaterra en la penúltima jornada de la fase de clasificación de la Eurocopa 2008, Hiddink le definió como un “gigante dormido”. Román respondió con dos goles que dejaban a los rusos con pie y medio dentro de la Euro, y a los ingleses prácticamente fuera del camino. Uno de los principales socios de Andréi en el combinado ruso es este espigado delantero, alto y corpulento, actualmente una de las caras más reconocibles del Lokomotiv de Moscú. Fue en la capital rusa donde despuntó, y también donde finalizará su trayectoria deportiva como futbolista. La empezó en el Spartak, donde fue dos temporadas máximo goleador nacional en liga, y la terminará en el Lokomotiv. Entre medio, sin embargo, cuatro cursos en Londres le ayudaron a darse a conocer algo más entre el público futbolero europeo. Pese al interés de clubs como Manchester United, Everton, Ajax o Celtic, el Tottenham Hotspur le fichó por 15 millones de euros, cifra ligeramente superior a la que ingresaron los Spurs por su venta, cuatro cursos después.

Igual que Arshavin, aterrizó a Inglaterra en la temporada 2008-09. Igual que él, lo hizo en Londres. Igual que él, duró cuatro cursos antes de regresar a Rusia, y por si fueran pocas las coincidencias, igual que Andréi, Román anotó 14 dianas bajo la zamarra del equipo inglés al que sirvió, en su caso, el Tottenham. A Román le costó afianzarse en el once, pues sin confianza le costó lograr los goles que se le pedían. Además, algún que otro encontronazo con Harry Redknapp, técnico entonces de los Spurs, hicieron que su presencia en el equipo fuese menor con el tiempo. Keane, Crouch y Defoe gozaban en un inicio de muchas más oportunidades, pero ante los rumores de traspaso el club cerró filas y no le dejó marchar. Apenas habían transcurrido unos meses y ya pensaba en irse, pero con el tiempo se topó con más oportunidades y él las aprovechó.

Los altibajos en su andadura británica encontraron cierta estabilidad en los años finales de su trayectoria, cuando alcanzó un ratio de dianas por partido superior a la de sus competidores en el frente de ataque. “Es un gran finalizador, nadie quiere verlo triunfar más que yo, me facilita mucho el trabajo”, le alabó el propio Redknapp meses después de sus rifirrafes. La descripción del técnico no finalizó ahí: “Es un buen muchacho, pero es relajado y a veces necesita un cohete. Ahora está jugando como si lo tuviera”, dijo de sus mejores días como jugador de los Spurs. Pese a anotar más que nadie en tan poco tiempo en el Tottenham, sus pocos minutos y las desavenencias con el club del norte de Londres propulsaron su vuelta a Rusia.

Pogrebniak es el único ruso que sobrevive en el fútbol inglés profesional. (Foto: The Telegraph)

POGREBNIAK, EL ÚLTIMO SUPERVIVIENTE EN TIERRAS ANGLOSAJONAS

La tercera espada del tridente atacante de Rusia en el torneo continental de 2008 fue un moscovita robusto y prominente, de pelo rubio, como los dos anteriores, y tez rojiza. Su desembarco a la principal liga británica fue posterior al de sus dos compatriotas coetáneos: Pável cambió San Petersburgo por un equipo europeo más occidental, pero de la liga alemana. Stuttgart fue su destino, y hábitat durante tres cursos. Así, su presentación en tierras inglesas se retrasó hasta 2012, cuando Andréi y Román ya emprendían el viaje de vuelta a casa.

Con el actual, Pogrebniak suma ya cuatro cursos en Inglaterra, el primero en el Fulham -Londres, siempre Londres-, y los siguientes tres en el Reading, donde aún juega. Su primera andadura británica no salió bien, aunque su voluntad fue la de seguir en Inglaterra, fuese cual fuese el equipo. Un año más tarde se mudó a Reading, donde en 2013 descendió con su equipo a Championship, y ahora vaga inmerso en la relativa mediocridad de la segunda categoría del fútbol inglés, sin grandes expectativas de emprender un vuelo que les permita retomar el primer escalón. Similar en lo futbolístico a Pavliuchenko, el perfil de Pogrebniak respondía al de delantero centro de altura, máxima referencia en ataque, y aunque no muy prolífico goleador, sí que fue un anotador decisivo (contribuyó con dos dianas  a que el Zenit eliminase al Bayern en las semifinales de la Copa de la UEFA en 2008).

Igual que ocurrió en los casos anteriores, Pável ha sido objeto de rumores de traspaso desde que está en Inglaterra. Especialmente acentuados fueron tras el descenso del Reading, pero él aún sigue en la punta de ataque de los Reales. “La especulación distrae a cualquiera”, le defendió su técnico Nigel Adkins, comprensivo con la situación que ha vivido una de sus más populares jugadores. “A veces necesitas un respiro, un nuevo énfasis. Hemos comprendido su situación y tratamos de sacar lo mejor de él”, añadió. “Agradezco a los aficionados que coreen mi nombre”, agradeció el propio Pável, para quien los cánticos que le mencionaban eran música para sus oídos. Pese a suspirar por un destino mejor, Pável continuará, al menos unos meses más, en uno de los clubs más antiguos del mundo. De algo podrá presumir, por lo menos: 31 goles en algo más de 100 partidos en Inglaterra le convierten en el goleador ruso más prolífico de las últimas décadas.

Bilyaletdinov apenas estuvo tres temporadas en el Everton. (Foto: Zimbio)

LOS OTROS DISCÍPULOS AVENTAJADOS DE HIDDINK

No sólo los tres mencionados delanteros encontraron su hueco en Inglaterra, pues hubo otros dos jugadores de aquella genial Rusia que también tuvieron su oportunidad en el país anglosajón. Fueron un lateral zurdo y un centrocampista, dos perfiles menos habituales para jugadores de esta nacionalidad en un país extranjero. Yuri Zhirkov fue uno más de los caprichos de Abramovich, que pagó por él al CSKA de Moscú más de 20 millones de euros, cifra que le convertía en el futbolista ruso más caro de la historia.

Su trayecto en el Chelsea se resume en dos temporadas, en las que no llegó al medio centenar de partidos. En 2011, el conjunto blue anunciaba su marcha tras no haber podido desbancar a Ashley Cole del carril zurdo. El multimillonario Anzhi aguardaba al final de la calle, pero con su traspaso no hizo más que ganarse las críticas de sus ex seguidores en Moscú, que silbaron su regreso por no haber vuelto al club de sus orígenes.

Menos conocido y también muy breve fue el periplo de Diniyar Bilyaletdinov por el fútbol británico. Tras un lustro en el Lokomotiv, fichó por el Everton en 2009 tras haber sido nombrado Mejor Jugador Joven del Año en Rusia en 2007. Hiddink, entonces técnico del Chelsea, lo recomendó al Everton, que no dudó en pagar casi 19 millones de euros por él. Una cantidad que no logró justificar con el tiempo. Pese a anotar siete goles en su primera campaña, nunca logró asentarse en el centro del campo, por lo que su andadura como toffee no tuvo demasiada repercusión: casi 60 partidos repartidos en dos cursos y medio, pues el último de estos no lo llegó a completar al ser repescado por otro equipo de Moscú, el Spartak. “En mi club no juego, así que no soy interesante para Dick Advocaat como jugador de la selección”, lamentó frustrado en vistas a la Eurocopa 2012. Otro torpedo ruso más que no triunfó en Inglaterra. La lista de nombres se amplía con los años, pero ninguno consigue romper la maldición.