Desde el principio de sus carreras deportivas, los caminos de Javier Mascherano y Carlos Tévez siempre estuvieron marcados por el paralelismo. Por encuentros que a veces unían sus caminos, en ocasiones los separaban y en muchas otras los enfrentaban. Todo empezó con cada uno en la antípoda ideológica del otro. Y es que Tévez es un mito de Boca Juniors cuya afición todavía sueña con ver de vuelta a La Bombonera. Mientras, Mascherano es toda una institución en River Plate que se tomó el lujo de jubilar al Jefe Astrada y de tomar prestado su sobrenombre para empresas mucho mayores.

Tras ver amanecer sus carreras y enfrentarse en más de una ocasión en el Superclásico argentino, ambos hicieron en verano de 2005 las maletas para marcharse a Brasil. Pese a que su país de acogida nunca destacó por dar cobijo a futbolistas porteños, lo cierto es que aquel año el Corinthians les propuso un proyecto muy apetecible. Aunque todo partió de un negocio turbio dirigido por la multinacional Kia que todavía hoy no se ha aclarado, con una base de jugadores nacionales donde destacaba el delantero Nilmar, el Timao quería ascender un peldaño en sus aspiraciones continentales. Y allá se fueron.

Tevez y Mascherano selección argentina

Delantero y centrocampista compartieron concentración con la albiceleste.
Fuente: Getty Images

 

LA PREMIER UNE LOS CAMINOS DE MASCHERANO Y TÉVEZ

Tras una época con más sombras que luces en Sao Paulo, afrontaron el Mundial de Alemania. La cita germana no dio los frutos esperados y, una vez más desde 1990, Argentina cayó antes de tiempo: en los penaltis frente a la anfitriona. Ambos pasaron página y renovaron ilusiones par volver de la mano, esta vez hacia Inglaterra. Como continuación de la operación que les trajo a Brasil, los mismos protagonistas volvieron a mover ingentes cantidades de dinero para llevarse a Carlitos y al Jefecito lejos del nuevo entrenador del Corinthians. Emerson Leao siempre denotó una gran aversión por los argentinos. En el caso de Tévez, le retiró la capitanía, mientras que no dio permiso a ninguno de los dos para acudir a un amistoso con la selección. Tras ese episodio no se les volvió a ver por allí. Y pese a que las maniobras del binomio empresarial Kia-Joorabchian escondían algo raro, los futbolistas recibieron como agua de mayo la llamada de la Premier.

Y a diferencia de su anterior destino, las Islas sí que eran un lugar de referencia. Lejos quedaba ya la época en que Ricardo Villa y Osvaldo Ardiles se marcharon al Tottenham Hotspur a finales de los setenta. Entonces, sacudida por la Guerra de las Malvinas, la relación entre ambos países era prácticamente inviable. Tanto Ossie como Villa tuvieron serios problemas tanto en un bando como en otro. A los que se preguntaban cómo podían jugar en un país enemigo dos compatriotas se contraponían las dudas de los aficionados británicos, que no terminaban de fiarse de que dos argentinos formaran parte de su liga.

Pero ahora, a principios del siglo XXI, los tiempos habían cambiado. Tévez y Mascherano fueron recibidos con los brazos abiertos al este de Londres y la Premier League se congratulaba por encajar en uno de sus equipos más carismáticos a dos jugadores de primer nivel. No hay que olvidar que todos los títulos que le faltan en las vitrinas del West Ham, su primer club en Europa, se compensan con el romanticismo de una hinchada totalmente singular. Los irons son el club de la gente. Y uno lo entiende perfectamente el día que sale de la parada de metro de Upton Park y toma la recta Green Street que le lleva directa a Boleyn Ground, el estadio de los hammers. Esos 400 metros permiten comprobar antes de que empiece el partido que el West Ham es una de aquellas instituciones que merece el apelativo de More Than a Club.

Tevez y Mascherano

La carrera de Tévez y Mascherano se volvió a encontrar en el West Ham United.
Fuente: West Ham United

 

SEPARADOS POR OTRA RIVALIDAD HISTÓRICA

Así las cosas, conociendo el contexto, cabría esperar que dos jugadores que derrochan tanta pasión en el césped sintonizaran tan bien con aquel concepto de vida. Pero nada más lejos de la realidad, al menos en el caso de Masche, que no contó nada para el técnico Alan Pardew. Tévez sí tuvo un rendimiento satisfactorio en las filas del conjunto londinense. De hecho, ya es un mito del club después de la memorable actuación que tuvo en la fase final de la temporada 2006-07. El Apache marcó tres goles que salvaron la categoría, un par en la jornada 37 frente al Bolton -victoria por 3 a 1- y otro en el triunfo por la mínima en Old Trafford ante un Manchester United que ya era campeón. Deseado por media Premier, se marchó de allí ese mismo verano, pero cada vez que ha vuelto a Boleyn Ground la grada le ha dedicado sonoras ovaciones. Y él siempre ha correspondido a esa deferencia con el clásico gesto de los dos martillos.

Tras su paso por Upton Park y, por una cuestión de naturaleza, sus caminos volvieron a separarse de manera drástica. Si el mediocentro fue a parar al majestuoso Liverpool de Benítez, el delantero iría a parar al rival histórico de los reds, el Manchester United. La dicotomía Boca-River volvía en versión inglesa. Mascherano echó raíces en Anfield, donde estuvo desde principios de 2007 hasta el verano de 2010 y donde formó una dupla mítica en la zona de turbinas junto a Xabi Alonso. Tévez, por su parte, estuvo seis temporadas en Manchester repartidas de forma desigual entre United y City. En las dos primeras, a las órdenes de Alex Ferguson, llegó a dos finales de la Champions League de forma consecutiva, alzando el trofeo en la primera. Los otros cuatro los pasó en el lado celeste de la ciudad tratando de levantar, junto a otras estrellas del planeta fútbol como Touré, Silva o Agüero, un proyecto faraónico ideado por inversores de los Emiratos Árabes. El éxito no llegó a nivel europeo, pero en 2012 sí que se logró revalidar el título liguero después de 44 años de sequía.

A modo de paréntesis, también merece la pena hacer referencia a otro hábitat que pone en común a nuestros dos protagonistas. Quizá el sentimiento que más les acerca: la selección argentina. A la decepción de 2006 habría que  añadir la masacre de 2010, en la misma ronda y ante el mismo rival que cuatro años antes. Comandada desde la banda por Maradona, la albiceleste sucumbió en cuartos de final ante Alemania por un 0-4 que todavía causa sonrojo. Pese a ello, y pese a no haber logrado nunca un gran título con el combinado nacional, ponerse esa casaca es lo máximo para ambos.

Tevez y Mascherano

En Liverpool y Manchester United encontraron otra fuerte rivalidad.
Fuente.Laurence Griffiths / Getty Images

 

HACIA EL SUR DE EUROPA

En el último gran club de sus vidas deportivas volvieron a tomar decisiones antagónicas. Mientras que tras el varapalo de Suráfrica 2010 Mascherano decidió trasladarse al mediterráneo catalán para convertirse en parte de un equipo que quería reescribir la historia y quedar en la memoria, Tévez no tomó rumbo a Italia hasta 2013, cuando se reclamó a sí mismo una vuelta a los orígenes. Pese a que la etapa en el Etihad no puede considerarse mala, los deseos del Apache reclamaban el calor de una cultura más cercana a la suya. Y ya se sabe la sintonía que siempre hubo entre argentinos e italianos. No es casualidad que la entonación en ambos países sea la misma a la hora de hablar.

Italia ofrecía a Tévez un fútbol aguerrido, clásico, aunque también venido a menos. Mucho antes de la llegada del delantero a la Juventus, su ex compañero y amigo ya se había convertido en un multiusos del sistema defensivo culé. La posición de central que para él ideó Guardiola, y en la que brilló el día que el Barcelona levantó en Wembley su cuarto cetro europeo, fue perfeccionándose con el malogrado Tito y con el fustigado Martino. Como si de otro guiño del destino se tratara, la ubicación de Masche en el campo se acomodaba de manera coral a un hipotético duelo con Tévez. Una pugna que, sin embargo, parecía no llegar. Los avatares del sorteo en una ocasión y la pronta eliminación de mancunianos y piamonteses en otra así lo evitaron. Casualidad o no, las dos temporadas siguientes a la salida de Tévez de Manchester, el club blaugrana quedó emparejado con los citizen en la primera ronda de eliminatorias. Unos octavos de final de la Champions League inéditos en la historia moderna del club.

Pero, de pronto, los planetas se alinearon. Cuando ya todos esperaban una batalla que iba a ser la madre de todos los partidos, una final de Copa de Europa entre Barcelona y Real Madrid, la Juventus se permitió el lujo de eliminar al vigente campeón de Europa y dirigir el catalejo hacia Berlín. El día que el gol de Morata en el Bernabéu colocó a la Vecchia Signora en una final continental doce años después, Carlos Tévez y Javier Mascherano fueron conscientes de ello: se volverían a encontrar. Y esta vez, a un solo paso de la cima.

En el Olímpico de Berlín serán muchas las veces en las que el Apache encare al Jefecito en busca de la suerte. Las mismas en que el central esperará al delantero para leerle las intenciones y abortar cualquier peligro. Los dos se conocen mucho.  Y también ambos saben los que es ser campeón de Europa. Si Tévez lo logró con el United en 2008, Mascherano ya ha probó las mieles continentales en su primer año como culé, en 2011. Sólo uno repetirá ahora. Aunque, más allá de todo eso vuelve a quedarnos una sensación familiar. Esa de que el fútbol es tan grande que se permite guardar historias como ésta en cada una de sus muescas.

 

Por Albert Valor Jiménez.