Son marineros sin capitán. Reman a contracorriente pese al mal temporal que azota la entidad, sin bajar los brazos pese a llevar tiempo, varias semanas, sin cobrar. Son los jugadores del Terrassa FC, actualmente cuarto clasificado del grupo V de la Tercera División, una categoría que no corresponde ni con el prestigio ni con la historia de un club centenario que no hace tanto estaba en el segundo escalón del fútbol nacional. Hoy, jugadores, cuerpo técnico y afición van de la mano en una misma lucha, recuperar la normalidad exigible en un club cuyos dirigentes han gestionado de mala manera, dejando un vacío de poder que requiere de una temprana solución. De lo contrario, el Terrassa podría terminar con la desaparición y refundación.

 

AQUELLOS TIEMPOS EN EL FIFA

El 7 de mayo de 2002, el Estadi Olímpic de Terrassa presentaba un gran lleno, una entrada digna de las mejores citas. La ocasión bien lo merecía, el Barcelona de Reina, Puyol, Xavi o Iniesta era el rival de los egarenses en la final de la Copa Cataluña. Entonces, el fútbol sonreía al Terrassa, quinto clasificado del grupo II de la Segunda División B, posición con la que accedió a un playoff que terminaría superando, logrando el pase a la división de plata del fútbol español. Aquella tarde, los hombres del querido Miguel Álvarez sorprendieron a un Barcelona desdibujado que terminó cayendo en los penaltis. La euforia en la ciudad vallesana, por tanto, fue inmensa esa temporada: ascenso y título, nada más y nada menos que ante el Barça.

Tres temporadas resistió el Terrassa en Segunda: dos décimo segundos puestos y una agridulce vigésima posición, la del billete de regreso tras tres años de ensueño. La ilusión se apoderó de la cocapital egarense esas campañas. Liderados por un técnico responsable y ambicioso, y con un plantel con nombres de nivel como Morales, Monty, Gibanel, Juan Carlos Sanz, Besora, Keko o Babangida, por mencionar sólo algunos, la ciudad se engalanó, orgullosa de su equipo, un conjunto que llevaba algo más de tres décadas sin pisar la división de plata del balompié nacional.

Seguía siendo un equipo modesto, pero relucía en la tez de jugadores y aficionados el sentimiento de pertenecer a un club de Segunda. La ciudad presumía de ello con orgullo. Incluso tuvo su presencia en videojuegos como el FIFA, que durante esos años ayudó a fidelizar a una afición aún más identificada, si cabe, con su equipo. Uno de los momentos cumbre, la visita de otro coloso al Olímpic, esta vez el Real Madrid, en 2003, con motivo de los octavos de final de la Copa del Rey. Portillo y Guti habían doblegado a los egarenses, que perdían 1-3 a falta de diez minutos. Pero entonces, como si de el Cid se tratase, un empuje de orgullo en forma de doblete de Monty, el jugador insignia, levantó al Terrassa, que aunque terminó sucumbiendo en el Santiago Bernabéu, viajó a Madrid con un 3-3. Eran tiempos de vacas gordas, en los que lo económico no preocupaba demasiado, y lo futbolístico marchaba sobre rueda.

La noche de la alegría, el empate a tres ante el Real Madrid. (Foto: Pere Puntí / Mundo Deportivo)

La noche de la alegría, el empate a tres ante el Real Madrid.
Foto: Pere Puntí / Mundo Deportivo

 

 

DEL CIELO AL DESENCANTO

Fue al término del curso 2004-05, hace ya una década, cuando el Terrassa abandonó la división que le vio crecer y disfrutar, fueron tres años mágicos, pero la pelota les hizo regresar a la realidad. El presupuesto era muy modesto, y resultaba francamente complejo competir de tú a tú con conjuntos como Cádiz, Celta, Valladolid, Nàstic, Tenerife, Elche o Sporting, con masas de aficionados mayores y plantillas mucho más competitivas. Tarde o temprano tenía que ocurrir, que le quiten lo bailado. Lo que pocos, o nadie, esperaba entonces, es que ese descenso desembocara en el inicio de un largo período de descomposición que aún hoy dura.

En 2008, el club egarense se vio sumido en una ley concursal que obligó a su venta para evitar así su propia desaparición. El mal tiempo económico no era lo único negativo que estaba por llegar, pues a ello lo acompañó un lógico declive en los resultados, y el temporal y la mala mar llevaron al equipo a perder otro peldaño más, hacia la Tercera División. Los problemas extradeportivos estaban a la orden del día, y no hacían más que acumularse. Entonces, en 2010, la situación de quiebra obligó al club a desaparecer, incapaz de hacerse cargo de sus obligaciones. Su plaza la adquirió Jesús Fernández, empresario jiennense que decidió refundar la entidad, que pasaría de llamarse Terrassa FC a Terrassa Olímpica 2010 SAD, manteniendo la identidad de la anterior.

El cambio de denominación no terminó de gustar en la ciudad ni en las instituciones públicas, y las voces más críticas hacia su gestión denuncian que Fernández ha utilizado el club para beneficiarse de negocios derivados. En cualquier caso, se hacía cargo de un Terrassa desalmado, con un estadio con capacidad para 10.000 espectadores al que apenas iban a ver medio millar. El desasosiego fue general, pues en media década se pasó de la carroza a la calabaza, como si del despertar de un sueño se tratase, para volver a una realidad tan cruda como la vida misma.

 

EL VIACRUCIS DE TERCERA

El pasado mes de enero, la situación del club daba un giro. Fernández pactaba con Txuma Peralta, ex directivo de Osasuna, la venta del paquete accionarial que el primero controlaba. Así, Peralta adquirió los derechos para la gestión del club, con el objetivo de devolverlo a Segunda en un período de tiempo razonable. Sucedió, sin embargo, que la venta no se completó, al menos por el momento. “Se entregó un acta notarial que daba plenos poderes de gestión del club a Peralta, pero la compraventa no se hizo pública, y Jesús Fernández sigue siendo el propietario del Terrassa”, asegura el concejal de deportes de la ciudad, Alfredo Vega.

Con Peralta parecía haber llegado la estabilidad a un club que seguía haciendo esfuerzos para salir de la división de bronce, pero pronto la situación empeoró. El 7 de marzo, ingresaba en prisión por el ‘caso Osasuna’ de presunta manipulación de partidos. El vacío de poder desconcertó entonces a todos, pues con Jesús ausente durante meses y Peralta encarcelado, los jugadores y cuerpo técnico se encontraban sin haber recibido su última mensualidad y nadie que diera la cara. La afición, que ya había acumulado un gran malestar desde el inicio de la gestión de Fernández, terminó por hartarse, hasta el punto de reunirse con la Junta Directiva del club y de exigir a las autoridades municipales que interviniesen.

He tenido que pagar el agua a los jugadores. Me parece todo tan surrealista, que es querer poco a la entidad y a los futbolistas.

Lamentaba la semana pasada el técnico David Pirri, mientras mostraba una factura del bar donde él mismo compró las botellas. Un bar, por cierto, que gestiona Jesús Fernández, y que le obligó a su propio entrenador a pagarlas, pues rechazó cederlas gratuitamente. “Estamos en un momento de incertidumbre total, no sabemos qué puede pasar”, señalaba el capitán, Jaime Fuentes, crítico con el desgobierno generalizado. “¿Cómo íbamos a jugar un partido sin tomar agua?”, se sorprende.

“Todo esto puede afectar en el vestuario. En el calentamiento y la charla te vienes arriba, los primeros 10 minutos sí que la charla les llega, pero luego todo afecta”, retomaba Pirri en un tono más que descontento, a la vez que anunciaba que rechazaba disputar un amistoso contra la selección sub-23 de Japón. “Seguiremos entrenando normal, pero sólo jugaremos los partidos de competición. Hasta que aguantemos, estaremos aquí. Si nos desinflamos, quizás acabemos por no venir y perderemos la categoría. Aguantaremos hasta el límite, la afición no nos va a abandonar. Contamos con ella y que cuenten con nosotros”, resistía.

Exaltación en las gradas, en tiempos de bonanza. (Foto: Penya Orgullo Egarense)

Exaltación en las gradas, en tiempos de bonanza.
 Foto: Penya Orgullo Egarense

 

 

LA PRESIÓN DE LA AFICIÓN Y EL AYUNTAMIENTO

No le faltaba razón a Pirri a la hora de agradecer el apoyo de la hinchada. No llena el estadio, ni se acerca a ello, pero se ha solidarizado con los jugadores y el cuerpo técnico. En el encuentro contra el Vilassar, presionaron al club para que no hiciera pagar a los socios cinco euros por entrada y sí les dejase instaurar unas urnas en los accesos al campo para que los seguidores que quisieran depositaran la voluntad. Lo recaudado, alrededor de 2.000 euros, fue a parar para los jugadores más necesitados. El marcador y la megafonía, en huelga. Las peñas, exigiendo a los propietarios y al Consistorio “una solución rápida y viable”. Y todo ello, sin mediar respuesta entre sus dirigentes.

Se debe una nómina a los jugadores, 4.000 euros a los árbitros y otros pagos por los autocares.

El día 17, diez fechas de su ingreso, Peralta salió de prisión, a la espera de conocer en qué sentido se resuelve su caso, y con las cuentas embargadas. Aún no puede, por tanto, concretar la compra del club a Fernández como estaba previsto y cómo él deseaba. Su opción, por tanto, parece una vía muerta. El hartazgo de los aficionados sólo pedía una solución: hacer frente a los impagos a la plantilla -los jugadores cobran entre 200 y 1.000 euros- y a los árbitros -se les debe unos 4.000 euros-, o los autocares, y vender el club. Un empresario egarense, Jordi Cuesta, trasladó la pasada semana una oferta de 200.000 euros a Fernández, pero éste la desestimó al considerarla demasiado baja. La propuesta de Cuesta contaba con el visto bueno del Ayuntamiento, que podría llegar a tomar papeles en el asunto.

De hecho, hace pocos días el concejal de deportes de Terrassa, Alfredo Vega, se reunió con Fernández para conocer su postura, y presionarle para que aceptase alguna oferta de compra del club a alguien fiable, no a cualquiera. Fernández quiere hacer negocio con el Terrassa, sacar la mayor tajada posible, pero el Ayuntamiento no le dejará vender su plaza al mejor postor, pues el ente público puede no dejarle el campo, de titularidad municipal, ni los bares, también de propiedad pública.  “No podemos decidir a quién o por cuánto se vende el club, pero podemos influir en su venta. impidiendo que se juegue en el Olímpic o cerrando los bares, pues ambas instalaciones son de propiedad municipal”, advierte Vega, que exigió a Fernández que en los próximos días “pague a los jugadores lo que les debe”, y reconoció que al Consistorio le interesa “un proyecto de ciudad, que sea transparente y haga públicos los números”.

 

UN FUTURO LLENO DE INCERTIDUMBRES

Los jugadores, muy pacientes por el momento, no emprenderán ninguna medida, aunque sólo de forma temporal, mientras siguen entrenando y jugando. “Desde el Ayuntamiento nos dijeron que nos quedásemos tranquilos, que van a mediar para encontrar una solución”, intentaba tranquilizar hace pocos días David Pirri, desconocedor del porvenir de un club en el que cada última hora resulta trascendental. El pasado lunes, la plantilla seguía sin cobrar, hecho que sigue crispando aún más el ambiente. “Llegará un momento en el que, si no tenemos ni para gasolina, tendré que suspender el entrenamiento del lunes, y entrenar sólo tres veces por semana. Esto perjudica”, volvía a lamentar Pirri esta misma semana.

Llegará un momento en el que no tendremos ni para gasolina. Entonces, tendré que suspender entrenamientos.

David Pirri.

El Ayuntamiento exigió el pago a los jugadores esta misma semana, pero las horas pasan y no parece haber movimientos en ese sentido. “Vamos a esperar  y a confiar en lo que nos han dicho. Tenemos que estar unidos y creer en el proyecto del vestuario, porque quedan unos marineros pero sin un capitán que gobierne la nave”, explicó José Ortega tras el entrenamiento del lunes. Reducir el número de entrenamientos puede ser la primera medida, pero no la única ni la última. Encerrarse en el Olímpic, como ya sucedió hace pocos años, entrenar frente al Ayuntamiento o no disputar los últimos cinco partidos de liga, lo que llevaría al descenso administrativo del club a la Segunda Catalana, con su posterior devaluación económica, son otras de las opciones que se manejan.

Toda solución, así pues, pasa porque Jesús Fernández pague a la plantilla y venda el club. Pero, ¿a quién? Descartada la opción de Jordi Cuesta, y con un Peralta al que el Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona ha impuesto una fianza de 3 millones de euros, parece que la vía del ex directivo del club navarro está cada vez más complicada. También sobre su mano derecha en el Terrassa, Cristina Valencia, ha recaído una fianza de 100.000 euros que hace poco probable su continuidad en la institución. Por si fuera poco, el pasado martes día 24, por la tarde, la junta social expresaba, en un comunicado, su dimisión en bloque, alegando que “no tenemos poder de decisión ni ninguna responsabilidad” con la situación por la que pasa el club. Ninguno de ellos es accionista de la sociedad anónima Terrassa Deportiva 2010, algo que cada vez menos parece un club de fútbol, y sí una empresa gestionada de forma algo más que pésima.

Equipacion Terrassa

Con rayas, alejado de su identidad habitual, viste hoy el Terrassa.
 Foto. Terrassa FC

 

 

LA HORA DE DECIDIR

La demora en el tiempo de Jesús Fernández, que sigue sin alcanzar ningún acuerdo para la venta del club, no hace más que empeorar las cosas. Sin nadie para gestionar el día a día, el caos se avecina, a la espera que Fernández se pronuncie. Ahora, sin una junta, está totalmente aislado. Entre los posibles compradores entra en juego la empresa barcelonesa Wospac (World Sport Academy), que se mantiene a la expectativa de lo que ocurre en el club egarense, por el que han hecho una propuesta “coherente”, según la definió su responsable, Álex Fernández al diario l’Esportiu. “Podemos hacer crecer el club, pero haciendo una gestión diferente, con el apoyo del Ayuntamiento y de la población de la ciudad. Es cuestión de trabajar”, completaba Fernández.

World Sport Academy es una iniciativa deportiva nacida en Barcelona, que ofrece servicios de colaboración a clubs, academias, escuelas y federaciones, y ya trabaja con un equipo, el UE Cornellà. Albert Benaiges, quien fuera uno de los responsables del fútbol base del Barça, es una de las caras conocidas de esta sociedad. Wospac, sin embargo, es por ahora sólo uno de los posibles compradores interesados en el Terrassa, al menos esta versión actual, una sociedad agónica que se encuentra al borde de la desaparición. Retomarlo como un club social y volver a ser una SAD con la vuelta a Segunda es una opción que se plantea, sobre todo desde los aficionados. El barco necesita un capitán, pues el agua empieza a hundirlo. La situación, insostenible, requiere de una medida urgente en las próximas fechas. Mientras tanto, el balón seguirá rondando en el Olímpic. Al menos, hasta que alguien pueda pagarlo.