5 de noviembre de 1986. El frío se apodera de la ciudad danesa de Copenhague, los copos de nieve comienzan a golpear suavemente las ventanas y las calderas funcionan a pleno rendimiento en el interior de los hogares. Lo que podía ser un día más para cualquier ciudadano danés es uno de los días más especiales para la familia Schmeichel: acaba de nacer el pequeño Kasper.

Nunca fue fácil ser hijo de futbolista. Desde niño vives atado al apellido de tu padre y sus actuaciones recaen sobre tus hombros durante los días posteriores en el colegio, un paseo por la ciudad se antoja imposible y cenar fuera de casa en un incesante goteo de aficionados que reclaman una foto con su ídolo. Pero el principal escollo con el que lidió Kasper se libró bajo los palos. Criado en Manchester, donde Michael, su padre, es toda una leyenda gracias a su paso por el United, Kasper decidió emular a su progenitor y se puso los guantes desde bien temprano. Su melena rubia y su apellido eran las principales atracciones de unos encuentros a los que no siempre se acercaban más de 50 personas. Desde sus primeros pasos en el mundo del fútbol el joven guardameta supo lo que le esperaría a lo largo de su carrera.

Kasper Schmeichel celebra un gol (Foto: www.bt.dk)

Kasper Schmeichel celebra un gol (Foto: www.bt.dk)

PRESIÓN DESDE EL INICIO

“Desde niño, el foco mediático se centró en Kasper como una de las principales promesas del fútbol danés. Mucha gente ni siquiera le había visto jugar, pero su camiseta reflejaba el apellido del mejor portero de la historia de nuestro fútbol y jugaba en las categorías inferiores del Manchester City. Era un caso parecido al de los Laudrup, donde curiosamente Michael también era el bueno. Los aficionados pensaban que nada podía salir mal”, afirma Magnus Lund para Highbury.

Las expectativas se dispararon cuando, tras un puñado de cesiones en clubes británicos de menor entidad, las puertas del primer equipo del City se abrieron para él. Kasper no solo completó la pretemporada con los citizen, si no que logró hacerse con un puesto bajo los palos del por entonces llamado City of Manchester: “En aquel momento hasta los más reacios creyeron Kasper Schmeichel iba a ser toda una estrella mundial. Solo tenía 21 años y ya era titular en la Premier, algo al alcance de muy pocos porteros. De hecho, la Federación Inglesa pretendía que jugara con los Pross”, asegura Magnus.

DE LA PREMIER AL ANONIMATO…PARA VOLVER

Su arranque fue prometedor. Fue la figura del partido en el derbi de Manchester, detuvo un penalti ante el Arsenal y demostró agilidad, seguridad y reflejos durante las primeras siete jornadas. Sin embargo, algo falló. Kasper dejó de ocupar el arco del City sin haber cometido errores de bulto. Su lugar lo ocupó un joven llamado Joe Hart. El resto es historia. “Aquel momento fue muy llamativo. Kasper venía jugando bien y de repente dejó de participar en el City. A pesar de haber mostrado sus condiciones, fue cedido a equipos mucho más pequeños y se le perdió la pista. Lo normal sería que un portero que ha vivido una experiencia así desaparezca del mapa, pero Kasper está hecho de otra pasta”, defiende Lund para Highbury.

Foto: Leicester City

Kasper Schmeichel saluda a Joe Hart en un Dinamarca – Inglaterra

Y es que Magnus sabe de lo que habla. Kasper Schmeichel deambuló por clubes de la tercera y la cuarta categoría del fútbol inglés hasta que el histórico Leeds United le reclutó para su proyecto en la Championship tras haberse proclamado campeón con el modesto Notts County. Corría 2010. Kasper había vuelto al candelero y fruto de ello fue denominado Mejor Portero Danés del año. Una temporada más tarde llegaría el Leicester y, con él, la Premier: “Parece que la mala suerte se acabó para él. Logró el ascenso después de haber formado parte de la plantilla que disputó la Eurocopa y volvió a jugar en la máxima categoría, donde hoy es uno de los referentes del buen paso que lleva el Leicester. Kasper ha sabido sobreponerse a todos los escollos que le ha planteado el mundo del fútbol sin dejar de disfrutar de él”, asegura Lund, orgulloso del hombre que supo superar a su herencia.