No cabe duda de que los años noventa fueron una de las eras más doradas del fútbol italiano. El Calcio acaparaba las portadas. Sus equipos eran los más temidos rivales, las grandes estrellas soñaban con disputar el campeonato nacional y los millones de liras corrían, como si de un río se tratara, despilfarrados en exorbitados traspasos. Casi como en la Liga BBVA en la actualidad, ¿verdad? En Highbury nos gusta recordar que tiempos pasados fueron mejores. El todopoderoso Milan de Sacchi, la Juventus de las tres finales de Liga de Campeones consecutivas, el Inter de Ronaldo, Nedved y Verón llevando el timón en la Lazio, la Roma del eterno Totti, una Fiorentina que no era consciente de que su muerte se acercaba al mismo paso que el nuevo milenio, y un contendiente que se había empoderado a lo largo de la década: el Parma Associazione Calcio.

Nevio Scala, artífice del gran Parma. Foto: PCSF

Nevio Scala, artífice del gran Parma. Foto: PCSF

Para conocer la historia de nuestro protagonista debemos remontarnos más de cien años atrás. El 16 de diciembre de 1913 nació el Parma Foot Ball Club, basado en el Verdi Foot Ball Club, que se había creado en julio de aquel año para celebrar el centenario del nacimiento del afamado compositor Giuseppe Verdi, nacido en un pueblo cercano a Parma. Con menos de doscientos mil habitantes a día de hoy, la ciudad del jamón y el queso nunca conoció el fútbol de máximo nivel nacional hasta 1990. Durante la década anterior algunos entrenadores que posteriormente conocerían la gloria, como Sacchi, Zeman y Maldini, desfilaron por el club. Pero fue un preparador con tan solo una temporada de experiencia en el fútbol profesional el padre de la leyenda en la que el Parma se convirtió a lo largo de la última década del siglo XX.

Tras la marcha de Giampiero Vitali al Como en verano de 1989, el Parma buscaba entrenador. Y se fijaron en el que había conseguido subir al Reggina a la Serie B y la temporada siguiente perdió el ascenso a la Serie A en los penaltis: Nevio Scala. Implantó un 5-3-2 que se convertiría en una de sus señas de identidad en el futuro y a mitad de temporada eran los líderes de la segunda división italiana.  Pero el 4 de febrero de 1990, el presidente Ernesto Ceresini fallece a causa del empeoramiento de sus problemas de salud, causados por sucesivos ataques al corazón por, según la leyenda de los tifosi, vivir demasiado de cerca y con demasiada pasión el devenir del equipo de sus amores. La plantilla acusó el inesperado golpe y cayó hasta la octava posición en las sucesivas jornadas, pero pronto recuperaron su nivel futbolístico y su ánimo para asegurar su primer ascenso a la Serie A de la historia, en un derbi ante la Reggiana.

 

Los cimientos del mítico Parma

Zola y Asprilla con la Supercopa del 93. Foto:  Pinterest

Zola y Asprilla con la Supercopa del 93. Foto: Pinterest

Tras el ascenso, el empresario local Calisto Tanzi, dueño de la poderosa industria lechera Parmalat (que por aquel entonces patrocinaba al Real Madrid), decidió aumentar su participación en el club. Ya era un pequeño accionista y su empresa patrocinaba a la escuadra, pero compró las acciones de los tres hijos del difunto Ceresini y se hizo con el control del 45% del club, nombrando a Giorgio Pedraneschi como presidente. Con Tanzi aportando grandes sumas de dinero a las arcas, desviadas de la Parmalat, el equipo vio como grandes jugadores reforzaban la plantilla. El verano del debut en la primera división italiana arribaron futbolistas de la talla de Tomas Brolin o Claudio Taffarel. En el caso del portero brasileño, su fichaje sirvió también para que la imagen internacional de Parmalat se reforzara, ya que utilizó al meta, titular en el equipo nacional, como imagen en sus campañas publicitarias en el país sudamericano.

La escuadra emiliana debutó en Serie A ante la Juventus, perdiendo en el Ennio Tardini por 1-2. La liga acabaría con la confirmación del Parma como una revelación, alcanzando finalmente el quinto puesto. La campaña siguiente terminaría con la séptima posición, pero logrando uno de los hitos de la historia parmesana: la consecución de la primera Copa Italia ante un históricamente todopoderoso conjunto como la Juventus. Los goles de Melli y Osio le dieron su primer título al equipo. En la 1992-1993 llegó el delantero colombiano Asprilla. De la mano del Tino llegó el tercer puesto y la mítica victoria ante el Milan (que llevaba 58 partidos sin caer en liga) en San Siro. Pero lo más remarcable de esta temporada es la primera gran victoria europea, en la Recopa ante el Amberes (3-1).

En el verano de 1993, con el nombre de Parma ya consolidado entre los grandes del momento en el Calcio, Gianfranco Zola y Néstor Sensini se sumaban a la lista de efectivos que acabarían por conquistar la Supercopa UEFA ante el Milan y llegarían de nuevo a la final de la Recopa tras pasar por encima de fuertes equipos como el Benfica y el Ajax, aunque esta vez la perderían contra el Arsenal. Un año más tarde, llegaron Fernando Couto y Dino Baggio. Con dos goles de este último sellaría el Parma el 2-1 total en la final de la Copa UEFA ante la Juventus (que le había arrebatado la Copa Italia esa misma temporada), sumando otro trofeo para la vitrina y un tercer puesto en liga.

Aquella sería la última campaña exitosa para Nevio Scala y su criatura futbolística. En la 95-96, llegó el Balón de Oro de 1994 Hristo Stoichkov, un joven Fabio Cannavaro y también la promesa, hoy técnico del Milan, Filippo Inzaghi. Aquel verano fue testigo también de polémica, ya que el portugués Luís Figo, que ya despuntaba en el Sporting lisboeta, se vio envuelto en un caso de duplicidad de contratos. Firmó por el Parma pese a que su club ya había acordado su traspaso a la Juventus. Ambos contendientes litigaron y finalmente la justicia italiana invalidó ambos contratos y sancionó al extremo luso con dos años sin jugar en Italia. El Barcelona apareció en escena para pescar en río revuelto, y el resto de la historia no necesita ser relatada aquí. Pese a los refuerzos de nivel, los crociati finalizaron sextos en la Serie A, y el entrenador terminó por marcharse del club, al igual que el presidente Pedraneschi, que fue sustituido por Stefano Tanzi, el hijo del máximo accionista. El control del dueño de Parmalat era absoluto.

Calisto Tanzi y su hijo Stefano dirigieron el Parma en los 90. Foto: Il Mattino di Parma

Calisto Tanzi y su hijo Stefano dirigieron el Parma en los 90. Foto: Il Mattino di Parma

 

La confirmación de la época dorada

Si hubo alguien que en el verano de 1996 pensó que el Parma estaba acabado y que regresaría a la oscuridad de las divisiones inferiores, que el globo se había inflado tanto que había acabado por estallar, no podía estar más equivocado. Un joven (37) Carlo Ancelotti era contratado como entrenador y llegaban jugadores de la talla de Chiesa, Lilian Thuram o, sobre todo, Hernán Crespo, que se había proclamado máximo anotador de los Juegos Olímpicos de Atlanta con la camiseta argentina. Esta temporada también vio como un tal Gianluigi Buffon, portero de la cantera, se hacía con la titularidad del primer equipo. Pese a un inicio más que decepcionante en Europa, perdiendo a primeras de cambio contra el Vitoria Guimarães en UEFA y contra el Pescara, de Serie B, en la Coppa, en liga se alcanzó la segunda posición, que les daba así su primer billete a la máxima competición continental. Para incredulidad de los fans que tan solo diez años atrás veían cómo su amado Parma padecía un alargado estancamiento en las divisiones inferiores, el himno de la Champions sonaría en el Ennio Tardini unos meses más tarde. Aquel verano, el pequeño mago Zola hizo las maletas rumbo al Chelsea, al sentirse menospreciado por un Ancelotti que no contaba demasiado con él. En la 97-98, la Champions depararía el reencuentro con Nevio Scala, nuevo entrenador del Borussia Dortmund, que se había proclamado campeón de la competición en la anterior edición. En un grupo que completaban el Galatasaray y el Sparta de Praga, los parmesanos no estuvieron a la altura de las circunstancias y cayeron eliminados en la fase de grupos. La decepción fue doble, ya que en la liga no pudieron pasar del quinto puesto. Ancelotti fue destituido y llegó Alberto Malesani para sustituirlo a final de temporada.

Distinto entrenador, mismo proyecto. Tanzi siguió invirtiendo en contrataciones de primer orden y llegaron a la plantilla la Brujita Verón y el campeón del mundo con Francia, Alain Boghossian. En esta campaña 1998-1999 es cuando el Parma comienza a utilizar la mítica equipación a rayas horizontales de color azul y amarillo. Los fans sueñan con volver a luchar por el campeonato nacional, pero una vez más, la realidad supera a las expectativas. Un cuarto puesto es el premio del Parma, que volverá a disputar la Liga de Campeones la siguiente campaña. Sin embargo, la historia cambia en las copas: la Copa Italia vuelve a caer en manos del club emiliano. Y, sobre todo, la Copa UEFA, conquistada en una vibrante final contra el Olympique de Marsella, que se cerró con un 3-0 a favor de los italianos, con tantos de Crespo, Vanoli y Chiesa. A día de hoy, esta es la última ocasión en la que un conjunto italiano se ha hecho con el torneo.

Crespo, Thuram o Verón formaban parte del Parma ganador de la UEFA 1999. Foto: fudbalskitipovi.com

Crespo, Thuram o Verón formaban parte del Parma ganador de la UEFA 1999. Foto: fudbalskitipovi.com

Los grandes equipos empezaron a fijarse en los jugadores del Parma. Así pues, en verano de 1999, casi sesenta millones de euros llegaron a las arcas, en contraprestación por los traspasos de Verón y Sensini (Lazio), Chiesa (Fiorentina) y Fiore (Udinese). Al valle del Po llegan nombres de la talla de Márcio Amoroso, por quien se pagan 28 millones de euros al Udinese, y el Burrito Ortega, a quien también mencionamos en otro reportaje, previo pago de cuatro millones a la Sampdoria. El primer éxito de la temporada llega a manos de Boghossian, que marca en el descuento para fijar el definitivo 1-2 al Milan, y conquistar así la Supercopa de Italia. En Champions caen en la ronda preliminar contra el Glasgow Rangers, y acaban por disputar la UEFA, de la que serán igualmente eliminados por el Werder Bremen en octavos. En liga, la igualdad a puntos con el Inter les aboca al quinto puesto, quedándose fuera de la Champions.

Nos situamos ya en el año 2000. La Lazio vuelve a pescar en Parma: 55 millones por Crespo y siete y medio por Dino Baggio. El Parma busca sustitutos en Savo Miloševič (Zaragoza, 25 millones) y Almeyda (Lazio, millón y medio). También llegan Sérgio Conceição, Lamouchi y Micoud, entre otros. En el banquillo vemos desfilar a Malesani, a Sacchi (que deja el puesto tras tres partidos por “demasiado estrés”) y, finalmente, a Renzo Ulivieri, que los guía hasta el cuarto puesto. Se llega a la final de la Copa Italia, pero la Fiorentina es la que se lleva el gato al agua. A mediados de 2001, la friolera de 150 millones de euros vuelan a Parma: Buffon y Thuram se van a la Juve, Amoroso al Borussia Dortmund y Sérgio Conceição al Inter. A cambio, ingresan jugadores como Nakata, Evanílson o Frey. Los cambios le salen caros al Parma y, tras presenciar un nuevo desfile de entrenadores con Ulivieri, Passarella y Carmigiani, el equipo finaliza en una décima posición con sabor amargo para los tifosi, salvándose del desastre que hubiera supuesto el descenso a Serie B gracias a un arreón final. De todos modos, el último trofeo llegaría a las vitrinas del Ennio Tardini: la Copa Italia, ganada a la Juventus.

En 2002, Prandelli llegó como entrenador. Cannavaro y Almeyda se marcharon al Inter de Cúper por 45 millones, Di Vaio, a la Juventus por 26 y el decepcionante Miloševič, cedido de vuelta a España, concretamente al Espanyol. El fichaje estrella fue el brasileño Adriano, que llegó por trece millones del Inter, al mismo tiempo que Gilardino y Mutu fichaban desde el descendido Hellas Verona por 22 millones. Gracias al buen hacer del brasileño, con 15 goles, y el rumano, con 18, el Parma se aupó a la quinta posición. El estío de 2003 sería el último en que los euros correrían alegremente, de cuenta del Parma, en el mercato. El cancerbero galo Sébastien Frey fue el último gran fichaje del Parma, fichado por valor de veintiún millones de euros. Evanílson, que demostró poco en el Tardini, volvió a Dortmund por 15 millones, pero la baja más dolorosa del mercado fue la de Adrian Mutu. Ídolo de la afición, había declarado públicamente que tenía intención de convertirse en el capitán del equipo. Parecía que el futuro del rumano y el Parma iban unidos de la mano, pero Abramovich, flamante nuevo dueño del Chelsea inglés, apareció con una suculenta oferta que acabó con Mutu vistiendo de azul en Stamford Bridge, diecinueve millones de euros mediante. De todos modos, Gilardino lo suplió con gran éxito, y acabó con 23 goles en su haber en liga, solo uno menos que el milanista Shevchenko, capocannoniere de la Serie A. También vendieron a Adriano en enero de 2004, regresando al Inter por quince millones de euros. Un Inter que venció en la última jornada a los crociati, con gol interista del propio Adriano, arrebatándoles así la última plaza que daba derecho a disputar la Champions.

 

La realidad golpea: Parmalat es un fraude

Pero los resultados deportivos del equipo pasaron a un segundo plano en diciembre de 2003. Las noticias volaban en toda Italia: uno de los grupos empresariales más importantes del país, con presencia mundial, se declaraba en bancarrota. Parmalat caía por su propio peso. Horas después, su dueño, Calisto Tanzi, era detenido. Fraude financiero y blanqueo de dinero, entre otras acusaciones, oscurecían el nombre y la leyenda del que llegaron a considerar un auténtico símbolo de éxito empresarial y personal. La empresa que él mismo fundó en 1961, tras terminar sus estudios universitarios, se convirtió en uno de los mayores escándalos empresariales de la historia y la mayor bancarrota de la historia de Europa. 14.300 millones de euros en deudas; esos fueron los resultados de las diferentes auditorías a las que fue sometido el conglomerado a lo largo del proceso judicial. Desde 1997, la empresa, principal vendedora de leche en Italia, Canadá, Australia y África, invirtió grandes sumas para expandirse a lo largo del mundo, pero cuatro años después estas inversiones comenzaron a dar signos de que eran completamente infructuosas, y muchas divisiones de la compañía comenzaron a perder dinero. El Crac Parmalat hizo que las empresas subsidiarias comenzaran a declararse en bancarrota. Entre ellas, el Parma.

En enero de 2004, Calisto Tanzi dimitió como propietario del Parma y el club quedó en manos del administrador extraordinario de Parmalat, Enrico Bondi. Los tifosi estaban en shock. Su equipo, que en la pasada década había sido un grande de Italia, un miembro de los llamados Sete Sorelle (siete hermanas), los equipos que dominaban el Calcio, se asomaba a un abismo cuya profundidad no se atisbaba desde las gradas. Un agujero de 77 millones drenaba las arcas del Parma y, tras sucesivos estudios de la situación económica, iría empeorando hasta descubrirse la realidad. El ministro italiano de industria, Antonio Marzano, tomó cartas en el asunto y, junto a Bondi, trazaron la hoja de ruta que habría de salvar los designios del equipo. El 24 de junio de 2004, con el objetivo de evitar la refundación en las divisiones más bajas, nació el Parma Football Club. La nueva sociedad mantuvo vivos los derechos del Parma AC, pero también las deudas en caso de una posible venta. Así pues, a expensas de encontrar un comprador, el equipo se hallaba intervenido por Bondi y desvinculado definitivamente de Parmalat.

Calisto Tanzi se enfrentó a los tribunales en repetidas ocasiones. Foto: La Stampa

Calisto Tanzi se enfrentó a los tribunales en repetidas ocasiones. Foto: La Stampa

 

Travesía por el desierto

Una de las historias olvidadas de los oscuros tiempos del Parma es que Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid entre 1995 y 2000, quiso comprar el club. A través de la sociedad Renfisa Inversiones, ganó en agosto de 2005 la puja para hacerse con el paquete de acciones de la propiedad del club. Tras negociar con el presidente, Guido Angiolini, se fijó un precio de 27,5 millones de euros para su venta. Sanz pagó entonces 7,5 millones, pero al llegar la fecha límite para el pago de los veinte restantes, no había rastro del dinero. De hecho, al no recibir tal suma, el club se quedó con el adelanto que les había pagado el empresario madrileño. Años después se descubrió que la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, estaba detrás de esta operación. Lorenzo Sanz les vendió cuadros antiguos para intentar sufragar esta operación, pero fracasó en su intento, y en julio de 2008 se vio envuelto en la operación policial que desarticuló la trama.

Finalmente, cuando contaban dos días del 2007, Roberto Cappelli, consejero del Parma, anuncia que se venderá el club en una subasta pública que comenzará en cuatro millones de euros. Tras el proceso, que duró tres semanas, el Parma consiguió un nuevo dueño. Tomasso Ghirardi, un empresario de Brescia, tomó posesión del cargo de presidente el 25 de enero tras pagar 24 millones de euros.

En lo deportivo, el club comenzó a vivir una travesía del desierto. En la 04-05, ya sin Prandelli y algunos de los mejores jugadores, el equipo casi desciende. La siguiente fue una buena temporada, clasificando a competición europea. Pero de ahí en adelante volvieron los fantasmas del descenso, que acabó por materializarse en 2008. La aventura del Parma había terminado. Tocaba volver a comenzar, reestructurar el club y hacer las cosas bien desde el principio. Pero la deuda seguía ahí. De la mano de Francesco Guidolin, el equipo volvería a la Serie A en tan solo una temporada. Desde entonces, se mantienen en la máxima división nacional. El mayor éxito de Ghirardi llega en la pasada temporada, cuando el conjunto, dirigido por el ex seleccionador nacional Roberto Donadoni, alcanza la sexta plaza que le daría la oportunidad de jugar la Europa League.

Pero la alegría duró poco. A finales de mayo de 2014, la UEFA le denegó al Parma la licencia para jugar en Europa, tras detectar un impago de impuestos cuantificado en unos 300.000 euros, relativos a traspasos de futbolistas. El Torino recibió su plaza. Para Ángel Perozo, administrador de una cuenta de Twitter que disecciona la actualidad del Parma, esta decisión desencadenó la situación actual del equipo: «la mera participación del Parma en tal competencia habría generado alrededor de siete millones de euros en ganancias para el club, siendo mayor si el club avanzara de ronda». Ghirardi estalló: «El fútbol ha acabado para mí». Enfurecido por la decisión, puso en venta el club. Finalmente, a mediados diciembre, el club encontró un comprador. El Parma pasaría a ser propiedad de un conglomerado ruso-chipriota llamado Dastraso Holding Limited. Empezaron entonces a aflorar rumores sobre si el nuevo dueño del equipo era Suleyman Kerimov, el extravagante propietario del Anzhi Makhachkala ruso, en el que jugaron hace pocos años jugadores como Roberto Carlos, Willian, Zhirkov o Samuel Eto’o. Se desmintió tal posibilidad, y finalmente salió a la luz la cabeza visible del proyecto: el magnate del petróleo albanés Rezart Taçi, que ya había mostrado interés en comprar un equipo italiano en el pasado, concretamente el Milan, y sobre el que recaen sospechas de evasión fiscal en su país natal. La venta del club se cerró por cantidad de un euro.

Ghirardi decidió vender el club tras serle denegada la licencia para jugar en Europa. Foto: Claudio Villa

Ghirardi decidió vender el club tras serle denegada la licencia para jugar en Europa. Foto: Claudio Villa

 

El circo parmesano: cinco presidentes en tres meses

Tras Ghirardi, llegó el joyero Pietro Doca, hombre de confianza de Taçi y director de Dastraso. Duró tan solo unos días. Se retiró de la presidencia por «no sentirse capaz de manejar la presión de la prensa», en palabras de su vicepresidente, el abogado Federico Giordano, que fue nombrado presidente interino. Un mes después, Giordano dejaba su puesto al joven albanés Ermir Kodra, mano derecha de Taçi y ex dirigente de la refinería albanesa Armo. Mientras tanto, los jugadores de más nivel de la plantilla, como Cassano y Paletta, abandonaban el club ante los impagos. El tiempo pasaba, el dinero no llegaba y finalmente, el 6 de febrero, Dastraso se deshizo del Parma. No se sintieron capaces de redirigir la situación. Los cruces de acusaciones se sucedían. Los propietarios salientes acusaban a Ghirardi de haberles mentido acerca de las deudas del club. Según el Daily Mail inglés, tras analizar los libros de contabilidad, encontraron que la deuda real es de cerca de 200 millones de euros. Otros medios la cifran en algo más de la mitad, entre deuda y pagos pendientes al fisco. Ghirardi se defendió: «Taçi ha incumplido el contrato». De nuevo, por un euro, el Parma cambió de dueño.

De la nada, o eso parece, surgió la figura de Giampietro Manenti. Este inversionista italiano es el fundador de la empresa Mapi Group, con sede en Eslovenia, que está asociada a Gazprom, y ya estuvo asociado a clubes como el Brescia o el Pro Vercelli. Según las últimas informaciones, su capital social apenas supera los 7.500 euros y, hace unos días, la policía incautó su coche por impago de multas. La condición para comprar el Parma era reunir quince millones de euros para pagar las deudas antes del 16 de febrero, pero el dinero nunca llegó. Ha asegurado varias veces que tiene el dinero, pero que algunos “problemas técnicos” han imposibilitado las transferencias bancarias desde Eslovenia.

 

¿Qué le espera al Parma?

Mientras tanto, las deudas se están empezando a cobrar en forma de embargo. Todo el mobiliario del vestuario del primer equipo y el del entrenador Donadoni y sus ayudantes ha desaparecido del estadio. Cualquiera puede hacerse con el banquillo donde se sienta el técnico o con las diversas máquinas del gimnasio. Se han subastado dos autobuses y una furgoneta propiedad del club. Por otra parte, el capitán del equipo, Alessandro Lucarelli, lamenta que «la tintorería ya no recoge la ropa oficial. Nos tendremos que lavar la ropa de entrenar en casa». Y lo más grave es que los partidos contra Udinese, en casa, y Genoa, de visitante, no se han podido disputar porque el Parma no podía abrir el Ennio Tardini al no disponer de liquidez para garantizar la seguridad del público y por temor a cortes de luz a causa de los impagos; tampoco podían permitirse viajar a otras ciudades a jugar encuentros. Crespo, ahora entrenador de equipo Primavera, el filial, asegura que los jóvenes ni siquiera tienen agua caliente en los vestuarios, y que si pudieron entrenar es porque los jardineros les hicieron un favor.

Ya nadie confía en Manenti. Foto: Panorama

Ya nadie confía en Manenti. Foto: Panorama

El Parma se ha convertido en un circo. El alcalde de la ciudad, Federico Pizzarotti, perteneciente al Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, declaró hace unos días, enfadado, que «el Parma es un club de primera, no una charcutería. Si no hay dinero en una cuenta italiana para hacer frente a los pagos más inmediatos, es evidente que hay algo detrás». Tras reunirse con Manenti, su indignación aumentaba: «No es creíble. Si este es el presidente, cerramos el campo.» En los últimos días, los incrédulos aficionados han presenciado cómo el antiguo dueño Ghirardi y su mano derecha, Pietro Leonardi, han sido imputados por bancarrota fraudulenta. Leonardi permaneció en el Parma tras la salida de su valedor, pero dimitió hace unos días por «motivos de salud». La fiscalía antimafia de Bolonia investiga al equipo por «extraños flujos de dinero», haciendo hincapié en que la nueva directiva no ha ralentizado el proceso de quiebra.

Antiguas glorias como el Tino Asprilla y Nevio Scala mostraron su apoyo al club, que parece herido de muerte. El colombiano se preguntó qué había pasado con todos los ingresos por fichajes y derechos televisivos, y aseguró que contactaría con ex compañeros para organizar una subasta de antiguos productos del Parma para poder ayudar a reconducir la situación. El técnico, por su parte, aseguró que volvería a entrenar gratis al equipo, pese a que lleva once años sin sentarse en un banquillo. La Asociación de Futbolistas apoyó también al Parma: en la última jornada de liga, los equipos salieron con quince minutos de retraso al campo, en un gesto que intentó sensibilizar a los diferentes organismos que conducen el fútbol italiano para evitar posibles casos como este en el futuro. Y es que en Parma corrieron tiempos en los que la palabra mesura no figuraba en el diccionario de los directivos del club: casi 300 jugadores llegaron a engrosar la nómina del equipo al mismo tiempo.

El futuro deportivo del Parma es una incógnita. El equipo no ha podido superar la marcha de sus mejores jugadores y los mazazos extradeportivos, y marcha último en la tabla clasificatoria, muy lejos de la salvación. Manenti, en quien nadie confía ya, ha asegurado que si llega un comprador serio, vendería el club. El dinero, mientras tanto, sigue sin llegar. Los jugadores y empleados no cobran desde hace meses. El presidente de la Lega Pro, Maurizio Beretta, aprobó una ayuda de cinco millones de euros para que el equipo pudiera finalizar la temporada en la Serie A, un dinero que proviene del fondo de multas de la liga. El 19 de marzo es la fecha clave para el futuro del Parma, ya que se decidirá en los tribunales sobre la quiebra del club y su futuro.

Así pues, podríamos estar asistiendo a la descomposición de un equipo que marcó una época en los 90 en el Calcio y en Europa. Otro juguete roto de un inversor corrupto, otra pequeña ciudad cuya ilusión acabó destrozada a golpes de realidad, otro equipo de fútbol que llena portadas por cuestiones alejadas del deporte. Ya presenciamos en los últimos años cómo históricos como la Fiorentina, el Torino o el Napoli tuvieron que comenzar de nuevo desde lo más bajo a causa de la gestión de sus dirigentes. Pese a que los crociati quieren seguir creyendo en la esperanza, el negro de la cruz que lucen en sus camisetas parece ser el color que marcará los designios del Parma en un futuro próximo.

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