Era 1994. Invierno. Aún quedaban meses para la disputa del Mundial de Estados Unidos. El continente americano rebosaba ilusión por acoger aquella cita. El mundo del fútbol también tenía muchas expectativas en lograr conquistar Norteamérica. Todas las miradas estaban fijas en nueve lugares: Chicago, Dallas, Los Ángeles, Detroit, Nueva Jersey, Boston, Orlando y Washington. Allí se disputaría tan magno acontecimiento.

En la vida y en el fútbol -que en realidad vienen a ser lo mismo- suele pasar que el mundo fija su atención en aquello más relevante y desecha el resto. No se aprecia lo que pasa en los estadios más humildes siempre que haya un gran acontecimiento que lo eclipse. En 1994 Luis Enrique recibió un codazo de Tassotti, Oleg Salenko y Hristo Stoitchkov se proclamaron pichichis y Roberto Baggio envió un balón a las nubes. Muchos vieron aquel Brasil – Italia. Algunos menos siguieron la Copa del Caribe.

El balón ha llegado a todos los rincones del planeta. Allá donde el ser humano ha puesto el pie, éste le ha servido de apoyo para patear con el otro pie. En el Caribe también se juega al balompié, e incluso tiene sus propio campeonato de selecciones, la Copa del Caribe. La Unión de Fútbol del Caribe -CFU por sus siglas en inglés- viene celebrando este torneo de forma anual desde 1989, y cada dos años desde 2008, y sirve como torneo clasificatorio para la Copa de Oro de la CONCACAF.

En ella se enfrentan selecciones como Trinidad y Tobago, la que más veces se ha llevado la copa -ocho en total-; Jamaica, vigente campeona; y otros combinados más desconocidos como las Islas Caimán, Martinica, Cuba o Haití. Una singular lista que recuerda más a destinos vacacionales que a fútbol. En 1994, este torneo vivió uno de sus episodios más singulares.

 

MARCAR EN PROPIA PUERTA PARA GANAR

Esta podría ser una de esas alocadas historias que cuentan las viejas canciones de calypso. Pero no, ocurrió. Fue en la fase de clasificación para la Copa del Caribe. El grupo A quedó formado por Granada, Barbados y Puerto Rico. La CFU decidió que incluso en partidos de grupo, se jugara una prórroga en caso de empate. Además, en este tiempo extra el valor del gol de oro sería doble, para añadir más picante, como el que no contento con un plato de arroz con pollo, lo prepara al estilo jamaicano. O como los antillanos que dieron de probar vodka con chili al que escribe estas líneas -cabrones-. Pero bueno, esta ya es otra historia…

Puerto Rico, que ya se había enfrentado a sus dos rivales, ganó a Barbados y perdió ante Granada, que llegaba al último choque con tres puntos pero mayor diferencia de goles a su favor que los puertoriqueños. Barbados debía ganar por más de dos goles de diferencia si quería estar en la fase final.

El Estadio Nacional de Saint Michael, capital de Barbados, vio a los locales adelantarse en el marcador por partida doble. 2-0 era lo que necesitaban y 2-0 era lo que tenían. Sin embargo, a falta de siete minutos para el final del partido, Granada redujo distancias y puso el 2-1 en el marcador. Con este resultado, los granadinos lograban la clasificación. Solo un gol podía restablecer la ventaja de los locales. Éstos buscaron el tanto con ahínco en los minutos finales. Granada se encerró atrás y no había forma de llegar a su portería.

No sabíamos dónde atacar.

James Clarkson.

A falta de tres minutos, Barbados dejó de atacar. Terry Sealy, defensa local, se hizo con el esférico y se puso a pelotear con su propio guardameta Horace Stoute. Se pasaron la pelota el uno al otro durante unos segundos antes de que Sealy se marcara en propia puerta. 2-2. Con el empate habría prórroga y a Barbados les valdría un solo gol -que contaba como dos- para meterse en la fase final. Durante los tres minutos que restaban, se vivió una situación insólita. A Granada le valía un gol para clasificarse. Uno. Fuera en la portería que fuera. Barbados debía impedirlo.

Los visitantes atacaron ambas porterías mientras que los locales hicieron lo imposible por defender la meta propia y la ajena. Lo lograron. En la prórroga, Thorne decidió el partido con un gol que dio finalmente la clasificación a Barbados. Triple empate a puntos, pero diferencia de goles a su favor.

Me siento estafado”, profirió el seleccionador de Granada James Clarkson. “A quien inventó esta norma habría que llevarlo al manicomio. No se puede jugar con tantos futbolistas corriendo confusos por el campo. Nuestros jugadores no sabían qué portería atacar, si la nuestra o la suya. En fútbol se supone que debes marcar al rival para ganar, no a ti mismo”. El enfado de Clarkson no encontró respuesta alguna desde la federación y Barbados terminó disputando la fase final de la Copa del Caribe, en la que caería en la primera fase tras empatar frente a Guadalupe y Dominica, y perder frente a Trinidad y Tobago. La rutina de siempre para un equipo que se alejó de lo convencional para lograr el éxito.

 

Foto de portada | Afición de Barbados en uno de los últimos encuentros de su selección.
Fuente: Barbados FA.