¡Pum! El sonido retumbó en toda la nave. Craig cerró de golpe el capó del último coche que había llegado al taller. “¡Ya está preparado, señor Aldrich!” gritó mientras se despojaba de unos guantes manchados de grasa y maldecía el momento en el que aquel cliente llevó el coche al establecimiento sobre la bocina. Aldrich levantó la mano desde su despacho, dando luz verde a su marcha anticipada.

Craig no solía salir del trabajo con el mono puesto y mucho menos cuando algún compromiso le esperaba tras su jornada laboral. Sin embargo, aquella tarde no tenía otra opción. El Tiverton Town recibía al Bishops Cleeve en su intento de evitar el descenso. Era el tramo final de temporada y la visita del Liverpool a Ladysmead había distraído al equipo que Craig capitaneaba hasta el punto de que seis derrotas consecutivas situaban al Tiverton Town en la cuerda floja. Aquella era la primera de las tres finales que les aguardaban.

Tiverton Town

Aficionados del Tiverton Town
Fuente: Tiverton Town FC

“¡Salta a calentar el Tiverton Town con apenas diez jugadores pues el técnico local ha decidido que Craig Harper, el capitán del equipo, forme parte del once inicial a pesar de no haber llegado aún al estadio!”, narraba el enviado especial de la radio local. Las gradas de Ladysmead, tan desvencijadas como de costumbre por la falta de subvenciones por parte del Ayuntamiento, apenas presentaban media entrada. No había aficionados visitantes, no había curiosos y ni tan siquiera el palco acogía ninguna personalidad más allá de los dos presidentes de turno, pero el Tiverton Town se jugaba mucho más que ante el Liverpool.

El tiempo jugaba en contra de Craig y de su equipo. El capitán arrancó su coche y salió del taller escopetado rumbo a Ladysmead. Quedaba poco más de media hora para el partido y ni siquiera había llegado al estadio. Rezó porque el tráfico le respetara y pisó el acelerador a fondo. Mientras tanto, el técnico del Tiverton Town paseaba cabizbajo por el césped. De vez en cuando echaba una ojeada al reloj, sabedor de que sus manijas corrían más rápido de lo que desearía. Fue entonces cuando una voz le sobresaltó: “¡Míster! Ya he llegado!”, gritó Craig desde la bocana de vestuarios.

El técnico corrió hasta introducirse en el túnel. Abrió la puerta del vestuario y allí estaba semidesnudo el capitán. En el suelo, arrugado y sucio, el mono de trabajo. En el pecho, el escudo del Tiverton Town tatuado. En las piernas, mucho, mucho fútbol. Ambos lo sabían y confiaban en que todo saliera bien. “Craig, jugamos con Nathan en punta. Búscale al espacio que sabes que es muy rápido y ten cuidado con Pierce, su número 6, que es un hijo de puta de mucho cuidado”, advirtió el míster mientras Harper se colocaba el brazalete de capitán.

El entrenador del Tiverton Town da instrucciones a un jugador

El entrenador del Tiverton Town da instrucciones a un jugador
Fuente: Tiverton Town FC

“¡Arranca el partido en Ladysmead con un Tiverton Town que ya goza de la presencia de Craig Harper! ¡La primera pelota es para el equipo visitante en lo que será un encuentro a cara de perro por la salvación!”, narraba la radio. Craig había saltado frío al terreno de juego. El cronómetro había superado los diez minutos de partido y apenas había tocado un par de balones. En el tercero, y tras controlar con la derecha, Pierce le derribaba con una durísima entrada. Craig se retorcía de dolor en el suelo mientras el resto de jugadores se enzarzaban en una tángana. El colegiado consideró que era demasiado pronto para amonestar al infractor y Craig protestaba mientras trataba de levantarse sin apenas apoyar el pie.

Sin demasiadas ocasiones claras y sin un solo gol se había llegado al descanso. Craig dialogaba con el colegiado camino de los vestuarios mientras el resto de jugadores enfilaban el camino a los vestuarios. El dolor en su tobillo se tornaba insoportable, pero ni siquiera lo mencionó ante sus compañeros. Quería terminar el partido junto a ellos. Querían ganarlo juntos. Con ese objetivo saltaron al terreno de juego entre los tímidos aplausos de los aficionados allí presentes. Las miradas de Pierce y de Craig se cruzaron antes del pitido del árbitro. Serios, desafiantes. El centrocampista rival era un futbolista venido a menos. Estaba en sus últimos años de carrera y siempre había jugado en equipos de categorías superiores. Era todo pundonor y no dudaba en cometer todas las faltas que fueran necesarias para frenar al rival. Sin embargo, no era ningún virtuoso con el balón en los pies, por lo que jamás se complicaba.

Con un encuentro cerrado y sin ocasiones, lo mejor que le podía ocurrir a ambos equipos era que los puntos fueran repartidos para seguir respirando. Corría el minuto 78 cuando Craig recogió una pelota entre líneas. El capitán del Tiverton Town la pisó, se dio media vuelta y encaró a su rival. Con la puntita de su bota derecha trató de salvar la entrada de Pierce. Fue imposible. Los tacos del 6 impactaron con su tobillo derecho por segunda vez en el partido. Craig sintió un pinchazo terrible y no podía parar de gritar. El colegiado le mostró la cartulina roja directa a Pierce ante las airadas protestas del veterano centrocampista. Craig no podía mover el pie y tuvo que abandonar el terreno de juego ayudado por dos compañeros.

Un jugador del Tiverton Town sufre una entrada

Un jugador del Tiverton Town sufre una entrada
Fuente: Tiverton Town FC

Sin su mejor hombre, el Tiverton Town fue incapaz de romper la barrera defensiva del Bishops Cleeve. Los jugadores abandonaron cabizbajos el terreno de juego y, una vez duchados, los vestuarios. Craig, tras una larga ducha, salió el último del vestuario. El estadio estaba vacío, apagado, en paz, pero su tobillo pedía guerra. Cada vez estaba más hinchado y no tenía un buen aspecto. Cojeando ostensiblemente alcanzó su coche, sabedor de que tan solo un milagro le permitiría ayudar a sus compañeros en las dos jornadas que restaban. Sujetó el volante y apoyó su cabeza sobre sus manos. Una lágrima le surcó el rostro y maldijo el momento en el que el sorteo de la FA Cup les emparejó con el Liverpool.

 

PD: Esta es la segunda parte de una historia ficticia. Aquí, la primera entrega: http://highbury.es/2015/el-sonador-anonimo