Un gran negocio va camino de inundar buena parte del territorio de los Estados Unidos, tierra de oportunidades y de deporte, dos condiciones propicias para el crecimiento y consolidación del fútbol. Hasta hace pocos años, el seguimiento de lo que ahí llaman soccer había sido algo más bien residual, pero a raíz de distintos sucesos recientes, su percepción general ha cambiado, pasando de ser un objeto pasivo, desechado incluso por una gran mayoría, a un sujeto activo al que cada vez más multitudes se acercan, apasionadas por una pelota a la que, ahora sí, prestan atención.

 

UN ESPACIO EN EL CALENDARIO

El calendario de los cuatro deportes mayoritarios en los Estados Unidos consta de un sistema de reparto temporal que permite su distribución sin que se solapen de forma excluyente. Así, de septiembre a febrero se disputa la NFL, el principal campeonato de fútbol americano. De octubre hasta abril, los meses más fríos, acogen la NHL de hockey hielo. En unas fechas parecidas, de octubre hasta junio, tiene lugar el baloncesto de la mano de la NBA. De abril hasta octubre, es el turno de la MLB, es decir, del béisbol. Así, los habitantes de Boston pueden seguir unos meses a los Red Sox de béisbol y otros a los Celtics de baloncesto, como pueden hacerlo los neoyorquinos con los Yankees o los Knicks.

Cuatro grandes deportes contra los que, ahora, pretende competir el deporte rey en Europa y Sudamérica, el fútbol. Es en los meses más cálidos, de marzo hasta diciembre, cuando tiene lugar la Major League Soccer, un campeonato que se está haciendo un hueco entre los más de 300 millones de habitantes de los Estados Unidos. A lo largo de las décadas de los setenta y ochenta, el soccer no pasaba de ser un proyecto exótico que trataba de reclutar a viejas estrellas como Pelé, Cruyff, Best o Beckenbauer, leyendas que encontraron en el inmenso país un lugar ideal para el retiro en el que, además, poder explotar sus propias marcas personales.

En aquellos años, el mencionado Pelé llegó a congregar a 40.000 almas en el estadio de los Giants, sin embargo, aquello no fue más allá de un fenómeno aislado carecido de continuidad a corto plazo. Apenas unas pocas estrellas en una galaxia con más sombras que luces sin un rumbo claro hacia el que dirigir un proyecto de futuro incierto. Con el Mundial de 1994, el soccer vivió otro repunte gracias a un aumento de las audiencias y a la posterior llegada de talentos sudamericanos, aunque entonces aún se encontraba lejos de lo que son hoy la MLS o la NASL. Dos décadas después, los dirigentes de la MLS aspiran a que ésta sea un espejo de las principales ligas europeas aunque, eso sí, manteniendo características comunes de otros deportes estadounidenses. Así, muchos jóvenes llegan a través de un draft, no hay ascensos ni descensos, los equipos son franquicias móviles y, además, hay un límite en unos salarios que, por otro lado, son publicados cada año por la propia liga. Poco o nada que ver, por tanto, con el funcionamiento del fútbol europeo.

Johan Cruyff es recibido entre honores por las animadoras del Los Angeles Aztecs. / Foto: Nasljerseys.

Johan Cruyff es recibido entre honores por las animadoras del Los Angeles Aztecs. / Foto: Nasljerseys.

TRAS LA EXPANSIÓN, LA CONSOLIDACIÓN

“El fútbol es el deporte profesional que ha tenido un crecimiento más rápido en los Estados Unidos”, comenta a Highbury el periodista de Los Angeles Times, Kevin Baxter, sorprendido por el masivo apoyo que existe actualmente hacia la MLS: “Ahora tiene una asistencia de 21.000 espectadores por partido, superior incluso a la NBA o la NHL”. El dato, eso sí, tiene trampa, ya que los pabellones de baloncesto permiten menos capacidad, y albergan más partidos a lo largo de la temporada regular. Pese a este matiz, los dos últimos mundiales de fútbol, masculino y femenino, han ayudado a su expansión entre la sociedad norteamericana, una sensación que corrobora con datos el propio Baxter: “El Mundial femenino alcanzó un récord de 26,7 millones de espectadores por televisión, además, los estadounidenses compraron más de 200.000 entradas para ir a Brasil, siendo el primer país extranjero que más compró”.

“El fútbol es el deporte profesional que ha tenido un crecimiento más rápido en los Estados Unidos”, Kevin Baxter (Los Angeles Times)

Si bien el crecimiento definitivo más notorio empezó antes del pasado verano, las dos últimas Copas del Mundo (masculina y femenina) disputado en suelo americano han servido para terminar ubicar el fútbol en el foco mediático. Aún es largo, eso sí, el camino que le queda por recorrer para confirmar su consolidación. “El seguimiento hacia la MLS está creciendo, pero no es tan intenso como el de las principales ligas extranjeras”, apunta otro reportero, Kellen Becoats, de la cadena Fox Sports, quien reconoce que el “seguimiento doméstico” de los estadounidenses aún sigue centrado en torneos como la Premier League inglesa o la Bundesliga alemana, gracias a la apuesta que han hecho por estos campeonatos televisiones como la NBC o la misma Fox.

“Más niños que nunca están creciendo practicando este deporte, además, las televisiones vierten cada vez más dinero para emitir ligas extranjeras”, se suma Drew Epperley, periodista de WVHooligan, que ratifica que la exposición mediática que ha habido en los últimos veinte años ha derivado en un significativo aumento en el número de adeptos. David Beckham y su aterrizaje a Los Ángeles en 2007 contribuyeron de forma significativa al aumento de la popularidad de este deporteen Norteamerica, pues con él clubs y liga vieron una oportunidad de negocio. La llegada del galáctico centrocampista supuso un punto de inflexión, pues detrás del inglés empezaron a llegar más y más figuras del fútbol europeo.

 

UN NEGOCIO SEGURO

“Cada vez hay mejores jugadores y más aficionados que van al estadio”, comentaba Raúl González el pasado domingo en su despedida del fútbol profesional y del que ha sido su último equipo, el Cosmos de Nueva York, campeón de la NASL, la segunda división estadounidense. No es el primer jugador de gran reputación que viaja al gigantesco país norteamericano para apurar sus últimos minutos sobre el césped antes de colgar las botas, pues a los mitos que iniciaron este camino en los setenta y ochenta los han seguido, estos últimos años, otros ilustres veteranos como Villa, Lampard, Pirlo, Gerrard, Drogba, Kaká o Iraola, todos ellos aterrizados este mismo año.  

Éstas son sólo algunas de las últimas estrellas en llegar, pero tras ellas han empezado a ir hacia allí otro perfil de jugador, más joven, como Gio Dos Santos o Giovinco, dispuestos a elevar el nivel competitivo de una liga que no sólo quiere ser un negocio. Cuando Beckham llegó al país, se convirtió en el jugador que más cobraba de la liga, con 5,5 millones de dólares anuales. Tras él se situaban los norteamericanos Donovan y Altidore, el mexicano Cuauhtémoc Blanco y el brasileño Denilson. Centro y Norteamérica, por tanto, copaban la lista entre los mejores pagados. Una década después, entre los veinte jugadores que más cobran en la MLS, solo se encuentra un norteamericano. El resto, europeos o sudamericanos. Lidera la lista Kaká, con 7 millones de dólares, y le sigue Giovinco, vigente máximo realizador, con 6 millones.

“La función de estos jugadores, como ocurrió con Beckham, es ayudar a la liga atraer la atención de la cobertura de la televisión en partes del mundo donde el soccer normalmente no llega”, reprende Baxter, quien considera fundamental la popularidad de las últimas estrellas para promocionar el proyecto. “Ayudan a impulsar el negocio, traen patrocinadores y, además, incitan a otros jugadores a venir”, añade el periodista de Los Angeles Times. El objetivo global de la propia liga, aseguran los tres periodistas, es precisamente el añadir competitividad al torneo. “Los dirigentes de la MLS pretenden situar la liga entre las cinco mejores del mundo hacia el 2020”, comenta Baxter, una opinión similar a la que mantiene Epperley, quien alarga un par de años los plazos, hasta 2022. En cualquier caso, parece claro que el fútbol estadounidense parece cerca de vivir unos años dorados.

Gio dos Santos cambió Villarreal por Los Ángeles, donde además de jugar a fútbol puede ir a ver deportes como el béisbol. / Foto: Dodgersnation.

Gio dos Santos cambió Villarreal por Los Ángeles, donde además de jugar a fútbol puede ir a ver deportes como el béisbol. / Foto: Dodgersnation.

LA HORA DE REPLANTEAR EL ESPECTÁCULO 

Las veteranas estrellas quedan como un reclamo a corto plazo para nuevos jugadores así como para patrocinadores, pero en la MLS hay otras apuestas, como la que hacen por los jóvenes, allí llamados homegrown (jugadores de la cantera). Hasta hace pocos meses, el peso de las canteras era prácticamente inexistente, pero la propia liga ha decidido potenciarlas para empezar a sacar sus réditos deportivos. “Cada equipo tiene su academia de desarrollo para jóvenes”, apunta Baxter, que desvela que la MLS “invirtió 30 millones de dólares” para que los clubs impulsaran sus propias canteras, una tradición extendida en Europa y que allí aún debe ganar peso específico.

“Ha evolucionado mucho desde que comenzó, y ahora muchos clubs tienen un segundo equipo en la tercera división de los Estados Unidos, como el Real Madrid tiene al Castilla”, retoma Epperley, que define esta apuesta como “una de las más altas prioridades con las que está trabajado la liga en este momento”. El paso por las universidades resulta el escalón previo al fútbol profesional, pero por ahora parece un paso insuficiente. “Los mejores jugadores asisten a las academias de otros países”, lamenta Becoats, una afirmación con la que justifica el aún pobre nivel del fútbol -o soccer– universitario estadounidense.

“Los jugadores de la cantera son una de las más altas prioridades de la MLS en este momento”, Drew Epperley (WVHooligan)

Y es que en los Estados Unidos ya no solamente se conforman con el clásico show con el que acostumbran a deleitar a sus espectadores y que les permite adornar sus deportes (véase la farándula vinculada a la SuperBowl, por ejemplo) con altas cotas pantalla derivados de la publicidad. Dotar su propia liga de un nivel competitivo mayor, equiparable a Europa, es tal vez el mayor reto al que se deben enfrentar. Es por ello que ya han surgido algunas voces contrarias a que los equipos norteamericanos participen en las cada vez más habituales giras veraniegas de los equipos europeos. “La MLS debe dejar de jugar amistosos estúpidos a media temporada, pues son partidos que diluyen la credibilidad e integridad de la liga y que, además, son una distracción que genera fatigas innecesarias en meses calurosos”, advierte el periodista holandés Leander Schaerlaeckens, del periódico británico The Guardian.

Esas giras repercuten económicamente en favor de los clubs estadounidenses, pero el debate sobre si el dinero y la popularidad les compensan está más que abierto. Algunos técnicos se ven obligados a dosificar sus jugadores en la liga, haciendo un hueco a partidos como el que enfrentó en agosto al Barcelona contra Los Angeles Galaxy. “Es más una pequeña cata que un festín”, se quejó entonces Ken Belson, del New York Times. “Algunas estrellas tienen permiso para saltarse las giras, y los que viajan están advertidos por los entrenadores de vigilar una posible lesión”, añade. Todo ello resta brillo a unas giras que, visto lo visto, no agradan ni a los jugadores ni técnicos de ninguno de los dos bandos, sino a los dirigentes de los clubs, que aprovechan para recaudar unos ingresos extraordinarios. “Parece que haya más gloria por ganar un partido no oficial que uno de competición”, critica Schaerlaeckens. Un síntoma que el soccer, ese juego que ya ha atrapado la atención incluso de Obama, ya piensa más en la competición que en el negocio.