“Sus equipos son un reflejo de su imagen: geniales, maravillosos y auténticos, pero incapaces de cambiar”. Así describió a Marcelo Bielsa (Rosario, Argentina, 1955) Óscar Scalona, amigo desde la infancia del técnico rosarino, del que traza un retrato que define bastante bien su figura. El apodo de El Loco viste a Bielsa como a un personaje que actúa diferente al resto y cuyos actos pecan de excéntricos. Puede que su singularidad le haga especial, singular seguro, pero si hay algo de cierto en todo este relato es que todas las reflexiones y argumentaciones que inducen la carrera de este técnico, le convierten en un hombre lleno de cordura.

Todo lo que hace y dice está cuidadosamente estudiado. Pesa cada palabra y sabe las repercusiones que tienen sus actos.

Alexandre Jacquin, jefe adjunto de deportes de ‘La Provence'”

 

LA GENÉTICA INFLUYE

“Dentro de la familia, nos consideramos todos locos. Hemos seguido otro camino que el de la mayoría”, comenta Rafael, hermano de Marcelo, en el libro Marcelo Bielsa El Loco Unchained. Una frase que sirve para contextualizar el ambiente en el que arranca su historia. Rafael llegó a ser Ministro de Asuntos Exteriores durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-05), por lo que, igual que Marcelo, ambos comparten el ejercicio de una profesión de alta responsabilidad, muy expuesta mediáticamente y que está sujeta a las críticas de los numerosos públicos que evalúan diariamente su trabajo.

El autor del mencionado libro, el periodista Thomas Gubin, aporta matices a la hora de hablar de la locura del sujeto de su última obra. “Más que loco, Bielsa es un obsesivo, loco por el fútbol. Tiene actitudes extremas, tanto en la preparación minuciosa, la exigencia a los jugadores o en su incapacidad por darse descansos”, cuenta a Highbury. Una opinión no muy distante de la que mantienen otros dos periodistas del rotativo La Provence de Marsella. “No es tan loco como se dice. Es muy inteligente”, arranca Jean Claude Leblois, redactor de deportes del diario, y que define al personaje en cuestión como alguien “original, incluso marginal. Vive por y para el fútbol, y a los aficionados del OM les gusta”.

“Es extraño que no mire a los periodistas cuando habla, y raramente sonríe. Pero no está loco, sólo está en su mundo. Un planeta que gira entorno al fútbol”, completa Alexandre Jacquin, jefe adjunto de deportes del mismo periódico. Los métodos de Bielsa generan sorpresa allá donde trabaja, porque no dejan indiferente a nadie. “Es un hombre honesto que quiere explicar con exactitud sus pensamientos y actos”, indica Goubin. Su discurso es pausado, extrañamente reflexivo, hasta el extremo de llegar a recuperar respuestas anteriores a la que está respondiendo en ese momento al considerar que la contestación que había dado era incompleta y había que terminarla. Esa pausa y tono bajo, sin embargo, contrasta con la energía y agresividad que demuestran sus equipos dentro del césped, una contraposición cuanto menos chocante.

Marcelo Bielsa

En solitud y de cuclillas, así vive los partidos Marcelo Bielsa.
Fuente. AFP

 

 

LOS RÍGIDOS IDEALES DE MARCELO BIELSA

Muchos son los episodios que le han llevado la fama de personaje quijotesco, teatral o incluso excéntrico. En Bilbao llegó a detener las obras de mejora de Lezama, exponiendo un airado malestar, e incluso autodenunciándose por maltratar a un trabajador al que trató de “salvaje”. En Marsella, tardó dos meses en quejarse en público de Vincent Labrune, presidente del OM, al que acusó de haber incumplido la palabra a la hora de reforzar el equipo. Los precedentes son numerosos y conocidos, y se escapan de este texto por su elevado volumen. Sin embargo, detrás de todos estos actos hay una profunda reflexión que los argumenta y sustenta. “Todo lo que hace y dice está cuidadosamente estudiado. Pesa cada palabra y sabe bien las repercusiones que tienen sus actos”, defiende Jacquin, que aunque comprende su firmeza, le exige una mayor flexibilidad. “Es rígido en ciertos puntos, pero no ha llegado a adaptarse y a cuestionar su método cuando no funciona”, añade.

No es el único al que le ha chocado esa poca maleabilidad del rosarino, al que muchos en Marsella, pero también en Bilbao y en anteriores lugares en los que ha entrenado, piden una mayor capacidad a la hora de rectificar sus planes. “Me sorprendió su rectitud y honestidad. Su línea dura también. Un hombre dispuesto a morir con sus ideas”, se suma Leblois, que ve en la falta de adaptación a la lengua francesa “una de las razones de sus dificultades” en Marsella. “Ese código de ética tan rígido le lleva a sufrir demasiado”, aporta Goubin, haciendo referencia a la gran actividad con la que vive los partidos. Jacquin, sin embargo, puntualiza que su personalidad, aunque muy metódica, no es tan radical como se comenta. “Nos dijeron que sería difícil, que era un tirano. Y eso es falso. Me sorprendió verle tan agradable con algunos jugadores. Es demasiado amable para algunos, a alguno incluso lo sobreprotege. No es tan inflexible como se cree”, razona.

Es su exagerada pasión por el fútbol la que en parte influye y marca su inmutable personalidad. “El fútbol lo es todo. Pienso, hablo y leo fútbol, es una vida que no puedo sostener eternamente. Es por eso que me gustaría moderarla”, comentó el propio Bielsa. Pero no lo hizo hace unos meses, lo reconoció ya en 1992. “Quiere tener el control total sobre su equipo y su entorno. Muchos jugadores a los que dirigió reconocen que sabían exactamente qué hacer cuando entraban en la cancha”, reprende Goubin, que en su libro profundiza sobre la pasión y análisis que lleva al rosarino a aplicar un trabajado método en sus equipos. “Cuando encuentra un dato que puede ayudar a su equipo a ganar el próximo partido, es capaz de despertar sus ayudantes”, agrega.

 

EL CAMINO, CON MÁS PESO QUE EL DESTINO

Si el saber hacer de sus equipos es distintivo, lo es no solamente por la idiosincrasia que tiene su discurso, sino también, y especialmente, por su mirada sobre el juego. La propuesta futbolística que trata de implantar Bielsa es la de un técnico que quiere mantener el control sobre todos los aspectos del partido. Algo así como el fútbol total que practicaba la Holanda de Johan Cruyff en la década de los 70, aunque con matices. “Bielsa se distingue de ese equipo de Rinus Michels por su gusto por el marcaje individual. En cuanto a presión y vocación ofensiva, lo que hace es como una versión extrema de fútbol total”, apunta Goubin, una visión que suscribe Leblois: “Hay algo de ello sin lugar a dudas. También lo vemos en su capacidad de hacer jugar a jugadores en posiciones que no son las suyas. Con Bielsa, hay que adaptarse. Todo el tiempo”.

Las voces más críticas con el técnico del Marsella, sin embargo, consideran que el estilo que implanta es espectacular, pero insuficiente para ganar. En el último curso, sorprendió a toda Francia con un OM que enamoró en sus primeros meses, pero que a partir de enero empezó un declive fatal que no solo le hizo perder el liderato y las opciones al título, sino que además le condenaron a tener que disputar la Europa League la próxima temporada, en la que el rosarino, según ha confirmado el propio club, seguirá al frente del proyecto marsellés. “Aunque haya producido buen fútbol, no ganó ni a PSG ni a Lyon. Su balance es decepcionante”, señala crítico Jacquin, al que no termina de convencer su apuesta, pues entiende que hay que ser más competitivo. “Su equipo practica un buen juego, de ataque y de conquista. Pero también tiene un palmarés virgen. Hace falta saber qué se quiere hacer. Si se quiere espectáculo, Bielsa es perfecto. Si quieres ser entrenador, hace falta otro entrenador”.

Bielsa se distingue de la Holanda de Rinus Michels por su gusto por el marcaje individual. Lo que hace es como una versión extrema de fútbol total.

Thomas Goubin, autor del libro ‘Marcelo Bielsa: El Loco Unchained.

El desgaste físico y mental, así como la falta de alternativas en momentos clave, fueron algunas de las causas que tuvieron mayor aceptación entre los juicios que se han hecho al técnico argentino en su primer año en Francia. Algo similar a lo que le ocurrió en Bilbao con el Athletic, pues con los leones llegó a dos finales -de Europa League y de Copa del Rey-, pero las perdió ambas de una forma incluso cruel. “Su objetivo es la victoria, pero él antepone los medios al fin. Le parece una obligación casi ética  proponer un juego ofensivo, placentero para la grada, y que luche con medios nobles, sin trampa ni tácticas destructivas”, anota Goubin.

El mismo periodista, colaborador de publicaciones como So Foot o France Football, no solo no resta mérito a sus planteamientos, sino que además los valora positivamente. “En Francia es muy criticado por sus colegas que no entienden cómo genera tanta fascinación un entrenador que no tiene un palmarés grande, aunque eso denota una profunda ignorancia de lo que es el fútbol sudamericano”, defiende Goubin, a la vez que acepta que en ciertos aspectos es un adelantado a su tiempo. “Su repertorio de ejercicios fue novedoso. Además, no le teme para nada a tomar riesgos. Por su atrevimiento, sus equipos pueden parecer comandos suicidas”, añade. Los datos le dan la razón: el Marsella, pese a terminar cuarto el curso pasado, sumó 76 tantos a favor, solo superados por los 83 del PSG, aunque también recibió 42, siendo el séptimo menos goleado, demasiados para un equipo que pretende optar al título.

Cuando habla, Bielsa no deja indiferente a nadie. En Provenza nunca antes habíamos hablado tanto de un entrenador.
Jean Claude Leblois, redactor de deportes de ‘La Provence'”

Marcelo Bielsa

El cubo de refrescos ha sido su asiento particular en el primer año en Marsella.
Fuente.Jean Paul Pelissier / Reuters 

 

UN CARISMA GANADO A PULSO

“Él sabe lo que hace, aunque da la impresión de que no. Se puso a los aficionados en el bolsillo cuando atacó a su presidente. Quería demostrar que él estaba por encima de todos, incluso de su empleador”, explica Jacquin. Lo cierto es que Marcelo Bielsa ya tenía entregado el Vélodrome incluso antes de su llegada. En el primer partido ante su afición, ésta desplegó un espectacular tifo en uno de los goles del estadio marsellés que rezaba: “El Loco: Haznos soñar”. Casi de diez meses después, el Marsella no ha ganado ningún título, pero se ha permitido la licencia de volver a discutir la soberanía de los candidatos al trono en Francia durante algo más de medio curso.

El fútbol ofensivo, de presión alta, marcajes individuales y con un sistema 3-3-3-1 con un 10 a la antigua usanza ha cautivado el interés de unos hinchas pasionales, como la ciudad en la que viven, y que han demostrado que las victorias no lo son todo. “A pesar de los resultados decepcionantes de este curso, los seguidores crearon el movimiento ‘Bielsa no se va’, eso dice todo de la admiración que tienen por su figura”, explica Goubin. El posicionamiento del rosarino es claro: el fútbol es para la gente, y los dirigentes son ‘un mal necesario’ que acepta, pero al que no teme retar siempre que cree necesario en beneficio del equipo al que entrene. “Para Bielsa el aficionado es el único elemento indispensable del fútbol. Quiere ante todo ganarle a la vulgaridad y a los planteamientos tácticos mezquinos. Una meta quijotezca”, se suma Goubin. La idea, el fútbol para el pueblo, es la que le lleva a arriesgar y no dar tanta prioridad al resultado final. Todo ello, sin embargo, no significa que Bielsa sea un temerario, pues se relame como el que más de los errores, hasta el punto que se atribuye la culpa de todas sus derrotas.

En cualquier caso, y sin sentir la necesidad de autogenerarse fama ninguna, Bielsa se ha ganado el respeto de buena parte del mundo del fútbol. “Cuando habla no deja indiferente a nadie. En Provenza -región en la que se sitúa Marsella- nunca antes habíamos  hablado tanto de un entrenador”, señala Leblois, que coincide en que el rosarino es un adelantado a su tiempo, un hombre incomprendido y que no teme a tomar riesgos. “Además, se ha ganado el respeto de entrenadores de renombre como Guardiola, Simeone, Ferguson o Conte”, concluye. Único y seguramente inimitable, Marcelo Bielsa morirá fiel a sus principios, gusten más o menos, generen más o menos detractores. Aunque como también analizó su amigo Óscar Scalona, el protagonista que abría y cerrará este relato, contó que rezaba para que Bielsa olvidara sus principios solo por una noche, con la meta de ganar la final, que se atreviera a jugar a pelotazos, algo que le impide su rigidez y exigencia, y que terminan por empujar sus equipos hasta el suicidio. Una cordura costosa de entender.