Es uno de los encantos de la Copa Federación. La disputan los equipos de Tercera División y aquellos de Segunda B que no hayan participado o no hayan avanzado más allá de la primera ronda de la Copa del Rey. Aunque comenzó a disputarse en los años cuarenta, recoge el testigo, de alguna forma, del extinto Campeonato de España de Aficionados, en los que clubes no profesionales no solo competían por salir campeones, sino que disfrutaban de experiencias reservadas únicamente a aquellos futbolistas capaces de ganarse un puesto en equipos de mayor caché. El Castellón B y el Real Unión alzaron la copa amateur en sus dos últimas ediciones, las de 1986 y 1987.

Dos equipos históricos en la final de una competición, la Copa RFEF, que pasa prácticamente desapercibida año tras año, y que a penas suscita algunos párrafos en aquellas ciudades donde no es fácil ver correr la banda a jugadores de primer nivel. Es la copa de los modestos.

 

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Séptimos tras la primera vuelta, primeros a final de temporada. Doce partidos ganados, cinco empates y tan solo dos derrotas en la última fase del campeonato. Impecable. Los ochenta echaban el cierre mientras el amanecer de una nueva década se vislumbraba con esperanza en Castellón de la Plana. El CD Castellón regresaba a primera, empataba frente al Madrid y vencía en Castalia al Barcelona que dos años más tarde se proclamaría campeón de Europa. También volvía Pedro Alcañiz, leyenda del club albinegro.

El viaje prometía ser placentero. Los habituales de Castalia contemplaban sus abonos como el niño que no puede apartarse de la ventanilla del coche durante el inicio de las vacaciones. Pura felicidad y entusiasmo. Nada más lejos de la realidad. Las vacaciones del Castellón solo duraron dos temporadas, pinchó un par de ruedas a la vuelta, y algún cabrón echó agua en el depósito de gasolina.

Los buenos recuerdos siempre permanecen en la memoria. El cerebro fomenta estas situaciones almacenando sensaciones y comparándolas con aquello ya vivido y haciendo saltar una alarma interior cada vez que tropieza con posibles puntos de encuentro. Quizá es por ello por lo que ya se compara al joven atacante Víctor Pino con Pedro Alcañíz. O al menos, eso es lo que se comenta en las gradas de Castalia según cuenta Manel, un aficionado orellut.

Es momento de revivir algunas de esas sensaciones, como por ejemplo jugar una final. Lejos queda aquella Copa del Rey de 1973 que perdieron frente al Athletic Club por 2-0 con Vicente del Bosque vistiendo las franjas albinegras. Muy lejos. Ahora se enfrentan a otro histórico club vasco.

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Rubén Negredo celebra un tanto para el Castellón.
Fuente foto: Castellón Confidencial.

En Irún pocos pueden contar ya los éxitos del club de fútbol local sin echar mano de ninguna hemeroteca. Para encontrar la época dorada del Real Unión hay que regresar en el tiempo hasta principios del siglo XX. Fue en los dorados años veinte, cuando la escuadra que incluía entre otros, a nombres como Antonio Emery -abuelo del actual entrenador del Sevilla-, René Petit o Ramón Eguiazábal, conquistaron tres copas. El club de la ribera del Bidasoa se ganó, por mérito propio, un puesto dentro de la historia del fútbol español. Participó en las cuatro temporadas iniciales de Primera División siendo cofundador de la liga. Incluso una de sus primeras estrellas, Patricio Arabolaza, fue el autor del primer gol en partido oficial de la selección española. Fue frente a Dinamarca en las Olimpiadas de Amberes de 1920.

Al igual que sucedería en Castellón en los noventa, al club txuribeltz le aguardaba un futuro que fue oscureciéndose con la llegada del profesionalismo. Esto supuso la desmembración de aquella plantilla que aún hoy recitan de carrerilla en la ciudad guipuzcoana. Desde 1932, el Stadium Gal de Irún no ha vuelto a ver fútbol de la máxima categoría, aunque sí ha contado con nuevos episodios alegres, como la sonora eliminación del Real Madrid en la Copa de la temporada 2008/09 en la que un gol de Eneko Romo -actual capitán- en el último minuto sirvió, gracias al valor doble de los goles en fuera de casa, para escribir un nuevo capítulo en la historia del club vasco.

“Después del último año en Segunda el Real Unión lo ha pasado mal, especialmente en el aspecto económico”, explica a Highbury Borja Olazabal, periodista del Diario Vasco que se encargar de relatar aquello que sucede en el Stadium Gal. “Aún así, parece que el Unión ha recuperado su idiosincrasia y está celebrando su centenario siendo un equipo potente de Segunda B, jugando por entrar en playoff y volviendo a ilusionar a la gente”.

La final que se le avecina al equipo fronterizo tiene parte de responsabilidad en esta renovada ilusión, según cuenta Olazabal: “Intentar ganar un título, aunque sea menor, ilusiona a la gente. Sería bonito unir la celebración del centenario, ganar la Copa RFEF y el ascenso”. El periodista vasco afirma que el interés por la competición ha ido incrementándose en la ciudad bañada por el Bidasoa a medida que el club local ha ido avanzando eliminatorias: “Cuando empieza, al ser rivales pequeños de tu misma región parece que no es muy importante, pero cuando avanzas, hay premio económico y si te metes en cuartos, ya todo el mundo la quiere ganar”.

Real Union, Highbury, FDeLaHera, Diario Vasco

Jorge Galán desata la locura en el Stadium Gal.
Foto: F. De La Hera.

Ramón Calderé, técnico del Castellón, lo reconocía en la rueda de prensa que servía de presentación del cartel de la final que disputará su partido de ida mañana jueves 9 de abril en Castalia: “Esta final ha permitido volver a situar al Castellón en el plano nacional”. Así lo cree también Enrique Ballester, que señala el hecho de que en las distintas eliminatorias que el club albinegro ha disputado lejos de su estadio, siempre ha recibido el reconocimiento de histórico por parte de los aficionados rivales.

En la ciudad de La Plana no todo el mundo ve está competición del mismo modo. “A los que hemos visto al Castellón en Primera, sabemos que la vida te la juegas con el ascenso, para superar el concurso de acreedores y volver al fútbol profesional”, se sincera un Ballester, que tampoco cierra las puertas a una posible alegría: “La cabeza te dice que habría sido mejor que nos eliminase el Torre Levante en la primera ronda, pero luego vas al campo y vives remontadas bonitas del Castellón, como la del día contra el Novelda, y claro, quieres ganar”.

Enrique Ballester, que cubre al CD Castellón para el rotativo valenciano Levante-EMV -además de escribir el libro Infrafútbol, que ya deberíais conocer-, percibe sensaciones distintas en su ciudad acerca de la Copa Federación: “Hay casi más ilusión entre los propios jugadores por jugar en otras regiones que entre la afición”. Y quizá sea así, pues el propio capitán de la escuadra albinegra se muestra interesado en alzarse con la copa: “Es muy difícil llegar hasta aquí y todo el mundo quiere ganarla. El ambiente es muy bueno”. La competición tiene un encanto especial para el de Benicarló, pues será la segunda final que dispute. La primera, hace ahora cinco años, la perdió frente al San Roque de Lepe cuando vestía los colores del Lorca Deportiva. “Jugar una final siempre es bonito”, afirma Guille Vázquez a Highbury.

 

APROVECHAR EL MOMENTO

“Las últimas dos temporadas el Real Unión se ha salvado en las últimas jornadas y a lo que aspiraba al inicio de la temporada era la permanencia”, afirma Borja Olazabal. El club vasco armó una plantilla con futbolistas de la zona y poco a poco ha ido superando metas y se encuentra enfrascado en la lucha por el ascenso a Segunda. Uno de los aspectos que ha favorecido el buen estado de forma que muestran los txuribeltz en liga es la disputa de la Copa RFEF, donde Aitor Zulaika ha podido dar minutos a jugadores con los que, en un principio, no contaba tanto. Así ha mantenido un plantel siempre a punto para superar cualquier contratiempo que se le presentase al técnico vasco a lo largo de la temporada.

“Va a ser duro”, sostiene Olazabal. “El Castellón es un equipo potente, histórico, y que esté en Tercera es algo circunstancial. Aún así, el Real Unión tiene muchas opciones de ganar si hace las cosas bien”. Deberá aprovechar el buen momento que están manteniendo en liga donde ocupa la segunda plaza del grupo II de la Segunda B. Misma plaza pero en una categoría inferior ocupa el Castellón, que trata de arrebatar el primer puesto al filial del Levante UD, para tener que hacer frente a menos eliminatorias en el playoff de ascenso.

“Hasta el 2011 el Castellón jamás había estado tan abajo en su historia”, puntualiza un Ballester que rechaza mimetizarse con la cuarta categoría del fútbol español, y recuerda que hace poco, ambos equipos se encontraron en Segunda División. “Va a ser un cruce bonito, son dos equipos con historia”, afirma el periodista castellonense, que cree que la llave de la final se esconde en la saturación de partidos que esperan al equipo albinegro. Ocho en un mes. Si no lo ve claro, Calderé podría optar, según Enrique Ballester, por dar descanso a los hombres importantes: “Si en la ida saca un mal resultado, igual la vuelta la juego yo”.

Sería bonito unir la celebración del centenario, ganar la Copa RFEF y el ascenso.

Borja Olazabal.

La final de la Copa de la RFEF se presenta como la opción de recuperar sensaciones, de equipararse de alguna forma con los equipos grandes y avivar la ilusión en tiempos duros para los equipos humildes. Ganar no asegura nada, pues el campeón de la última edición, el CD Ourense, desapareció meses después de levantar la copa, pero en el fútbol no todo se reduce a conseguir la victoria o conseguir un título… ¿no?

Foto de portada: Stadium Gal, Irún.
Foto: Fernando Lozano.