A sus 17 años, Adam no tiene claro su futuro. Pronto terminará sus estudios de educación secundaria, pero es un mar de dudas a la hora de elegir un camino profesional. Tampoco es algo que le quite el sueño. Sus principales preocupaciones son su novia, su familia y sus amigos, por ese orden. Con los chicos del barrio acostumbra a jugar un partidillo de rugby siempre que tiene tiempo, aunque esa tradición se ha ido perdiendo o, más bien, está siendo eclipsada por otro deporte.

Vive en Parramatta, un suburbio del extrarradio de la ciudad de Sídney. Allí el fútbol ha aumentado su popularidad en los últimos tres años a raíz de la fundación en 2012 del Western Sydney Wanderers FC, el primer equipo profesional del oeste de la ciudad. Para la gente de esta zona el fútbol se ha equiparado en muy poco tiempo a los que, en el pasado más inmediato, eran los deportes mayoritarios: rugby y cricket. Al principio Adam era reacio a sumarse a esa nueva “moda” que había llegado a su barrio. “Parramatta es de tradición futbolera, aunque a mí no era un deporte que me despertase demasiado interés.  A algunos de mis amigos sí. Veían los partidos del Sydney FC incluso antes de que el club fichase a Del Piero. Cuando nació el Wanderers todos se aficionaron al equipo, así que yo no iba a ser menos. Se puede decir que el fútbol empezó a gustarme por recomendación de mis amigos”, relata Adam para Highbury.

SÍDNEY RUGE CON SU DERBI

Hasta la temporada 2011-2012, la Federación de Fútbol de Australia sólo permitía un club por cada una de las ciudades más importantes del país. Con el fin de aumentar el número de clubes de 8 a 10 participantes de la A-League, máxima categoría del fútbol australiano, la FFA permitió que Sídney y Melbourne pudieran inscribir más de una franquicia, por ser las ciudades más importantes y con mayor población.

Gracias a este cambio en los estatutos de la competición nació el Western Sydney y con ello un nuevo acontecimiento que paraliza la ciudad varias veces al año: el derbi de Sídney. Aunque históricamente sólo había un club de fútbol profesional en Sídney, desde 2012 ha crecido progresivamente la rivalidad entre la parte más occidental y la zona que une el Este y el Sur. Las calles periféricas al Parramatta Stadium se colapsan de celestes y rojinegros cada vez que el calendario marca un día de derbi entre el Sydney FC y el Wanderers.

Los Sky Blues y los Wanderers se miden en el derbi de Sídney. (Foto: skynews)

Los Sky Blues y los Wanderers se miden en el derbi de Sídney. (Foto: skynews)

Ambos equipos se han enfrentado hasta la fecha en diez ocasiones, saldándose con 5 victorias para los Sky Blues, 3 para los Wanderers y 2 empates. El último choque entre las dos franquicias se produjo el pasado 24 de octubre en el Sydney Football Stadium, el feudo del Sydney FC. Los locales se impusieron por la mínima en los últimos minutos del partido, manteniendo su imbatibilidad en la temporada y agravando el mal arranque del Western Syndey, que aún no conoce la victoria en el curso 2015-2016.

Cerveza, reencuentros y aroma a partido grande. El derbi de Sydney es un éxito mediático para la ciudad. Más de 40.000 personas llenaron el estadio en el último derbi para confirmar que el fútbol está más vivo que nunca en la capital de Nueva Gales del Sur. “Cada vez que se enfrentan los dos equipos de la ciudad no se habla de otra cosa en la semana del partido. Aunque no haya una rivalidad histórica, vivimos los derbis como si nos hubiésemos enfrentado a ellos toda la vida”, nos cuenta Adam. También nos explica que el número de seguidores radicales sigue engrosándose, principalmente en el “Red and Black Bloc”,  aunque Adam no lo considera como algo preocupante porque, como él dice, “son los que más animan”. Aún es joven para valorar ciertas cosas.

NACIDOS PARA GANAR

La primera vez que Adam fue a ver un partido del Western Sydney en su estadio estaba nervioso e impaciente. Esperaba con gran expectación la llegada de ese día que iba a compartir con los otros chicos. Adam conocía muy bien el Parramatta Stadium. Ya había estado unas cuantas veces con sus padres y su hermana para ver a los Parramatta Eels, el equipo local de rugby.  Esta vez era distinto porque Adam nunca había visto en vivo un partido de fútbol profesional. Procuró crear ambiente de fútbol para ese día: “Los Wanderers se enfrentaban por la tarde al Wellington Phoenix, club neozelandés de la A-League. Fuimos a comer a casa de uno de mis amigos y estuvimos hablando de jugadores y de otros equipos de la liga. Al final acabamos hablando del Mundial y de ligas de otros países. Después salimos a la calle y recorrimos a pie Grose Street  hasta el final de la avenida, donde miles de seguidores ya iban camino del estadio”.

Adam no pudo ver una victoria de su equipo la primera vez que se acercó a verles, aunque el resultado fue lo de menos. Jérome Polenz marcó el único gol local. El partido no pasó del  1-1, indicativo de dos equipos que estaban faltos de rodaje en las primeras jornadas del campeonato regular. Sin embargo, la afición de Adam hacia ese deporte creció aquel día. Se prometió a sí mismo darle una oportunidad al fútbol y al Western Sydney Wanderers FC.

Mereció la pena. ¿Quién iba a decirle a Adam que su equipo acabaría ganando poco después la AFC Champions League? Pues sí. El Western Sydney se proclamó Campeón de Asia en 2014, convirtiéndose en el primer equipo australiano de la historia en conseguirlo.

Los jugadores del Western Sydney levantan la AFC Champions League en 2014 (Foto: sportal)

Los jugadores del Western Sydney levantan la AFC Champions League en 2014 (Foto: sportal)

“Hay equipos en todo el mundo que trabajan durante años para ganar un título o para mantener la categoría. Nosotros en dos años de historia ganamos el mayor título a nivel continental. Supongo que, además de mérito, tuvimos un poco de suerte”, nos comenta Adam. Mérito, suerte y una defensa infranqueable. El Western Sydney que ganó la Champions no practicaba el fútbol más vistoso ni tenía la mayor pegada ofensiva del campeonato, pero su orden y contundencia defensiva les ayudaron a deshacerse por el camino de los principales candidatos al título. Los Wanderers vencieron en cuartos y semifinales al Guangzhou Evergrande y al FC Seoul respectivamente, finalistas de la edición anterior.

En la final de la 33ª edición esperaba el Al-Hilal FC. A diferencia de la UEFA Champions League, la final de la AFC Champions League se disputa a doble partido. Los Wanderers hicieron buena la victoria por 1-0 en el partido de ida, pues en la vuelta el Al-Hilal no fue capaz de perforar la portería de los rojinegros a pesar de las numerosas oportunidades de gol con las que contaron. Los Wanderers habían hecho historia. “Resulta extraño que ganáramos un título continental antes que uno nacional, pero a veces se producen casos sorprendentes, como el nuestro. El Western Sydney ha nacido para ganar”, proclama orgulloso Adam.

Su condición de campeón de Asia le llevó meses después a disputar el Mundial de Clubes en Marruecos. En cuartos de final se enfrentó al Cruz Azul mexicano. El Sydney estaba clasificado para semifinales -donde se mediría al Real Madrid de Carlo Ancelotti- hasta el minuto 89, cuando el Cruz Azul empató el encuentro y forzó la prórroga, donde dos goles más alejaron el sueño intercontinental de los australianos. El Sétif le apearía más tarde del quinto puesto en los penaltis.

El Wanderers perdió una oportunidad única de seguir haciendo historia, pero ganó un fiel seguidor. Siempre que tiene la oportunidad o que su economía se lo permite, Adam baja por Grose Street y se une a la muchedumbre que recorre la avenida O’Connell hacia el Parramatta Stadium, engalanado de rojo y negro con su bufanda al cuello y las manos en los bolsillos.