Hablar de fútbol es hablar de Buenos Aires. Hablar de Buenos Aires es hablar de fútbol. Brazos agitados en las tribunas, estadios latiendo al ritmo de una sola canción, goles celebrados entre avalanchas y un sinfín de situaciones que todo buen amante del fútbol sueña con vivir en primera persona. La capital argentina es la ciudad que más equipos aporta a la Primera División local con un total de nueve. Desde Boca y River hasta Nueva Chicago, pasando por San Lorenzo o Argentinos Juniors. Otros, como Racing, Independiente, Almagro o Platense, a pesar de su origen en la capital, disputan sus partidos en las afueras sin haber perdido su esencia. Sin embargo, el monopolio futbolístico no termina ahí, ya que hasta un total de 20 equipos porteños, como son conocidos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, compiten en las tres primeras categorías del fútbol local. Los justos y necesarios para poder construir una liga propia.

 

EL SENTIDO DE PERTENENCIA

Reducir la masificación de equipos de Buenos Aires en el fútbol profesional sería negar una de las mayores de la capital argentina. Y es que se trata de una ciudad tremendamente diversa. Constituida por 48 barrios entre los que se reparten casi tres millones de personas, alberga una riqueza cultural sin parangón. Cada una de sus zonas, prácticamente equivalentes a microestados, goza de unas características tan concretas que llegan incluso a marcar el devenir de toda una vida. Así lo asegura Ariel para Highbury: “Cada barrio es diferente al resto. Todos tienen sus costumbres y su forma de ser y de actuar. Nada pasa porque sí en un barrio, porque generalmente, muy generalmente, la identificación con la zona en la que vives y con tus vecinos es total. Uno se siente de su ciudad y de su barrio, quizás más de su barrio, porque hay cientos de aspectos diarios que uno ha adquirido desde chiquito haciendo vida cotidiana que te acaban por definir”.

El fútbol en Argentina tiene una tradición popular que nace en los barrios

Uno de los cientos de aspectos de los que nos habla Ariel se basa en el fútbol. De más está decir que el deporte rey es toda una religión en Argentina, más si cabe cuando te da la oportunidad de participar activamente en su día a día: “Lo normal es que cada barrio tenga su equipo de fútbol. En otros países las grandes ciudades tienen uno o dos equipos importantes que aglutinan a toda la gente. Acá es diferente. El fútbol tiene una tradición popular que nace en los barrios, por lo que lo habitual es que la gente aliente al equipo con el que más identificado se siente. Muchos clubes tienen sedes sociales para generar ocio en el barrio, por lo que la relación con el club no se limita a los días de partido, donde, por cierto, se escuchan canciones tanto al equipo como al barrio al que pertenece”, argumenta Ariel.

Infografía barrios de buenos aires y sus equipos de fútbol -  Verónica Bolumar

Infografía que sitúa a los 20 clubes de Buenos Aires
Verónica Bolumar

 

EL PROBLEMA DE LA MASIFICACIÓN

No obstante, no todo son palabras bonitas en el fútbol porteño. La identificación del ciudadano de a pie con su barrio, y por ende con su equipo, hace que durante años haya crecido sintiendo cierta animadversión con otras zonas de la ciudad prácticamente por inercia. Así es como los hinchas de Huracán, afincado en Parque Patricios, dedican canciones a los de San Lorenzo, originalmente ubicados en Boedo, mentando al barrio que vio nacer al club azulgrana. Y viceversa. Y así sucesivamente con todos los equipos de la ciudad y sus respectivos rivales históricos.

Este tipo de rivalidades barriales hacen de la ciudad un polvorín cada fin de semana. Bueno, hacían, pues desde 2013 los visitantes tienen vetada la entrada a cualquier estadio de todo el país. ¿El motivo? Los incidentes que se producían tanto dentro como fuera de los estadios. Alguno de ellos, por cierto, durante los multitudinarios trayectos de las aficiones a lo largo y ancho de la ciudad: “Nosotros jugamos contra River Plate en la cancha de Vélez. Para ir, lo más directo es la Avenida Juan B. Justo, que son diez minutos. Entre medias pasas por La Paternal, a cinco cuadras de la cancha de Argentinos Juniors. ¿Sabes qué pasa diez cuadras más adelante? Que pasas por Floresta, a ocho de la cancha de All Boys. Y en medio, miles de hinchas de River”, asegura Sebastián, socio de Atlanta y residente en Villa Crespo, para Highbury.

Llegar cantando al barrio rival era una descarga de adrenalina. Es algo que te eriza la piel.

No obstante, la sensación de llegar en masa, cantando y luciendo los colores de tu equipo, al barrio rival es algo que, tal y como nos cuenta Karim, hincha de Boca Juniors, no tiene precio: “Es muy lindo de sentir. Eso es lo que más extraño de poder ir de visitante. Cuando viajábamos a un barrio como Núñez para jugar contra River, cruzábamos toda la ciudad. Entrabas al barrio y te daba una adrenalina tremenda, decías ‘acá estamos nosotros’ y cantábamos y dejábamos notar que la que llegaba era la hinchada de Boca. Es una sensación que te eriza la piel”.

 

LA PROHIBICIÓN DE VISITANTES

El año 2013 fue testigo de una medida que dividió a la sociedad argentina en dos. La muerte de un hincha de Lanús en las horas previas al partido que enfrentaba al club granate con Estudiantes de La Plata fue el detonante que supuso que, al menos hasta el momento en el que se escribe este reportaje, los aficionados no pudieran acompañar a sus equipos lejos de sus estadios. “A mí me parece bien que solo vayan locales. No puede haber visitantes, no hasta que no le cambiemos la cabeza a la gente. Es un problema del que nadie se hace cargo, ni los responsables ni la gente, así que me parece bien. Fíjate que ahora no están ‘los otros’ para matarse y se las agarran entre ellos. Todos los clubes tienen problemas internos entre dos hinchadas. Otros equipos, como Nueva Chicago o Almirante Brown tienen incluso tres”, nos cuenta Sebastián.

Otros, como Karim, lamentan la decisión tomada por el Gobierno: “El fútbol sin visitantes, como decía Galeano, es bailar sin música. Falta lo más lindo, que es la pica, el folclore entre dos hinchadas. La llegada al estadio, que tienes que estar una hora antes del partido en la cancha y te empiezas a cantar con los rivales, cantarles si pierden porque se van tristes…todo eso falta. Lo extrañas sobre todo cuando juegas de visitante y lo tienes que ver por la televisión. Es muy feo. No es lo mismo jugar en un estadio con 60.000 rivales que tener, por lo menos, 15.000 de tu equipo. Ahora nos juntamos para ver los partidos entre amigos, pero no es lo mismo verlo en casa”.

Santiago, periodista y natural de Córdoba, nos aporta una visión mucho más crítica de la situación desde la distancia que le separa de la gran capital: “Prohibir la entrada a los visitantes es meter el cadáver bajo la alfombra. Es la mejor manera de demostrar que se están evitando cosas cuando hoy en día los barras llegan incluso a matarse entre ellos por el poder. Es un problema que ocurre en todo el país. Todas las fórmulas para solucionarlo acaban llegando al mismo problema: los barras. Hoy en día hasta el Gobierno tiene nexos con ellos por lo que cada día es más complicado sacarlos del medio. Es una pena porque se están cargando el fútbol y las únicas perjudicadas son las hinchadas. Un partido argentino con las tribunas colmadas de ambas hinchadas es lo más lindo del planeta”.

Boca - River

El último Boca – River nos dejó esta instantánea.
Fuente foto: Taringa

Sin embargo, no siempre fue así. Hace no demasiado se extremaban las medidas de seguridad para evitar cualquier tipo de confrontación entre hinchadas. Fabrizio, hincha de River Plate y asiduo al Monumental, así nos lo explica: “En River había un acceso por una calle que era cortada y que desembocaba en la popular visitante. Más que la entrada, era peligrosa la salida. Cuando iban los visitantes, se hacía al revés que en España. Salían antes del estadio los visitantes y los locales se quedaban hasta que ya se hubieran marchado los autobuses. La excusa era que llevaban menos gente y que no eran de la zona, por lo que se iban pronto del barrio. El miedo era que los locales, al ser del barrio, podían esconderse para atacarles. Alguna vez he esperado más de una hora dentro del estadio como un boludo por eso, aunque me acuerdo que en un River – Central me fui antes porque ganábamos 4-1 y no quería esperar para nada. Estábamos saliendo de la cancha y la policía ya estaba preparada. Estaba a un metro del cordón y cerraron y no me dejaron salir. Entonces volví a la grada para ver el final del partido pero no lo hice por donde había salido y llegué justo a la platea que estaba debajo de la popular de Central. Los rosarinos se calentaron porque les habíamos roto el culo y empezaron a tirar asientos. ¡Pam, pam, pam! Nos tuvimos que esconder durante 15 minutos y cuando parecía que dejaban de tirarlos, dábamos un paso y nos caían más. Parecía de dibujos animados”, afirma entre risas.

 

UNA PASIÓN INAGOTABLE

A pesar de no poder acompañar a sus respectivos equipos a lo largo y ancho de Argentina, los aficionados al fútbol no han perdido ni un ápice de pasión. Los partidos como local se viven más intensamente y los de fuera, entre amigos al frente del televisor con una cerveza en la mano: “Los hinchas nunca pierden la pasión. Es cierto que ahora no pueden viajar con sus equipos, pero eso no impide que se junten en grupos de amigos para ver los partidos. No es la primera vez que un club abre su sede social con proyectores para que los socios se junten y hagan fuerza por el equipo. Se vive como un partido más, cantando y saltando como si estuvieran en la cancha”, nos cuenta Ariel.

Quizás, y solo quizás, la prohibición de hinchas visitantes sea un motivo más de fortaleza para los clubes modestos de Buenos Aires que sueñan con resistir en el profesionalismo, pues las quedadas de las que nos habla Ariel cada vez son más frecuentes. Cientos de hinchas cantando y animando en la sede social del club a unos jugadores que defienden sus colores a cientos de kilómetros de distancia. Comparten vivencias y sentimientos con sus iguales, ríen y lloran, celebran y se lamentan, viven el fútbol de una manera diferente, fortaleciendo aún más el sentido de pertenencia que acaba siendo el principal sustento del club de sus vidas.