Estaba donde realmente deseaba. Jamás se había sentido tan en casa como aquella tarde en el estadio que lleva tan orgulloso su nombre. Sobre el verde, dos equipos. Un combinado formado por varios de sus amigos y colegas de profesión se medía al Cádiz CF. “Nunca es tarde si la dicha es buena” debió pensar Mágico, que ya en el ocaso más inmediato de su trayectoria veía por fin cumplido el sueño de tener a ‘su’ Cádiz en El Salvador, ante la mirada de su gente. Un ambiente difícilmente mejorable, un brillante cartel para un gran festejo y un fantástico aroma a balompié componían un lienzo de comunión entre Jorge González y todos los que allí concurrían. “Los amigos de ambos equipos disfrutaron, nadie se lesionó y la noble afición de El Salvador pudo ver a mi Cádiz. Realmente todo salió como pretendía”. Eran las palabras de un genio que recibía el último reconocimiento y que, como todo anfitrión que se precie, velaba por el bienestar de los semejantes que le rodeaban. Tres goles -dos de ellos con la camiseta del conjunto andaluz- y algún que otro destello suponían la última pincelada de magia a más de veinte años de fútbol. Aquel 29 de agosto de 2004 los gritos de “¡Mágico, Mágico!” retumbaron con más fuerza que en ninguna otra ocasión.

Su hermano Miguel es miembro activo de la Fundación Jorge Mágico González y actualmente entrena a chavales que anhelan seguir los pasos de su ídolo. Miguel nos cuenta, entre alguna anécdota, que su familia guarda con mucho cariño el vídeo de aquel partido. Su madre, Toyita, conocía personalmente a muchos de los jugadores y amigos de Mágico allí presentes, tales como Hugo Vaca, Chano o Pepe Mejía, entre otros. Gozó de un efímero momento de protagonismo al realizar el saque de honor del encuentro. “Fue mi madre la que recibió el homenaje de parte de mis amigos gaditanos y de mi afición” comentó con sorna Mágico en una ocasión. El diario salvadoreño El Gráfico, como nos cuenta su gerente Cristian Villalta, dedicó prácticamente toda su edición del 30 de agosto al citado homenaje. No era para menos. Mágico es, según Villalta, “el salvadoreño más universal”.

 

UNA ANÉCDOTA CON MUCHO NOMBRE

La etapa de Jorge ‘Mágico’ González en la Liga Española comienza tras el Mundial de 1982 y concluye a principios de la década de los noventa. Cádiz, Valladolid y un casi intrascendente paso por el Barcelona constituyen su ciclo en el fútbol europeo. Mágico dejó grabada su huella más profunda en el Carranza. El salvadoreño irrumpió de manera estrepitosa en Primera y Segunda División y puso patas arriba al Cádiz. Fintas, desbordes, movimientos imposibles, goles de muy bella factura y su famosa “culebrita macheteada” le sirvieron para ganarse en pocos meses el cariñoso apodo de “Mágico” (en El Salvador ya era conocido antes como ‘El Mago González’). En la tacita de plata todos estaban encantados con el futbolista. No obstante, también empezaban a conocer su faceta más noctámbula en lo extradeportivo. Mágico no era amigo de los entrenamientos, tampoco de madrugar para ir a la ciudad deportiva. “Puede que en algunos momentos le faltara ser más disciplinado” nos confiesa Orestes Membreño, jefe de comunicaciones de la Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT).

David Vidal era el entrenador del conjunto amarillo por aquel entonces y aseguró que todos en la plantilla, incluido él, estaban al corriente de todo. “Sabemos que es algo que no va a cambiar en él, pero le queremos con lo bueno y con lo malo” señaló el técnico. Es vox pópuli que fue esa conducta la que le impidió concretar su fichaje por el FC Barcelona en 1984. El salvadoreño participó ese mismo año en una gira por Estados Unidos con el conjunto azulgrana. Maradona se erigía como la figura del equipo en ese momento, pero desde el principio pudo apreciarse la química que compartía con Mágico González sobre el césped.Finalmente, el club catatán reculó ante unos controvertidos episodios que el ‘11’ había protagonizado en el hotel de concentración.

El salvadoreño había despertado el interés del Barça meses atrás, en unas semifinales del Trofeo Carranza -a este torneo le rodeaba mayor prestigio en los ochenta- que enfrentaba a los culés ante el anfitrión, el Cádiz. Mágico había llegado tarde al partido con 0-3 en el tanteador. El flaco hombrecillo de El Salvador saltó al campo para revolucionar el partido. Mágico se inventó dos goles y dos pases de gol para establecer el definitivo 4-3 y provocar el delirio de la afición cadista. Mágico acababa de escribir, sin saberlo, una página con letras de oro en la historia del club gaditano. Después vendrían muchas más.

¿Habría sido Mágico más feliz defendiendo la camiseta del Barça? No. La contundencia con la que nos responden Orestes, Villalta y Miguel no deja cabida alguna para las dudas. “Lo único que le habría supuesto el fichaje a Mágico habría sido mucho dinero y mucha incomprensión. Pudo ganar más dinero y hacer feliz a más gente, pero dudo que hubiese jugado mejor en el Barcelona. Nunca habría sido más feliz que en Cádiz” nos comenta el periodista de El Gráfico. En la misma línea habla el hermano del mago. Le preguntamos si su no-fichaje por el Barça es una “espina clavada” para Mágico. La respuesta es clara y concisa. “De ninguna manera, Mágico no se arrepiente de nada de su carrera deportiva” dice Miguel.

Jorge Mágico González en la actualidad (Foto: El Gráfico)

Jorge Mágico González en la actualidad.
Foto: El Gráfico.

Nunca sabremos si Mágico podría haber crecido más como futbolista de haber jugado en el Barcelona. Orestes Membreño se sincera con Highbury y reconoce que para él hubiese supuesto su ratificación como crack mundial, aunque no vacila a la hora de apuntar que “Mágico hubiese sido el mismo en cualquier lugar y no habría cambiado su personalidad”. Lo cierto es que, a nivel personal, para el protagonista de esta historia su irrelevante travesía por el club azulgrana no fue más que una anécdota. Una anécdota con mucho nombre, pero nada más.

EL GENIO QUE QUISO SER BOHEMIO

Las comparaciones son odiosas. O eso dicen. Jorge ‘Mágico’ González nunca se vio exento de ser objeto de comparación con Diego Armando Maradona. Ambos jugadores marcaban el ritmo en los años ochenta en España. Líderes indiscutibles en sus respectivos clubes, Maradona y Mágico daban síntomas de ser futbolistas, cuanto menos, similares. Ambos eran habilidosos, desbordaban a sus rivales con facilidad, destacaban por su arrancada y tenían gol.

Muchas voces en el mundo del fútbol se aventuraban a profetizar que el salvadoreño llegaría más lejos que el argentino en el universo balompédico. Cualidades deportivas y físicas nunca le faltaron, pero Mágico nunca quiso tomarse fútbol como una profesión, simplemente jugaba por diversión y porque era algo que realmente le aportaba felicidad en su vida. Tampoco estaba acostumbrado a la presión mediática de los cracks mundiales. No era muy dado a atender a los medios y trataba de eludir entrevistas, aunque nunca llegó a sentir el agobio de la prensa. Orestes y Villalta nos cuentan que, pese a ello, su relación con la prensa siempre fue respetuosa y cordial. Comentan que a menudo había anécdotas que contar de su trato con la prensa, siempre marcado por la sencillez y la humildad de su persona.

Comenzaron a hablar de Mágico con el sobrenombre de ‘el genio bohemio que quiso ser Maradona’. Villalta no está de acuerdo con esa afirmación: “Sólo lo dicen los fanáticos de Maradona. El Mágico simplemente es el genio que quiso ser bohemio. Es generoso en la cancha y es generoso fuera de ella. Lo demás viene después”. Miguel González, hermano de Mágico, nos cuenta que el mítico ‘11’ nunca se ha considerado a sí mismo como un genio, ni mucho menos.

Mágico y Maradona no han tratado de ocultar nunca la admiración mutua que se profesan. En los años ochenta ‘el pelusa’ afirmó que el salvadoreño era mejor futbolista que él, destacando su habilidad y su sapiencia futbolística. Éste, por su parte, siempre ha admirado al argentino como nos confirma Orestes Membreño, aunque considera que son totalmente diferentes dentro y fuera del campo. En todo caso, Mágico es Mágico y Maradona siempre será Maradona.

 

ESPAÑA 82, UN BÁLSAMO PARA LA GUERRA

Corría el año 1981 y aún faltaban unos meses para el Mundial de España 1982 en el que Italia levantaría su tercer trofeo hasta la fecha. El 6 de noviembre se enfrentaban en la hexagonal final las selecciones de El Salvador y México en el Estadio Nacional de Tegucigalpa con la clasificación para el Mundial en juego. Ever “Gacela” Hernández anotó el único gol del partido para La Selecta precedido de una jugada sensacional de Mágico González. “Los mexicanos lo marcaron con recelo desde el inicio del juego, pero en un descuido de la defensa Mágico se inventó una genialidad y sirvió el gol para Ever” nos cuenta el jefe de comunicación de la FESFUT. Ese gol supuso una victoria que a la postre sería clave para que los salvadoreños pudieran poner los pies en el Mundial de España. Aquella contienda está considerada como el mejor momento de Mágico en la selección nacional.

Camiseta de Mágico de El Salvador (Foto: Antonio de la Rosa)

Camiseta de Mágico de El Salvador.
Foto: Antonio de la Rosa.

La Selección de Fútbol de El Salvador jugaría en España la segunda Copa del Mundo de su historia -la primera participación fue en México 1970- en plena guerra civil entre sus fronteras. El conflicto se alargó hasta los doce años de duración (1980-1992) y mantuvo al país en vilo hasta que en enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec. El Mundial de España 1982 hizo las veces de bálsamo ante la fractura social que azotaba a El Salvador, como nos explica Villalta: “Vivimos aquel mundial con muchísima alegría. En plena guerra civil, el Mundial fue fundamental para nosotros, aunque después todo siguiese igual en el país”. El torneo no fue el esperado por los salvadoreños. En su debut cayó por 10-1 ante Hungría, un severo correctivo al que se sumaron posteriormente dos derrotas ante Bélgica y Argentina (1-0 y 2-0, respectivamente). La selecta fue eliminada con 0 puntos en su casillero, pero el balance fue realmente positivo para una selección que vivió el torneo como el colofón a la gran trayectoria de una generación de buenos futbolistas, entre los que destacaban Mágico, Paco Jovel, Guevara Mora o Humberto Recinos.

Apunta Orestes Membreño una anécdota del partido ante Bélgica: “Llegó la hora el calentamiento previo al partido y Mágico no estaba preparado. No tenía sus botas de fútbol porque se las había regalado a un aficionado antes de entrar en los vestuarios”.

Lo cierto es que Mágico nunca perdió su naturalidad ni su forma de ser. El 12 de noviembre de 2013 entró en el Salón de la Fama de la FIFA, distinción que según nos cuenta su hermano asimila como una anécdota feliz de la que se siente orgulloso, pero que nunca va a exteriorizar. Todo el que le conoce coincide sobre su humildad y su cercanía, algo que destacan por encima de la gran figura que fue como futbolista. Su momento más difícil hizo acto de presencia cuando tuvo que retirarse del fútbol profesional en el año 2000. “Había perdido la motivación, ya no tenía ganas ni de asistir a los entrenamientos” nos desvela su hermano Miguel. A día de hoy Mágico González invierte su tiempo en ser feliz, rodeado de “su gente” como le gusta decir y siempre guardará un cariño eterno a los salvadoreños y a los cadistas. En la ciudad del sur de Andalucía aún se pronuncia con asiduidad y con profunda admiración el nombre de Jorge ‘Mágico’ González como uno de sus personajes más ilustres. Los más jóvenes del lugar tienen constancia de las historias escritas por el ‘11’ en el césped del Carranza. Ahora participa de forma activa en el equipo de entrenadores de la Federación Salvadoreña de Fútbol y es asistente técnico en las categorías inferiores. De vez en cuando se reúne con Jovel, Recinos, Mora,Huezo y demás, otrora compañeros de selección en el Mundial del 82, para jugar alguna que otra pachanga.

Foto principal: Mágico González en puro estado.
Foto: El Gráfico.