La última fase de clasificación para la Eurocopa de Francia 2016 supuso la irrupción en el panorama internacional de selecciones como Islandia o Albania. Otros combinados como Irlanda del Norte han revivido tras años de ostracismo. La repesca tenía guardada una auténtica obra de resurrección, la que obró Hungría, un equipo perdido entre los espíritus de mitos como Ferenc Puskas o Sandor Kocsis, que todavía no habían podido descansar al ser mentados una y otra vez tras cada eliminación húngara.

La ampliación del cupo de selecciones para la cita gala hasta 24 benefició el reparto final de billetes. El mapa futbolístico es ahora más diverso. Algunos consideran que esta manga ancha desencadenará en una pobre primera fase. Otros saludan con encanto a los olvidados europeos, que quieren dar un paso adelante para intentar una proeza frente a los titanes. Estos ven en Holanda, eliminada en la clasificación, el reflejo a evitar.

Hungría supo jugar sus cartas en uno de los grupos más competidos, el F, donde Irlanda del Norte acabó como líder, por delante de Rumanía. Un grupo en el que el fútbol griego fue una prolongación de la cruda situación que vive la nación helena, y que permitió a Islas Feroe lograr dos victorias históricas. Un cúmulo de sentimientos contrapuestos a los que el cuadro húngaro se impuso con victorias por la mínima, trabajadas y sudadas gota a gota que le permitieron ser tercero. Salieron triunfantes de la reválida tras derrotar a Noruega y alcanzaron una fase final de la Eurocopa por primera vez en más de cuatro décadas.

PANTALONES CUADRADOS

El valor de esta clasificación lo conoce bien el tipo que habita la portería húngara, un poco estilizado operario del balón que no luce canas, porque estas han huido de su testa, bastante amueblada a sus casi 40 años. Él es Gabor Kiraly, un antihéroe del fútbol moderno conocido por sus anchos y simbólicos pantalones, alejados de las mallas ajustadas que lleva algún guardameta, más propias de un monitor de fitness. “Soy un trabajador, no un modelo”, repite hasta la saciedad en cada entrevista que intenta convertirle en una excepción.

“El resultado final es más importante que tu look”

Los diferentes son el resto: “He jugado en tierra batida o hierba que se ha congelado en invierno; y eso hace que las piernas te duelan cuando te lanzas. Siempre elijo los pantalones de una talla más grande para facilitar los movimientos. El resultado final es más importante que tu look”. Gabor bien podría estar en un partido de tu barrio, complementando sus pantalones de la suerte con una sudadera con capucha que recuerda las fiestas patronales del 1997.

Gabor Kiraly

Gabor Kiraly ha sido ajeno a cualquier discusión estética | foto: AFP.

Kiraly no es de los que corría a tocar el larguero para evitar quedarse. Él pasaba a la acción directamente fijándose entre los tres palos. Asumía la responsabilidad que otros no quería y entendía a la perfección que en el fútbol es tan importante no encajar como marcar, por evidente y resultadista que parezca. Con esa simple premisa se aupó a la titularidad del combinado húngaro cuando muchos le cuestionaban por su edad y por su desastrosa pasada temporada en el Fulham, con el que llegó a encajar diez goles en dos partidos. Su nivel de forma estuvo bajo mínimos. La pelota se le escapaba por todos los lados. Sus actuaciones eran las de un meta al que se le había agotado el combustible hace tiempo, que correteaba sin sentido detrás de un balón al que le había perdido la pista.

UN ÚLTIMO SERVICIO

El seleccionador Bernd Storck, que ha devuelto a Hungría a una Eurocopa 44 años después, no perdió la fe en el jugador que más veces ha vestido la camiseta de los magiares mágicos junto a Jozsef Bozsik, ambos con 101 internacionalidades. Kiraly se ganó la titularidad frente a dos porteros jóvenes como Adam Bogdan (28 años, Liverpool) y Balazs Megyeri (25 años, Getafe) tras recuperar el orgullo perdido en la temporada de su vuelta a casa.

“Aprendí varios idiomas, me empapé de la cultura de países de Alemania o Inglaterra, pero sabía que mi destino era volver a mis orígenes. Por eso regresé a Hungría. Mis hijos tienen ADN húngaro a pesar de haberse criado fuera. Querían vivir en el país de su padre”, recordó en su regreso al Szombathely, su ciudad y club natal, donde debutó con apenas 17 años de modo profesional y a donde ha vuelto a sentirse futbolista tras los últimos zarandeos de la Premier. Atrás deja una carrera en la que ha pasado por equipos como el Crystal Palace, Aston Villa, Bayer Leverkusen, 1860 Munich o el Hertha de Berlin. Fue elegido por la afición berlinesa como el mejor portero de su historia.

En el Szombathely nació la tradición de los pantalones, detrás de los cuáles se esconde una superstición que va más allá de la comodidad. Hace ya más de quince temporadas, sufrió un lío con la lavadora que le impidió llevar su habitual indumentaria. Se enfundó entonces sus habituales pantalones grises, que le llevaron a acumular una racha de nueve partidos sin perder. El romance fue sellado entre ambas partes para la eternidad.

Puede convertirse en el jugador más veterano en disputar una Eurocopa

Kiraly hará en Francia, si la convocatoria final no dice lo contrario, su último servicio a la causa húngara con su uniforme de gala. Con el que ha trabajado a contracorriente en los momentos más difíciles de una trayectoria en la que llegó a ocupar roles de tercer portero en algún equipo, que no le impedían vestirse cada domingo con el traje de faena para meterse en el banquillo a presenciar los partidos. Kiraly se ha negado durante toda su carrera a ser un convidado de piedra y ver los encuentros desde la grada. “Sufrí mucho psicológicamente en algún equipo. Mi cabeza no respondía ante los errores. Eso me llevó a padecer más lesiones de las necesarias”, recuerda un jugador humano, algo que debería sonar redundante, pero que resulta una excepción en un deporte que ha creado robots hijos del marketing.

Gabor Kiraly

Kiraly, un portero que no ahorra en lavadoras | Foto: Hertha.

Alguien como él merecía ser decisivo en la eliminatoria de repesca frente a Noruega. Sus intervenciones le permitirán convertirse en el primer jugador de 40 años en participar en una Euro, superando el récord de un mito como Lothar Matthaus, que disputó el Alemania-Portugal de la Euro del 2000 con 39 años y 91 días. Detrás del germano aparecen los nombres del danés Morten Olsen, el inglés Peter Shilton y el austriaco Ivica Vastic, que jugaron el campeonato con 38 años. Atrás los dejará “un portero, no un modelo”, capaz de ganarse una segunda oportunidad en un deporte que rara vez las concede.