Tras un sueño’, reza su estado de WhatsApp. No le falta razón. Fran Castaño deja su móvil cargando en la mesilla de noche y apaga la luz de la habitación. Aunque su cuerpo lo pide, su mente se niega a desconectar ni un solo minuto a pesar de que ha sido un demoledor día de trabajo, uno más, en Níger.

No hace demasiado tiempo que una llamada de teléfono cambió la vida de Fran. Por aquel entonces, Ghana era su hogar. Por poco tiempo: “Trabajaba en una academia de fútbol de allí. Fuimos a jugar un torneo a Níger y quedamos campeones. La Federación ya había venido a ver mis entrenamientos y poco a poco fuimos hablando. Gracias al entrenador de la absoluta, que habló bien de mí, decidieron ofrecerme la posibilidad de convertirme en el entrenador de la selección sub17”, cuenta para Highbury. Sin embargo, Fran no viajó solo: “En un principio me permitieron llevar a mi segundo entrenador y a mi entrenador de porteros. El resto del cuerpo técnico pude elegirlos, pero dentro de un grupo de nigerinos que me asignó la Federación. Actualmente me han dejado traerme a un preparador físico de mi confianza. Creo que es muy importante tener a tu lado gente en la que confías que sea lo más profesional posible”.

Fran no puede evitar echar la vista atrás y recordar con cierta nostalgia sus primeros pasos en el mundo del fútbol, la mayor de sus pasiones: “Empecé a entrenar con 16 años aunque con 10 ya organizaba torneos en mi barrio. Hacía varios equipos y gozaba viendo fútbol. Me encantaba ver los mundiales y apuntar en un cuaderno los jugadores que más me gustaban y hacer alineaciones. Me gustaba jugar, pero cuando cogí mi primer equipo descubrí que me gustaba más la faceta de técnico que la de jugador. Poco a poco he ido avanzando hasta llegar aquí y lo considero un paso y una experiencia más dentro de mis inicios, ya que aún me queda mucho, mucho que avanzar y que mejorar”.

 

LA IMPORTANCIA DE SABER ADAPTARSE

Entre el pueblo y Níger, el coche de Fran se detuvo en Jaén y en Leganés. Allí trabajó en la parcela de scouting, una parcela en la que creció y con la que hoy valora las diferencias con el trabajo que actualmente desempeña: “Ahora soy el responsable de tomar la última decisión. Todos opinamos y trabajamos como equipo, pero la última decisión, con toda la información y los consejos sobre la mesa, es del entrenador. Antes solo tenía que hacer bien mi tarea y colaborar con el equipo. Ahora debo intentar llevar el volante para que todos vayamos en la misma dirección en busca de los objetivos. Hay más responsabilidad y más presión, hay que motivar más y hay otra manera de afrontar los problemas”.

El problema de Níger es que los jóvenes no ven el fútbol como una solución de futuro porque no tienen referentes.

Otra de las grandes diferencias a las que Fran ha tenido que adaptarse es el tremendo cambio que supone trabajar para un club y para una selección nacional: “Es muy diferente. En un club puedes, aunque no siempre, adaptar a los jugadores que quieres a tu idea de juego porque tienes muchas más posibilidades para elegir y mucho más tiempo para trabajar. En una selección el trabajo es más de seguimiento de jugadores en otros equipos y prepararte para un momento corto e intenso como puede ser una Copa de África. Siempre me ha gustado trabajar en una selección porque los jugadores se sienten más identificados con la camiseta que llevan”.

 

UN TERRITORIO FUTBOLÍSTICAMENTE VIRGEN

Uno piensa en fútbol africano y la cantidad de jugadores de renombre que se le vienen a la cabeza es inmensa. Drogba, Eto’o, Yaya Touré, Kanouté y un sinfín de futbolistas que triunfaron en Europa tras regatear todas y cada una de las trabas que les puso la vida. Sin embargo, ni haciendo el mayor de los esfuerzos aparece un nombre, uno solo, que haya surgido de Níger. Fran lo explica para Highbury: “Es un país que realmente tiene buenos jugadores pero que no está muy explotado. Aquí no hay ligas para jóvenes, no hay casi academias de fútbol y los chicos aprenden a jugar en la calle. A veces, ni eso. El problema es que aquí no se ve el fútbol como una salida de futuro porque no hay unas referencias para seguir. En Ghana es la salida número uno, la solución a sus problemas de pobreza porque han visto como muchos de sus amigos, que eran como ellos, se fueron a Europa y regresaron con coches de lujo. Tienen a Essien, a Gyan o a Muntari como referencias. Y eso en Níger no pasa”.

No obstante, Fran es optimista en lo que al futuro del fútbol nigerino se refiere: “A pesar de que nadie ha invertido en el fútbol de Níger, nosotros ya hemos cerrado varios acuerdos con clubes y en breve muchos jóvenes de 18 años saldrán del país. Lo harán tutelados y ayudados por la Federación de Fútbol de Níger y su destino será un club europeo donde aprender y mejorar. Estoy seguro de que el fútbol nigerino va a mejorar. No me cabe duda de que aquí hay talento”.

Hemos cerrado acuerdos con varios clubes europeos para que jóvenes futbolistas de 18 años aprendan en el extranjero.

A pesar de la falta de medios con los que ha vivido el fútbol nigerino, Fran tiene claro cuáles son los objetivos a cumplir: “Es posible que me haga cargo de la selección sub20 también. La idea es ir poco a poco, tener una evolución para llevar a los chicos a la selección nacional. Con los más jóvenes la idea es tratar de que se habitúen a la forma de trabajo europea, a su metodología y a su profesionalidad. Queremos pulir el talento que tienen, que entiendan el fútbol y que sepan elegir las mejores soluciones dentro del terreno de juego. También es muy importante que aprendan a manejar la presión de jugar partidos internacionales porque muchos todavía no los han jugado. Es bueno que aprendan a competir para que todo les sea más sencillo”.

Una de las situaciones de Níger que más chocó a Fran fue la falta de pasión con la que el nigerino medio vive el fútbol: “Es lo que más me ha sorpendido. Me explico. Vengo de España, un país donde la gente goza con el fútbol y he vivido en Ghana, donde el fútbol es una fiesta y una locura desmedida. Aquí se vive de forma muy apasionada por los que acuden al estadio, pero no existe ese seguimiento masivo que hay en otros países africanos. Níger no es un país de fútbol, ni siquiera de deportes”, reconoce.

 

UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Esta es la mejor experiencia de mi vida. Jamás me arrepentiré de esto porque me ha hecho crecer como entrenador, por supuesto, y, sobre todo, como persona. He aprendido a conocer una cultura y una gente diferente, a ser más tolerante, más abierto y a descubrir que mi nivel de paciencia era más elevado del que pensaba. Han cambiado muchas cosas de mi forma de pensar y de ver la vida. He crecido mucho porque yo era una persona con algunos miedos y esta experiencia ha sido un extra muy grande que, junto al fútbol, me ha hecho ser mejor en todo”, nos cuenta orgulloso Fran. Uno de los mayores méritos de la aventura que está viviendo Fran es el de haberse adaptado tan rápido a un país del que apenas tenía conocimientos: “Conozco mucho África porque siempre me ha llamado la atención, pero de Níger sabía poco. Es un país desconocido para mucha gente, un país muy pobre que conocí cuando vine a un torneo con mi equipo de Ghana. Estuve 20 días que me ayudaron a decidirme y hoy en día tengo que decir que solo conozco Niamey, la capital, porque es un país peligroso”.

Tal es la fuerza y el aprendizaje que le supone a Fran trabajar lejos de casa que no es que no se haya planteado volver, si no que a día de hoy lo rechaza: “Sinceramente, no me gustaría volver a España porque ahora mismo estoy creciendo mucho más fuera. El mundo es muy grande para querer vivir siempre en el mismo sitio. En España el fútbol no es profesional a nivel económico a no ser que trabajes en equipos punteros o divisiones altas. Tengo la suerte de poder viajar, de vivir del fútbol, de conocer gente y otras culturas diferentes y de mejorar futbolísticamente. No tengo prisa por volver, quiero dar vueltas por África u otros lugares aunque no pienso mucho en eso. Vivo del día a día, de seguir mi camino y de disfrutar de él”, concluye con la sonrisa de quien se sabe protagonista de su propio sueño.