Levantarse temprano, aunque no apetezca y sin tener que trabajar. Preparar desayunos y mochilas. Campos perdidos, conversaciones a pie de césped o pista. Un entrenador que se desgañita en la banda y unos aprendices de futbolista que no entienden nada de lo que éste les aconseja. Carreras, patadas al aire, choques, patadas al balón y goles. Ducha, bocata y a casa. Es la rutina de los sábados por la mañana.

Los niños, aunque pierdan, lo pasan bien. Por suerte, algunos adultos también. Que sí, que jode que la pelota no haya entrado, o que la estrellita del equipo no tenga la cabeza en su sitio, pero el fútbol es algo más que ganar o perder. De ahí que haya gente de equipos como el Betis, el Levante o el Sabadell. Gente como Mon, que es del Racing.

Mon se llama Ramón. Al igual que su padre, su abuelo, su bisabuelo y otras cinco generaciones anteriores. El Racing de Santander se fundó en 1913, y dos años más tarde nacería el abuelo de Mon. El nombre -en caso de nacer varón- y el equipo de fútbol ya viene dado en esta familia cántabra.

Cualquier recuerdo del Racing es familiar, y muchos recuerdos familiares evocan a un balón rodando. El antiguo estadio del Sardinero es el hogar de algunas de estas memorias. Mon empezó a engancharse al fútbol allí. “Iba con mi padre y mi abuelo”, recuerda, “olía a puros y a meados, porque debajo de las gradas estaban los baños”. Un recinto de otro tiempo. Las columnas de preferente no dejaban ver todo lo que sucedía en el césped y los “ucos” -críos- tenían su propia zona “a pie de prau”, el mismo que pisaban los futbolistas, donde no dejaban de patear latas.

Mon cuenta que era complicado ver mujeres por aquel entonces en el viejo Sardinero. En el nuevo ya no. Ha pasado el tiempo. Tanto que no es solo la propia mujer de nuestro protagonista quien visita los Campos de Sport, su hija de dos años fue al Ra por primera vez hace pocas semanas. “Lo pasó pipa”, reconoce Mon, “ahora cuando ve el escudo dice ‘Racing, Racing‘”.

 

LA HISTORIA SE REPITE

Es la historia de los Preciado, Ceballos, Sañudo, Zygmantóvich y Beschástnyj. La historia del Racing de Mon, el que se asentó en Primera y cayó fulminado hasta Segunda B. Corrían los últimos años de los ochenta y primeros de los noventa. Como hoy, los de Santander necesitaban ascender para no correr peligro de desaparecer. Mon estuvo allí: “A Getafe -en el ascenso a Segunda- fuimos pocos”. Una única temporada en la categoría de bronce, Felines aupó a los verdiblancos a la división de Plata. Allí, Paquito tomó las riendas y logró un nuevo ascenso. Luego llegaría Irureta para asentar al Racing en Primera. “Teníamos un equipazo”, recuerda Mon, “fue muy emocionante, veníamos de abajo y nos costó muchísimo. Lo recuerdo con mucho cariño”. Mon estaba cerca de los veinte años en aquel momento.

El pequeño Ramón en el Sardinero. | Foto: Mon.

El pequeño Ramón en el Sardinero. | Foto: Mon.

Posteriormente llegaría una clasificación para la Copa de la UEFA donde el Racing plantó cara a Schalke 04, Manchester City, Paris Saint-Germain y al Twente. Ramón se quedó con una sensación agridulce: “El objetivo era la permanencia y Muñíz -entrenador tras la salida de Marcelino- alineó a suplentes”. “Fue fantástico ganar al Manchester City y empatar con el PSG, pero quedó una sensació rara”. Mon entiende que la clasificación a la copa de la UEFA se logró tirando la Copa por la borda. “Yo soy muy copero. Prefiero jugar una final de Copa aunque haya que descender”.

Queda lejos ya el recuerdo del partido en el Parque de los Príncipes de París. La realidad es muy distinta, pero la historia se repite. El Racing pisó Segunda B y ahora está en la categoría de plata, con el agua al cuello y luchando por la supervivencia. Mon vivió ya todo aquello mientras comenzaba a despedirse de su adolescencia. Es ahora su hijo, Ramón, el que podría vivir un nuevo ascenso. “Si el Racing logra sobrevivir, vendrán varios años en Segunda. Ojalá pueda vivir un ascenso siendo más consciente, ahora es aún pequeño”, se sincera Mon. Para que el uco pueda llevarse alegrías -y disgustos-, primero tendrá que resolverse el entuerto en el que está envuelto el trono del club verdiblanco.

 

JUEGO DE TRONOS

Hay quien dice que no habría que asociar fútbol y política. Que habría que intentar mantener ambos términos bien lejos el uno del otro. Hay quien todavía cree que no existe relación alguna. Sin embargo, el palco del Sardinero es un claro ejemplo de que esta lucha de poderes tiene más tintes políticos de lo que parece en un primer momento. Desde que el club verdiblanco se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva, “el Racing ha sido un arma política en Cantabria. Cuando al empresario de turno no le otorgaban las obras, vendía el club al primero que pasaba”.

Los poco más de seis millones de euros que el equipo de Santander debe a Hacienda son una bomba en plena cuenta atrás. O alguien acierta a la hora de cortar cables o la historia del club cántabro saltará por los aires.

Rey en el norte. | Foto: El Diario Montañés.

Suele ocurrir que hasta en las mejores familias salten chispas y haya divisiones en situaciones de crisis. En la racinguista también. “Hubo gente que quiso refundar el club, trasladar los sentimientos a otro equipo de la zona. Otros prefirieron quedarse con el Racing,” explica Mon. Se peleó -y se pelea todavía-, se organizaron múltiples actos de protesta, se asaltó el palco. También los futbolistas tomaron parte y se plantaron frente a la Real Sociedad en uno de los gestos más dignos del balompié en los últimos años.

 

CUANDO RUEDA LA PELOTA

Fue entonces cuando el balón volvió a recuperar el brillo que había perdido envuelto entre maletines y despachos. Cuando rueda la pelota, uno se siente bien. Si además le da por entrar, la alegría es colosal. Mon se lo pasó bien: “Eramos pocos, pero el ambientazo que había el año pasado en el Sardinero fue la leche. Disfruté mucho de partidos con equipos como el Oviedo, el Langreo o el Caudal de Mieres. Las aficiones de Segunda B merecen mucho respeto”.

La pregunta se torna inevitable:

– ¿Echas de menos el fútbol de Primera?

– Para serte sincero, no. A ver, me gustaría que se ascendiera y que hubiera más calidad, pero estoy enamorado de este equipo. Es otro fútbol, distinto. El partido del otro día en Miranda de Ebro… ¡me río yo de jugar en el Bernabéu! Son unos chavales cojonudos, lo dan todo.

Mon en este sentido se contenta con poco. Con ver a su Racing le basta, aunque aparezcan nubarrones por el Cantábrico. “Si al final el Racing desaparece, para mí se habrá acabado el fútbol”. La tercera fase de la ampliación de capital, en la que se están vendiendo acciones a cinco euros, termina el próximo 14 de febrero. Hay incertidumbre pero Mon lo tiene claro: hay que estar con el Ra. Porque es una herencia. La que recogió de su padre y la que ha traspasado a su hijo. Porque es el Racing de Mon, y el de Fran, y el de Laura. Es el Racing de Santander.