A media mañana empiezan a llegar los primeros coches al polideportivo de Massanassa. Es domingo y mientras muchos jóvenes a penas llevan unas horas durmiendo tras la noche del sábado, éstos se calzan las botas y el pantalón corto. Al mismo tiempo, el míster reparte las primeras indicaciones. Esto es el fútbol para ellos. Entrenar después de currar y levantarse temprano en su día de descanso para dar unas patadas al balón. Quieren estar dentro, quieren formar parte. El escudo que llevan en sus camisetas no es uno cualquiera, es el del Club Deportivo Cuenca, el tercer club más longevo de la ciudad de Valencia. Su club. Ellos son los dueños.

El fantasma de la desaparición, todavía al acecho, a punto estuvo de lograr su propósito en la temporada 2006/2007. Hasta esta fecha y debido a una ley, las empresas de juegos, tales como bingos o casinos, se veían obligadas a donar parte de sus beneficios a obras sociales, deportivas o culturales. Ley que benefició al CD Cuenca, pues una de estas empresas, establecida en la propia calle Cuenca, capitalizó los principales ingresos del club. Hasta la derogación de esta ordenanza. Tras la abolición de la misma, la directiva, incapaz de gestionar el club sin esta aportación económica, comenzó a acumular una deuda a la que posteriormente no hizo frente.

Sin gerencia alguna, la solución era terminal. Sin embargo, un grupo de jugadores del propio club tomaron cartas en el asunto y asumieron la deuda. Daniel Benlloch, Enrique Olmos y Antonio Calvo, junto a antiguos miembros de la directiva como Laureano Nebot, consiguieron que el club valenciano saliera adelante poniendo dinero de su propio bolsillo con ayuda de la plantilla. “Hicimos un plan para que el club se autofinanciara y nos comprometimos con la Federación a terminar con la deuda poco a poco”, según afirma el propio Benlloch, que entró a formar parte de la directiva como presidente del club.

El CD Cuenca es el tercer club más longevo de la ciudad tras Levante UD y Valencia CF

Cerca de diez años después, y con el club cumpliendo su 90º aniversario, el plan sigue vigente. Los futbolistas del club verdiblanco no solo defienden el escudo cada domingo sobre el césped, sino que deben encargarse de cuadrar el presupuesto. Pagan fichas, cuotas, organizan fiestas, rifas y sorteos. La idea de encontrar un patrocinador es prácticamente inviable, o así lo ve al menos David Laguía, portero y secretario del club: “En estos momentos de crisis nadie pone un duro a fondo perdido”.

Austeridad, la palabra de moda en la política europea, también suena con fuerza con el vestuario del Cuenca. Toca aprovechar al máximo y alargar la vida del material deportivo. Uniformes incluidos.

 

NÓMADAS

La calle que les vio nacer y les dio nombre, fue también su primer hogar. En Abastos, aquel campo de fútbol en el que se juntaban unos chavales que vestían de verde y blanco pasó a ser un mercado y posteriormente un instituto de secundaria. Al barrio le ha ido bien, pero a su equipo no. El club tuvo que salir del barrio y hacerse un hueco en el cauce del río Turia, en las Vías, en Serranos, en San Isidro… una vez la ciudad les dio la espalda, tuvieron que buscarse la vida en pueblos del área metropolitana, como Mislata, Paterna o Massanassa. Es precisamente en la localidad de l’Horta Sud donde el equipo valenciano ha logrado cierta estabilidad. El Cuenca firmó un acuerdo de filialidad con el equipo local, de Regional Preferente, organizándose para compartir instalaciones.

En su periplo en busca de un hogar, los futbolistas verdiblancos han tenido que acoplarse a horarios -llegando a entrenar a partir de las diez de la noche- y a espacios en los que ni siquiera contaban con duchas ni almacén. “Todo el material teníamos que transportarlo y almacenarlo en nuestros propios coches” recuerda Laguía. La proliferación de ligas de Fútbol 7 organizadas por empresas de gestión deportiva han dificultado que el Cuenca encontrase un hogar. A los ayuntamientos o clubes propietarios de un campo les reporta mayores beneficios económicos albergar campeonatos de estas características.

Un defensa del Cuenca se lamenta tras encajar un gol. | Foto: Verónica Bolumar.

Un defensa del Cuenca se lamenta tras encajar un gol. | Foto: Verónica Bolumar.

 

DE CUENCA A MESTALLA

Este acuerdo de filialidad no le resulta nuevo al equipo fundado en 1925. En 1944 el Valencia CF tomó al equipo verdiblanco como filial, naciendo de esta forma el Mestalla. En un principio el nombre original iba a seguir vigente, pero parte de la directiva del Valencia entendía que era una nomenclatura difícil de asociar a la ciudad. Finalmente, decidieron tomar el nombre de la acequia que pasaba junto a su estadio para dar nombre a su filial.

Uno de los jugadores que dio el paso y acompañó al Cuenca tras su conversión en el Mestalla fue Vicente Seguí, a quien se le atribuye una vida muy activa en su juventud. Combinó fantásticas actuaciones en el carril izquierdo del conjunto ché con tardes en la que se escabullía de las concentraciones para disputar partidos junto a sus amigos del Cuenca. Aun así, Seguí logró dos Copas y un título de Liga en sus más de trece años en la sociedad blanquinegra, convirtiéndose en amo y señor de su banda. También llegó a ser convocado por la selección española, cayéndose de la lista para el Mundial de 1950 de Brasil en el último momento. El extremo izquierdo se ganó fama de rebelde y de fumador empedernido.

“Que siga existiendo por respeto a toda la gente que ha trabajado aquí. Por la historia del Cuenca”, David Laguía

Otro de los nombres propios de la historia del Cuenca que está ligado a la del Valencia CF es Pedro Cortés. Quien fuera presidente del Valencia de comienzos de siglo, fue jugador, entrenador y directivo de la entidad verdiblanca.

 

COMUNIÓN E IDENTIDAD

En el vestuario del Cuenca se respira el mismo ambiente de camaradería del que hizo gala en su día Vicente Seguí. “El ambiente es acogedor y si no fuese por eso este equipo habría desaparecido”, confiesa David Laguía. Varios son los casos de futbolistas que han podido abandonar la nave por un puesto en algún equipo con mayores aspiraciones, siempre dentro del fútbol de aficionados. Sin embargo, estos mismos jugadores lejos de abandonar la nave, han afianzado sus vínculos con el club. David, portero de 29 años, también lo ve así: “Yo ya no pienso jugar en ningún otro equipo más. Y como yo, son varios los compañeros que si no es en el Cuenca, no jugarán en ningún otro sitio”.

 

ETAPA DE TRANSICIÓN

Solo la edad y los compromisos laborales y personales han conseguido que varios de los futbolistas clave de las últimas campañas cedieran su puesto. Algo que ha repercutido en el nivel deportivo.

Pese a las circunstancias, la pasión por jugar, aunque fuese en el último escalafón del balompié valenciano, siempre ha estado presente: 4-3-3, juego ofensivo, solidario, veloz y alegre. El ascenso se esfumó en varias ocasiones las últimas temporadas. Los buenos resultados dejaron por el camino la consecución del récord de partidos seguidos sin perder en casa del fútbol regional valenciano. El conjunto verdiblanco logró encadenar 35 partidos sin conocer la derrota: desde el 24 de octubre de 2010 hasta el 23 de diciembre de 2012. Más de dos años sin hincar la rodilla ante nadie en campo “propio”. 34 encuentros en los que anotaron 134 goles a favor, y se impusieron a sus rivales hasta en 28 ocasiones. Sólo seis empates y 29 goles en contra. El Meliana devolvió a la tierra al Cuenca en la previa de nochebuena de 2012, infringiéndoles un duro 0-3.

Pese a verse más abajo en la clasificación debido a los cambios en la plantilla, la actitud sigue siendo la misma. “Ahora cada victoria sabe mejor, la celebramos más”, sentencia un David que no quiere dar su brazo a torcer: “No me he metido aquí para que esto desaparezca dentro de cinco años”, confiesa. “Cuando yo lo deje quiero coger el periódico y ver que el CD Cuenca sigue existiendo. Me da igual que sea en segunda o primera regional, o preferente. Pero que siga existiendo por respeto a toda la gente que ha trabajado aquí. Por la historia del Cuenca”.

La barrera del Cuenca trata de taponar el disparo. | Foto: Verónica Bolumar.

La barrera del Cuenca trata de taponar el disparo. | Foto: Verónica Bolumar.

El futuro es impredecible. Parece difícil que el camino se enderezca y resulte más fácil de andar, aunque después de noventa años, el tercer club más longevo de la ciudad de Valencia tiene cuerda para rato. Por lo pronto, hay una buena noticia: el domingo se juega.