Empieza el otoño, y con él, los niños ya están de vuelta al colegio. Los hay que lo hacen con pocas ganas, reacios a dar por terminado el mejor verano de sus aún cortas vidas. Otros, sin embargo, lo hacen ansiosos de volver a ver a sus amigos. En China, sin embargo, el regreso a las escuelas será este año más especial que nunca ya que, gracias a una ley impulsada por el gobierno, desde septiembre de este año, cerca de 6.000 escuelas de fútbol base incorporarán una asignatura optativa en sus planes de estudio: el fútbol.

 

UN PROYECTO DE BASE

Era una cuestión de tiempo. Resultaba incomprensible que el gigante asiático, una de las principales potencias en el medallero olímpico, con el desorbitado volumen de población que contiene, diera la espalda al fútbol. O al menos eso parecía, pues más allá de su consumo televisivo, durante muchos años ha sido un deporte olvidado al que no se ha prestado especial atención. Todo esto, sin embargo, ha cambiado. Su presidente, Xi Jinping, fanático de este deporte, declarado fan de Beckham y que ostenta una fotografía en su despacho en la que aparece dando toques a un balón, quiere cambiar esa dinámica.

No es modesto su sueño, que se estructura a través de tres grandes pasos, tan ambiciosos como difíciles: participar en una Copa del Mundo, organizar otra y, finalmente, coronarse algún día como campeones mundiales. Tres retos de distinta magnitud que, por ahora, parecen complejos, pero para nada imposibles si se tiene en cuenta el enorme potencial que posee este país, capaz de imitar y reproducir todo lo que ve.

Para ello, sin embargo, el camino es aún muy largo. “Aún es temprano para afirmar que pueda ser un gigante. En la zona de Asia oriental, Japón y Corea fueron los primeros en importar el fútbol, y aún no podemos calificarlos como tal”, apunta Aitor Fernández, entrenador nacional y hasta hace pocas semanas técnico en la academia Lama Football Academy, con sede en Nanjing, y que agrupa cerca de una veintena de españoles. ¿Su reto? Exportar la metodología del fútbol occidental -especialmente el que se practica en España- a China. El país hará pruebas este año introduciendo este deporte en las escuelas, aunque no será hasta el 2017 cuando se implemente de forma más generalizada. El objetivo, crear cerca de 20.000 escuelas de fútbol (además de las academias ya existentes) para formar a más de 100.000 jugadores profesionales en los próximos años.

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Niños chinos entrenan en uno de los campus de fútbol organizados en España por Nama Sports / Foto: Nama Sports

UNA CONCEPCIÓN DEMASIADO BÁSICA

Con más de 1.300 millones de habitantes, sorprendre poderosamente el escaso, por no decir nulo, número de jugadores chinos presentes en la élite del fútbol mundial. “Ahora están empezando a empaparse de los conocimientos básicos más populares de occidente en relación al fútbol, pero los conocimientos sobre el juego y su comprensión son aún muy bajos”, añade Fernández, quien deja claro que China aún tiene mucho por hacer si quiere situarse a un nivel parecido al de las principales fuerzas en materia futbolística. “Los chinos tienen una visión superficial del fútbol, lo conocen gracias al merchandising”, resume.

No destacan en el fútbol, pero sí en otros deportes, un fenómeno que les lleva cada cuatro años a estar en el podio de medallas olímpicas, o cerca de él. “China ha destacado históricamente en deportes lineales o individuales, como el tenis mesa o el bádminton, nunca en colectivos como variabilidad situacional”, aporta Fernández, que señala una de las principales carencias de los deportistas chinos, la falta de imaginación: “Son especialistas en reproducir y perfeccionar, pero en deportes donde la interpretación y la creatividad es fundamental tienen muchas dificultades”, añade.

“El papel de China va a cambiar muy rápidamente en los próximos años, están cambiando las estructuras del fútbol base y profesional”,

“Su papel va a cambiar muy rápidamente en los próximos años”, señala Nacho Guerrero, cofundador y director de Nama Sports, otra academia que trabaja en el país asiático y que colabora con la Escuela del FC Barcelona. “Están decididos a apostar fuerte por el fútbol, y por ello están cambiando tanto las estructuras del fútbol base como del profesional”, prosigue. Guerrero también hace hincapié en que debe haber “un cambio generacional” para saber los jóvenes que ahora reciben los nuevos cambios, dan sus frutos o no en el futuro.

La Super Liga China es aún una competición poco atractiva para los seguidores del fútbol, y que si ha conseguido despertar la atención de algún futbolista como Anelka, Drogba, Robinho o de técnicos como Lippi, es por sus cada vez mayores inversiones. Poco antes de su llegada, ya habían hecho esfuerzos económicos por jugadores de menos cartel como el semidesconocido Darío Conca, brasileño que con 31 años dejó el Fluminense para pasar a cobrar alrededor de 8 millones de euros en el Shanghai East. “Si hablamos de empresarios con dinero que quieran invertir en el fútbol, hay más en China que en Europa”, aporta Fernández, que ve “insuficientes” las horas que dedican los niños a este deporte debido a que tienen “muy poco tiempo libre, muchos deberes y diversidad de actividades extraescolares para ocupar las horas sin escuela”.

No es extraño, pues, que ni haya habido hasta ahora una firme apuesta por este deporte, ni que los jugadores occidentales tengan poca y fugaz presencia. Y es que los pasos de éstos últimos por el fútbol chino, terminan a los pocos meses al no terminar de cuajar en una sociedad y una liga tan cerradas a las ideas foráneas. “Ahora han comprendido que si no mejoras e inviertes en la base, nunca obtendrán talento”, reprende Guerrero, que defiende que los niños “son el futuro en China y en cualquier competición del mundo”.

 

EXPORTAR CONOCIMIENTO

Ahí entran en juego un amplio número de técnicos y formadores españoles, que en los últimos años están empezando a emigrar hacia China para enseñar a jugadores y técnicos locales. “Estos entrenadores se valoran mucho ahí, tienen un nivel de formación y experiencia notable, y un saber hacer que les impacta mucho”, continúa Guerrero, coordinador de una academia en la que sus técnicos tienen la misión de “formar a entrenadores locales y que, sobre todo, esto llegue a los niños. Hay que conseguir que se diviertan y aprendan a ser mejores futbolistas y personas”.

“Para llegar al nivel de Europa o de Sudamérica aún tendrán que pasar décadas, pues ahí el fútbol ha sido el principal juego de calle para los niños”

Contribuir al crecimiento del fútbol nacional chino es la misión principal por la que técnicos como Aitor Fernández llegaron al país asiático, un territorio en el que tratan de impulsar modificaciones desde abajo. “”Hasta los 15 años no hay competición. Las academias son las encargadas de la formación del jugador, pero sin competición ni partidos los fines de semana, desaparece el concepto de equipo”, subraya Fernández, quien se muestra prudente acerca de la posibilidad de que China se acerque en los próximos años a las grandes potencias: “Para llegar a los niveles de Europa o Sudamérica aún tendrán que pasar décadas, pues ahí el fútbol ha sido el principal juego de calle para los niños en el pasado siglo”. De los niños, pues, dependerá que el presidente chino pueda convertir en realidad sus sueños futbolísticos.