Pensar en AC Milan es pensar en lujo, elegancia, esplendor y ostentación de gloria y grandes leyendas. No siempre, sin embargo, la entidad rossonera exhibió tan reconocido prestigio ni palmarés. Durante mucho tiempo, el club milanés permaneció a la sombra de otros equipos como Pro Vercelli, Juventus o Torino, tres de los principales dominadores de la liga italiana en sus primeras décadas de existencia. A mediados de siglo, la historia del Milan dio un giro radical que le situó en la rampa de lanzamiento para convertirse en una de las entidades con más glamour y éxitos de los anales del fútbol europeo y mundial. Esta es la historia de un bombero sueco que decidió avivar la llama de un modesto Milan al que elevó a los altares.

 

DE CERVECERO A BOMBERO

Hörnefors, un remoto pueblo costeño de 2.500 habitantes situado en el noreste de Suecia, no tendría trascendencia alguna en la cronología del balompié mundial si no fuera porque fue la cuna, en 1921, de una de las más brillantes estrellas que deambularon por el AC Milan. Criado en una familia humilde con sus padres y sus nueve hermanos, Gunnar Nordahl empezó a jugar al fútbol en el colegio a los ocho años, porque su padre no podía permitirse el lujo de comprar un balón a sus hijos. Cinco de ellos, por cierto, fueron futbolistas. El poderío físico de aquel chico le hizo destacar entre sus compañeros, los primeros testigos de los andares iniciales de Gunnar en este deporte que tan buen destino le depararía.

En las primeras décadas del siglo XX, el fútbol sueco era algo amateur por lo que los futbolistas debían compaginar con otras ocupaciones. Su primer trabajo fue en una cervecería, tarea que compaginaba con los primeros partidos en el club de su ciudad, el Hörnefors. Sus registros, 68 goles en 41 encuentros, demostraban que aquel equipo se le quedaba pequeño, por lo que dio el salto a la primera división sueca de la mano del Degerfors. El nuevo reto no le asustó ni frenó en absoluto su progresión. Era un delantero alto y fornido con unas capacidades físicas y técnicas envidiables, y un especialista en las voleas, registro con el que deslumbraría años más tarde al público de San Siro.

Sus actuaciones llamaron la atención de los principales clubs suecos, incluido el campeón, el Malmö, pero Gunnar Nordahl terminó estampando su firma en el IFK Norköpping, que le ofreció un trabajo como bombero en la ciudad. Con 23 años, su evolución siguió un ritmo más que notorio, pues en su tercer equipo anotó 87 goles en 85 partidos, ayudando a The comrades (‘Los compañeros’) a alzar cuatro títulos ligueros consecutivos, un hito que no han vuelto a repetir en toda su historia. Nordahl, además, se proclamó máximo goleador de todas y cada una de las cuatro temporadas en las que militó en el Norköpping. Tampoco nadie ha logrado aún igualar estos resultados. Como tampoco nadie ha conseguido superar en Suecia su marca de siete dianas en un encuentro como las que él anotó ante al Djurgårdens en un 11-1.

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Nordahl fue el máximo realizador de las cuatro ligas que ganó en Suecia. (Foto: Becken)

 

DE LA SELECCIÓN AL CALCIO

La friolera de 149 tantos en 172 partidos en Suecia le valieron ser llamado con la selección de su país en 1945. Su periplo con el combinado nacional, si bien fue más bien corto -estuvo hasta 1949-  fue muy intenso. En esos años logró consagrarse como una pieza fundamental en la selección, que le convocó para los Juegos Olímpicos de Londres 1848 junto a sus hermanos Knut y Bertil. Aquella generación logró el mayor éxito de su historia, uno de los momentos más esplendorosos junto a la final de la Copa del Mundo de 1958 que se celebró en sus tierras, y en la que los suecos sucumbieron en la final ante el Brasil de Pelé.

Gunnar no sólo era un prolífico delantero, pues además de sus capacidades anotadoras era un tipo astuto, como bien demostró en la semifinal de aquellos Juegos de Londres. Su selección se medía a la danesa, una habitual en las citas olímpicas -Dinamarca ya había disputado tres finales, la de Atenas 1906, no reconocida por el COI ni la FIFA, y las de los Juegos de 1908 en Londres y 1912 en Estocolmo-, mientras que Suecia nunca había superado las semifinales. Los daneses se adelantaron temprano, pero Suecia remontó y antes del descanso ya mandaba por 1-4. En uno de los goles, Nordahl se dio cuenta que estaba en posición de fuera de juego, y para evitar influir en la jugada entró dentro de la portería rival, permitiendo que el colegiado diese por válido el gol de su compañero Henry Carlsson.

El éxito de aquella selección se vio traducido más tarde en el éxodo de algunos de sus futbolistas. El primero en hacer las maletas fue el propio Gunnar, que con 27 años tomó un avión rumbo al profesionalismo que le esperaba con los brazos abiertos en Milán. Como consecuencia de aquel fichaje, Nordahl tuvo que dejar la selección, que por aquel entonces únicamente tomaba en sus filas a jugadores amateurs que jugaran en Suecia. La decisión de Nordahl, sin embargo, no pudo ser más acertada. Meses más tarde, por cierto, le acompañaron en el Milan otros dos suecos, Gunnar Gren y Nils Liedholm. Los tres formaron un trío extranjero letal con la zamarra milanista, hasta el punto que les apodaron Gre-No-Li. Gracias en buena parte a aquellos suecos, la historia del Milan iba a cambiar coincidiendo con el inicio de la década de los cincuenta.

Con Suecia se proclamó campeón de los Juegos de 1948. (Foto: Storiedicalcio)

Con Suecia se proclamó campeón de los Juegos de 1948. (Foto: Storiedicalcio)

 

IL POMPIERE DI SAN SIRO (EL BOMBERO DE SAN SIRO)

La llamada del Milan le hizo perderse el Mundial de 1950 en el que Suecia quedó tercera, pero aquel traspaso iba a suponer un cambio radical en su vida, pese a haberse producido cuando Gunnar ya era un futbolista hecho y derecho. A pesar del fastuosismo del lujoso Milán, él no perdió nunca la perspectiva de dónde venía: el club le ofreció un lujoso apartamento en un barrio elegante de la ciudad, pero él prefirió un sencillo piso en las afueras. Además, no vestía relojes de lujo ni trajes de marca, reservó su vida a un plano más modesto y se limitó a hacer lo que mejor sabía: perforar redes.

“No sabía si sería capaz de aclimatarme”, recordó tiempo después, en alusión a su nueva etapa en Lombardía. “Era un mundo muy diferente al mío”, se sorprendió. El hábitat de Nordahl no era otro que el perímetro que delimitan las líneas del área rival. Ahí, el infalible delantero, se movía como pez en el agua. “Había nacido para marcar goles”, explicó el técnico que le dirigió en los Juegos de 1948, George Raynor. “No era el más atlético, pero tenía mucha inteligencia para abrirse huecos y podía meter el balón en la meta con los ojos tapados”, le describió su ex técnico, quien a su vez lamentó que su ausencia en el Mundial de Brasil fue capital para su selección. Con Gunnar en sus filas, aseguraba Raynor, “habríamos llegado más lejos que al tercer puesto, estoy convencido”.

La marcha de Gunnar a Italia, sin embargo, terminó resultando positiva para toda Suecia, pues abrió un camino que luego siguieron muchos otros jugadores. Por ejemplo, dos de sus hermanos. Bertil se fue al Atalanta, mientras que a Knut lo fichó el Roma. Pero eso llegaría después. En invierno de 1949, Nordahl firmaba el primer gran contrato de su carrera. A los pocos días de su llegada, se estrenaba con la camiseta rossonera el 2 de enero de 1949 con un tanto en la victoria por 3-2 frente al Pro Patria. Un mes más tarde, firmaría su primer doblete como milanista, en el empate 4-4 frente al gran rival ciudadano, el Inter de Milán. Pese a jugar apenas media temporada, Nordahl finalizó su primer curso en Italia con 16 tantos, los mismos que el interista Sandro Mazzola.

Su mejor temporada a nivel personal como milanista, sin embargo, llegaría al curso siguiente. Nordahl firmó 35 dianas, ganó el primero de sus cinco trofeos Capocannoniere y aupó a su equipo a la segunda posición, sólo por detrás del Juventus del danés John Hansen, uno de sus mayores rivales futbolísticos. Lo fue con su selección, y también con los turineses, equipo con el que Milan y Nordahl mantuvieron una gran rivalidad en esos años. Antes de la llegada de Gunnar a Milán, el Torino era el gran dominador del momento en el calcio -ganó los cinco torneos disputados entre 1942 y 1949-, y el otro equipo de Turín, el Juventus, era el equipo con más títulos ligueros -ocho-. El discreto Milan, con sólo tres títulos en su haber, llevaba 44 años sin levantar un Scudetto, una auténtica travesía por el desierto inimaginable hoy en día para una entidad de este calibre.

Con Nordahl y el Gre-No-Li, el rumbo de los milanistas cambió, y desde 1951 a 1962. los rossoneri ganaron cinco ligas. Gunnar apenas logró dos de aquellas cinco (1951 y 1955), pero su aportación a la entidad fue vital, pues ayudó a cambiar una dinámica negativa hacia un ciclo ganador. En sus siete temporadas y media como milanista, Nordahl se coronó cinco veces máximo goleador -sólo John Hansen y Gino Pivatelli fueron capaces de arrebatarle ese honor-. Nadie ha conseguido serlo más veces que el ariete sueco, cuyos registros aún hoy perduran. Su marca de 35 goles en una liga no la ha logrado igualar nadie tras la II Guerra Mundial. Antes de ella, el húngaro del Juventus Ferenc Hirzer y el argentino del Torino Julio Libonatti habían logrado también tres decenas y media de goles. Todos ellos se quedaron a una sola diana del récord absoluto del también jugador del Toro Gino Rossetti, quien firmó 36 tantos en la 1928-29.

Gunnar, Gren y Liedholm. El 'Gre-No-Li triunfó en Milán. (Foto: Gazzetta dello Sport)

Gunnar, Gren y Liedholm. El ‘Gre-No-Li triunfó en Milán. (Foto: Gazzetta dello Sport)

 

LA VOLEA, SU ESPECIALIDAD

Nordahl era un depredador del área. Su especialidad, los balones muertos que le llegaban botando en una posición franca para el golpeo. En ese escenario, era simplemente único. Sin pensárselo dos veces, armaba el gatillo y soltaba el disparo. Todo ello, en milésimas de segundo. De volea firmó 11 de los 35 goles que anotó en la 1949-50. Y llegarían muchos más los años posteriores. Cuando el portero quería reaccionar, el cuero ya había abrazado la red. Lucía el ‘9’ en su camiseta rossonera, número que hacía honor a su fama de cazagoles. Aunque su pierna más hábil era la derecha, lo cierto es que dentro del área no tenía preferencias: la primera que llegaba al balón, lo golpeaba. Diestra, siniestra o de cabeza, todo valía si terminaba en gol.

“Cuando llegué a Italia me di cuenta de que, en Suecia, los equipos jugaban mucho más adelantados. Intenté aprovecharme de esa experiencia para abrir espacios en las defensas. [Liedholm y Gren] Me cedían pases perfectos al hueco y me ponían en bandeja balones facilísimos, listos para que yo los empujara a puerta”, aseguró una vez con gran modestia. Siempre repartió halagos hacia sus compañeros, a quienes solía atribuir buena parte del mérito de los éxitos de sus equipos, desmarcandose en todo momento de una fama que acostumbraba a rehuir.

Quienes le conocían, no dudaban a la hora de atribuirle el reconocimiento que se merecía. “Golpeaba la pelota con tanta potencia que incluso podía meter goles con la zurda, su pierna más débil, desde ligeros puntapiés hasta cañonazos espectaculares. Se colaba por huecos que los demás ni siquiera imaginaban que se pudieran abrir”, le reseñó Gren, compañero suyo tanto en la selección como en el Milan. El Gre-No-Li fue el primero de los tríos extranjeros que han triunfado en San Siro, como el de los holandeses Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco van Basten, que llegaría cuatro décadas después. Il Pompiere dejó su estampa en el casillero como milanista 221 veces  (212 en liga) en 268 partidos, convirtiéndose en el máximo artillero de la historia del AC Milan, registro que aún sigue muy vigente. Ni el bueno de Andriy Shevchenko (175) ni el Bambino de Oro Gianni Rivera (164) lograron hacerle sombra.

Tras dejar el Milan en 1956, disputó una temporada y media en el Roma, con 35 años, en la que aún tuvo tiempo de anotar 15 goles. En Serie A, en total, anotó 225 tantos, que le sitúan a día de hoy como el tercer máximo anotador del calcio, tras Silvio Piola y el eterno capitán romanista Francesco Totti. Nordahl, sin embargo, es quien tiene un mayor ratio goleador (0,77 goles por encuentro), muy superior a todos los principales goleadores de la liga italiana. Gunnar colgó las botas en el Roma, equipo que entrenó el mismo año de su retirada. Abandonó Roma e Italia ese mismo 1959, para volver a su Suecia natal, donde entrenó a siete equipos antes de su retirada definitiva del fútbol en 1980, con 59 años. Nordahl murió de un infarto en 1995 en Alguer, ciudad de la isla de Cerdeña en la que pasó sus últimos años de vida. Fue en Italia, donde el mundo futbolístico más le disfrutó y temió, donde se despidió de todos. En Milán siempre habrá un rincón privilegiado dedicado a este bombero que un día se propuso encender la llama de un equipo cuya gloria siempre estará en deuda con él.