Suena Otis Redding y Keith lo tiene claro. Habla de lo sucedido en Stamford Bridge el 24 de enero para explicar lo que puede pasar el lunes. Aunque omite el adverbio de posibilidad. Está seguro: “Va a pasar algo”. Aquel sábado él estaba allí. Vio lo que pasó. “Fue memorable”, relata, “no esperaba nada, solo pasarlo bien”.

No parecía que fuese a ser un día especial. No tanto, por lo menos. Pero las cosas que merecen la pena llegan de esta forma en muchas ocasiones, cuando uno menos las espera. “Íbamos perdiendo 2-0 en la primera parte y solo queríamos que aquello no terminara cinco o seis a cero”. Pero Jon Stead redujo diferencias justo antes del descanso. “Fue extraño porque no era el gol del empate, pero los 6.000 aficionados del Bradford vimos que era nuestra oportunidad, que volvíamos a estar en el partido”. A falta de veinte minutos, Mourinho dio entrada a Fábregas y a Willian. Y el Bradford empató. Entonces el técnico portugués dio entrada a Hazard. El belga vio cómo pese al serial de ocasiones de los londinenses, sería Halliday quien pusiera por delante a los bantams. Un equipo de tercera división se cargaba al Chelsea en la FA Cup. “Fue el mejor partido del Bradford que vi en mi vida”, afirma Keith con una sonrisa que da fe de que lo que se cuenta es cierto. Hubo más. Yeates marcó el cuarto en el noventa. 2-4. Locura. Explosión. Felicidad.

El Bradford City lograba volver a la quinta ronda de la FA Cup dieciocho años después. El de Yorkshire no es un equipo acostumbrado a los éxitos. Solo un título. En 1911 conquistaron el torneo que 105 años después hace soñar a toda una ciudad. Ascensos y descensos han marcado la vida de los bantams, mientras que los campeonatos coperos están añadiendo las cucharas de azúcar necesarias para endulzar la historia de un club que llegó a la final de la copa de la liga en 2013. Estando en cuarta división se deshizo de conjuntos como Arsenal o Aston Villa, pero el Swansea de Michael Laudrup les devolvió a la realidad: 0-5. Cinco goles que no evitaron que los aficionados de Bradford celebrasen estar allí, en Wembley. Fueron grandes por un día.

Ahora tienen la opción de serlo de nuevo, y eso se nota. “Llegar a la final de 2013 fue algo impensable, ningún equipo de cuarta división lo había logrado antes”. Simon Parker, periodista que cubre la actualidad de los claret and amber para el Telegraph and Argus confirma que la excitación de la ciudad por su equipo de fútbol es mayor que la de entonces. “La FA Cup es una competición más grande. Además, haber ganado al Chelsea en su estadio, algo que no ha conseguido ni el PSG esta temporada, hace que haya más ilusión”.

Tras los de Mourinho, otro representante de la Premier League cayó frente al Bradford. El Sunderland empezó perdiendo a los tres minutos. O’Shea no pudo evitar que un mal disparo de Clarke le golpease y se introdujese en su propia portería. Tres minutos nada más. Muchos podrían señalar, sin embargo, que los de Yorkshire comenzarón ganando antes de empezar el partido. Récord de asistencia en Valley Parade en una nublada tarde de febrero. 24.021 aficionados, cifra que no se había alcanzado en los últimos cincuenta años, animaron a los suyos a la salida con un majestuoso mosaico. Jon Stead -siempre Jon Stead-, dio la pincelada final en el 61′ con el definitivo 2-0.

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O’Shea no parece fiarse del Bradford.
Foto: Laurence Griffiths (Getty Images)

 

STEAD, EL PISTOLERO

Un gol por ronda. Esos son los números del futbolista de Huddersfield en la presente edición de la FA Cup. “Marca todo tipo de goles: con una pierna, con la otra, con la cabeza…” apunta Simon Parker. “Aporta experiencia al equipo, sabe lo que hace sin importar si hay 40.000 personas gritándole”. Cedido por el equipo de su ciudad natal, Jon Stead se ha ganado a los asiduos a Valley Parade. “No entiendo porqué el Huddersfield no lo quiere, es un jugador fantástico. Termina contrato con ellos a final de temporada, ojalá se quede aquí”, desea Keith.

 

UN PARTIDO ESPECIAL

El del pasado sábado fue un partido especial para cualquiera que llevara el granate y el ambar -colores del Bradford City- en el corazón. El club decidió que sería el día de la bufanda, y la imagen a la salida de jugadores al terreno de juego no podría ser mejorada. Estadio lleno, a rebosar, y cada aficionado sosteniendo una bufanda al cielo nublado de un Valley Parade cuyo césped no presentaba el estado que aquel partido requería. Aún así, fue un partido especial. El partido de desempate frente al Reading, por lo determinante que resultará, todavía lo será más. Especialmente para Phil Parkinson.

“Fue elegido por los aficionados dentro del mejor once de la historia del Reading”, apunta Keith sentado junto a la sección de vinilos en venta de su cafetería. Phil Parkinson vistió once años la zamarra azul y blanca del equipo del sureste inglés. Ahora entrena al Bradford, y tratará de llevarlo a la semifinal, donde espera el Arsenal. Vuelve a casa para enfrentarse a los suyos. “En los tres años y medio que lleva aquí, ha hecho las dos participaciones en copa más sensacionales que uno pueda imaginar”, señala Dave Fletcher, periodista que cubre al Bradford para la BBC en Yorkshire. Es una de esas historias que el fútbol ofrece al mundo de forma accidental.

 

LA IMPORTANCIA DE LA GENTE

Uno de los motivos por los que la ciudad del norte de Inglaterra vive con tanta expectación el replay de los cuartos de final de la FA Cup es porque se sabe importante. Juegan un papel, y eso el club también lo sabe. “Para el partido frente al Reading, el club puso precios de entre diez y quince libras. El Bradford tiene a su afición en cuenta, algo no muy común hoy en día” afirma Dave. Lo cierto es que los bantams están muy presentes en la comunidad local. “A principio de siglo, tras abandonar la Premier League, el club pasó por dos crisis financieras y entendió que necesitaba a la gente para sobrevivir”, relata Dave.

Paseando por los alrededores de Valley Parade uno puede encontrarse con uno de los proyectos de las fundaciones que dirigen exjugadores del club. Una de ellas, por ejemplo, es una escuela que ofrece educación a través del deporte y las artes creativas.

Phil Parkinson, entrenador del Bradford, se enfrentará al equipo en el que jugó once años.

 

SEGUIR SOÑANDO

La última vez que el Bradford llegó a Wembley en una competición copera logró el ascenso. La hazaña puede repetirse dos años después. Los bantams pugnan en liga por meterse en los playoffs de ascenso a Championship. Simon Parker advierte: “si lo piensas fríamente, el club necesita volver a la segunda división para que el club siga creciendo, pero si preguntas a cualquiera, querer ir a Wembley es más grande que nada”. Keith, aficionado que viajará el lunes hasta Reading confirma lo predecido por el periodista: “prefiero ir a Wembley y terminar en mitad de tabla. Puedes ascender o descender cualquier año, pero hacer algo importante el copa no es algo que pase todos los años”. Luego sonríe, porque aunque lo que cuenta es cierto, recuerda que hace solo dos años ya pisaron el templo del fútbol inglés en una final de copa.

Dave Fletcher da hay motivos para creer: “En Valley Parade, el Reading salió a defender y eso es algo que sus aficionados no tolerarán ante un equipo de una categoría inferior. Esto lo puede aprovechar el Bradford, que lleva una buena racha fuera de casa”. Uno de esos partidos lejos de Yorkshire fue el de Stamford Bridge. Allí ganaron. Por ello, hay una frase que se repite en cada conversación futbolera estos días en Bradford. “Si se ganó al Chelsea en su casa, puede pasar cualquier cosa”.

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Los jugadores del Bradford celebran la victoria en Stamford Bridge.
Foto: Getty Images.