Tirana era una capital acostumbrada a escuchar las vítores de otros países de la península balcánica, un cóctel de culturas que acostumbra a derramarse ante la gloria del vecino. Por una vez, el centro de la capital de Albania se tiñó con el humo de las bengalas, que secaron el diluvio que acompañó las celebraciones de la primera clasificación de la selección albanesa para una Eurocopa. El alborozo contrastó con el silencio de Serbia, eterna rival de las Shipiponjat (las Águilas). Ambas naciones compartieron grupo y ambas se vieron las caras en dos de los duelos con más alicientes de esta fase.

“Los serbios podrán vernos en Francia mientras disfrutan de una buena cerveza”. La cita, preparada desde hace meses, pertenece a Lorik Cana, centrocampista del Nantes. La frase representa a la perfección el valor de la victoria albanesa. Mezcla el orgullo propio con el rencor hacia el vecino, un amalgama que está en el ADN de cualquier habitante del cosmos balcánico. Hasta los tópicos sonaron a afrenta triunfal en el contexto de semejante hito: “Es un sueño hecho realidad. Hemos demostrado que trabajando en grupo todo es posible”. Giovanni de Biasi, técnico italiano, apenas era capaz de articular palabra tras conseguir el mayor éxito de su carrera como entrenador. “Cuando tomé el cargo de seleccionador, muchos se rieron de mí…”, recordaba alguien que experimentó en sus carnes la escasa memoria que tiene el fútbol.

En 2010 fue relegado de su cargo en el banquillo del Udinese tras salvar al equipo. Tras varios años buscando un lugar fue al lugar que menos deseaba. “En mi vida pensé que iba a acabar en Albania”, dice un De Biasi que se ha adaptado a la perfección a su nueva vida. Ha aprendido albanés y es un estudioso de la cultura de un país del que ya es un héroe nacional. Una paradoja histórica. Albania, que se había proclamado independiente tras la Primera Guerra Mundial, fue invadida el 7 de abril de 1939 por la Italia Fascista. Fue un intento del gobierno de Mussolini para demostrar su preparación militar y su dominio colonial en la previa a la Segunda Guerra Mundial, cuando perdió el control de la zona.

 

EUFORIA EN PRISTINA

La cabeza de las Águilas es italiana pero el corazón es kosovar. Un número importante de jugadores del combinado balcánico ha nacido en Kosovo, territorio en disputa que proclamó de modo unilateral su independencia de Serbia el 27 de febrero de 2008. El perfecto ejemplo es la columna vertebral del equipo, conformada por Taulant Xhaka (Basilea), suizo hijo de kosovares; Berisha (Lazio) y Cana (Nantes).

Serbia retrasó el milagro albanés con una victoria en la penúltima jornada

Pristina, la capital kosovar, fue otro de los epicentros de las celebraciones del triunfo albanés, que sintieron como propio. La certificación de la clasificación de Albania llegó tras un 0-3 frente a Armenia. Tres días antes, el combinado serbio había derrotado a su enemigo en Tirana a pesar de no tener ninguna opción para alcanzar un billete para el torneo continental. Poco importó. Los seguidores de Beli Orlovi (Águilas Blancas), apodo dado a la selección serbia, celebraron la victoria en la frontera con Kosovo con fuegos artificiales. Una demostración de fuerza que fue interpretada como una venganza al partido de ida, en el que la exhibición de un dron con una bandera de la Gran Albania en Belgrado desencadenó una batalla campal entre ambas aficiones.

¿Qué significaba esta insignia? En ella aparecía una figuración territorial usada por ciertos nacionalistas albaneses que se conoce como Gran Albania. De ella formarían parte Kosovo, el Valle del Presevo de Serbia, el sur de Montenegro, las regiones griegas de Thseprotia y Préveza y parte de la República de Macedonia. En el centro del mapa inscrito en la bandera estaba un águila bicéfala, recuerdo del Imperio Bizantino, que forma parte de la actual bandera nacional albanesa.

 

LA EUROPEIZACIÓN DE ALBANIA

La irrupción de Albania en el mapa futbolístico ha dado pie a múltiples análisis, pero todos coinciden en destacar la europeización del estilo albanés. “La mayor parte de los jugadores acumulan minutos en ligas importantes. A eso hay que unirle la llegada de un entrenador con ideas nuevas como De Biasi”, razona Albert Stroni, ex internacional con Albania. Él fue uno de los pioneros en dar el salto y salir de la Albania postcomunista para buscarse el pan en otras competiciones. A pesar de la internacionalización, el de Stroni es uno de los pocos casos de futbolistas de la república balcánica que han jugado en España.

El jugador de Albania Albert Stroni

Albert Stroni | PCP Monforte.

Stroni fue uno de los alumnos aventajados del fútbol albanés de los años 90. “Por aquel entonces se jugaba muy bien en Albania. Había equipos competitivos y futbolistas de bastante calidad. Pero era muy difícil salir a jugar a otros países. Y los escasos seis dólares mensuales que te daba el gobierno te obligaban a malvivir”, recuerda un jugador que a los 17 años ya era titular en el Dinamo Tirana, y con 20 acumulaba más de 30 internacionalidades con el equipo albanés. En 1990 viajó con la selección Sub-21 hasta Sevilla para medirse a España. No estuvo en la derrota albanesa (9-0). Él y otro compañero, Ilir Sirma, abandonaron la concentración con la excusa de ir de compras. Acabaron pidiendo asilo político en una comisaría.

Stroni: “Para un albanés todo gira alrededor de sí mismo”

Hoy Stroni regenta un concesionario en Monforte de Lemos, villa situada en el sur de la provincia de Lugo. Tras varias experiencias infructuosas en el Ourense y Compostela -entre otros-, marcadas por los problemas burocráticos, vivió sus mejores años en el fútbol regional gallego. Renunció a una oferta de Segunda y fichó por el Club Lemos, un histórico del fútbol lucense, del que se convirtió en máximo goleador. Sus 105 goles siguen figurando en la estadística dorada del club monfortino. Stroni ha vivido todas las celebraciones del éxito futbolístico de su país como si estuviera en él y explica así las celebraciones cruzadas entre Serbia y Albania: “Para un albanés, todo lo que le sucede a otro albanés es siempre lo más importante, tanto en lo bueno como en lo malo. Giramos sobre nosotros mismos. De ahí ese carácter tan patriótico”.

También fue apasionada la celebración de los Malaj en Coruña, una familia albanesa que lleva varias décadas en Galicia. “Llevo aquí desde pequeño, pero nací en Kucove, porque soy albanés y siento a esa selección como mía”, relata Geri Malaj, un joven futbolista que milita en el Atlético Arteixo, líder de la Regional Preferente gallega, la antesala de la Tercera División. Es otro de los raros ejemplos de jugadores de Albania que se colaron en el panorama futbolístico español. “Los que veníamos siguiendo a este combinado desde hace tiempo sabíamos de lo que eran capaces. Comenzaron tumbando a Portugal en la fase de clasificación, en junio tumbaron a Francia en un amistoso, Lo mismo sucedió contra potencias como Inglaterra”, declara Geri, para quien sería un sueño poder representar a Albania.

Geri Malaj: “Sin duda harán una gran Euro”

Gozó de una oportunidad cuando todavía militaba en las categorías inferiores del Deportivo, donde despuntó pronto. Las lesiones cortaron su progresión. “Recibí una invitación para jugar en Turquía un amistoso. Nunca lo olvidaré. Es algo muy grande que se acuerden de ti”, rememora a la vez que ambiciona con su selección: “Sin duda harán una gran Euro”.

Seguidores de Albania.

Seguidores de Albania celebran el triunfo de su selección | AFP.

LOS QUE NO ESTÁN YA NO CUENTAN

Uno de los grandes méritos de Gianni De Biasi ha sido hacer olvidar a las estrellas de origen albanés que no quisieron jugar con las Águilas. El mejor ejemplo es Xherdan Shaqiri (Stoke), internacional suizo nacido en Kosovo que rechazó varias llamadas. Misma respuesta dio Adnan Januzaj (Manchester United) hijo de albano-kosovares e internacional con Bélgica. El caso de los hermanos Xhaka es el que mejor explica el cóctel de identidades de estos jugadores. Nacidos ambos en Basilea, pero de padres albano-kosovares, Granit, uno de los motores del Mönchengladbach, decidió representar a Suiza. Taulant, del Basilea, es uno de los ejes de Albania. Ambos podrían verse las caras en la Eurocopa de Francia 2016, que ayudará a dibujar una sonrisa en el rostro del pueblo albanés.