Es la una de la tarde. Parecía que no iba a llegar nunca. Hugh andaba mareando la perdiz, haciendo como que hacía algo, pero no hacía nada. Solo mataba el tiempo. Aquella nave en la que se encerraba durante tantas horas al cabo de la semana iba a abrirse de nuevo. Tan pronto como oye la sirena, esboza una sonrisa delatadora. Tiene planes: su amado Stoke City juega en casa. ¡Empieza el fin de semana!

Sin casi tiempo para acicalarse tanto como le gustaría, Hugh sale pitando de casa. Come algo de camino al pub. Allí está la tropa, esperándole. Siete son demasiados días. Sonrisas, abrazos y bromas varias. La espuma, inevitablemente, acaba salpicando su ropa, dejando un olor que con el paso del tiempo asociarán a los días de gloria. Como el césped no huele a césped sino a fútbol, la cerveza les hará viajar atrás en el tiempo cuando empiecen a peinar canas. Es su propio elixir de la juventud eterna.

Empate a uno contra el Leeds. Empatar ante el futuro subcampeón de liga no es mal premio para un equipo que volverá a terminar la temporada en mitad de tabla. A primera vista no parece nada atractivo aficionarse a un Stoke de juego rudo y metas humildes, sin embargo, dos años más tarde, en 1972, ganarían la Copa de la Liga con Gordon Banks bajo palos. Pero no adelantemos acontecimientos. No queramos arrebatar años de juventud al colega Hugh.

Una pregunta ronda la cabeza de nuestro amigo: “¿Por qué diablos habré tenido que nacer en Stoke?”. No es la primera vez. Suele pasar que el orgullo y la pasión que procesa al entrar al Victoria Ground se convierte en lamentos a su salida. “El amor es así”. Su mente ya ha cambiado el chip, y pocos minutos después ya tiene su siguiente objetivo entre ceja y ceja.

Es sábado, y como cada fin de semana, Hugh se pasa la madrugada bailando música oscura en un club oscuro. Aquellas canciones de las que nadie había oído hablar en su día, lograron cumplir su cometido algunos años más tarde de lo esperado. Los cantantes de Soul que no llegaron a ningún lugar en su América natal se han sorprendido al saber que sus canciones sonaban a toda potencia en el norte de Inglaterra.

El Stoke campeón de 1972. | Foto: Color Sport.

 

NORTHERN SOUL

El sábado llega de nuevo, como cada semana. Sin embargo, Hugh no ha ido al trabajo como cada día. Ha hecho creer a su jefe que se encontraba lo suficientemente mal como para no ir al garaje. Ha ido trabajando la estrategia toda la semana. Otra cosa es que su jefe se lo trague. El caso es que hoy no podía estar en aquella nave reparando coches. Hoy no podía currar. Hoy el Stoke juega frente al Arsenal en Highbury.

El fútbol es la excusa, Londres el destino. Un nuevo empate insulso (0-0) no iba a amargar el fin de semana a Hugh. Tras el partido, se sumerge en las tiendas de discos de la ciudad, como si de un mar desconocido se tratase. No busca corales, busca discos. Y los encuentra, por supuesto. Además se lleva una grata sorpresa. En una de estas tiendas, Soul City Records, encuentra varios discos bajo una misma etiqueta: “Northern Soul”. Dave Godin, el propietario, identificó al público de este tipo de Soul como gente del norte. Sin pretenderlo, Godin entró a formar parte de la música y de la cultura popular británica.

El Northern Soul invadió las principales ciudades del norte de Inglaterra, con clubs repletos de jóvenes entusiastas bailando hasta que los primeros rayos de la mañana les recogiesen en la puerta. Los mods de Manchester, Blackpool, Stoke y Wigan cayeron bajo el hechizo de melodías alegres, letras tristes y de la pasión de una música que sigue todavía muy presente en todo el mundo.

 

LA LLAMA SIGUE ENCENDIDA

El Stoke City y el Northern Soul continuaron la batalla por capitalizar el interés de Hugh hasta que el Golden Torch -antorcha dorada-, club en el que amanecía cada domingo nuestro amigo, se vino abajo tras un incendio en 1972. En aquel año, el equipo de la ciudad ganó la Copa de la Liga. El fútbol ganó una batalla pero no la guerra.

La llama permanece encendida. Cálida y resplandeciente como lo estuvo en su día. El Wigan Athletic, sin ir más lejos, celebró el “Northern Soul Day” en los prolegómenos del choque que le enfrentó el pasado sábado en el DW Stadium al Norwich City. Pasó lo que casi siempre en este tipo de historias. Buena música, malos resultados. Todavía no toca rendirse. De hecho uno no puede rendirse. Ni los Latics ni el Stoke, ni nadie a quien se le acelere el pulso cuando suenan los primeros acordes del If this is love de los Precisions, o el Getting Mighty Crowded de Betty Everett. Hay que seguir manteniendo la fe, como lo hizo en su día Hugh, uno de los chicos que vivía para el fin de semana.