El sol cae y la catedral de León comienza a proyectar su silueta sobre la Plaza Regla. Allí, un grupo de niños corren detrás de una pelota roída sabedores de que es la última jugada del fin de semana. Sin embargo, uno de ellos destaca sobre el resto y rompe la igualada para festejo de unos y escarnio de otros. Él es José Pedrosa Galán, un joven de ocho años que destaca en las categorías inferiores de la Cultural y Deportiva Leonesa.

Una mañana más, Galán, como es conocido José en el mundo del fútbol, sale a la calle a buscar equipo tras su paso por Austria, el último de los países que le han visto temporizar el juego en sus estadios. Lo hace sin saber dónde le llevará ese deporte llamado fútbol que tantos lugares le ha hecho conocer: “Estaré todas las Navidades fuera de España buscando equipo por el mero hecho de seguir peleando por mi sueño. A veces me pregunto si de verdad merece la pena tanto esfuerzo, tanto viaje y tanto tiempo alejado de los tuyos, pero estoy seguro que cuando firme por un nuevo club diré que sí. Es el mejor regalo que me podrían traer los Reyes Magos”.

 

UN BALÓN EN LA MALETA

No es la primera vez que Galán hace las maletas en busca de una oportunidad. Ni será la última. Sin miedo a volar, ya conoce países como Austria, Indonesia o Tailandia. Y en todos hay un nexo de unión: un balón. “Desde pequeño mi única meta era jugar y disfrutar con el fútbol y a día de hoy lo vivo de manera casi enfermiza. Llego al extremo de que un buen o un mal partido o incluso entrenamiento me pueden cambiar el carácter”, afirma.

Sus buenas actuaciones en la cantera de la Cultural le abrieron las puertas del Atlético de Madrid, donde llegó a formar parte de un filial en el que coincidió con Mario Suárez o Roberto, entre otros. Poco tiempo después estaba entrenando con el primer equipo del Almería: “Es el salto de calidad más grande que he vivido. En ese Almería, que fue revelación de la Liga, jugaban Negredo, Diego Alves, Piatti, Corona o Felipe Melo. Sin criticar al actual Almería, ningún jugador jugaría en ese equipo porque era un equipazo”.

Galán, con la camiseta del Chainat | Foto: Fieldoo

Aquel equipo estaba comandado por Unai Emery, flamante campeón de la Europa League, quien debutaba en los banquillos de Primera División con excelentes resultados al frente de la nave rojiblanca: “Es un gran motivador. Es un estudioso de todas las partes del juego y su virtud más importante es la confianza que da al jugador. Nunca le vi echar una bronca a un jugador por un mal pase o un error, pero sí pedir más intensidad. Fue una pasada poder aprender de él y de su segundo, Carcedo”.

Todo apuntaba a que Galán no tardaría en debutar en Primera División, y más cuando Hugo Sánchez, sustituto de Emery, decidió llevarse al joven mediapunta a la pretemporada, pero la suerte le fue esquiva, quizás más que nunca: “Él quería a todos los efectos que fuera jugador de la plantilla. Me lo dijo pública y personalmente. Era un entrenador que estaba siempre feliz, que transmitía buen rollo y te hacía disfrutar. Con él te levantabas feliz para ir a entrenar, pero  tuve la peor lesión que un futbolista puede tener”.

El ligamento cruzado de su rodilla derecha dijo basta. Y con él, sus opciones de asentarse en la élite del fútbol español: “Me tocó sufrir esa lesión en el peor momento, cuando ya no podía ocupar plaza de Sub-23 para el primer equipo y el presidente me rescindió el contrato alegando que estaba viejo para el filial. Trabajé durante ocho meses para recuperarme con dobles sesiones de piscina, fisioterapia y gimnasio, muchas de ellas solo. Ahí me di cuenta de que muchos de los que te pasan la mano por encima del hombro cuando eres capitán del filial y entrenas con el primer equipo, se olvidan de ti. No puedo estar más de acuerdo con la frase ‘el fútbol no tiene memoria’”.

Una trabajada y sufrida recuperación bien merecía un buen proyecto. Galán recibió la llamada de la Cultural, su Cultural, para enrolarse en un barco lanzado en busca del ascenso a Segunda: “¿Qué mejor sitio para recuperar la confianza que en tu propia casa? Estaba ilusionadísimo con la idea de hacer algo histórico en la Cultural. Me imaginaba cómo sería para una ciudad como León subir a Segunda, pero cuando me enteré de que el equipo descendía a Tercera por impagos, no lo asimilé”.

 

LA PRIMERA GRAN AVENTURA

El fútbol lo volvía a hacer. Le daba la espalda por segunda vez en menos de un año. Sin embargo, José tenía claro que la solución estaba lejos de nuestras fronteras: “Me empecé a mover y mi única meta era jugar en el extranjero. Me salieron ofertas en el Congo, en Rumanía y en Hungría, pero me hablaron de Tailandia y me dijeron que podría encajar bien allí. Además, económicamente ofrecían más que estos países. Tenía una prueba con el Chonburi, pero me ofrecieron jugar un par de partidos con el Chainat para ir acomodándome al tipo de fútbol y a la temperatura, pero al acabar el primer partido, el presidente y el entrenador me llevaron a una sala del estadio y sin ducharme me preguntaron que cuánto quería ganar. ¡A los tres días me estaban presentando!”.

Cansado de reveses en España, Galán se fue a Tailandia sin saber que acabaría siendo todo un referente en el fútbol local.

Poco a poco el nombre de Galán, acompañado del número 21, iba sonando con más fuerza en la sociedad tailandesa. Meses después de su llegada, ya era un icono en el país asiático: “Ahora lo valoro más que antes. El futbolista es ambicioso y no disfruta como debería porque siempre quiere más. Ahora que han pasado un par de años me doy cuenta de que tuve un boom importante porque la gente me sigue reconociendo y me piden que vuelva”.

Su próxima parada fue Indonesia, donde esperaba un Pro Duta encabezado por el técnico hispano-brasileño Beto Bianchi, entrenador del Ciudad de Murcia, Zamora o Lorca en España: “Estuve a punto de firmar por el TOT de Bangkok pero hubo problemas de financiación del club, algo habitual en esta parte del mundo. Tenía otras ofertas pero pensé que la posibilidad de jugar con un entrenador español me beneficiaría, y así fue”.

Aquel Pro Duta, comandado por Bianchi en los banquillos y por Galán en la medular, acabó levantando el campeonato indonesio meses más tarde sin sus dos pilares, algo que Galán se toma con humor: “Para una vez que gano una liga y no estoy. ¿Te lo puedes creer? (risas). El principal inversor tuvo problemas con la justicia y nos dejó de pagar. No podía estar a 13.000 kilómetros de casa con cuatro meses sin cobrar. Además, nos cortaron la luz del piso porque tampoco les pagaba el alquiler el club. Me lesioné y tuve que costearme yo la operación en España sin ayuda del Pro Duta…y aun así me llevo un recuerdo genial de Indonesia, del club y sobre todo, de Beto Bianchi, que lo que hizo con ese equipo no tiene nombre”.

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Un aficionado con la zamarra de Galán. | Foto: @galanjp10

 

EL REGRESO A EUROPA

Sus malas experiencias contractuales en Asia llevaron a Galán a tomar la decisión de volver a Europa. Allí esperaba el St.Pölten, de Segunda División austriaca, que firmó una temporada histórica: “Firmamos la mejor clasificación del club en liga y fuimos finalistas de Copa eliminando en semifinales al Sturm Graz. En la final perdimos con el Red Bull Salzburg de Jonathan Soriano pero conseguimos una plaza en la previa de la Europa League. En el entrenamiento de antes de la final hablé bastante con Jonathan, que jugó en el Almería y tenemos amigos en común, y le dije que fuera cual fuera el resultado quería su camiseta. Nos metió un gol y perdimos, pero lo primero que hizo fue venir a consolarme y a dármela, demostrando que además de un delantero respetadísimo, es una grandísima persona”.

Jonathan Soriano es un delantero respetadísimo y me demostró ser una grandísima persona.

Hoy el sol volverá a iluminar los sueños futbolísticos de José, a miles de kilómetros de su León natal. Más alto y con más barba, con más experiencia a sus espaldas y con la maleta a rebosar de anécdotas, como aquella que vivió junto a Esteban Granero, amigo y compañero de pupitre en la carrera de Psicología: “Él jugaba en el filial del Real Madrid y yo en el del Atlético. Nos juntábamos para jugar al fútbol sala con el equipo de Psicología y nos entendíamos muy bien. Ganamos el torneo y se acercó el entrenador a preguntarnos si sabíamos por qué lo habíamos conseguido. Nos miramos y pensamos que nos diría que con nosotros dos era más fácil, pero nos dijo que la clave era que había gestionado bien el banquillo. Nos quedamos planchados y a día de hoy lo seguimos comentando y riéndonos”.

Tras vuelos interminables, escalas en estaciones perdidas por el mundo y con goles en estadios que nunca imaginó visitar, Galán sigue pensando igual que aquel día que se enfundó por primera vez la camiseta de la Cultural: “No basta con ser bueno. Tienes que estar en el lugar oportuno y en el momento oportuno porque hay trenes que solo pasan una vez”. El próximo ya asoma por el andén.