Los domingos de diciembre tienen un encanto limitado en el oeste de Nueva Inglaterra. Uno de los pequeños placeres permisibles es conducir hasta un restaurante de desayunos a las afueras de los pueblos, entre negocios locales y centros comerciales, que proporcionan una decente cantidad de grasas saturadas y presión arterial por dólar pagado. Resulta casi necesario: fuera con suerte se llega a los cinco grados bajo cero, y a las cuatro y poco ya es noche cerrada. En diciembre, los New England Patriots, junto a los Boston Bruins, tienen la dura misión de sostener la autoestima de los newenglanders, basada en buena medida en su exitoso historial deportivo. Pero ese 7 de diciembre había algo más. New England en California, un nuevo episodio de la rivalidad Los Angeles – Boston, pero sin Celtics ni Lakers de por medio. Los New England Revolution se enfrentaban a Los Angeles Galaxy en Carson, a pocos kilómetros de la metrópolis californiana, para jugarse la 19ª Copa de la Liga de Estados Unidos.

El partido estaba repleto de alicientes, tanto para el espectador fiel como el foráneo. Los Galaxy podían hacer historia con el quinto título de liga, mientras que para los de la costa este sería su primer título después de cuatro finales perdidas. Entre los protagonistas, varios viejos conocidos, como Robbie Keane en Galaxy, ex Tottenham y Liverpool, o Jermaine Jones, mítico de la selección de USA y líder espiritual de la Revolution. Pero un nombre se alzaba por encima de los otros, y es el de Landon Donovan, máximo goleador de la liga y de la selección americana y principal figura mediática del soccer americano, que aspiraba a conseguir su sexto título liguero.

En aquella tarde que se convertía en noche de Massachusetts (mañana agradable californiana) Chris, seguidor del fútbol y de los New England Revolution, se acordaba de cómo eran las anteriores finales de la Revolution. De cómo ahora se televisaba por ESPN, una de las principales emisoras deportivas, compitiendo con el grueso de la jornada de la NFL. De cómo un equipo defensivo como New England, fuera de casa, se ponía a tocarla, comandado por los pulmones de Jermaine Jones y las botas de Lee Nguyen, buscando remontar el partido.

La Major League Soccer se decide mediante una final, jugada en el campo del equipo con más puntos durante la temporada a la que llegan un equipo de cada conferencia de los clasificados para playoffs después de superar 2 o 3 eliminatorias (depende de la posición en que se quede) a doble partido. Este modelo americano se complementa con la tradición europea, ya que a este título se le tiene que añadir el Supporters’ Shield, título que se lleva el equipo con más puntos de la liga, sin importar la conferencia de que sea. Además, se juega la U.S. Open Cup, la competición copera que data de 1914 y que guarda un sabor amateur que se puede apreciar en la lista de su palmarés.

A esta Superbowl futbolística llegaba la Galaxia de Landon Donovan después de batir por el valor doble de los goles fuera de casa a los Seattle Sounders de Obafemi Martins y Clint Dempsey, campeones del doblete de Copa y Supporters’ Shield. New England llegaba siendo el quinto mejor equipo, pero había eliminado a los New York Red Bulls en las finales de conferencia, el equipo del bota de oro del torneo, Bradley Wright Phillips, hermano de Shaun y autor de 27 goles en 32 partidos (para nostálgicos granotas, Peguy Luyindula era su compañero arriba).

Los Angeles tenía el glamour en una delantera de sabor a premier, pero ya añeja. Los 33 años de Jermaine Jones pesaban mucho menos que los 32 de Landon Donovan o los 34 de Robbie Keane. La Revolution se plantaba con un equipo más compensado, y que parecía llegar con más entereza a final de partido, como se encargó de demostrar el joven de 22 años Patrick Mullins, debutante esta temporada. Mullins sustituyó a Charlie Davies –compañero de delantera de Jozy Altidore en la selección que batió a España en la Copa Confederaciones de 2009 y cuya carrera internacional se truncó por un accidente de coche en 2010 mientras estaba en el Sochaux–en el minuto ’72 que había hecho un partido discreto, e inmediatamente cambió el partido. En desmarque en diagonal,el punta asistió al lateral izquierdo Trowney en el gol del empate. Corría el minuto ’79, y los Galaxy, que partían como favoritos, no solo no se habían encargado de demostrarlo sino que se habían visto superados por la Revolution, que estaba en su mejor momento del partido. Los Angeles empezó mejor, pero a partir de los 20 minutos New England se asentó en el partido. El gol de Gyasi Zardes para los Galaxy vino cuando parecía que los Revs se hacían con el control del partido, pero el gol les obligó a adelantarse. Ahí parecía que Donovan y Keane se aprovecharían de la situación, y estuvieron a punto, pero el irlandés pecó de egoísta en una contra clara que pudo suponer la sentencia. Y ahí es cuando apareció Mullins, se agrandó Jones, Nguyen empezó a filtrar pases y el capitán Gonçalves disimuló sus carencias técnicas para aguantar la defensa de la Rev y llevarla a la prórroga.

"Esto es Los Ángeles. Ganamos trofeos, acostumbraos".

“Esto es Los Ángeles. Ganamos trofeos, acostumbraos”.

En el viejo orden futbolístico mundial existen equipos que no son mejores que los otros, pero ganan. Nombres y escudos que invocan a no se sabe qué fantasmas o cantos arcanos (o wagnerianos, interpretados por Plácido Domingo) que hacen que se necesiten veinte ocasiones para marcarles, mientras que ellos solamente con una o dos, son capaces de marcar tres. Por eso dicen, los medios y los ganadores, cosas como que el gol se compra. Eso parecía que empezaba a intuir el joven Patrick Mullins, después de chutar manso a las manos del portero tras una buena jugada, o el extremo Teal Bunbury al ver su centro chut picadito estrellarse contra el larguero. Y puede que lo entendieran al ver que un pase largo de Marcelo Sarvas que debía de ser fuera de juego –el clásico error de lateral, Chris Tierney, autor del gol del empate, se destapó como un tipo divertido de ver jugar –caía a los pies de Robbie Keane en el minuto 111. Solo le quedaba una carrera más, y la verdad es que el sprint se lo guardó para la celebración. Solo, trotando, se acomodó a la derecha la pelota, que se iba domando por la gravedad, y definió con un toque de interior al segundo palo a la salida del portero.Quedaban diez minutos y New England cargó aún más a la desesperada, pero no dio más que para ver el derroche del central Gonçalves, capaz de provocar un córner cojo con calambres, y un último destello de choque de cultura futbolística: al ver al portero panameño de los Galaxy Jaime Penedo tendido en el suelo en el 121’ tras un choque, el central de los Revolution Anthony J. Soares lo cogió por los hombros y lo empujó para ponerlo en pie, pero el portero decidió olvidar que tenía sentido del equilibrio y cayó del otro lado, como una ficha de dominó, ganadora de dos minutos en el tiempo añadido.

A Patrick Mullins le tocó ver como Landon Donovan levantaba su sexta MLS Cup. Los Angeles Galaxy le ganó la tercera final a New England Revolution, y consiguió su quinto título de 19. El joven delantero de los Revs fue seguramente el mejor delantero del partido, y animó a un equipo de los cuales eran todos americanos, excepto el capitán y central portugués Soares. Del lado de la victoria, Landon Donovan capitaneaba al equipo modelo de la MLS, con espacio para el fútbol local, dos o tres brasileños de segundo o tercer nivel, y la estrella europea. Aunque también estaba él, Landon Donovan, el primer proyecto de estrella futbolística americana, y posiblemente el jugador que a más gente enganchó al futbol en USA. No demasiado rápido, desde luego no muy potente ni espectacular, pero sí un buen jugador de futbol. Y en la entrevista post-partido, a medio camino entre aún su condición de futbolista y su futura condición de leyenda deportiva (probablemente en algún tipo de versión corporativa), felicitó a los finalistas y explicó el partido tal como se había visto. “New England nos ha superado en muchos momentos”, y, satisfecho, se fue a levantar la Copa, a confirmar una futura dinastía. La Quinta para los Galaxy, la sexta para él.

Por Albert Asunción.