Año 1959. Una tarde de un sábado cualquiera, después de tomar la protocolaria cerveza en el bar de siempre, en Europa se reúnen centenares de miles de personas, cual tradición familiar, en unos recintos llamados estadios para ver un espectáculo llamado fútbol. El juego, que va ganando popularidad especialmente con la creación de la Copa de Europa y la Copa de Ferias, hasta los cincuenta apenas constaba de un conjunto de ligas relativamente aisladas. Algunas estaban más reconocidas que otras, pero apenas tenían relación entre sí más allá de las informaciones que publicaba la prensa extranjera o los corresponsales de los diarios nacionales. Los jugadores de unos y otros países, no se veían las caras cada mes, como ocurre ahora, sino que únicamente se enfrentaban entre sí una pequeña minoría de elegidos que eran seleccionados para ir a disputar Eurocopas y Mundiales con sus respectivas selecciones.

Así, más allá de un reducto de curiosos del fútbol internacional, poco se sabía en aquellos años sobre el juego del Manchester United de Jack Rowley, del AC Milan de Gunnar Nordahl o del Stade de Reims de Just Fontaine. Cada liga seguía como podía el fútbol de su país, sin que hubiera más conocimiento del resto de balompié más allá de las fronteras nacionales. Todo cambió en los cincuenta. Europa vive a partir de entonces un proceso de interconexión a partir del balón. Finalizada la década, en 1960, UEFA y Conmebol acuerdan que los respectivos campeones continentales se disputarán el trono mundial en un sólo partido. En aquel momento, el fútbol del resto del mundo, existente desde mucho antes aunque ignorado desde el viejo continente, empieza a tener voz en el primer plano del panorama futbolístico.

De golpe, un club sudamericano tenía la posibilidad de competir por un título oficial ante el campeón europeo. De golpe, un equipo no europeo tenía la posibilidad de defender el honor del resto del mundo. Peñarol, Santos o Racing de Avellaneda, entre muchos otros que les siguieron, alzaron la voz a base de victorias intercontinentales para proclamar su derecho de campeones mundiales, potestad moral que dejó entonces de ser exclusiva de los europeos. La Copa Intercontinental, así pues, sembró la semilla de lo que en el año 2000 pasó a ser el Mundial de Clubes, una competición en la que participan todos los campeones continentales, que ejerciendo de abogados del fútbol como un concepto global, defienden la voz de aquellos territorios que quieren mostrarse al mundo a través del balón.

 

SAN LORENZO: UN CICLÓN SOBRENATURAL

En julio de 1936, una parte de Buenos Aires celebraba que su equipo, San Lorenzo de Almagro, acababa de conseguir la Copa de Honor, algo parecido a lo que en la actualidad es el Torneo Clausura. En diciembre de ese mismo año, en la misma ciudad bonaerense, nacía Jorge Mario, un joven que de la mano de su padre empezó a cogerle el gusto a ese deporte tan peculiar llamado fútbol acudiendo a El Gasómetro, el estadio de San Lorenzo. A lo largo de toda su vida, Jorge Mario ha sido un hincha más de San Lorenzo, aunque no fue hasta 2008, con motivo del centenario de la entidad, que se convirtió en socio del Ciclón.

Los caminos del club y de Jorge Mario se distanciaron a medida que el joven crecía, si bien el futuro les depararía a ambos un destino, en lo espiritual, cuanto menos peculiar. De hecho, ya desde la fundación de San Lorenzo, a San Lorenzo le ha acompañado un aura mística. Su primera vinculación con la religión llegó con la influencia del padre salesiano Lorenzo Bartolomé Martín Massa, quien evitó que la entidad se llamase ‘Los forzosos de Almagro’, y junto a ello ayudó a alejar a los jóvenes del barrio de los peligros de la calle. El nombre final, San Lorenzo, se eligió en honor a Lorenzo, mártir venerado en la iglesia católica romana, y que dio nombre a la ciudad de Santa Fe, donde hace dos siglos se libró una batalla entre las fuerzas argentinas independentistas y los colonialistas españoles que terminó con triunfo de los americanos.

Me dicen el matador nací en Boedo,

Tengo piel azulgrana y mucho huevo,

El santo es un sentimiento que se lleva en el corazón,

Y yo daría toda mi vida por ser campeón,

Dale matadoor, dale matadoor,

dale matadoor, dale matadoor.

Considerado uno de los cinco grandes clubs de Argentina -junto con Boca Juniors, River Plate, Independiente y Racing de Avellaneda-, San Lorenzo cuenta con una masa de 60.000 socios, una de las más importantes del país. Su afición, pasional, sentimental y agradecida, vive hoy uno de los momentos más dulces de una entidad que, sin dejar de ser grande, vivió un sinfín de altibajos que superó a partir de fe trabajo.

Club multideportivo, en el que el balompié compartía espacio con el baloncesto, la natación, el hockey o el rugby, tenía en El Gasómetro, feudo del Ciclón desde 1916 hasta 1979, algo más que una seña de identidad, pues aquel campo, con capacidad para 75.000 espectadores, servía de nexo de unión para un barrio que lo sintió como suyo, y que quedó huérfano de un hogar en Boedo, su emplazamiento histórico, cuando se mudaron al Nuevo Gasómetro por problemas económicos. Así, se entiende que hace poco los aficionados azulgrana aplaudieran la decisión de construir un nuevo campo, el tercero en propiedad de la historia de San Lorenzo, y que tendrá de nombre Papa Francisco, nombre religioso de aquel joven Jorge Mario, en honor a su más ilustre aficionado.

En el barrio de boedo hay una banda,

El aguante es lo primero que aprendí,

Ya de guacho te vas haciendo picante,

Es el barrio más hermoso para mí,

Y ahora estoy delirado por el faso y el alcohol,

Soy campeón yo me quedo con la banda del Ciclón.

Club bohemio y de barrio, San Lorenzo creció a base de sueños, tan alegres y coloridos como los múltiples y variados cánticos de su afición, o los tonos de su camiseta azulgrana. Protagonista puntual en los primeros años del profesionalismo del fútbol argentino, consolidó su poder futbolístico a partir de 1968, con la consecución de cuatro títulos en seis años. El primero de ellos, llegó de la mano de Los Matadores, apodo con el que se denominó al primer equipo argentino que concluyó un torneo liguero invicto. Cosas del destino, tras los mejores años, llegaron los peores: una crisis institucional y deportiva desmoronó a al club, que se vio obligado a vender su estadio y a pelear por no descender, un objetivo que no pudo cumplir en 1981.

8

Décadas más tarde, el Ciclón recuperó su fe, y con ella, volvieron los milagros. En 2001, superaba al Flamengo para proclamarse el último campeón de la Copa Mercosur. La final, no exenta de dramatismo, supuso una nueva dosis de sufrimiento para el conjunto azulgrana, que al año siguiente alzaría la primera Copa Sudamericana, otra gesta que alimentaba a una afición hambrienta de éxitos. En 2007, San Lorenzo se apoderaba del Clausura, repitiendo los éxitos logrados en 1995 y 2001, y que servían para cortar una extensa sequía de veinte años sin títulos nacionales. El drama, sin embargo, no tardaría en llamar a la puerta de San Lorenzo. .

Matador, hoy tenemos que ganar,

Matador, yo solo te pido otra vuelta,

San Lorenzo, dale dale San Lorenzo,

Hoy te vengo a alentar, ponga más huevo,

San Lorenzo, dale dale San Lorenzo,

Que vamos a volver para Boedo.

El 1 de julio de 2012, mientras la Europa futbolística centraba sus miradas en Kiev, donde España estaba a punto de anotar una goleada antológica ante Italia en una final europea, San Lorenzo, con Ricardo Caruso Lombardi en su banquillo, disputaba un partido de promoción a cara o cruz ante Instituto, decisivo para su continuidad en Primera. San Lorenzo había ganado la ida por 0-2, pero empezó la vuelta perdiendo. Superada la media hora de juego, Néstor Ortigoza, especialista en el lanzamiento de penales, tomaba la responsabilidad de patear una pena máxima que podría resultar decisiva. Con sangre fría, igualó el marcador y salvó a los suyos. Apenas unos meses después, el Santo, otro de los apodos del equipo, se proclamaba campeón del Torneo Apertura, esta vez con Juan Antonio Pizzi como entrenador. De la salvación al milagro del título, todo ello en cuestión de meses. Sueño cumplido, tocaba seguir soñando. Y de qué manera. Lo ocurrido el pasado 13 de agosto ante Nacional de Paraguay, es de todos ya sabido. Si Ortigoza patea un penal, San Lorenzo celebra.

No necesité de copas para ser más grande,

ni que me compre una empresa para financiarme,

mi estadio lo hizo la gente,

no los militares,

no cuelgo banderas negras,

ni me trepo a los tapiales.

Milagro logrado, el Ciclón quiere seguir soñando. Tiene muy cerca una final ante el Real Madrid, un partido para el que necesitará algo más que ayuda divina. Contra los blancos, por cierto, ya se han medido en tres ocasiones, las tres de forma amistosa, y todas ellas saldadas con victoria del bando español. La primera, en 1946, se produjo durante una gira del equipo argentino por España. Tras superar por 1-4 al Atlético Aviación, visitó al Real Madrid en el Metropolitano, en un partido que estuvo a punto de ser suspendido por la nieve que azotaba la capital española. No le valió el juego de pase en corto a San Lorenzo, que sucumbió ante el juego rápido y combinativo de los blancos. El juego en conjunto de los blancos primó por encima de los gambeteos y las filigranas de los argentinos, que no encontraron respuesta al dominio local. El Real no dio opción a San Lorenzo, pero éste al menos pudo anotar el tanto del honor, obra de Pontoni tras una combinación de la delantera argentina.

Seis años más tarde, esta vez en el Santiago Bernabéu, el conjunto blanco volvió a vencer al azulgrana, esta vez por 1-0, en un encuentro en el que los argentinos demostraron una mayor madurez que en el anterior precedente, pero aun así fue insuficiente para batir a los madridistas. El último precedente entre ambos se produjo en 1958, cuando un Real Madrid liderado por Alfredo Di Stéfano realizó una gira por América. Visitaron Buenos Aires para medirse a San Lorenzo, y una vez más, les volvieron a superar. Los tantos de Puskas, Di Stéfano y Rial dieron la victoria a un Real Madrid que se impuso por 3-2. Al menos, San Lorenzo logró mejorar sus registros anteriores y anotar dos tantos, firmados por Herrera y Santisteban, éste último en propia puerta. Muy lejanos quedan ya esos años en blanco y negro, pero lo que sí persiste de esa época es la inquebrantable fe de unos azulgrana que volverán a buscar un milagro. De bien seguro que, desde algún rincón del Vaticano, Jorge Mario estará pendiente del porvenir de San Lorenzo, y tratará de impulsarles con su aliento, como harán miles de seguidores azulgrana desde todo el mundo.

Gasómetro de fiesta y rock and roll,

Locura que nos quita la razón, cantamos porque vamos a ganar,

Y si perdemos vamos a cantar igual,

Nos queda un sueño grande por cumplir,

Tu gente se merece la ilusión,

La copa la tenemos que ganar, para irnos todos juntos a Japón.

CRUZ AZUL: UN VIEJO SUBCAMPEÓN DE CEMENTO

Lograr la supremacía continental es una labor al alcance de unos pocos elegidos que, como pauta habitual, aunque no obligatoria, antes suelen imponer una lógica dominante en su país. No es el caso de Cruz Azul, equipo de Ciudad de México propiedad de una cooperativa de cemento que, hasta hace pocos meses, llevaba 17 años sin levantar un título liguero, y tenía instalada la mala fama de subcampeonísimo. Los Cementeros son el cuarto equipo a nivel de ligas conseguidas en México (tienen ocho, y están por detrás de las once ligas de Guadalajara y América, y las diez de Toluca), por lo que su sequía les había hecho perder pistón respecto a sus rivales históricos. Conquistado el último Clausura y también la última Concacaf ante Toluca, por fin pudo la Máquina celebrar su nuevas alegrías en el Estadio Azul, su hogar desde 1996, tras abandonar el Estadio Azteca.

Las vitrinas de la entidad permanecieron selladas desde 1997 hasta la pasada temporada, cuando volvieron a levantar el tan ansiado título liguero y el continental. Mucho llovió desde entonces, aunque sin rastro de nuevos trofeos. Durante ese período, Cruz Azul vivió una preocupante sequía que hasta el pasado mayo no llegó a su fin. En ese desierto, la entidad se fue encontrando con pequeños oasis como la final de la Copa Libertadores de 2001, o las ligas de 2008, el Apertura de 2009 y el Clausura de 2013, que eran pequeñas dosis de alegría para una afición que se resignaba a contentarse con ser subcampeona. Así, hoy Cruz Azul es el equipo mexicano con más subcampeonatos (10) del país. Cada derrota terminaba siendo un mar de arena, un motivo más que alimentaba el gafe del subcampeonísimo, pero los Cementeros no se dieron por vencidos, y levantaron la moral tras cada fracaso.

La presión que vivía la entidad, necesitada de títulos que ofrecer a sus seguidores, iba siendo mayor temporada tras temporada, pues la hinchada quería volver a la época dorada del club. “La afición está cansada de la sequía de títulos en liga, y la motivación es la existencia de una necesidad”, resumía el ex técnico de Cruz Azul Sergio Markarián a principios de 2014, antes del último periodo dorado del club mexicano. La fama de la Máquina Cementera se acrecentó con especial fuerza entre los años 60 y 70, cuando ganó siete títulos de liga, dos Campeón de Campeones y tres Copas de Campeones de Concacaf, competición en la que es el club más laureado de América con seis coronas continentales. La última de ellas, el pasado 23 de abril, un mes antes de coronarse campeón del Clausura. Cosas del destino, logró levantar ambos campeonatos cincuenta años después de su ascenso y debut en la Primera División. Qué mejor forma de celebrar el medio siglo de vida, pensarían en Ciudad de México, que con tal histórico doblete.

12242 34050414DI_AME_CAZ_DOMINGUEZ

Como el resto de participantes no europeos del Mundial de Clubes, Cruz Azul, tratará de dar la sorpresa y dejar una buena imagen. El principal objetivo de los de Luis Fernando Tena, competir y dar la cara ante el máximo favorito, un Real Madrid al que ya se enfrentaron en 2001 con motivo de la disputa del Trofeo Teresa Herrera, torneo amistoso que organiza cada verano el Deportivo de la Coruña. En Riazor, españoles y mexicanos empataron 1-1 (goles de Miguel Zepeda y Raúl González) en un partido en el que Luis Figo desaprovechó una pena máxima que le detuvo Óscar Pérez, y que se decidió a favor de los blancos en la tanda de penaltis. En aquel conjunto madridista, por cierto, ya figuraba el nombre de Iker Casillas, quien atajó hasta tres disparos, dando la victoria al conjunto que entonces entrenaba el hoy seleccionador nacional Vicente Del Bosque. Los fantasmas de aquel equipo subcampeón pasaron a la historia con la consecución de la última Concacaf y el Clausura, y ahora la Máquina Cementera, que cuenta en sus filas con viejos conocidos de la liga española como Perea (Atlético), Pavone (Betis) o Torrado (Sevilla), entre muchos otros, quiere terminar de romper su maleficio con un nuevo título en Marruecos.

AUCKLAND CITY: HEGEMONÍA EN EL SEMIPROFESIONAL FÚTBOL OCEÁNICO

Una playa casi desierta, un paisaje paradisíaco que no ha sido conquistado por las multinacionales del turismo. Los grandes complejos hoteleros todavía no han arraigado en ella arrasando a su paso esencia y naturaleza. Joven, inocente y casi virginal. Así es el fútbol en Oceanía: amateur, semiprofesional, un territorio todavía respetado por la feroz expansión del capitalismo deportivo. En Oceanía no hay jeques invirtiendo, ni constructores despilfarrando. Las grandes compañías transnacionales parecen no interesarse por el fútbol en este rincón del planeta.

En 1987 llegó el primer intento por profesionalizar el balompié oceánico. Nacía el Campeonato de Clubes de Oceanía, organizado por la Confederación de Fútbol de Oceanía y disputado en Adelaida (Australia). Pero no era una intentona con mucho convencimiento y la segunda edición tardó 12 años en volver a disputarse. En total y durante 19 años, el Campeonato de Clubes de Oceanía se celebró en sólo cinco ocasiones con cuatro campeones australianos -Adelaide City, South Melbourne, Wollongong Wolves y Sidney FC- y uno neozelandés: el Auckland City Football Club.

Comenzaba así la hegemonía, justo en el año en que la Federación de Fútbol de Australia pidió ser aceptada en la Confederación Asiática de Fútbol (AFC).

Es a partir de ese momento, en 2007 y sin sede fija cuando, bajo el nombre de O-League, llegaba el segundo intento por profesionalizar el fútbol de Oceanía tras la deserción australiana. Seis ediciones consecutivas fue el tiempo de vida de la O-League, tres cayeron en el zurrón del Auckland City, dos fueron para el máximo rival de los Navy Blues, el Waitakere United y una, la de 2010 fue la única competición continental en la que el campeón no pertenece ni a Australia ni a Nueva Zelanda. El Hekari United de Papúa Nueva Guinea fue el campeón tras imponerse al Waitakere.

2012 fue el año del desmantelamiento de la O-League. La nueva OFC Champions League incluiría a los campeones de los países polinesios más pequeños, pero el dominador no cambió, sino que acrecentó su hegemonía. En las dos primeras ediciones de la OFC Champions League, el Auckland City ha resultado campeón, llegando a la cifra de seis campeonatos continentales oceánicos -cuatro más que su perseguidor, el Waitakere United-.

Fundado el 7 de abril de 2004, el Auckland City Football Club fue la unión de varios equipos de la Región de Auckland y, pese a ser el máximo dominador del fútbol oceánico, está empatado con el Waitakere en el palmarés del Campeonato de Fútbol de Nueva Zelanda -New Zealand Football Championship o ASB Premiership- con cinco títulos para cada uno en las diez ediciones disputadas hasta el momento. Dualidad, liga bipolar. Esto es algo en lo que la liga neozelandesa supera a las más importantes competiciones del fútbol moderno, pues en toda su historia sólo la han conquistado dos equipos.

Esta será la sexta participación de los Navy Blues en el Mundial de Clubes tras 2006, 2009, 2011, 2012 y 2013 siendo la de 2009 su mejor actuación: lograron la quinta plaza, la mejor posición de un equipo oceánico en la historia de la competición. Los de Ramón Tribulietx, entrenador catalán que lleva en el club desde 2008 – primero como técnico asistente y desde 2010 como primer entrenador-, han ganado las últimas cuatro Champions oceánicas, pero en la ASB Premiership ha sido en la última campaña cuando han vuelto a saborear la gloria del título tras cuatro años consecutivos viendo como su máximo rival, el Waitakere, se alzaba con el trofeo.

3

WESTERN SIDNEY WANDERERS: ¿Y POR QUÉ NO?

La cada vez más sonada (pero semidesconocida aún) liga australiana de fútbol marca el inicio de su existencia allá por 1977 con la National Soccer League (NSL). Hasta entonces, los distintos clubes del país competían en torneos estatales de poca repercusión. Sin embargo, ha llovido mucho hasta llegar a la A-League que conocemos hoy. No sería hasta la refundación en 2003 de Soccer Australia (el organismo de fútbol nacional) en la Football Federation Australia o FFA, cuando se empezasen a sentar las bases para la formación de una liga seria.

Fue definitivamente en 2004. La A-League tomaba forma a través de un sistema de franquicias en el que la FFA decide qué club puede o no puede participar. Además, se estableció por entonces un límite salarial de 1’6 millones de euros por equipo, que sólo pueden salvar los jugadores franquicia (como lo fuesen Del Piero o David Villa), quienes pueden cobrar lo que el club esté dispuesto a pagarles. También se limitó el número de jugadores y extranjeros que  podían llegar a acumularse, cuidando así los posibles problemas económicos que pudiesen surgir en el futuro.

Otra de las normas fue que no podían participar en la liga dos equipos que conviviesen en la misma zona. En 2005, el este y el oeste de Sidney pugnaron por la candidatura de representar a la ciudad más grande y poblada de Australia. La FFA, obligó al futuro equipo que utilizase el Sydney Football Stadium, situado en el este de la ciudad, lo que desequilibró la balanza a favor del Sydney F.C., que además firmó un acuerdo de exclusividad local hasta 2010. Por unas cosas u otras, no sería hasta la temporada 12/13 cuando quedase oficializada la entrada del Western Sydney Wanderers.

Y la verdad es que nada pudo empezar de mejor forma, aunque no fue hasta la jornada 4 cuando consiguieron la primera victoria en el Suncorp Stadium (0-1) ante el Brisbane Roar. Mark Bridge -en el minuto 19-  pondría la primera piedra del palacio que estaban construyendo al oeste de Sidney. El equipo dirigido por Tony Popović terminó la primera liga de su historia como campeón de la fase regular (57 puntos, 41 goles a favor, 21 en contra) y perdiendo el título en la final ante el Central Coast Mariners. Pese a ello, los Wanderers se ganaron un billete para la Asian Champions League (ACL) de la siguiente temporada junto a los Mariners y el Melbourne Victory. Empezaba el sueño y ellos sin saberlo; y el mundo sin saberlo.

Primer rival: el Ulsan Hyundai Football Club surcoreano. Primer rival y primer tropiezo, pese al alentador comienzo con el gol de Brendon Šantalab en el primer minuto de encuentro. El conocido Shin-Wook Kim (espigado delantero internacional con Corea del Sur) anotaría el empate. El resto es historia (1-3). Pero no todo estaba perdido. Los australianos, con jugadores de calidad como Shinji Ono o Aaron Mooy, sólo volvieron a caer ante Kawasaki Frontale por 2-1. Ganaron los otros cuatro partidos de su fase de grupos (la vuelta ante el Ulsan, la vuelta ante Kawasaki Frontale y ambos contra Guizhou Renhe) y se clasificaron como primeros, ante la sorpresa -y expectación- colectiva. Con sus compatriotas eliminados en la primera fase (los Mariners últimos; el Victory tercero), sólo ellos podían conquistar la utopía. Y al contrario que Eduardo Galeano, ellos sí creían. Y vaya si lo hicieron.

Sanfrecce Hiroshima (con remontada incluída), Guangzhou Evergrande (aguantando en la vuelta), Seoul (con victoria en Parramatta) y Al-Hilal (un gol en la ida, en casa, fue suficiente) fueron las víctimas del imparable ascenso de un recién nacido. Tomi Jurić, héroe eterno, permanecerá en el olimpo de un club que apenas tiene dos años de existencia, pero que ya puede decir que ha sido dos veces subcampeón de A-League y el primer campeón australiano de la Champions asiática. Nadie lo imaginó, ni siquiera su afición, pero ahora la gente se pregunta, ¿y por qué no?

4

MOGHREB TÉTOUAN: EL QUINCUAGÉSIMO NOVENO DE LA LIGA ESPAÑOLA

Una paloma blanca sobrevuela el norte de Marruecos. En Tetuán, población entre Tánger y Ceuta, miran al cielo con esperanza. Unos niños corretean tras una pelota. Son jóvenes, conocen el deporte, pero no tienen interiorizada la necesidad de que el equipo al que siguen tenga que ganar cada fin de semana. Unos hombres les miran desde la lejanía. Son sus padres, ellos sí tienen una cultura futbolística más vasta, pero han celebrado más éxitos de Real Madrid y Barcelona que del equipo de su ciudad, que la pasada campaña recién ganó la segunda liga de su historia. La primera había llegado en 2012. Dos años atrás, el Atlético Tetuán, también llamado Moghreb Tetouani, aún no sabía lo que era ganar una liga en su país. De hecho, la entidad apenas acumula catorce participaciones en la máxima categoría de su país.

Nacido en 1922, durante casi tres décadas formó parte del protectorado español y, por tanto, participó en las divisiones inferiores del fútbol español. Coincidiendo con los treinta años de vida, se coronó campeón de segunda, y logró ascender a la Primera División española, un año clave en su historia, pues entraba a formar parte de la lista de equipos que integraban la élite del fútbol español. No fue esa la mejor campaña de la vida del club, pero sí una de irrepetible. Nunca la verán esos niños marroquíes, pero ahí estarán sus abuelos para contarles lo que ocurrió: 30 partidos jugados, de los cuales 18 terminaron en derrota, siete en victoria y cinco en empate. Su primera victoria en Primera la lograron ante el Celta (2-1) en la tercera jornada, pero una semana antes habían disputado el gran partido. Visitaron el Bernabéu, y dejaron una buena imagen. El resultado, 4-2. Así relataba lo sucedido, sin embargo, una de las crónicas de aquel partido: “Al parecer el Real Madrid no mereció la derrota ante el novel Atlético de Tetuán, pues el juego de los marroquíes fue mejor y más entusiasta”. Se adelantaron los visitantes, pero pronto empataron los blancos con un tanto en fuera de juego. En la segunda mitad, el Madrid superó a su rival con tres tantos, aunque el público de Chamartín, al final del encuentro, despidió a los jugadores del Tetuán con una ovación.

Los norteafricanos terminaron colistas aquella campaña, pero dejaron buenas sensaciones en otros encuentros, como en la victoria por 4-1 ante el Atlético de Madrid, club con el que el pasado 2007 firmaron un acuerdo de colaboración en el que se creaba una asociación de seguidores y una escuela de fútbol del club madrileño. No fue aquella la primera vinculación del Tetuán con un club español, pues su escudo, históricamente, fue prácticamente una réplica del del Athletic Club de Bilbao. Los marroquíes también se lo pusieron difícil al Barcelona en el Camp Nou (3-2), aunque seguramente, su mayor logro de la temporada fue el 3-3 conseguido ante el Real Madrid en la segunda vuelta. Era un 6 de enero, y aquella tarde, los reyes magos hicieron un guiño a la paloma blanca (sobrenombre de Tetuán), y dieron un empujón a los suyos, que terminaron sumando un punto histórico. Descendieron meses después, pero formaran parte para siempre de los clubs que jugaron en la Primera División española. Hoy son el quincuagésimo noveno, sólo por delante de la Cultural Leonesa.

9

La independencia marroquí provocó una división en el club: los jugadores y directivos españoles se marcharon para formar parte de lo que sería la Sociedad Deportiva Ceuta, mientras que el resto de integrantes nativos refundó la entidad, a la que primero llamaron Acchourouk, aunque pronto volvería a su nombre habitual, Athlético de Moghreb Tetouan. Desde entonces, la entidad ha formado parte de la Federación de Fútbol de Marruecos. Desde entonces, el club fue alternando las primera con la segunda división del país, hasta que el 28 de mayo de 2012, ya consolidado en primera, alzó la mirada al cielo para sonreír a la paloma blanca. El Atlético Tetuán acababa de proclamarse campeón de la Liga marroquí por primera vez en su historia. Su recorrido en la Liga de Campeones de la CAF se reduce a una derrota en la ronda preliminar ante el Casa Sport de Senegal en los penaltis el año pasado. En 2014, repitió título liguero, y cerrará el año siendo el anfitrión de unos huéspedes de alto prestigio, los seis campeones continentales. La paloma toma asiento en Rabat. Ahí empieza el porvenir de los suyos en el Mundial de Clubes. Está clasificado por ser el campeón local de la sede donde se disputa, pero eso no es ningún freno para su ilusión. Ansiosa, ya espera a poder ver rodar el balón y a esas figuras que siempre vio desde la lejanía, y que ahora regresan a Marruecos para ser los mejores del mundo.

ES SÉTIF: DESAFIANDO A LA LÓGICA

El ES Sétif es una excepción dentro de la normalidad imperante del fútbol africano. Pese a no estar ni mucho menos entre los favoritos al título, los argelinos consiguieron hacerse con la Champions League el pasado uno de noviembre venciendo al AS Vita congoleño. Meses antes, desde el club se planteaban si valía la pena participar en ella. La aventura de la Champions en algunos clubes va más allá del torneo: el Dynamos FC de Zimbabwe, en plena crisis económica por la paupérrima gestión del presidente Robert Mugabe, fue capaz de llegar a semifinales en 2008, pero los premios -1 millón de dólares para el ganador- difícilmente podían sufragar los costes en un país con una federación corrupta y sin prácticamente organización futbolística. A escala local es donde, a pesar del brillo de sus estrellas, se hacen patentes las grandes contradicciones del fútbol continental.

Mucho tiempo ha pasado ya desde los primeros pasos del fútbol africano a escala global. Las primeras selecciones continentales protagonizaban ridículos estrepitosos. Daba igual si se trataba de los representantes del norte -Egipto- o si provenían del África subsahariana: el primer mundial de Zaire, en Alemania Occidental, acabó con la espantada literal de un jugador, Mwepu Ilunga, que huyó de la barrera para despejar el balón cuando el árbitro ni siquiera había pitado. Estupor en las gradas, incomprensión sobre el terreno de juego. Tres derrotas y cero goles a favor.

El paso de los años ha ido consagrando al fútbol africano en las altas esferas mediáticas gracias a sus jugadores más conocidos. La proliferación de jugadores africanos en el imaginario colectivo empieza con las caderas de Roger Milla, celebrando goles con casi 40 años en un córner de Italia 1990. Continúa con la velocidad y la potencia física de George Weah, primer jugador africano en hacerse con un Balón de Oro, y se convierte en norma definitiva con la eclosión de los Eto’o, Drogba, Essien o los hermanos Touré.

África, especialmente la negra, ha conseguido consagrarse como uno de las grandes exportadores de talento futbolística del planeta, pero ese desarrollo mediático ha ido en detrimento del fútbol local. Las selecciones tienen estrellas globales, pero sus ligas no cuentan con un gran seguimiento popular. En Nigeria prefieren ver cualquier partido de Victor Moses con el Liverpool antes que un partido de la corrupta liga local; más de lo mismo en Sierra Leona, Costa de Marfil, Kenia o cualquier país que cuente con una estrella en la Premier League, la más seguida en África prácticamente sin contar con un rival. Las excepciones de lo local se encuentran, pero, en el sur -Sudáfrica cuenta con una liga mejor estructurada que las demás, y su premio al campeón es superior al de la Champions africana- y, sobre todo, en el norte. El mundo árabe es hegemónico en cuanto a nivel de las ligas locales: 8 de los últimos 10 campeones de África provenían del norte del continente (Egipto, Argelia y Túnez).

Provienen del norte, pero no son el Al Ahly egipcio -5 campeonatos continentales de los últimos 10-, y la economía de su liga no es la ideal. El subcampeón argelino, el USM Al Harrach, prefirió no participar en la Champions League 2014 teniendo en cuenta los gastos y el escaso nivel del equipo. El Sétif se rebeló en un acto arriesgado.  Desde 2007 han tenido diez entrenadores, pese a ser uno de los equipos más laureados del país (6 campeonatos de liga y 2 Champions League), la estabilidad no ha sido algo que se pueda asociar al club. Su entrenador, Kheirredine Madoui, con 37 años, es el más joven en conseguir un campeonato continental, y la forma de su equipo fuera de casa ha sido uno de los aspectos clave para la consecución del título: la mayoría de equipos africanos basan su fuerza en los partidos como local, pero el Sétif sorprendió haciéndose fuerte a domicilio. El empate a 2 en Kinshasa ante el AS Vita congoleño fue clave, el empate a 1 en la vuelta hizo campeones a los argelinos gracias a los goles marcados fuera de casa.

La política del fútbol argelino se basa hoy en día, en gran parte, en el rastreo del fútbol francés. La selección se ha beneficiado de la llegada de jugadores como Feghouli, el meta M’Bohli o el extremo Yacine Brahimi, todos ellos nacidos en Francia, y el resultado ha sido óptimo: fue seguramente la selección africana más en forma del Mundial y se ha clasificado con solvencia para la Copa de África que se celebrará en enero en Guinea Ecuatorial. De la misma forma, el Setif ha contado con la participación del meta Sofiane Khedairia, el medio Toufik Zerara o el extremo El Hedi Belameiri. La apuesta ha servido para poner al fútbol argelino en primera plana del fútbol continental. Sin contar con el apoyo económico de otros clubes continentales como el Mazembe, los argelinos intentarán seguir la buena forma que han mostrado desde noviembre: días después de ganar la Champions, estaban en penúltima posición en la liga local. Ahora andan quintos. Nada les impide soñar con una victoria ante el vencedor del Auckland City- Moghreb Tetuán. Fuera de casa y sin presión, los hombres de Kheirredine Madouri intentarán emular al Mazembe -único finalista africano en la historia del Mundial de clubes junto al Raja de Casablanca- en una tarea tan improbable como lo era ser campeones de África.

6

Por Roger Requena, Pau Corachán, Álex Martínez y Jaume Portell.