El impasible transcurrir del tiempo transforma la memoria colectiva. Antiguas deidades hoy son viejas glorias, y los que fueron viejas glorias actualmente solo permanecen vivos en un rincón polvoriento de la mente de nostálgicos como nosotros. En tiempos en los que el fútbol internacional se reducía a giras amistosas, a los Juegos Olímpicos cada cuatro años y al sueño de un Campeonato Mundial, equipos sobresalientes hacían las delicias de sus fieles aficionados en las ligas nacionales. Sin la historia que voy a contarles a continuación, el Arsenal, tal y como hoy lo conocemos, no existiría. Fue un hombre el que sentó las bases de una escuadra ganadora, el que comenzó la historia dorada de uno de los clubes más grandes del panorama balompédico presente: Herbert Chapman.

Nacido en el frío enero del año 1878, el pequeño Herbert se crió en el seno de una familia minera. Pero en lugar de dedicar sus días a las duras galerías en busca de carbón, consiguió una plaza en la Facultad Técnica de Sheffield, donde obtuvo el título de ingeniero de minas. Mientras tanto, compaginaba su trabajo con su verdadera afición: el fútbol. Defendió los colores de diez equipos distintos, entre ellos el Tottenham, acérrimo rival del Arsenal, donde colgó las botas como jugador. Pero el Northampton llamó a su puerta cuando pasaban siete años del siglo XX y aceptó el puesto de jugador-entrenador.

Tras una dura derrota ante el Norwich City por 4-1 en la que su equipo dominó, Chapman pensó que su equipo necesitaba una táctica. Hoy en día es impensable que un equipo no sea dispuesto acorde a una táctica consensuada por el cuerpo técnico y ensayada hasta la saciedad por los jugadores en numerosos entrenamientos. Pero en aquella época los jugadores apenas disponían de una organización simple. Por ello, nuestro protagonista es un pionero olvidado en la historia de este deporte. Chapman llegó al Northampton después de haber acabado últimos en el campeonato de liga, y dos años después eran los campeones de Inglaterra.

FOTO ESTATUA ESTADIO CHAPMAN

Desde 2011, Chapman sigue vigilando de cerca los progresos del equipo de sus amores.

Después de esto, el Leeds City llamó a su puerta. Pero, tras tres temporadas en constante mejoría en la Segunda División, estalló la guerra. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Chapman consiguió un empleo como encargado de una fábrica de municiones a la vez que continuaba con sus labores de entrenador en un Leeds City que competía en ligas regionales, ya que la liga nacional había sido cancelada durante el conflicto. En 1919 el escándalo copó las portadas: las autoridades acusaban al equipo de pagos ilegales a jugadores para que disputasen partidos en tiempos de guerra, y ante la negativa de la directiva del club a prestar acceso a los archivos financieros, la Football League decidió disolver el equipo y sancionar de por vida a los directivos y al propio entrenador del equipo.

 

UNA NUEVA OPORTUNIDAD

En 1921, cuando Chapman llevaba más de tres años apartado del fútbol y seguía con su empleo en la fábrica de coque (un combustible sólido) de Selby, recibió una llamada. Se trataba de Ambrose Langley, que había sido compañero de su hermano Harry en el Sheffield Wednesday en sus tiempos de jugador. Ahora era el entrenador del Huddersfield Town, y le ofrecía el puesto de segundo entrenador. Chapman continuaba con su sanción vitalicia y el club esgrimió ante las autoridades que él estaba trabajando en la fábrica mientras las irregularidades tuvieron lugar, por lo que era imposible que estuviera implicado. Ante la presión de la directiva del Huddersfield Town, la Football League cedió y Chapman fue readmitido, siendo contratado oficialmente el primer día de febrero de 1921. Un mes después, Langley fue destituido y Chapman ascendió al puesto de mánager.

Con fichajes como el internacional inglés Clem Stephenson, quien se convirtió en su general particular en la medular, o el desconocido delantero George Brown, que a la postre sería el máximo goleador histórico del equipo, se hizo con el título de liga en 1924 y 1925. Esto provocó que el Arsenal, que acababa de despedir a Leslie Knighton, ofreciese a Chapman el puesto. Este puso como condición que le diesen cinco años de plazo para construir un equipo ganador, y Henry Norris, presidente del Arsenal, le convirtió en el entrenador mejor pagado de Inglaterra, con un contrato a razón de dos mil libras por temporada.

TÁCTICA WM

Sistema WM

«Él soñaba con formar el mejor equipo de fútbol del mundo», dice Bernard Joy, ex centrocampista del Arsenal. Para ello, organizó una auténtica revolución táctica. En tiempos del 2-3-5, impensable hoy en día, pasó a un 3-2-2-3, más conocido como sistema WM. Consistía en tres defensas, dos mediocentros defensivos, dos mediapuntas, dos extremos y el delantero centro. El gran Vittorio Pozzo, seleccionador italiano, usó tácticas similares en aras de la consecución del Campeonato Mundial de 1938.

Para construir su escuadra ganadora, Chapman tuvo muchas facilidades por parte de la directiva para gastar lo necesario en adquirir los mejores jugadores. Pero Herbert Chapman era un duro y astuto negociador. Para comprender la dimensión del personaje, conviene recordar una anécdota que tuvo lugar en 1928, cuando el Arsenal quiso firmar a la estrella del Bolton, David Jack. El Bolton pedía 13.000 libras por su traspaso, el doble del último traspaso récord. Tras las negociaciones, llevadas a cabo en un hotel cercano a Euston, el precio final fue de 10.890 libras. ¿Cómo lo consiguió? Bob Wall, el asistente personal de Chapman y más tarde secretario del club, lo cuenta en Arsenal from the Heart:

«Llegamos media hora antes. Chapman se fue directo al bar. Llamó al camarero y le puso dos libras en la mano. Dijo: “George, éste es el señor Wall, mi ayudante. Tomará un whisky con dry ginger. Yo tomaré un gin tonic. Van a venir unos invitados. Tomarán lo que quieran. Ocúpate de que les den el doble de todo, pero al whisky con dry ginger del señor Wall no le pongáis whisky, y a mi gin tonic no le pongáis ginebra”».

Apenas quedaron algunos jugadores de la era anterior, como Alf Baker, Bob John o Jimmy Brain, un mediapunta al que Chapman recolocó como delantero y que se convirtió en el gran goleador del equipo. Así, llegaron a Highbury durante esa época jugadores de gran fama como Joe Hulme, Jack Lambert, Tom Parker, Alex James, Cliff Bastin o Charlie Buchan, quien hasta su retirada en 1929 fue un mediapunta goleador que motivaba al resto del equipo. Algunos de los jugadores fueron verdaderos descubrimientos del ojo avizor de Chapman, que dedicaba gran parte de su tiempo al ojeo de nuevos talentos. Por ejemplo, Eddie Hapgood, el gran lateral izquierdo de los gunners en los años treinta, era un lechero que había jugado unos pocos partidos con su equipo local.

Aquel Arsenal se basaba en una defensa férrea, la rápida recuperación del balón y un contragolpe mortal. Las tácticas de Chapman eran realmente revolucionarias para la época. Puso a los laterales a marcar a los extremos, cuando esa tarea solía ser de los centrocampistas defensivos. Utilizó a uno de los dos mediapuntas como organizador de juego, mientras el otro atacaba por detrás del delantero, que era ayudado por dos extremos que recortaban hacia dentro en lugar de jugar pegados a la línea de cal, como era habitual. Chapman ganó una Copa y dos Ligas. Quizás puede parecer poco, pero lo que realmente mistifica su figura es su condición de antecesor de los grandes entrenadores. En una época en la que las directivas decidían las alineaciones, él fue el primer gran manager. Todo pasaba por él. Incluso la reconstrucción de Highbury fue supervisada personalmente por él. Chapman era el Arsenal. Y el Arsenal era Chapman.

Chapman es el hombre que construyó el Arsenal.

Así lo testifica Tony Attwood, escritor y miembro de la Sociedad Histórica del Arsenal: «Chapman es reconocido como uno de los grandes entrenadores y transformadores del juego. No solo hizo grande al Arsenal y nos dio nuestro primer trofeo, antes también construyó el Huddersfield Town que se llevó tres campeonatos seguidos. Él fue el hombre que inventó las tácticas modernas, ya que antes los jugadores jugaban como querían. Chapman es una parte importantísima de la historia del club, y es por eso que es el único entrenador al que el Arsenal ha conmemorado con una estatua en la salida del estadio».

Hay algo que tenemos en común los ciudadanos de a pie y los mitos que nosotros mismos creamos. Pese a que ellos sean iconos y triunfen en multitud de encuentros, ganen decenas de competiciones y reciban todas las distinciones con las que podrían soñar, todos perdemos un mismo duelo. La muerte no perdona a ningún ser humano, y tarde o temprano todos corremos el mismo destino. Herbert Chapman, el pionero de la táctica, el creador del triunfal Arsenal, uno de los más grandes y más olvidados personajes de la historia del fútbol inglés, no fue la excepción. Unos días después de que comenzara el año, tras ojear al Sheffield Wednesday, regresó a su ciudad natal, Kiveton Park, para descansar un día. En su viaje de vuelta a Londres comenzó a sentirse mal. Su cuerpo le pedía reposo, pero él hizo caso omiso y fue a ver un partido del tercer equipo del Arsenal. Se debía a su club. Daría la vida por hacerlo triunfar. Al volver a casa, su estado empeoró rápidamente, y en las primeras horas del 6 de enero de 1934, Herbert Chapman falleció en su casa de Hendon. Una neumonía había acabado con su vida. Pero no con su memoria, que hoy aún pervive entre los aficionados al fútbol, por medio de homenajes, recuerdos… y reportajes.

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