Mis primeros recuerdos vitales son inequívocamente futbolísticos, y es que cuando era niño mi vida giraba alrededor de un balón de cuero. Por la mañana, cuando llegaba al colegio y faltaban quizás veinte minutos para la primera clase, iba corriendo a la pista de futbito y saludaba a mis amigos con una pregunta que constaba de dos simples palabras: ¿se puede?. Por supuesto, si el partido -o el juego futbolero al que estuviéramos jugando- estaba emocionante llegaríamos cinco minutos tarde a clase y soportaríamos estoicamente la primera bronca del día. Eso poco importaba y mientras asentía con la cabeza solamente pensaba en devolverle a Jorge el “cañito” que me había hecho.

Las primeras clases del día pasaban despacio y se hacían lo suficientemente largas como para que el momento del regreso a la pista fuera tan ansiado como el bocadillo del almuerzo. El orden estaba claro, primero nos comeríamos el bocata y así todo el tiempo restante de patio lo podríamos dedicar a la más vital de nuestras necesidades básicas: el fútbol. Compadecía a los compañeros que se iban a casa a comer, pues no podían practicar nuestro deporte favorito durante el recreo más largo de la jornada escolar. Mis tardes preferidas eran las de los martes y los jueves. La razón no era otra que precisamente eran los días en que entrenaba en la escuela de fútbol base para la que jugaba. Cada viernes me acostaba pronto, con un gusanillo en el estómago: los nervios de la noche previa a un partido.

Roberto es un niño como el que yo fui. En su cabeza, como en la mía, hay un campo de fútbol con una portería al fondo y un balón que salta de una parte a otra del verde. Pero Roberto tiene síndrome de Down y no puede jugar a fútbol tanto como le gustaría. Sus sueños futbolísticos no pueden ir más allá del muro del patio de su cole, de su Centro de Educación Especial. No hay en su municipio -ni en los más cercanos- un club que le dé la oportunidad de entrenar por las tardes, de jugar el fin de semana, de sentirse parte de un equipo… y es una lástima que por falta de infraestructuras y voluntad política muchos jóvenes como Roberto no tengan la oportunidad de disfrutar de una actividad que les resultaría enormemente beneficiosa y que además, es el deporte favorito de la mayoría de los jóvenes de este país.

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BENEFICIOS DEL DEPORTE PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL

La práctica y disfrute del deporte es un excelente medio para prevenir y tratar enfermedades, así como para promover estilos de vida no perjudiciales, además de suponer una de las primeras y más eficaces vías de socialización en la vida de un ser humano. Los beneficios psicológicos y sociales del deporte aumentan si nos referimos a personas con discapacidad intelectual. Y si hablamos de un deporte de equipo, como el fútbol, todavía es mayor el efecto terapéutico y socializador del juego. La superación personal, la transmisión de valores, la aceptación de reglas, el compañerismo, el trabajo en equipo -el esfuerzo grupal e individual por un objetivo común-… son sólo algunos de los efectos que jugar a fútbol propicia en estas personas.

El deporte crea un campo sencillo y adecuado para la auto superación, que no sólo acarrea beneficios de índole psicológica sino también social.

Según Daniel Germán Zucchi, especialista en Educación Física Adaptada y Deporte Especial y coordinador de área del Instituto Latinoamericano de Actividad Física Terapéutica: “El deporte ayudará en un principio a abstraerse por momentos de los inconvenientes que las barreras que impone la sociedad acarrean; además fortalecerá su psique (afectividad, emotividad, control, percepción, cognición). Pero lo que es más importante es que el deporte crea un campo adecuado y sencillo para la auto-superación, ella busca establecer objetivos a alcanzar para poder superarse día a día y luego a partir de ellos proyectar otros objetivos buscando un reajuste permanente, un feedback. La autosuperación no sólo acarrea beneficios de índole psicológica sino también social“.

 José Antonio Lagar, en su ponencia “Deporte y discapacidad”, habla de la función rehabilitadora del deporte adaptado: “Se entiende al deporte como parte del proceso de rehabilitación. Entendiendo a la rehabilitación como los procedimientos médicos, psicológicos, pedagógicos y sociales que sirven para el mejor desarrollo de las capacidades de la persona con necesidades especiales”. La ponencia de Lagar compara al deporte adaptado con el trabajo físico individualizado: “Es importante decir que en el deporte y a través de la motivación que el mismo desencadena se realizan esfuerzos físicos que muchas veces superan aquellos que se realizan durante una sesión individual de trabajo físico”.  Por último, Lagar enumera los beneficios terapéuticos del deporte adaptado: “Contribuye a mantener y mejorar las funciones corporales ya obtenidas en su etapa de tratamiento físico individual; mejora las funciones motoras, sensoriales y mentales tratando al individuo como un ser completo; y estimula el crecimiento armónico y previene deformidades y vicios posturales”.

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UN MOVIMIENTO EN CRECIMIENTO

Afortunadamente, el deporte poco a poco se está abriendo hueco frente al sedentarismo en la vida de las personas con discapacidad intelectual y cada vez son más las personas y las familias que demandan que exista una oferta de actividades de ocio saludables y accesibles.

En sintonía con esta corriente, el Levante UD a través de su área social y gracias a la dedicación de Jorge Sabater y Jose C. Gascó creó en 2012 la primera Escuela de Discapacitados Intelectuales impulsada desde un club profesional de fútbol en España. En palabras de Vicente Herrero, director del área social: “El Levante pretende con su escuela de fútbol para discapacitados intelectuales, su equipo de hockey en silla de ruedas LevanteUD – Masclets -actual subcampeón de España- o las charlas del proyecto Di_Capacidad devolver a la sociedad parte de todo lo que ésta regala al club granota“.

 Tatón, como familiarmente se le conoce, recibió a Highbury en las oficinas del Levante UD y lamentó que el club de Orriols sea el único que, por el momento, ha apostado por incorporar a su estructura un equipo de estas características: “Nos gustaría que hubiera 20 equipos como el nuestro y que nuestros chicos pudieran competir en una Liga de Discapacitados Intelectuales, por el momento nos conformamos con entrenar y participar en torneos solidarios, encuentros con empresas o el campeonato de España de fútbol 7 Unificado y con ello conseguimos nuestro principal objetivo: dibujar una sonrisa de oreja a oreja en la cara de nuestros chicos y de todas las personas que comparten junto a ellos un entrenamiento o un partido”.

El Levante pretende devolver a la sociedad parte de todo lo que ésta regala al club granota.

El Levante UD EDI participó en septiembre en su segundo Campeonato Nacional de Fútbol 7 Unificado, disputado en Albacete. El equipo A del Levante quedó subcampeón en su categoría y el equipo B campeón en la suya, pero lo primordial es, según Herrero, “el sentimiento de pertenencia al club, el compañerismo, vestir como los jugadores del primer equipo, la aceptación de normas y disciplina, la creación y mantenimiento de hábitos saludables y la felicidad que todo esto produce”.

 El jugador de la primera plantilla Héctor Rodas colabora regularmente con el Levante UD EDI ya sea entrenando junto a los chicos o como Presidente de Honor de la peña granota DI_Levante, de reciente creación: “Héctor se ha volcado con el proyecto y es un honor contar con su ayuda porque es un crack dentro y fuera del campo, una bellísima persona”. El área social del Levante UD “pretende con todos estos proyectos trasladar los objetivos del club: humildad, esfuerzo, proximidad y superación”.

 La Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual (FEDDI) organiza cada año el Campeonato de España de Fútbol Sala para personas con Discapacidad Intelectual. La última edición se disputó en octubre de 2014 en Cartagena (Murcia), donde Alter Valencia se proclamó campeón por quinta edición consecutiva en la categoría más alta (Primera División Competición).

El Club Deportivo Alter Valencia se constituye como club en el año 2002, vinculado a la asociación Alter Valencia, creada en 1997. Previamente al 2002, se realizaban actividades deportivas con un carácter lúdico, pero es a partir de ese año cuando se estructuran las actividades deportivas. Participa, además de en el Campeonato de España, en competiciones autonómicas organizadas por la FEDDI-CV y en torneos amistosos que organizan otros clubes similares a lo largo del año.

Ser campeones les ha aportado madurez, equilibrio y ha mejorado mucho su autoestima.

El presidente, psicólogo y entrenador Joaquín Gisbert nos contó su trayectoria en las competiciones a nivel estatal durante los primeros años en que participaron en ellas: “Empezamos nuestra andadura en competiciones nacionales en el año 2007, participando en el Campeonato de España de Fútbol Sala que  organizó FEDDI ESPAÑA en Málaga. Lo hicimos  en la 2ª división de la máxima categoría. Ese primer año conseguimos llegar a la final y fuimos subcampeones, consiguiendo el ascenso a la 1ª División de Competición. En el Campeonato de España del 2008 celebrado en Murcia fuimos cuartos de España de la máxima categoría 1ª división. En el 2009, viajamos a Alfas del Pi y La Nucia ambas localidades de Alicante,  a disputar el campeonato y conseguimos hacer pódium siendo  terceros de España”. Ximo se emociona cuando recuerda lo que ha sucedido desde 2010: “El 2010, será un año inolvidable, en San Fernando de Cádiz, conseguimos por primera vez el título proclamándonos Campeones de España, título que hemos revalidado en el 2011, 2012, 2013 y 2014… cinco años consecutivos de éxitos”.

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 Los chavales que integran los equipos de Alter son jóvenes entre 17y 33 años con discapacidad intelectual, muchos de ellos con problemas sociales y de marginalidad asociados. En palabras de Joaquín: “Están orgullosos de los éxitos y de pertenecer a nuestro club, se sienten identificados con el mismo y el hecho de ser campeones durante cuatro años consecutivos les ha aportado madurez, equilibrio y ha mejorado mucho su autoestima”. “Al margen de los beneficios físicos indudables y el mantenimiento de hábitos saludables de vida asociados a la práctica del deporte, mantener una disciplina de entrenamientos les ha hecho mejorar en otros aspectos relacionados con su entorno, se han acostumbrado a respetar normas, a ser disciplinados, a esforzarse, a competir con deportividad, respetando a los demás  y mostrando actitudes positivas hacia otros”. Por último, Joaquín destacó la importancia de la colectividad en el deporte: “El trabajo en equipo es fundamental ya que permite adoptar una actitud menos individualista y trasmitir valores importantes como la confianza en los demás, el apoyo entre todos, el esfuerzo común, etc. Creo que son valores útiles para mejorar en sus vidas diarias“.

 El sueño frustrado de Roberto representa las ilusiones de muchas otras personas con distintas capacidades y sin un espacio para desarrollarlas. El trabajo y la voluntad de gente como Jorge o Joaquín se ve limitado por la falta de apoyo institucional, pero este colectivo de personas merece el esfuerzo necesario para satisfacer esta necesidad social. Esta vía de inclusión, este modo de romper barreras, reforzar conductas adecuadas y mejorar la autoestima de las personas con discapacidad intelectual merece ser apoyado.

*Fotos cedidas por el Levante UD y por el Club Deportivo Alter Valencia