Cae la noche, y también la nieve, sobre el estadio olímpico de Kiev. El frío se propaga a la perfección a través de la imagen, aunque uno la contemple pasados quince años en la comodidad de su casa. El frío y la gloria no entienden el paso del tiempo. Permanecen en el recuerdo, imborrables, invariables. Uno para hacer más épica la hazaña, y la otra para que queden registrados los nombres de los héroes que lograron la proeza.

La federación de fútbol de Eslovenia (NZS) se encargó el pasado 17 de noviembre de rememorar el 15º aniversario de la primera clasificación para una fase final de su equipo nacional. La Eurocopa del año 2000 fue la competición en la que se estrenó un país con nueve años de vida en solitario.

Aquella noche, las lágrimas de alegría brotaban en los rostros de los jugadores que habían hecho valer la victoria cosechada en casa en la ida de la repesca. El 1-1 de la vuelta ayudó a encumbrar a dos grandes apellidos del fútbol de la pequeña república exyugoslava: Katanec y Zahovič.

Katanec se convirtió en leyenda al meter a su país en la primera Eurocopa y el primer Mundial. Como jugador en cambio, quien ganaría el pulso sería Zahovič. El máximo goleador de la historia de la selección eslovena llegó a jugar para varios equipos de renombre como Oporto, Olympiakos, Valencia o Benfica, anotando hasta once goles en 32 partidos en la Champions League.

Hoy, quince años más tarde de aquella clasificación histórica, ambos siguen formando parte de la actualidad balompédica en Eslovenia. Srečko vuelve a estar al mando del combinado nacional, mientras que Zlatko ha pasado a la dirección deportiva del equipo del momento en el país del Triglav: el Maribor. Allí sigue ampliando su aura, que brilla con potencia, y compartiendo protagonismo con su propio hijo.

“Se parece mucho a su padre. Se mueve como él, tiene una constitución física similar y el mismo olfato de gol. También habla como él”. Jure Bohoric, periodista esloveno, realiza la comparación inevitable entre padre e hijo. “Luka es un delantero más puro, mientras que Zlatko actuaba en la mediapunta”.

 

UN JOVEN CON LAS IDEAS CLARAS

No ha sido un camino fácil para el hijo de Zlatko. Siempre a la sombra de su padre, como si de cualquier enchufado se tratase. Luka ha tenido que trabajárselo para convencer a compañeros, prensa y aficionados. Su padre y su calma extrema le han ayudado. “No parece que tenga 19 años” afirma Jure.

El atacante de 19 años ha explotado esta temporada en la Prva Liga. Ocho tantos en doce encuentros ligueros. Crecido en la cantera del Benfica mientras su padre formaba parte del primer equipo, Luka no pudo haber soñado mejor debut en la Champions League. Gol en el 92 para empatar un partido frente al Sporting de Portugal. Esta sería, además, la segunda vez que padre e hijo marcasen un tanto en esta competición desde que cambiara de formato en 1992.

Luka no se esconde. Mostró su alegría en zona mixta por haber marcado al rival histórico de uno de los equipos de su vida. La identidad nacional y el cariño por el Maribor lo heredó de su padre, pero él creció amando al equipo lisboeta del mismo modo en que no tendría problemas en jugar para la selección lusa si no llega pronto su oportunidad con Eslovenia. Podría sonar pretencioso, pero Bohoric apunta en otra dirección: Katanec. “Es difícil entenderle. Confía en veteranos que han perdido popularidad, y no deja sitio para los jóvenes”.

 

LA NUEVA ESLOVENIA

España no ha sido el único país con titulares sobre crisis, corrupción y recortes continuos. Eslovenia tuvo que mediar con estos problemas. La población, desencantada con su clase política, decidió restarles confianza y solo uno de cada tres personas llamadas a votar terminaron acercándose a las urnas en 2012. Estas elecciones dieron como vencedor a un gobierno de centro-izquierda que preside Borut Pahor, una figura conciliadora dentro del mapa político esloveno.

Este espíritu reconciliador es el que el país desea que se imponga también en el fútbol. Que las prometedoras y nuevas figuras del nogomet -como allí llaman al balompié- tomen protagonismo en pro de un futuro esperanzador. Los Kevin Kampl, Nik Omladič o Peter Stojanovič pretenden renovar una selección que aspira, como mínimo, a igualar los éxitos del pasado. Éxitos en los que el apellido Zahovič estuvo muy presente. En Eslovenia esperan que siga estándolo.